Las 18 horas más largas de la democracia  :   
 El secuestro, minuto a minuto. 
 Ya.    25/02/1981.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 49. 

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nacional LAS 18 HORAS MAS LARGAS DE LA DEMOCRACIA

25-II-1981

El secuestro, minuto a minuto

DÍA 23:

Seis y veinticuatro minutos de la tarde:

Mientras se estaba efectuando la votación de la investidura, y cuando ya habían

votado sesenta diputados y cuando el secretario de la Cámara pronunciaba el

nombre de don Manuel Núñez Encabo, se oyeron ruidos extraños en el exterior del

hemiciclo y una voz que parecía exclamar: «¡Fuego, fuego!» El presidente de la

Cámara, Landelino Lavilla, ordena al portero mayor y a un ujier que salieran a

los pasillos para ver qué pasaba.

Entonces comenzaron a entrar hombres armados, con uniformes de la Guardia

Civil, en el hemiciclo por todas las partes, incluso en las tribunas reservadas

a la prensa y los invitados.

Radio Nacional de España y la cadena Ser, que estaban transmitiendo en directo

el acto de investidura, recogieron por sus micrófonos, y oyeron, millones de

españoles que seguían desde sus casas, automóviles y en la misma calle el

resultado de la votación, los primeros disparos y las palabras que conminaban a

los diputados a que se arrojaran al suelo.

Seis cuarenta y cinco: Altercado de voces entre los guardias que ocupaban el

hemiciclo y algunos diputados. Un guardia civil advierte a los asistentes que

pueden sentarse. Hasta entonces todos habían tenido que permanecer en el suelo,

excepto los miemros del Gobierno en funciones.

El teniente general Gutiérrez Mellado intenta enfrentarse con el teniente

coronel Tejero, pero es empujado por algunos de los guardias ocupantes.

Seis cincuenta y cinco: Uno de los oficiales que habían llegado al frente de los

guardias civiles ocupó el estrado de los oradores y dijo las siguientes

palabras: «Permanezcan ustedes tranquilos. Insisto en que no va a pasar nada.

Dentro de unos minutos, un cuarto de hora o a lo sumo media hora, comparecerá la

autoridad militar competente, que dispondrá lo que se ha de hacer.»

Siete y quince: Momento de fuerte tensión al intentar levantarse el presidente

del Gobierno en funciones, señor Suárez. Varios guardias tratan de impedírselo y

algunos diputados de Ucd protestan: «Tienen que dejarlo salir; es el presidente

del Gobierno.» Uno de los suboficiales se dirige al presidente Suárez y le coge

del brazo. Otro guardia le escolta por el otro lado y entre ambos salen por una

de las puertas laterales que dan al pasillo curvo que recorre la parte posterior

del hemiciclo.

Siete y veinte: El Ministerio del Interior comunica a los gobernadores civiles

de toda España que estuvieran en «estado de alerta». Desde el momento en que se

corrió la noticia del asalto al Congreso se pusieron en movimiento numerosos

contingentes de tropas de la Guardia Civil y de la Policía Armada que se

dirigieron hacia la carrera de San Jerónimo.

Poco antes de las siete, el director general de la Guardia Civil, general

Aramburu Topete, salía en dirección al palacio del Congreso al frente de un

destacamento. Pasadas las siete de la tarde, las emisoras de Radio Castellón y

La Voz de Castellón fueron ocupadas por personal militar.

El capitán Fraile leyó por los micrófonos un comunicado del capitán general de

Valencia Miláns del Bosch, en el que declaraba el estado de excepción en toda su

región militar. A las siete y cinco fue desconectada la cámara fija de Tve que

había continuado enfocando el interior del hemiciclo y transmitiendo imágenes de

este momento histórico.

A las siete y cuarto, fuentes gubernamentales informaron que las tropas del

Ejército se encontraban acuarteladas en las diversas regiones del país como

medida preventiva y bajo la dirección del Gobierno. La situación de tensión

continuaba en los alrededores del Congreso, donde se había ido reuniendo gran

cantidad de público para seguir las incidencias.

Siete y cuarenta y cinco: Las instalaciones de Rtve en Prado del Rey son

ocupadas por una unidad militar al mando de un capitán, quien se posesiona del

despacho del director del ente Rtve y le conmina a que siga la programación

normal de Tve, suprimiendo los informativos y que Rne sólo transmita música

militar. Esta música militar hace que cunda la alarma en el país ante la escasez

de noticias y el temor a que se hayan levantado algunas guarniciones militares.

Las noticias que llegan de Valencia dan pie a la confirmación de esta hipótesis.

Siete y cuarenta y seis; Llegan a la zona del palacio del Congreso ocho

furgonetas de la Guardia Civil con efectivos en su interior. De uno de lo a

vehículos desciende un alto jefe militar con uniforme del Ejército de Tierra. En

ese momento un grupo de personas civiles que observan los acontecimientos desde

lejos inicia el canto del «Cara al sol».

A esa misma hora, unas cuatro mil personas se encuentran congregadas en las

inmediaciones del palacio del Congreso, sobre todo en la zona de la plaza de

Neptuno.

Ocho: En el Cuartel General del Aire y en el de la Armada, la normalidad era

absoluta y en ambos centros militares se desarrollaban las actividades

habituales." No habían recibido ninguna orden que modificara la normal actividad

del día.

Ocho y cinco: Miembros de la Guardia Civil sacan del hemiciclo del Congreso al

teniente general Gutiérrez Mellado y al secretario general del Psoe, Felipe

González.

• Ocho y once minutos: Sacan también a Alfonso Guerra y a Santiago Carrillo.

Cinco minutos después, miembros de la Guardia Civil hacen lo mismo con el señor

Rodríguez Sahagún. Todos ellos son introducidos en una de las dependencias del

palacio y, al parecer, se les considera como rehenes principales con vistas a

unas difíciles negociaciones.

• Ocho y veinte minutos: El Rey llama telefónicamente a Jordi Pujol para

tranquilizarle y le dice textualmente: «Tranquilo, Jordi, tranquilo.»

• Ocho cincuenta y tres: Miembros de la Guardia Civil leen en el hemiciclo ante

el silencio de los diputados noticias de agencia del hecho, así como el

comunicado del teniente general Miláns del Bosch.

• Ocho cincuenta y cinco: Comienza la reunión de la Junta de Jefes de Estado

Mayor, máximo órgano de la escala de mandos para los tres Ejércitos. En la sede

de la Junta, en la calle de Vitrubio, se aprecia un reforzamiento de los

efectivos de vigilancia y protección.

Nueve y cinco: Los diputados permanecen retenidos en el hemiciclo. Los invitados

y periodistas habían podido salir ya unos minutos antes. Los fotógrafos tienen

que dejar abandonadas sus cámaras, pero dos periodistas de Efe logran pasar unos

carretes de fotos con instantáneas sobre el momento del asalto. Estas fotos dan

la vuelta al mundo y aparecen en todos los periódicos. Mientras tanto los

diputados continúan en sus escaños y sólo se les permite abandonar el hemiciclo

de tres en tres para ir a los lavabos.

Nueve y media: El teniente coronel Tejero manda desalojar el palacio de las

Cortes a los civiles no diputados, así como a los funcionarios de la casa. Poco

antes el teniente coronel Tejero había advertido que si las luces se apagaban en

el interior todos se echasen al suelo y que al más mínimo movimiento los

asaltantes dispararían sin contemplaciones.

Durante este tiempo, mientras los diputados permanecen sentados en sus escaños,

siempre muy vigilados por las fuerzas ocupantes, algunos periodistas comunican a

miembros del Gobierno y diputados que la situación en toda España era normal y

que nadie había secundado este golpe de Estado. El candidato a la Presidencia,

Leopoldo Calvo-Sotelo, no se movió en todo el tiempo de su escaño.

Diez y cuarto: Llegan a las inmediaciones del Congreso seis autobuses con

guardias civiles. Dos de ellos no pertenecen al parque móvil de la Guardia

Civil, sino a una empresa privada e iban conducidos por personas de paisano.

Poco después de la llegada de estos vehículos abandonan las inmediaciones del

palacio 20 de las 25 furgonetas de la Policía Nacional que se encontraban allí.

DÍA 24:

Doce y siete minutos de la noche: El segundo jefe del Estado Mayor del Ejército,

general Alfonso Armada, entra en el palacio del Congreso de los Diputados. El

general Armada llega hasta las proximidades del palacio en compañía del director

general de la Guardia Civil, general Aramburu, y ambos procedían del hotel

Palace, donde desde poco después de las diez de la noche se encontraban reunidos

los hombres que intentaban buscar una salida negociada a la delicada situación.

Doce y quince: El Rey habla con el presidente de la Real Academia Gallega,

Domingo García Sabel, y le afirma que la situación está controlada y le dice que

debe tranquilizar a los gallegos y a los medios de comunicación.

Una y catorce de la madrugada: El Rey don Juan Carlos se dirige a todos los

españoles, a través de Tve y radio, en un estricto mensaje lleno de energía que

tranquiliza a todos los españoles.

Negociaciones durante toda la noche: A través de la televisión y las emisoras de

radio los españoles, en una noche en blanco, siguieron con ansiedad la

situación. Las noticias que se difundían daban cuenta de normalidad en todo el

país con el fin de tranquilizar a la población tras los primeros momentos de

confusión.

Mientras tanto, los diputados viven en el interior del hemiciclo momentos de

gran tensión, al carecer prácticamente de noticias sobre lo que sucedía en el

país. Solamente a través de las noticias que captaba el transistor oculto de

Ferando Abril, algunos lograban enterarse de que no había habido golpe de

Estado.

• Seis y cuarto de la mañana: Efectivos de la Policía Militar, que habían

llegado en varios «jeeps», penetraron en algunas dependencias del Congreso. Se

piensa que todo ha terminado y que los asaltantes se van a entregar a las

fuerzas militares. El rumor se desvanece muy pronto.

• Siete de la mañana: Miláns del Bosch manda retirar los tanques de las calles

de Valencia.

• Ocho y media de la mañana: Llegan ante el palacio del Congreso varias

tanquetas del Grupo Especial de Operaciones de la Policía Nacional- (Geo), así

como efectivos de este Cuerpo que refuerzan el sistema de seguridad y vigilancia

en torno al palacio. Minutos después llega también un escuadrón de caballería de

la Policía Nacional. Todo hace presagiar la inminencia del desenlace.

Mientras tanto, en el interior del Congreso, y_ más concretamente en el

hemiciclo de la Cámara, donde se encuentran la mayoría de los diputados,

vigilados por miembros de la Guardia Civil, se dejan sentir los efectos de toda

una noche de insomio y de tensión.

Nueve de la mañanar Los informadores que desde el exterior siguen minuto a

minuto los acontecimientos consiguen confirmar que en el interior de la Cámara

se halla también el capitán de navio Camilo Menéndez, vestido con su uniforme

reglamentario y apoyando la acción del teniente coronel Tejero.

Nueve y cinco de la mañana: La tensión de la mayoría de los diputados sentados

en el hemiciclo llega a su punto álgido cuando, el diputado de Coalición

Democrática Manuel Fraga se levanta de su escaño y, dirigiéndose a los guardias

civiles asaltantes, grita que quiere salir de allí. Inmediatamente todos los

diputados secundan la actitud del señor Fraga y algunos prorrumpen en gritos de

«¡Viva España¡» y «¡Viva la democracia!». El señor Fraga es sacado del hemiciclo

y trasladado a otra dependencia por las fuerzas asaltantes.

Nueve y quince de la mañana: Varias ambulancias trasladan a diputados y a un

guardia civil. En todos los casos los atendidos acusan problemas de

insuficiencia respiratoria o cardíaca motivada por la tensión acumulada.

Diez de la mañana: Los acontecimientos comienzan a precipitarse. Un número

indeterminado de guardias civiles asaltantes se van entregando y abandonan el

palacio del Congreso por las ventanas. Poco después, el teniente coronel Tejero

da órdenes de que sé deje salir del palacio a todas las mujeres diputadas.

Una docena sale inmediatamente y otras desean seguir junto a sus compañeros,

pero éstos les convencen de que es mejor que salgan al exterior y que cuenten

todo lo que han vivido.

Diez y diez de la mañana: Tejero fija sus condiciones para una eventual

rendición: pide entregarse a la autoridad de la Guardia Civil, que no haya

fotógrafos a su salida y eximir de toda responsabilidad a los participantes en

la ocupación, desde suboficiales para abajo, al tiempo que se declara máximo

responsable del incidente. Otras informaciones sin confirmar hablaban de que el

teniente coronel Tejero había pedido también salir de España junto con los jefes

y oficiales que le apoyaron en el pretendido golpe.

Diez y media de la mañana: La Junta de Estado Mayor informa que en unos diez

minutos se puede producir la liberación del resto de los rehenes. Posteriormente

no se confirma esta noticia. Al poco tiempo se emite un comunicado en el que se

afirma que están en constante comunicación con los capitanes generales de los

ejércitos de Tierra, Mar y Aire, así como con la comisión permanente de

secretarios de Estado y subsecretarios que habían asumido la gobernación del

país. Añade el comunicado que se están cumpliendo escrupulosamente las órdenes

de Su Majestad el Rey en todo momento y que está garantizada la tranquilidad

política.

Diez cuarenta y cinco: Cada vez se va agolpando más gente en las cercanías del

Palacio del Congreso a pesar de la estricta vigilancia de la Policía Nacional.

Se producen conatos de enfrentamientos entre grupos de ultraderecha que gritan:

«¡Tejero, mátalos!» y otros ciudadanos que empiezan a gritar: «¡España unida,

jamas será vencida!». La Policía interviene y detiene a algunos manifestantes de

la extrema derecha.

Hasta las once y media las emisoras de radio van retransmitiendo la salida de

otros guardias civiles y cómo van siendo trasladados a los autobuses

Doce menos cuarto: El fiscal general del Estado, señor Gil Albert, informa que

las negociaciones están cerradas: .«Hay un compromiso y el desenlace se va a

producir en unos minutos». El general Aramburu Topete confirma esta impresión

optimista y dice que cree que en este momento quedan pocos números de la Guardia

Civil dentro del Congreso. En estos momentos algunos coches oficiales se sitúan

cerca del palacio del Congreso, presumiblemente para recoger a los miembros del

Gobierno.

Doce menos diez: El general Sáenz de Santamaría confirma que las condiciones

impuestas por el teniente coronel Tejero han sido aceptadas. Instantes después

comienza el desalojo de los parlamentarios del hemiciclo. El presidente del

Congreso, Landelino Lavilla, se encarga de fijar el orden de salida, que se

realiza por filas. Antes comunica a. todos los parlamentarios que «mañana

miércoles, a las cuatro treinta, tendrá lugar el pleno».

Doce en punto: Todos los diputados abandonan el Congreso. La primera tanda

estaba formada por Ciríaco de Vicente, Carlos Sentís y Javier Yuste. Todos se

encuentran perfectamente. En las proximidades del Congreso se encuentran

numerosas personalidades, y al aparecer los primeros diputados miles de personas

prorrumpen en gritos a la democracia y fuertes aplausos. También aplauden los

diputados, y en la cara de todos ellos se refleja la emoción lógica de los

momentos vividos.

Poco después de las doce sale del Congreso el presidente del Gobierno en

funciones, Adolfo Suárez, con rostro sonriente. Abraza a parte del público y es

recibido por algunos de sus familiares.

Doce y veintisiete: Abandona el edificio del Congreso el último de los

diputados.

Doce treinta: Se entrega el teniente coronel Tejero al general Aramburu Topete.

Poco antes había manifestado su deseo de ser conducido, junto con el capitán de

navio Menéndez, al cuartel general de la división acorazada Brúñete número 1, en

El Pardo.

Doce cuarenta y cinco: Llegar a la Dirección General de la Guardia Civil, en la

calle Guzmán el Bueno, el teniente coronel Tejero, acompañado de autoridades

militares. Comienzan a ser desmontadas las medidas especiales que habían sido

preparadas en El Pardo. El resto de los guardias civiles que habían tomado parte

en el asalto al Congreso fueron trasladados al colegio de la Guardia Civil de

Valdemoro, Duque de Ahumada.

Los guardias civiles llegan en seis autocares desde Madrid, escoltados por

motoristas y coches de la Guardia Civil.

Doce cincuenta y cinco: Una vez puestos en libertad los miembros del Gobierno,

abandonan la sede del Ministerio del Interior los secretarios de Estado y

subsecretarios, que se constituyeron en asamblea permanente tras los sucesos del

Congreso de los Diputados. La Junta hace público un comunicado en el que da

cuenta del final de la ocupación del Congreso y agradece «al pueblo español, a

los partidos políticos y a las fuerzas sindicales y sociales la actitud

demostrada y el apoyo brindado en todo momento a esta comisión, agradecimiento

que quiere hacer extensivo a todos cuantos desde la serenidad y la fe en las

instituciones democráticas colaboraron con.su tranquilidad de ánimo y su

firmeza.»

Una cuarenta y cinco: Concluye el estado de alerta en todas las guarniciones

militares. A esta hora la Junta de Jefes de Estado Mayor hace pública una nota

en la que comunica que, una vez resuelto favorablemente el asalto al palacio de

Congresos, «la normalidad reina en toda España». Desde que se produjo el asalto,

la junta del Estado Mayor ha estado reunida ininterrumpidamente.

Dos de la tarde: se reúne él Consejo de Ministros en funciones en el palacio de

la Moncloa, bajo la presidencia de Adolfo Suárez. A la reunión asisten todos los

miembros del Gobierno dimisionario. El consejo termina su reunión alrededor de

las dos y media.

Seis de la tarde: Llegan a sus respectivos despachos los ministros del Gabinete

en funciones después de que la mayoría de ellos descansaran varias horas en sus

domicilios, tras la breve reunión del Consejo de Ministros, una vez que fueron

liberados del palacio del Congreso. El candidato, Leopoldo Calvo-Sotelo,

descansaba en su casa y parece que la consigna generalizada del Gobierno en

funciones es esperar a las informaciones que resultaran de la reunión que el Rey

mantenía con la Junta de Defensa Nacional.

 

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