Autor: Espina, Wilfredo. 
   La operación Tarradellas     
 
 ABC.    10/07/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

DOMINGO, 10 DE JULIO DE 1977.

LA «OPERACIÓN TARRADELLAS»

C´ATALUÑA tendrá Generalitat y autonomía. Generalitat negociada y autonomia aprobada en Cortes, f

el punto de arranque del «sprint» legal Be todo ello habrá sido la espectacular, audaz y habilísima

«operación Tarradellas». Una «operación» que ha comprometido al Gobierno a restaurar la secular

institución catalana y ha llevado al presidente de la. Generalitat en el exilio a reconocer la Monarquía y

acatar la legalidad. Una «operación», también, que abre el camino a la autonomía vasca y a la de otros

pueblos hispanos.

Es lógico, entonces, preguntarse de quién ha «ido, en verdad, la iniciativa de esta «operación Tarradellas»

vivida recientemente en Madrid. La iniciativa de ese viaie sorpresa y de esas negociaciones fractiferas.

¿Iniciativa dé Josep Tarradellas" ¿Del presidente Suárez? ¿Del propio Rey? Tal vez, políticamente, sea

mejor que la respuesta a estos interrogantes permanezca en la penumbra de la duda. Apuntarse un tanto

así o correr semejante riesgo compromete mucho en política. Pero´ la historia tendrá la obligación de

esclarecerlo; ¿Por qué, entonces, no aportar desde: ahora cuantos elementos puedan dar alguna luz?

Después del comunicado-acuerdo suscrito entre el Gobierno y el honorable Tarradellas -—con el

beneplácito de Raventós— no creemos sea deslealtad ni pueda ya entorpecer nada, si revelamos algún

aspecto aún secreto, vivido personalmente, dé los inicios de esa «operación». Puede .ayudar a interpretar

la afirmación d* Carrillo, tras su entrevista con el político catalán, de que la iniciativa había sido del

presidente Suarez. Puede completar las palabras de Jordi Pujol quien, sorprendido por todo lo ocurrido,

hacía público que días antes, desde altas instancias, se le había requerido para que la Asamblea de

parlamentarios catalanes no se pronunciara pidiendo que Tarradellas la presidiera, ya que se estaba

estudiando el asunto, ¥ puede concretar las declaraciones de Carlos Sentís, que ha sido, finalmente, el

intermediario efectivo y eficaz -Je la «operación», cuando nos cuenta sas primeros pasos. «Tarradellas —

nos explica Sentís— me llamó al día siguiente de celebrarse las elecciones para felicitarme por haber

salido elegido diputado y me dijo exactamente que, precisamente por ser diputado de Suárez, catalán y

amigo suyo podía jugar un gran papel. "Piensa lo que puedes hacer." Yo deduje de esta frase —aña-de_

Sentís— que, en efecto, podía utilizar mi situación para llevar a término algo que se había ensayado

tiempo atrás sin que, desgraciadamente, pasara de ser un intento, pero no a altos niveles.»

Ese intento de «tiempo atrás» de traer a Tarradellas eran tos contactos secretísimos mantenidos por otro

catalán, Ortínez, y un vasco, Olarra, ambos con buenas relaciones gubernamentales, con el presidente de

la Generalitat en el exilio el pasado otoño. Ortínez y Olarra han jugado también un papel importante en la

«operación» de ahora. Sin embargo, yi durante el mandato de Arias y Fraga había habido contactos con

personas interpuestas, entre él Gobierno y Tarradellas. Esto nos lo confirmó el propio Josep Tarradellas,

en amistosa e inolvidable charla a altas horas de la madrugada del 11 de febrero pasado, en el hotel

France de Perpiñán. Pero lo que se negó a revelarnos fueron los nombres de los «intermediarios», tanto de

Arias como de Suárez, en todos aquellos contactos. Fue precisamente el seoretismo en torno a esto que

nos hizo -dudar a los medios políticos sobre la auténtica realidad y trascendencia de aquellos contactos.

¿Fue también éste hermetismo q fue una «lucha de celos» lo que provocó el choque frontal —-ahora, al

parecer, superado— entre Tarradellas y Jordi Pujol, hasta entonces grandes amigos? ¿Ignoraba Pujol esos

contactos, no creía en su viabilidad, o temió por su protagonismo —como nos insinuaba el mismo

Tarradellas en aquella charla—, cuando se decidió à negociar con´ Martín Villa, con Suárez y con la

propia oposición de Madrid? La publicación • de ciertas cartas confidenciales —cuyas fotocopias me

entregó el presidente de la Generalitat en el exilio— ayudarían sin duda a aclarar este punto. No creo estar

en el derecho de revelar nada más sobre este incidente, que vivió muy dé cerca otro periodista, el amigo

Ibáñez Escofet.

LO que si creo debo decir es que ya entonces Tarradellas, hábil político, sostenía invariablemente su tesis

de uue debía negociar con Madrid, con el Gobierno, con la Monarquía, y no con la oposición, madrileña,

en cuya fuerza y promesas no creía mucho. Y esto viene a confirmar ahora Joan Cornudella, íntimo amigo

de Tarradellas y líder del Front Nacional, cuando afirma que «el Front ha estado siempre a favor cié la

negociación con el Gobierno de Madrid y de que éste fuera llevado a cabo por Tarradellas». ¿Puede

concluirse de esto que la iniciativa de la reciente «operación» ha partido del presidente de la Generalitat

en el exilio?

El 5 de junio pasado, intentando hacerme eco del estado de ánimo reinante en los Últimos meses en

Cataluña, publiqué en «El Correo Catalán» una «Carta al Rey» que tuvo la fortuna de ser muy

reproducida y comentada a altos niveles. Jaime Miravitlles, ex comisario de Propaganda de la Generalitat

con Tarradellas, dos días después publicaba un artículo con parecida tesis en el diario «Avui». Aquella

«Carta al Rey» podía haber dado en la diana. En síntesis, se pedía en ella que se iniciara inmediatamente

el proceso hacia la autonomía de Cataluña, derogando incluso antes de las elecciones el decreto franquista

de 5 dé abril de 1938 que se cargó el Estatuto de 1932, y con un gesto del Rey que indicara,

inequívocamente esne sería restablecida la Generalitat •obre los principios e instituciones de aquel

Estatuto, pero dejándose sn definitiva articulación a las futuras Cortes. Pero previamente había que dejar

sin efecto el tan denostado y antidemocrático Consejo General de Cataluña, patrocinado por Samaranch,

pero rechacado por todo el mundo, pese a haber •ido «un instrumento -útil para desbloquear un tema basta

entonces tabú».

Pues bien; dos días después de aquella «Carta al Rey» un cualificado representante del Gobierno Suárez

—cuyo nombre aún no debo revelar— me pedía una entrevista urgente para tratar este tema. La entrevista

se celebró al atardecer del día 7 de junio y duró dos larras horas. Nos dedicamos a buscar una fórmala

política y jurídicamente válida, para la derogación inmediata del desdichado decreto de 5 de abril de

1938, que debía aprobar el Consejo de Ministros próximo; a esbozar un primer paso * dar por ´as altas

instancias del Estado hacia la restauración de la Generalitat; y, con estos datos concretos, a estudiar la

estrategia de un contacto, a través mío, entre el Gobierno y Tarradellas. El cerebro:de todo ello sería ese

gran conocedor de Cataluña que es Martín Villa, que también lo ha sido en la última «operación»

coronada Dor el éxito.

SEGURAMENTE fueron el olfato político de Suárez, que consideró que aquella operación, a escasos días

de las elecciones, podía interpretarse como un acto electoralista, y la cerrazón de Josep Tarradellas en una

conversación telefónica en la que le anunciaba la posibilidad de entrar en un verdadero diálogo a alto

nivel, las causas que congelaron este nuevo y desconocido intento de negociación. Por otra parte, la

situación dimisionaria de Fernández- Miranda como presidente de las Cortes, impidió la derogación

entonces por decreto-ley del decreto de 5 de abril de 1938 —que es de esperar que •hora se produzca

pronto—, y el Consejo de Ministros tuvo que limitarse a dejar sin efecto aquel Consejo General de

Cataluña.

Es significativo, sin embargo, que en la referida conversación telefónica Tarradellas, cuyas cualidades

humanas y eolíticas impresionan, siguiera afirmando que la única solución era negociar «en Madrid».

¿Estaba tal vez intentando establecer contactos a través de los anteriores intermediarios? En todo caso, lo

que queda claro es que tanto por parte del Gobierno —¿por inspiración del Rey?— como por parte del

presidente de la Generalitat en el exilio, había interés en negociar ya antes de las elecciones. Las

voluntades coincidían, f altaba, sólo romper ciertas reticencias.

EL resultado de las elecciones, con el triunfo mayoritario de socialistas y comunistas en Cataluña, con

postergación del nacionalismo burgués, fue, sin duda, el detonante que hizo saltar aquellas reservas. La

petición unánime —con el único voto en contra de López Rodó—• de la Asamblea de Parlamentarios

catalanes a favor del regreso de Tarradellas, aceleraría aun más las cosas. Fue, en efecto, tras aquella

histórica Asamblea en el antiguo Parlamento de Cataluña —de curas llaves hizo entrega a diputados y

senadores el alcalde Socías Humbert— cuando Sentís, cabeza de lista de la candidatura Suárez, habló con

el presidente del Gobierno y se ponía en marcha la definitiva «operación»; la operación Tarradellas-

Generalitat-Autonomía.

¿Iniciativa de Tarradellas, de Suárez, del propio Rey? Quede esto para los historiadores. Para los

políticos; lo que .interesa es saber que por encima y detrás de aquellas voluntades de diálogo

coincidentes, la verdadera iniciativa ha sido fiel, pueblo catalán^ manifestada en ´las

•amaa^—W:´ E.

 

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