Las 18 horas más largas de la democracia. 
 En los escaños, entre el temor y la incertidumbre     
 
 Ya.    25/02/1981.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 24. 

Nacional

25-II-1981

LAS 18 HORAS MAS LARGAS DE LA DEMOCRACIA

En los escaños, entre el temor y la incertidumbre

Cavero, Alvarez de Miranda y Fraga increparon a los guardias y les dijeron que

dispararan si querían. Satrústegui manifestó a gritos que su amigo Miláns del

Bosch no traicionaría al Rey

Carmen Echave ha sido el ángel de la noche, decía Modesto Fraile cuando,

acompañado de Víctor Carrascal, abandonaban el palacio de las Cortes tras haber

convocado a la mesa de las Cortes, junto con el presidente del Congreso, para

última hora de la tarde, a fin de examinar los desperfectos del paso por la

Cámara de los guardias civiles engañados por el teniente coronel Tejero.

Carmen es una activa ginecóloga que sirvió de coordinadora de la oficina del

sector crítico centrista durante el congreso de Palma. Vasca por los cuatro

lados, es capaz de pasarse la noche en pie, como lo hizo, atendiendo a los

diputados que sufrieron lipotimias, junto con el médico socialista Donato Fuejo

y el centrista por Segovia, Carlos Gila.

Gracias a un transistor de bolsillo que llevaba Abril Martorell y a otro de

cascos que se dejaron abandonado unos colegas de Radio Madrid y que habían

requisado los guardias, los diputados podían seguir más o menos los pormenores

del fallido golpe, sobre todo cuando salían al servicio.

Unos a otros, al regreso, en voz baja, se iban comunicando las novedades.

El comisario jefe de la seguridad del Congreso, poco antes de que fueran

liberados los diputados relataba que, en el momento de la entrada en el palacio

del Congreso, los asaltantes les dijeron que no iba nada contra ellos. Les

desarmaron y les pidieron que no hicieran ningún movimiento

Entre los revólveres de los inspectores de la seguridad de la Cámara y los de

las escoltas de los ministros se juntaron unas ochenta pistolas, las cuales

pudieron ser después recogidas y guardadas en un armario de la comisaría

interior de palacio.

Los primeros en bajarse del autocar eran unos cuarenta de golpe, por lo que los

policías nacionales e inspectores de guardia en la reja y en la puerta de acceso

al hemiciclo no pudieron hacer nada. «Compañeros —gritaron—, con vosotros no va

nada; apartaros de ahí u os disparamos. Venimos a tomar el Congreso en nombre

del Rey.» Les habían dicho que el Ejército se había sublevado y que debían

disolver el Congreso.

Uno de los momentos graves

El último diputado que llegó a expresar su voto en la segunda votación de

investidura, antes del golpe del teniente coronel Tejero en el Congreso, ha

relatado a Efe que en ese momento en que acababa de pronunciar su «no», es

cuando escuchó a un ujier que gritaba «que van a entrar, todos al suelo».

El diputado socialista soriano Manuel Núñez Encabo, el último en votar ante de

los incidentes explicó también a Efe que uno de los momentos más graves de la

acción en el Congreso, al menos para muchos diputados de la oposición, fue

cuando uno de los asaltantes, el teniente Alvarez —«que tenía mirada de

iluminado, como Tejero, aunque luego le fallaban las fuerzas»— se enfrentó

abiertamente con el socialista catalán Julio Busquets (de la antigua Umd):

«ambos llegaron a echarse las manos a las solapas, y mi companero llegó a

mencionar su graduación de comandante al increpar al teniente «usted, ¿qué hace

aquí?, está traicionando su uniforme».

Raciones de campaña para loa asaltantes

Durante la noche, los diputados sólo bebieron agua en los lavabos, mezclada con

azúcar, que Carmen Echave, el «ángel de los rehenes», llevaba a los más

decaídos. Los guardias civiles habían llevado sus raciones de campaña

individuales, que, al parecer, les repartieron en los autobuses cuando les

dieron la orden de asaltar el Congreso en nombre del Rey.

En esas raciones de campaña había latas de judías, melocotón, café, sardinas,

caja de cerillas, dos pastillas de alcohol sólido. Muchos lo han utilizado para

comer, aparte de las bebidas del bar; pero en ningún caso lo compartieron con

los diputados, quienes, por otra parte, se negaron a tomar bocado, especialmente

cuando la Cruz Roja les llevó, hacia las nueve de la mañana, un desayuno en

«sandwich*». Sin embargo,algunos de los médicos recomendaron a los más

desfallecidos que por lo menos tomaran un vaso de leche, aunque no había

suficiente para todos, a fin de poder hacer frente a la tensión de la pronta

liberación.

Una de las primeras diputadas en salir, la socialista Elena Vázquez, decía que

además del momento inicial de los disparos, el de la fogata fue el momento más

tenso, porque acaso temían un ataque de fuera, previo un apagón. También el

enfrentamiento de Fraga, cuando se desabrochó la americana pidiendo que le

dispararan; fue entonces cuando oímos de nuevo cargar las armas. Alvarez

Miranda, desde su escaño, secundó la «explosión Fraga» pidiendo también que le

dispararan o que le dejaran ir. Fue entonces cuando el presidente del Congreso,

Landelino Lavilla, dando una vez más pruebas de su frialdad, agarró el micrófono

e impuso orden en unos momentos de mucha tensión, porque ellos estaban nuy

nerviosos y no podíamos caer en esa provocación. Un solo disparo habría supuesto

una matanza. Los socialistas, dice Elena Vázquez, hemos estado quietos y mudos

toda la larga noche, porque éramos conscientes, como decía a su lado el

secretario de Lavilla, Ramón Gandarías, de que los actos de heroicidad

individual podían repercutir en mucha gente.

Satrústegui minala moral de los guardias

En el momento de enfrentarse con Fraga, el jefe de los asaltantes, Tejero,

estaba ya muy derrumbado. Satrústegui se levantó y dijo que él era amigo de

Miláns del Bosch y que era imposible que se hubiera sublevado contra el Rey.

Para ese momento había unos 150 guardias en la sala.

A la salida de los diputados de las Cortes, pasadas las once y media, el primero

en llegar al cordón de policías, «n tomo ai hotel Palace impedía avanzar a los

periodistas, fue el diputado socialista navarro Gabriel Urralburu, mientras

sonaban los aplausos del público y los gritos de «¡Constitución, Constitución!»;

otros decían «¡Gracias, gracias!» a los generales Armada y Santamaría, que

habían protagonizado a lo largo de toda la noche las negociaciones con Tejero.

Urralburu describió cómo poco antes de la liberación, cuando vieron regresar a

sus escaños a los líderes parlamentarios que habían tenido concentrados en el

cuarto de los ujieres, donde se suelen concentrar los escoltas, empezaron a

sentirse bien. Fue el presidente del Congreso, Landelino Lavilla, quien fue

dando la orden de salida, ordenadamente, por filas, como cuando manda levantarse

para hacer una votación. Atrás quedaban casi diecisiete horas de secuestros.

Muchos guardias fueron engañados

Antes de esta salida, el propio Tejero comunicó a los diputados que había

llegado a un acuerdo con el teniente general Arambuní Topete y que estuvieran

tranquilos, porque, a partir de ahí, todo saldría bien. Durante las primeras

horas, Tejero fue levantando la moral de sus fuerzas con mentiras, como que

había cuatro regiones militares levantadas, la segunda, la tercera, la cuarta y

la quinta, pero cuando sacaron a los periodistas ya se vio que empezaba a perder

la moral. Apenas si a partir de entonces el teniente coronel apareció por el

hemiciclo, salvo en los momentos de tensión. La moral cayó cuando se enteraron

que Miláns del Bosch había mandado retirar las tropas. En algún momento Tejero

gritó que Miláns del Bosch sería presidente del Gobierno.

Todos decían que sólo servían a la Corona y que había un vacío de poder y no

obedecían al Gobierno.

Nada más salir los diputados, la mayoría de los líderes dieron instrucciones a

los suyos de que las

ejecutivas iban a reunirse para analizar la situación. El presidente del

Congreso convocó para las cuatro y media de la tarde de hoy el pleno en el que

seguirá la votación de investidura a Calvo-Sotelo, después de que en la tarde de

ayer se ajustaran los micrófonos dañados y las cámaras de televisión. Al

parecer, las instaladas en el hemiciclo han sido rotas a culatazos. Los

fotógrafos, por su parte, pudieron recoger las cámaras fotográficas que les

requisaron por la noche.

La huella de la mala noche se apreciaba en los rostros de los diputados, no ya

sólo por las barbas y las ojeras, sino por los nervios que todavía denotaban.

Por la forma misma en que Tejero iba decayendo en su ánimo, nos comenta el

comunista Sánchez Montero, pudimos ir creciendo en moral. Desde el primer

momento los guardias comenzaron a darse cuenta, nos añade el socialista Pablo

Castellano, de que estaban haciendo una barbaridad. Ningún diputado ha recibido

un trato deferente, confirma Pablo Castellano cuando le preguntan que si Blas

Piñar había sido tratado mejor que los demás. «En absoluto, todos hemos sido

tratados igual, los números nos han respetado físicamente, pero hemos sido

sometidos a una violencia y a una humillación que no se nos olvidará este

lamentable intento de vulnerar la soberanía popular. Tenemos que extraer las

correspondientes lecciones del mismo. No creo que peligre la democracia.

Lo que pasa es que tendremos que trabajar tres veces más para que esto no se

vuelva a producir, que nadie tenga ataques de locura como el que hemos

presenciado a lo largo de estas veinticuatro horas.

Yo he sentido miedo, como el que más, nos comentaba Pablo Castellano. La prueba

es que cuando sonaron los primeros disparos procuré ponerme a buen recaudo, de

lo que ha dado pruebas mi chaqueta desgarrada en la espalda. A mí me parece que

Tejero es un psicópata. Como tengo la deformación de abogado defensor, hasta

aquel que me puede pegar un tiro pienso lo bonita que sería su defensa.

Habrá que hacer no lo que entendemos una depuración de la Guardia Civil, sino

una reestructuración a fondo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, como

veníamos pidiendo la izquierda hace tiempo, para que números de la Policía

Nacional o de la Guardia Civil no puedan ser manipulados, como en esta ocasión,

so pretexto de la disciplina llevándoles a unas actitudes delictivas de las que

ellos han empezado a ser conscientes cuando se han encontrado ya aquí. De haber

funcionado mejor las comunicaciones, el secuestro habría durado menos y se

habrían producido más abandonos, como los que se produjeron a última hora

saltando por la ventana que da a la carrera de San Jerónimo desde la sala de

prensa.

Juan María Bandrés, de Euskadiko Ezkerra, señala que a lo largo de la noche hubo

altibajos en la tensión. El primero, después de los disparos, es cuando pidieron

un médico para Sagaseta. Yo le veía sangrar, pero no sabía de dónde, simplemente

le veía caer sangre sobre mi mano. No sabíamos si era yo o él el herido. Habían

caído cascotes de cristal como el que aquí llevo, dijo mostrando un trozo de

cristal del tamaño de una caja de cerillas, procedente de la claraboya que

cierra la bóveda del hemiciclo. En realidad era una pequeña magulladura, nada

grave.

Un guardia le prestó un pañuelo a Sagaseta para que se quitara la sangre que le

caía del puente de la nariz. No era nada grave. Pero entonces otro guardia le

dijo: No le hagas caso, no le conoces. Ese quiere que nosotros muramos. Lo que

hay que hacer es matarle. Entonces nos imaginábamos lo peor. Notábamos que no

había un gran control. Tejero daba la imagen de un loco, un iluminado.

El presidente del Congreso ha estado siempre en su sitio. Ha sido el más

humillado, como presidente de la Cámara. Cuando ha tenido que levantar el dedo

para ir al servicio, a algunos nos daban ganas de llorar, porque veíamos la

tremenda humillación y vejación genérica a que se estaba sometiendo al

Parlamento. Cuando se nos dijo que había triunfado el golpe, algunos temimos que

nos fusilaran en el acto.

Alvarez de Miranda cuenta cómo Fraga y él, así como Iñigo Cavero, increparon a

última hora a los guardias, diciendo que querían paz y libertad, que dispararan

si querían. Se impuso la calma por intervención de otros diputados y de los

guardias. Eran las seis y veinticinco de la mañana.

Muchos diputados se lanzaron rápidamente al teléfono del hotel Palace para

hablar con sus familias, aunque las familias de los diputados de Madrid estaban

esperándoles en las inmediaciones. La esposa de Calvo-Sotelo estaba tranquila en

su casa.

Luis Ortiz, el que fuera ministro de Obras Públicas por un mes, tras Calvo-

Sotelo, y al que se da como probable ministro del nuevo Gabinete, estuvo en

Arlaban y el Ministerio del Interior negociando con representantes de otros

partidos que hoy no fuera convocada huelga general para evitar enfrentamientos

en la calle, como los conatos que se produjeron en las inmediaciones de Neptuno,

rápidamente acalladas por las fuerzas antidisturbios que con fuerzas a caballo,

tanquetas y jeeps ocupaban la plaza.

Carlos Gila, diputado centrista por Segovia, nos comentaba que al autor de la

acción le había observado como un paranoico con delirios de grandeza, mesiánico,

que actuaron con gran audacia debido a que iban con uniforme. Muchos pensaban

que llegaban a reforzar un servicio porque había peligro de atentado de Eta.

Alfonso Osorio subrayó que el discurso del Rey fue trascendental para devolver

la tranquilidad a todos. Nos enteramos porque había un transistor en el

hemiciclo, que se oía con cuidado y nos iba dando las garantías de que aquello

se solucionaba con paciencia. Mientras tengamos al Rey, no pasará nada. Creo que

esta sonada va a fortalecer la democracia. Este no es el día que he pasado más

miedo en mi vida. Lo pasé peor cuando me metí solo en el barrio mexicano de San

Francisco. Tuve que correr.

 

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