Autor: Vigil y Vázquez, Manuel. 
   Aquel Estatuto no era malo, pero fue desacertadamente aplicado     
 
 Ya.    09/07/1977.  Página: 15. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

9-VII-77

INFORMACIÓN NACIONAL

CARTAS DE CATALUÑA

Aquel Estatuto no ero malo, pero fue desacertadamente aplicado

Durante la República del 14 de abril, el régimen autónomo de Cataluña sólo funcionó dos años y un mes,

repartidos en dos periodos; el primero, hasta el 6 de octubre de 1934, y el se g u n d o¡ d«sde marzo de

1936 hasta el 18 de julio del mismo año. El 6 de octubre de 1934, él presidente de la, Generalitat, don

Luis Companys, apoyado pos sus consejeros, se sublevó contra la República por haber entrado tres

ministros de la CEDA en el Gobierno presidido por don Alejandro Lerroux. El .´seño r Companys

proclamó "el Estado Catalán de la República Federal Española" y ofreció Barcelona como sede para un

gobierno provisional de esa República Federal para combatir y derrocar al Gobierno de Madrid.

El señor Companys repetía el gesto del señor Maciá en el 14 de abril de 1931, al precipitarse éste a.

proclamar Ja República Catalana comer Estado integrante de la Federación Ibérica". Y como según el

dicho popular no hay dos sin tres, a raíz del afeamiento del 18 de julio, el señor Companys, repuesto en

la. Generalitat tras las elecciones del Frente Popular, volvió a proclamar su Estado Catalán de la

República Federal etc. P«ro tras el año largo de suspensión del Estatuto motivada por la sublevación

fallida del 6 de octubre, la recobrada Generalitat fue desbordada- por la CNT-FAI, quien impuso su "ley"

y obligó a la colectivización de .las empresas, ´ firmada por don José Tarradellas, y, en suma, a.

sobrepasar los límites de la autonomía regional concedida por las Cortes déla República.

QUEDABA POCO POR DEROGAR

Liquidado sangrientamente el motín anarquista de 1937, y coa la -colaboración del PSUC, se fue

restableciendo el peder estatal en Cataluña, e! cual quedó afirmado al tnstalar.se en Barcelona el Gobierno

de -a. República presidido por el señor Negrín meses después. Al fin tenía su sede en Barcelona el

Gobierno de la República, como había ofrecido el señor Companys en su fracasada sublevación de 1934.

Pero este Gobierno., ante la gravedad de la situación "bélica y er desbarajusta de Cataluña, fue

recobrando facultades delegadas en la Generalitat, hasta llegar incluso a la administración de la justicia,

que (había sido una de as más preciadas .conquistas de la autonomía catalana. Cuando en 1938 el general

-Franco, al irrumpir en Cataluña, deroga el Estatuto, prácticamente era níuy poco lo que derogaba, pues-el

poder de la Generalitat, primeramente sobrepasado por la -CNT-FAI, luego había ido volviendo al

Gobierno de la República.; aunque a éste tampoco le sirviera a la postra para gran cosa.

Sin embargo, el Estatuto de Autonomía ds Cataluña ,d>e 1932, aunque .hoy resulta´obsoleto e

incompatible con la legislación vigente, no era tan malo coïa o podía deducirse de las peripecias de la

Generalitat sumariamente. apuntadas. El Estado se reservaba todo lo concerniente a las relaciones

internacionales, así como con la Iglesia; el Ejército, régimen arancelario, tratados comerciales, sistema

monetario, política fiscal y policía de fronteras. El Estado encomendaba a la Generalitat la ejecución en

Cataluña principalmente de lo relacionado con Obras Públicas, Agricultura, Industria y seguros sociales y

comunicaciones, sujeta al control estatal, y finalmente, tras establecer la cooficialidad del catalán y del

castellano, y la enseñanza en ambos idiomas, cedía, a la Generalitat todo lo relativo al derecho civil, de

acuerdo con las peculiaridades catalanas. El orden publicó era también traspasado en todo cuanto no

concernía a lo que era materia reservada al Estado.

El gobierno de Cataluña se confiaba st la Generalitat, constituida por su presidente, el Parlamento, que le

el&gía, y el Consejo Ejecutivo o gobierno regional, bajo la presidencia del dicho presidente de la

Generalitat. Otra pieza ciav,e y distintiva, el Tribunal de Casación, para entender en todo cuanto le

estuviese atribuido exclusivamente a la Generalitat. El presidente de ésta, a la vez que representante de

Cataluña ante el resto de^España, era el representante des Estado en Cataluña. En Hacienda, el Estada

cedía íntegramente unos tributos, daba participación ^en otros y se sumaban los presupuestos de las

desaparecidas diputaciones provinciales, que pasaban a engrosar la caja de la Generalitat. Y en

Administración Local se confiaba también . a la Generalitat la -organización de la autonomía de los

ayuntamientos de Cataluña.

El sistema no era perfecto, como fruto de un forcejeo entre las aspiraciones autonómicas, acaso excesivas

y tocadas por la precipitación del señor Maciá, que hizo temer a las mismas izquierdas que Cataluña &_e

desgajase prácticamente, precipitación en que incidiría con tan funestos resultados el señor Companys.,La

discusión deí estatuto en el Congreso de Diputados fue muy penosa, y sin la abortada sublevación del

general Sanjurjo, el 10 de agosto de 1982, los 4eba.te¿ se hubieran alargado peligrosamente acaso. El

señor Azaña, jefe del Gobierno, aprovechó aquella in-madura revuelta, para mover al Congreso a cumplir

el compromiso contraído con Cataluña.

Sin embargo, por encima de tanto peripecia y de los errores de los ¡mismos gobernantes catalanes,

poco realistas por lo general, persiste el "fet català". Es algo vivo que no se amilana ante dificultades y

fracasos. Algo que requiere una solución, que no e», por supuesto, ni la aplicada por don Miguel Primo de

Rivera, ni tampoco la similar impuesta por´ el régimen de Franco, ni tampoco las que han representado

Maciá ni Companys, sobre todo el último con su tendencia a lo catastrófico. La organización de la

autonomía, que es absolutamente necesaria y no sólo para Cataluña, sino para la estabilidad ds España,

requiere conocimientos profundos de la realidad nacional en su más amplia acepción; requiere nervios de

acero y sensibilidad por ambas partes respecto de la posición de la otra. La Generalitat, sí, pero sin

alharacas ni gestos desmesurados, sino paso a paso firmemente dados. Aigo bien distinto en su

realiaacíóji a la cojivu´Ssa autonomía de la República del 14 de abril, Bien distinto, sí, pero

auténticamente catalán, de esta Cataluña de hoy, donde acaso estén fundidos como en ninguna otra parte

los distintos pueblos de España.

Manuel VIGIL Y VÁZQUEZ

 

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