Autor: Marcote, C. F.. 
 Las 18 horas más largas de la democracia. 
 La tensa noche del hotel Palace     
 
 Ya.    25/02/1981.  Página: 12. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

LAS 18 HORAS MAS LARGAS DE LA DEMOCRACIA

La tensa noche del hotel Palace

Si exceptuamos a los protagonistas directos de los hechos, los huéspedes del

hotel Palace fueron con mucho los que más y con más rapidez se vieron

sorprendidos por los primeros acontecimientos, prácticamente al mismo tiempo en

que los guardias civiles bajo las ordenes del coronel Tejero entraban

impetuosamente en el hemiciclo del Congreso de los Diputados "y sonaban los

primeros disparos.

Cuando este cronista se dirigía hacia la sede del Congreso, nada más óir los

disparos por una emisora de radio, no sabía quiénes eran los autores del asalto.

Y cuando un sargento de la Guardia Civil que estaba al frente de un grupo de

números en la carrera de San Jerónimo, a la altura de Cedaceros, despreciativa,

y violentamente arrojaba las credenciales de dos periodistas al suelo y nos

empujaba con fuerza para que abandonásemos el lugar, el nerviosismo se hizo

incontenible. Más aún después de cerciorarnos de que la Policía Nacional era

totalmente ajena a lo que allí pasaba y se le impedía incluso por la fuerza el

acceso a las proximidades del Palacio de la Cortes.

De nuevo en un pequeño receptor de radio nos enteramos de que el teniente

coronel Tejero era el principal responsable de los hecho y entonces el panorama

empezó a aclararse. Los miembros de la Policía Nacional habían establecido un

segundo cordón por delante de los guardias civiles mucho más asequible, a pesar

de que parecían no entender qué estaba pasando. Nervios y más nervios en los

miembros de la Guardia Civil encargados de cerrar todos los accesos a la Cámara

Baja. Uno de los autobuses de la empresa Larrea estacionado frente al palacio

quiso dar la vuelta y su chofer fue duramente increpado por los números, que

querían hacerle desalojar el lugar, sin enterarse de que había sido uno de los

vehículos en que habían llegado allí.

Se sumaron a los rebeldes

Detenidos un comandante y el capitán de la Policía Militar

El comandante Pardo Zancada, redactor jefe de la revista «Reconquista», ha sido

arrestado en relación con su presencia en el palacio del Congreso de los

Diputados, según han informado fuentes solventes.

También ha sido arrestado el capitán José Alvarez-Arenas Pardiñas, de veintiocho

años, que mandaba la compañía de Policía Militar que acudió al palacio del

Congreso de Diputados, según pudo saber Efe de fuentes competentes. Tanto el

comandante como el capitán acudieron con los escasos efectivos de la Policía

Militar (unos valientes hombres) al palacio del Congreso, y parece que

personalmente se unieron a los guardias civiles, dejando sin mande a la tropa.

Además del comandante Pardo Zancada y el capitán Alvarez-Arenas Pardiñas hay

algún otro oficial detenido, manifestaron a Efe las mismas fuentes.

Las posteriores declaraciones de diputados han venido a demostrar que en la

mayoría de los casos, por lo menos los guardias civiles que permanecían en la

calle, no sabían qué estaba pasando y cuál era su misión concreta.

Poco después de las siete y media, las fuerzas asaltantes comenzaron a

replegarse y a introducirse en el palacio de la carrera de San Jerónimo. A las

ocho, después de algunas indecisiones y algunos sustos al numeroso publico que

se había congregado en los alrededores, la Policía Nacional había pasado a

ocupar las posiciones que hasta entonces habían venido ocupando los guardias

civiles, y fue entonces cuando los todavía pocos informadores que allí nos

encontrábamos pudimos acceder a la a\tura del pequeño parque que está frente al

Congreso en la carrera de San Jerónimo. Allí pudimos comprobar personalmente

cómo algún guardia civil rezagado llamaba por teléfono a su casa desde una

cabina para anunciar a su familia cuál era su situación. Así, uno de ellos

confirmó que en general habían sido llevados allí sin saber cuál era su

objetivo.

Mutua vigilancia

Funcionarios del Cuerpo Superior de Policía, fuerzas de la Policía Nacional,

funcionarios de la Brigada de Información y efectivos de la Guardia Civil recién

llegados se vigilaban mutuamente y en realidad parecía que había desconfianza y

no se sabia quién estaba con quién. Los mayores recelos comenzaron a salir a la

luz cuando de nuevo llegaron nuevas fuerzas de la Guardia Civil, esta vez de las

Uar (Unidades de Alerta Rural), que se hicieron cargo de la vigilancia y control

de los lugares más próximos al palacio, desplazando de allí a la Policía

Nacional, que seguía sin saber a qué atenerse. Había entre sus miembros

comentarios para todos los gustos, desde que no se podia confiar en miembros de

la Guardia Civil para asaltar, llegado el caso, el palacio, ni se sabía de quién

obedecerían las órdenes, hasta que lo mejor era que los propios compañeros

hicieran frente a los guardias civiles que tenían tomado el palacio.

Entretanto, los enfrentamientos violentos entre grupos de espectadores

congregados se incrementaban.

Por una parte estaban los que gritaban «Ejército al poder» y «Viva la Guardia

Civil»; por otra, los que lanzaban vivas constantes a la Constitución, a la

democracia, a la libertad y al Rey.

Aunque los responsables del hotel Palace trataban en principio de impedir que

informadores y particulares hicieran uso de sus instalaciones y nos impedían el

uso de los teléfonos, estaba comenzando la «larga noche del Palace». Las

protestas de algunos huéspedes que se manifestaron contra la´ presencia de

informadores y fuerzas de seguridad fueron olímpicamente ignoradas y el personal

del hotel comenzó a colaborar estrechamente en las labores de información cuando

el hotel Palace había sito «tomado» y se había convertido en el verdadero centro

de operaciones.

Negociaciones

Antes de reunirse por primera vez con el general inspector de la Policía

Nacional, señor Sáenz de Santamaría, y con el gobernador civil de Madid, Mariano

Nicolás, pudimos escuchar al director general de la Guardia Civil, general

Aramburu Topete, una frase tan significativa como ésta: «Que se prepare la

gente, que hay que sacarles.» La tensión era cada vez mayor y aumentó aún más

con las noticias que llegaban del interior después de las entrevistas que

mantuvieron con el teniente coronel Tejero el general Prieto, que según sus

palabras había acudido como espectador, y el general Armada, que estuvo más de

media hora dialogando con Tejero en el interior del palacio y no pudo conseguir

nada. El general Prieto fue uno de los protagonistas de la noche por los

contactos que mantuvo con el cabecilla de los golpistas.

Tras su último encuentro con Tejero aparecía poco optimista sobre el desenlace

final de los acontecimientos después que el teniente coronel hubiese perdido la

paciencia y le hubiese indicado que nada tenían que hablar porque no podían

ponerse de acuerdo.

Las entradas y salidas del general Aramburu Topete del despacho desde el que se

dirigían las operaciones iban acompañadas de las embestidas de los informadores,

a las que el general siempre contestó con un profundo silencio. Mariano Nicolás,

por su parte, trataba siempre de tranquilizar el ambiente y afirmaba

constantemente, pero poco convencido, que era cuestión de tiempo.

Se sabía que dentro del hemiciclo el teniente coronel Tejero quería hacer creer

a todos los diputados que el golpe de Estado había tenido éxito en toda España y

un militar había asumido la jefatura del Gobierno.

Pero el anunciado militar de alta graduación no llegaba y los aparatos de radio

que los golpistas no habían podido detectar dentro del hemiciclo informaban de

lo contrario. Uno de los aparatos estaba en poder de Leopoldo Calvo-Sotelo.

La firme actitud del Rey don Juan Carlos, la certeza de que la situación estaba

perfectamente controlada y sobre todo la noticia, poco después de las cinco de

la mañana, de que el capitán general de la tercera región militar, señor Miláns

del Bosch, había redactado un,-comunicado en el que dejaba en suspenso las

medidas tomadas en su región, con lo que Tejero se quedaba totalmente solo,

vinieron a tranquilizar un ambiente demasiado cargado y confuso. Los senadores

Manuel Ferrer y Emilio Fernández Cruz intentaron varias veces entrar en el

palacio del Congreso, y la última, acompañados del ayudante del general Aramburu

Topete, consiguieron hablar con el teniente coronel Tejero, a quien vieron

«tranquilo pero distante. No sabría decir si como bebido o simplemente loco»,

según las palabras de Emilio Fernández Cruz..

Preocupaba la lucidez de Tejero

Los rumores de que los asaltantes visitaban frecuentemente el bar para ingerir

buenas cantidades de alcohol, unidos a las serias dudas sobre el estado de

lucidez mental de Tejero, hacían temer por el feliz desarrollo de los

acontecimientos.

Las fuerzas de seguridad, que se habían visto incrementadas por las que llevaron

una decena de LandRoyer de la Policía Militar que entraron en el edificio anejo

al que contiene el hemiciclo, permanecían tranquilas y dialogaban amistosamente

con los informadores. Sin embargo, un hecho llamaba poderosamente la atención,

cual era el de que: a pesar de que bien entrada la madrugada se retiraron

numerosos efectivos de la Guardia Civil, cuyos lugares pasaron a ocupar las

fuerzas de la Policía Nacional, los miembros de unidades especiales de la

Benemérita nunca dejaron de custodiar los puntos más próximos al palacio del

Congreso. Ésto causaba visible intranquilidad y descontento a algunos mandos

medios de la Policía Nacional.

Cuando a las diez y cuarto de la mañana salieron varias diputadas, las

esperanzas aumentaron súbitamente, a pesar de las nerviosas y poco optimistas

declaraciones de algunas de ellas. La emocionante salida de todos los diputados,

casi dos horas después, compensó largamente las dieciocho horas más largas y

tensas que este cronista ha vivido como informador.

C. F. MARCÓTE

 

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