Unánime condena y una cautela     
 
 Ya.    25/02/1981.  Página: 1. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Unánime condena y una cautela

La prensa diaria de ayer dedicaba la mayor parte de su información y sus

editoriales al violento asalto al Congreso y a la firme actitud del Rey.

Decía "La Vanguardia»: «Es el Rey, en efecto, quien una vez más se erige en

clave de la situación, con el respaldo del pueblo español, nada dispuesto a que

una fracción minúscula de las Fuerzas Armadas fuerce un golpe de Estado que

destruya las todavía débiles bases del régimen político, libre y democrático,

que los propios españoles se han dado-a sí mismos. Ninguna violencia puede

alterar esta realidad ni desvirtuar su legitimidad. Y cualquier atentado contra

ella habrá de ser juzgado de acuerdo con las leyes que a todos nos protegen y

qué garantizan un Estado de derecho como el que los ciudadanos deseamos para

vivir en paz y justicia... No es la nuestra de hoy la misma España del golpe de

Pavía, que-acabó con la primera República, ni´ es la nuestra tampoco la misma

España del 18 de julio de 1936. Ningún español sensato, y,todavía somos mayoría;

quiere caer nuevamente en la terrible condenación de la discordia civil, ni está

dispuesto a que se le hurte la difícil libertad que hemos recobrado.»

«Pueblo» decía en el último párrafo de su editorial: «Se han violado todas las

leyes, todas las normas. Se ha manchado hasta la imagen misma de nuestra Patria,

sometida hoy-en el extranjero a la irrisión del sensacipnalismo más vulgar. ¡A

que seguir! Al Ejército se le defiende siempre, pero son un órgano extraño a

nuestras Armas quienes, pretendiendo hablar en su nombre, hieren y enturbian su

limpia imagen ante el español medio, al cual será mas que difícil explicar el

tremendo suceso del 23 de febrero.

Teníamos la democracia más limpia de Europa, y la han manchado unos locos que

creen salvar a su Patria cuando lo que hacen es ayudarla a ahogarse entre la

perplejidad, la cólera y la indecisión. Pasó ayer por España, sobre todos

nosotros, una ráfaga de locura, la ira de Caín. Que esto sirva de lección a los

que pretenden salvarnos cada día ayudándonos a morir. Porque ayer la imagen de

España ha muerto un poco, y rehacerla va a ser difícil y penoso. Hoy, como

siempre, y desde la democracia más sincera, en este país estamos todos con la

ley, todos con el Rey. Sin él, ayer podríamos haber retrocedido al siglo XIX.

Antes de Espartero, antes de Narváez, antes que Prim... Frente a los locos y sus

panegiristas, amamos la vida libre, siguiendo a nuestro Rey.»

«Diario 16» comenzaba un editorial diciendo: «Vivimos las horas mas amargas y

acres de nuestros cinco años de democracia.» Y entresacamos a continuación: «El

pueblo está con el Rey valiente y joven —las centrales sindicales mayoritarias

así lo han subrayado—, y lo está porque sabe que el Rey hará cuánto pueda por

salvaguardar la Constitución..." El único golpe de Estado que puede triunfar es

el que haga cautivas nuestras conciencias. Cualquier intentona, por apreciable

que sea, quedará al final.simplemente en eso, sí todos unimos nuestras manos, si

todos juntamos nuestras voces y les explicamos a estos «salvadores» reincidentes

—con toda la templanza, pero con toda la firmeza que aún quede en nuestras

almas— que queremos seguir empeñados en la trabajosa y amarga, pero

reconfortante y bella tarea de construir la democracia...

Nunca hemos creído que esta empresa colectiva fuera un camino de rosas. Quien

más, quien menos, todos tenemos ya rasguños en el alma, abrumados por el

terrorismo, el desempleo, la carestía de la vida, las dificultades energéticas y

tantas otras calamidades. Demasiado sudor, demasiada sangre y demasiadas

lágrimas han ido jalonando ya lo andado, como para ahora aceptar volver atrás, a

la oscuridad, a la noche del miedo, al erial del odio, al páramo de la

intolerancia.

Es tiempo de fraternidad, tiempo de cogerse del brazo sin distinción de

izquierdas y derechas, tiempo de levantar una muralla por la que no pase el

caimán. Todos con la Constitución, todos por la democracia, todos a exigir-la

oportunidad de que Sepharad —la España de Salvador Espríu— pueda seguir viviendo

«en el trabajo y en la paz, en la difícil v merecida libertad.»

Bajo el título «Nadie puede robarnos la esperanza»,-escribía «Cinco Días»: «...

Queremos dejar una prueba inequívoca- de nuestra más absoluta "repulsa ante los

hechos, de nuestra confianza en una inmediata normalización de la situación

política del país y de nuestro respaldo a cuantas posturas y decisiones permitan

la reanudación de una pacífica convivencia, basada en los principios

constitucionales votados por la inmensa mayoría de los españoles.

Que funcionen los mecanismos institucionales; que se restaure el imperio de la

ley, y que la justicia se pronuncie por encima de las pasiones y mas allá de las

presiones de cualquier signo es lo único que cabe desear en esta madrugada de

expectación sin dramatismo, pero también de esperanza sin suicidas concesiones a

la ingenuidad.

Frente a la razón de la fuerza confiamos en la fuerza de la razón; contra el

catastrofismo de la ingobernabilidad de España —en el que se refugia una minoría

respetable, pero muy reducida— esgrimimos la reacción en contra de cuantos hasta

estos momentos han hecho pública su inequívoca

confianza en un futuro democrático lejos de añoranzas y revanchismos y en la

seguridad de que sabremos olvidar todas las viejas rencillas y las inevitables

crispaciones de toda sociedad que asume, responsable y conscientemente, los

riesgos de afrontar cara a cara los problemas que plantea una sociedad en

cambio, con ideales, intereses y anhelos contrapuestos.»

«El País» señalaba: «La defensa de la Constitución y de la legalidad vigente ha

tenido en el Rey su más resuelto y admirable combatiente. Este país nunca podrá

olvidar que, después de que el general Miláns del Bosch decretara el estado de

excepción en la Región Militar de Valencia por su cuenta y riesgo, sin respetar

los mandatos constitucionales ni consultar al Rey, a quien corresponde el mando

supremo de las Fuerzas Armadas, don Juan Carlos asumió la responsbilidad de la

situación y encomendó a los secretarios y subsecretarios no aprehendidos por los

secuestradores el ejercicio del poder civil. La actitud del Jefe del Estado en

las tensas horas de ayer es símbolo de la legitimidad constitucional y

democrática.

El golpe de Estado ilumina, por lo demás, buena parte de los acontecimientos de

la etapa de transición y los sitúa en su adecuada perspectiva. La «operación

Galaxia» no fue una «charla de cafe», sino uno de los hilos de la madeja

conspirativa que quedó al descubierto. La circunstancia de que el teniente

coronel Tejero, principal responsable de aquel complot en toda regla, resultara

condenado con una pena leve y fuera reincorporado después al servicio activo, ha

permitido a este soldado desleal y sedicioso participar destacadamente en esta

segunda intentona golpista.

Así, las debilidades, complicidades y cobardías que impidieron en su día

castigar a lo» culpables de la «operación Galaxia» con las penas congruentes y

realizar a su debido tiempo los relevos imprescindibles en los cargos de las

Fuerzas Armadas y en las fuerzas de seguridad, a fin de sustituir a los

conspiradores y golpistas por militares y policías respetuosos de la

Constitución, son factores tan responsbles como los propios asaltantes del

Congreso de la inaudita y esperpéntica estampa escenificada ´ayer en el palacio

de la carrera de San Jerónimo, más propia de una república bananera o de un

pronunciamiento decimonónico que de una nación europea a finales del siglo XX.

La investigación judicial sobre el asalto con toma de rehenes al Congreso de

los Diputados tiene que alcanzar el fondo -de todas las tramas —incluso si están

insertas en las instituciones— quevienen conspirando contra la democracia desde

el mismo reforma política. Los loc culan armados— son rec. de orates y no se les

entre tropa.»

«A B C» decía: «A estas horas la palabra primera tiene que ser rotunda condena

de lo ocurrído nora que la gobernación del horas incuestionablemente dificil

país necesita un golpe de timón modo de ser gobernado para pueda recuperar el

orden y la pa sita. Pero es evidente que la loc, gonizada ayer por un grupo de

ofi la Guardia Civil —y, según parece, dada por algún alto mando del Ejerci no

sólo no vendría a resolver nada, sino ha puesto en el más grave riesgo todo

cuanto en cinco años de esfuerzo y sacrificio de todos, y muy en especial de las

Fuerzas de Seguridad del Estado, ha logrado España bajo la sabia y pacífica

dirección del Rey. Repitámoslo: por el camino de la Constitución todo es

posible. Nada se logrará por el de la violencia. No se sirve a espafla violando

la voluntad libremente expresada por los españoles. No se ayuda al país

sumiéndolo en la angustia y sacudiéndolo con la más grave, la más triste de las

convulsiones.»

Ismael Medina, en un comentrio editorial escribía en «El Alcázar»: «Otro dato a

tomar en cuenta es la tranquilidad con que los españoles han asumido la noticia

de la ocupación del Congreso de los Diputados. Durante el debate de investidura

habían evidenciado los portavoces de los partidos su temor a unas elecciones

anticipadas. Este miedo a una confrontación con las urnas lo expresó Areilza sin

disimulos en su artículo publicado el domingo. Los partidos, según Areilza,

están convencidos de una abstención masiva que dejaría al sistema en evidencia.

Los continuos sondeos de opinión arrojaban un alarmante crecimiento de la

inhibición popular.

Me parece evidente que la calma de los españoles ante un acontecimiento de tan

extrema importancia como la ocupación por Fuerzas del Orden Público del Congreso

de los Diputados expresa un dato político de gran alcance: el desentendimiento

público respecto a la suerte de una clase política en la que parece haber

perdido la confianza.

Sea cual sea el desenlace que tenga la ocupación del Congreso de los Diputados,

parece indudable que nada será igual mañana y que resultará muy problemática una

continuidad política acorde con las previiones del debate de investidura.

Nada será igual mañana. Y toda previsión sobre el futuro desarrollo de los

acontecimientos debe ser contemplada con máxima cautela.»

 

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