Las 18 horas más largas de la democracia. 
 Gran Bretaña califica de acto terrorista el asalto al Parlamento     
 
 Ya.    25/02/1981.  Página: 18. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Gran Bretaña califica de «acto terrorista» el asalto al Parlamento

«El Gobierno británico deplora el acto de terrorismo que ha tenido logar en el

Parlamento español llevado a cabo por un grupo de disidentes del Cuerpo de la

Guardia Civil.» Con esta declaración el portavoz oficial del Foreign Office, Mr.

Fenn, se ha pronunciado en nombre del Gobierno de Gran Bretaña sobre los tensos

momentos vividos por los españoles ante el secuestro de su Gobierno y de sus

diputados por un grupo armado.

Mr. Fenn añadió que «Gran Bretaña apoya sin reservas de ningún tipo la

democracia en España», y añadió que todavía no se ha enviado ningún mensaje al

Gobierno español porque todavía se está esperando información más detallada

desde Madrid. Probablemente habrá una comunicación oficial de apoyo al Gobierno

constitucional. Whitehall ha seguido con preocupación el desarrollo de los

acontecimientos, pero ni siquiera ha calificado el acto de los rebeldes de

«intento de golpe de Estado», sino simplemente de vulgar «acto de terrorismo».

Nada se ha dejado traslucir sobre posibles opiniones acerca de los asaltantes,

pero se ha indicado que estas actitudes llevadas a cabo por militares están

perfectamente tipificadas en Gran Bretaña, y un presunto acto de sedición es

duramente reprimido por los cauces legales correspondientes.

Al margen de la opinión gubernamental puede decirse que las noticias llegadas de

Madrid causaron estupor y sorpresa entre los británicos, ante lo que califican

de «increíble ataque» contra el Parlamento español, como representante supremo

de la voluntad popular de la nación. Todos los medios de difusión han informado

ampliamente de los acontecimientos e incluso el hombre de la calle ha

intervenido en un programa de radio que la cadena independiente ha emitido esta

mañana para dar su parecer sobre el tema. Muchos ingleses llamaron a la emisora

para exponer su opinión y considerar lo inconcebible del acto de los rebeldes al

compararlo con una posible incursión de tal carácter en el Parlamento de

Westminster.

Claro, que esto es mera teoría, porque ni a la Policía ni a las Fuerzas Armadas

se les pasaría en ningún momento por la cabeza la descabellada idea de

secuestrar al Parlamento para «chantajear» a toda una nación.

En los ambientes políticos y diplomáticos se ha detectado cierta preocupación,

pero al llegar noticias sobre lo limitado de la acción y el aislamiento de los

rebeldes, así como la superación satisfactoria del conflicto, han coincidido en

que esta dura prueba por la que ha tenido que atravesar la democracia española

puede servir para que las instituciones supremas del país, amparadas en la

Constitución y en la seguridad de la nación, lleven a cabo una revisión profunda

y extensa en los cuerpos de orden público y en el Ejército sobre aquellos

elementos que no acaten sin condicionamientos de ningún

género el texto constitucional votado por todos los españoles.

Todos los medios de difusión hacen hincapié en los antecedentes del capitán

general de Valencia, Miláns del Bosch, y del protagonista principal de la

«cuartelada», teniente coronel Tejero, como ultraderechistas, hombres

estrechamente vinculados a los sectores recalcitrantes del antiguo régimen y

claramente activistas en contra del sistema constitucional vigente. Aquí no se

alcanza a comprender cómo se ha dejado en sus manos el mando de tropa,

comentándose al propio tiempo en medios periodísticos la deficiencia de los

servicios de inteligencia al no detectar el movimiento sedicioso.

El Rey, factor decisivo

Toda la prensa nacional británica aparecía ayer con grandes titulares en primera

página, ilustrando el texto con la trágica foto del teniente coronel rebelde

subido en la tribuna de oradores con la pistola en la mano y otros guardias

civiles con las metralletas apuntando hacia los diputados. Los titulares más

significativos son los de «The Times» y «The Guardian». El primero dice: «Tropas

españolas rebeldes tomaron como rehenes a 350 diputados en el Parlamento.»

El segundo rotativo es más expresivo si cabe: «El Rey ordena al Ejército

aplastar el golpe.» En todas las informaciones la figura de Juan Carlos I

adquiere un singular relieve como factor decisivo en la resolución de la crisis.

Se cita el mensaje dirigido al país por radio y televisión y se especifica que

lo hizo vistiendo el uniforme de capitán general de los Ejércitos. La imagen de

los rebeldes se ve desde aquí realmente bochornosa. «The Times» es el único

periódico en dedicar al tema un largo editorial de urgencia, bajo el título «Un

intento de golpe en España».

Dice que la acción es una mala noticia para España «y para aquellos que están

preocupados con lo que allí ocurre». «Indica —añade— que los viejos reflejos

todavía están vivos, y que algunos de ellos aún están en situación de trocarse

en violencia.» Sin embargo, manifiesta el prestigioso diario conservador, que si

el incidente puede ser contenido y tratado como un acontecimiento aislado «quizá

podrá servir para mostrar la inutilidad de gestos de este tipo, y de esta manera

acabar con los rumores de conspiración».

 

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