Autor: Trenas, Julio. 
   Cambó  :   
 El seny catalán en la política española. 
 Arriba.    10/07/1977.  Páginas: 11. Párrafos: 68. 

CAMBÓ

EL "SENY"

FÍSICAMENTE parecía un caballero del Greco. Recordaba también, en la angustia de ios pómulos y

la fijeza, a la vez extática e inquiridora, de ta mirada, al «San Francisco» de Pedro de Mena en la catedral

de Toledo. Hay un dibujo de Ramón Casas —´o guarda el Museo Municipal de Barcelona— que to

representa en juventud, con la barba larga, nazarena. No sería ésta su fisonomía definitiva. Recortaría

después la barba, redondeándole el rostro. Tenía un cierto prurito en cuidar la apariencia. Llevaba con

naturalidad y elegancia la imprescindible levita de las audiencias y consultas reates, y Para Madariaga,

estos rasgos de distinción son muy sefarditas. Y aunque José Pla, uno de sus amigos y biógrafos, haya

rebatido el aserto de que fuese de estirpe hebrea, el profesor de Oxford se inclina a esta posibilidad.

Hablo, naturalmente, de Francisco Cambó, el hombre que trajo el «seny» catalán a la política española.

En septiembre del pasado año se cumplió el primer centenario de su nacimiento. A los treinta de su

muerte —el día último de abril de 1947—, en Buenos Aires, sus restos encuentran definitivo reposo en

esa tumba que en ta plaza de ia Esperanza del Cementerio Nuevo barcelonés, ha decorado, con

dos bronces admirables Subirachs. Uno representa a San Francisco de Asís, el santo patrón de Cambó.

El otro, a Bernat Metge, cuyo nombre imprimió a sus fun daciones culturales el ilustre patricio.

Para el citado Madariaga, Cambó, aún más que Prim, fue el hombre público español de estirpe catalana

que con más eficacia y dotes naturales pudo haber gobernado a España. Sin embargo, nunca fue Poder,

aunque en el Poder estuvo. Habría que analizar algún día las razones de esta Inconsecuencia. Pudo ser

mejor gobernante que Maura, de cuyo «Gobierno nacional» formó parte. El mallorquín decía de Cambó

que «para verte» había que «darte toda ia vuelta». Quizá esto fuese cierto en Maura decía de él; «Con ser

tan delgado, nunca acaba de dársele la vuelta» cuanto a la estrategia que opera como defensivo u ofensivo

caparazón del político. No en cuanto al entrenamiento de su grandeza espiritual. Alguien ha dicho —y lo

encuentro certero—• que a Francisco Cambó le dolían, por igual, Cataluña y España. En las Cortes había

proclamado, respondiendo a una intervención de Santiago Alba: «En todos mis ensueños, en todos mis

deseos, nunca he querido yo, ni quiero, que España, que el Estado español, sea un ente de razón, sea una

cosa fría, sea meramente un poder federal, no; yo he declarado, y repito aquí, que España es algo más que

eso; que España es una cosa viva; que siglos de convivencia, de disfrutar y de sufrir las mismas

bienandanzas y los mismos desastres..., que la situación geográfica que nos manda a todos; que la

trabazón de los intereses económicos, que todo hace que España sea una cosa viva, que no sea

únicamente un poder, sino que sea una sustancia que pueda tener una fórmula de patriotismo sustantivo».

Por esto, porque entendía con tan tiara lealtad a España, pudo ser tan alto su patriotismo catalanista. Y en

la Historia queda, ¡unto a la sombra ilustre de su antecesor, Enrique Prat de la Riba, para sostenerlo.

UN EPISODIO DECISIVO

Cambó había nacido en Vergés (Gerona) el 2 de septiembre de 1876. Su destino, el de ser hereu de una

familia modestamente acomodada. Nadie iba a pensar que a los veinticinco años se revelaría como un

gobernante nato y a los cuarenta y cinco, como un financiero de dimensión mundial. En 1891 concluyó el

Bachillerato en Gerona. En 1895 y 1897, respectivamente, terminaría tas carreras de Filosofía y Letras y

Derecho en la Universidad de Barcelona. Ejercitó la abogacía y destacó gn el foro. Las ideas regionalistas

le conmovieron yo de estudiante. Durante el curso de 1894 al 95 desempeñó la Secretorìa del Centro

Escolar Catalanista, y al siguiente año, la presidencia.

Cuando Prat de la Riba, a quien admiraba y seguía, fundó «La Veu de Catalunya», órgano de la derecha

regionalista, trabajó como redactor del periódico. Su elección como concejal le hizo abandonar esta

dedicación. Sería después miembro de la Junta Directiva del Centre Nacional Cátala. Al fundirse con la

Unión Catalanista y constituir la Lliga Regionalista continuó figurando como individuo de la Junta

Directiva de la nueva entidad. Le correspondió la sección de Acción Política y él la extendió hasta el nivel

ciudadano. Como concejal organizó las fiestas populares de 1902 y fue el alma de la campaña llamada

«del Gas Strache», mejorando el alumbrado de lo ciudad.

Por este tiempo se instala en la biografía de Cambó un episodio qujs cabe considerar decisivo y marca la

medida de una necesaria audacia política. Con su actitud vino a salvar el error de enfoque de otros

dirigentes de la Lliga. Alfonso XIII realizaba su primera visita a Cataluña como Rey de España y los

integrantes de la Agrupación política más representativa de Cataluña le recibían con un helado manifiesto

ai que el pueblo de Barcelona no hizo caso, tirándose a la calle al grito de «¡Viva el Rey!».

«Esto —escribe Madaríaga— hubiera sido la peor muerte para la Lliga, que habría perecido ahogada en

un mar de ridículo, si el joven Camhó no hubiera ideado el salvamento: comparecer ante el Rey en el

Ayuntamiento y él, e! Benjamín de tos concejales, cantarle las cuarenta al monarca en nombre del

catalanismo.» El hecho vino a propiciar la formación de una izquierda catalana.

El episodio no sería decisivo exclusivamente en «la biografía de Cambó, sino también en el acontecer

histórico catalán. Se puso de manifiesto la inevitable envidia despertada con su talento por e! ¡oven

político y lo que Madariaga llama «tragicómica manía de conceder importancia sustancial a la forma de

Gobierno». Y lo explica;

«Los republicanos de la Lliga no perdonaban a Cambó su discurso ante el Rey, y quizá todavía menos

aquella voluntad de hierro que no sólo concibió el acto, sino que Jo ¡ogro realizar en el escaso tiempo

disponible. Por aquel entonces, Lerroux había hecho tal propaganda republicana en Barcelona que a él le

llamaban el emperador del Paralelo».

Orador directo, polemista haoi-Msimo. las sesiones municipales servían como fondo a la figura de

Francisco Cambó, que iba convirtiéndose en el campeón del movimiento ctalanista, cuyo apogeo se

registraría en 1907. A su iniciativa y talento organizador se debería en muy buena parte la «Solidaridad

Catalana», en cuya ejecutiva figuraría organizando Ja manifestación de 20 de mayo de 1906, en la que

tomaron parte 300.000 hombres. Este protagonismo, en momentos exaltados y discrepantes, engendraba

su riesgo. Cambó habría de recibir el bautismo de sangre del atentado político. Dos días antes de ser

elegido diputado a Cortes por Barcelona, la noche del 19 de abril de 1907, cuando se dirigía a un mitin

que iba a ceíe-barse en Sans, de un grupo compuesto por una veintena de individuos partieron varios

disparos de revólver y pistola que, después de acribillar el carruaje, causaron a Cambó una herida en la

región sacro-lumbar derecha.

• Le dolían, par igual, Cataluña y España

• Hecho decisivo en su biografía: la intervención ante Alfonso XIII en la primera visita del monarca a

Barcelona

Madariaga anota que el atentado se produjo al pasar ante los balcones de un centro lerrouxls-ta. De todo

el grupo de Cambó, en el que figuraban los dos Salmerones (padre e hijo), Roca y Roca, De Buen,

Corominas y Nublóla, el único herido fue él. El atentado indignó profundamente a la opinión pública,

afirmando el ruidoso triunfo de la «Solidaridad». Restablecido toma asiento en e! Congreso y se convierte

en uno de los primeros oradores parlamentarlos. En el «Diario de Sesiones» ha quedado, como pieza

magistral, su discurso sobre el proyecto de Administración Local, en el que planteó «el fet català». Pero

su actitud jamás será negativa. Colabora en el proyecto y consigue su transformación sustancial. El

político que apenas ha rebasado la treintena, contempla siempre el panorama general de la nación. Otro

discurso suyo que deja huella es el que pronuncia sobre la ley de Jurisdicciones y acerca del presupuesto

de la Guerra, tema este último que obtuvo la aprobación del elemento militar. Hasta que Prat de la Riba

muera, agosto 1917, no será el máximo dirigente de la Lliga, pero rpta la «Solidaridad Catalana» no cabe

duda de que Cambó se convierte en el jefe indiscutible de los elementos catalanistas de Ja derecha, sin

que falte el revés político •—que estimula aún más su capacidad de lucha— que supuso la derrota de sus

candidaturas en las elecciones de 1910; en medie», el impasse de la «Semana Trágica». En 1914 participa

en la Comisión promotora de la Exposicion -Internacional de ´Barcelona de 1929. En 1916, otra vez

diputado, pronunciaría uno de sus más brillantes discursos en las Cortes. Hablando de los hombres de

Cataluña y de sus entrañamiento con Jos problemas españoles, dijo: «Somos un grupo de hombres de

gobierno que hemos nacido para gobernar, que nos hemos preparado para gobernar, que en la esfera

donde hemos gobernado hemos demostrado aptitudes para gobernar y, no obstante, estamos condenados a

ser constantemente hombres de oposición».

Un comentarista actual ha escrito, sintetizando el ideal político del prohombre catalán: «Prat y Cambó

querían sustituir las románticas ensoñaciones catalanistas por un programa concreto de autonomía

regional a base de propaganda y acción política directa». Luego señala su capacidad, creadora y revulsiva

a la vez, en eí contexto político, tanto nacional como regional, refiriéndose concretamente a Cambó: «En

sus manos la Lliga fue una organización considerablemente dotada, constituida en grupo económico de

presión y con gran capacidad en la promoción de la vida intelectual catalana». Por otra parte —repito—,

Cambó no fue nunca un abstencionista. Colaboró con el Poder central siempre que fue requerido para

elto. En 1918 se le nombra Ministro de Fomento, en el «Gobierno nacional» de don Antonio Maura. En

1921 será Ministro de Hacienda. Acompasadamente desarrolla su actividad de gran financiero.

DURANTE LA DICTADURA, MARGINACION VOLUNTARÍA

El advenimiento de la Dictadura de don Miguel Primo de Rivera coincide con un apartamiento voluntario

de la política por parte de Cambó. No es enemigo del general. Antes bien, tos pocos momentos aje

contacto que con éi mantendrá aparecen relativamente cordiales, pero a partir de estos años, como

recuerda su secretario político, Joaquín María de Nadal, pasa largas temporadas fuera de España, Viajes

exigidos por la reestructuración de grandes empresas y aprovechados por este hombre culto,

perfectamente inssr-table en el friso de los magnates del Renacimiento italiano, para la formación de su

fabulosa colección de arte. De cuando en cuando daba fe de vida con la publicación de algún libro o de

artículos periodísticos que señalaban sus puntos de distancia respecto del Jefe del Gobierno español.

«La Dictadura llegaba a su ocaso en los primeros días del año hablando de los diputados catalanes dijo

en tos Cortes; ´Somos un grupo de hombres de Gobierno; hemos nacido para gobernar nos hemos

preparado para gobernar y hemos demostrado aptitudes paro gobernar 1930 —escribe Nadal—> y eí

nombre de Cambó volvió a ocupar un primer término en los cenáculos políticos de Madrid». Ei país vivía

una falta de libertad que Incluso a alguien tan apartado por aquel tiempo como era el prohombre catalán

habría de procurar situaciones desagradables. Tal la que refleja una carta dirigida por Francisco Cambó al

marqués ae Estela en primero de mayo dé 1928.

«Hace unos meses —´le dice en elfo— recibí la invitación de una de las secciones del Fomento de

Trabajo Nacional para dar en .sus locales una conferencia de carácter económico. Acepté la invitación,

escogiendo como tema IQ "Revalorización y estabilización de la peseta», y se fijó el día de hoy para que

la conferencia tuviere lugar". El tema no debió de ser del agrado de don Miguel. Se desprende de la

misiva de Cambó: «Ayer, estando yo en Madrid, me fue comunicada la resolución de la autoridad, según

la cual sólo se autorizaba la conferencia a condición de que se diera en castellano. Sabiendo, como sabe

usted, que yo siempre he combatido el separatismo en sus dos diversas manifestaciones —contrarias sólo

en apariencia, pero coincidentes en espíritu y finalidad—, comprenderá que yo no accediera a una

condición que implicaba un agravio para la lengua catalana, una de ¡as más gloriosas lenguas hispánicas,

a la que el Gobierno que usted preside entendió honrar abriéndole las puertos de la Academia de la

Lengua Española».

La verdad es que llovía sobre majado. £1 idioma en que ta conferencia habría de ser pronunciada es sólo

un pretexto. La prohibición trata de evitar la comparecencia pública de Cambó y no es la primera vez que

osí ocurre: «Si esto fuera un hecho aislado —prosigue ef comunicante de don Miguel—, con lamentarlo

mucho, no le daría mayor importancia y lo reputaría simple exceso de celo de uno de sus colaboradores.

Pero no puedo dejar de retacfonarto con lo ocurrido hace pocos meses con ocasión de una conferencia que

yo tenía que dar en Madrid en el Instituto de Ingenieros Civiles sobre el tema «Técnicos y Financieros»,

que, oaturahneníe, hubiera dado en castellano, y que fue asimismo suspendida por sn miembro del

Gobierno».

Cambó, aunque parezca Jo contrario, no protesta. Si escribe al dictador lo hace para dejar constancia de la

incongruencia entre sus palabras y sus actos: «Hace unos meses —prosigue— tuvo usted ta franqueza de

declarar públicamente, en una noto oficiosa, ; que estimaba perniciosa y no estaba dispuesto a consentir la

propaganda de ciertas ideas y la actuación política de determinadas personas. Y yo, que notoriamente

estaba incluido en el doble concepto de] anatema, me incliné sin protesta ni subterfugio... Na podía,

empero, sospechar que unas conferencias en el Instituto de Ingenieros Civiles o en el Fomento del

Trabajo Nacional, entidades absolutamente separadas de !a política, sobre temas como los mentados,

fueran actividades comprendidas en el anatema gubernamental...»

Y aquí viene ja incongruencia de don Miguel, que no desp´sta e! sentido de la realidad de Cambó: «Sin

creer, como usted tuvo el gx-ceso de galantería de publicar en 1925. que "no podía tomarme Jorgas

vacaciones sin notorio daño para España", entendía que fuera de 4a actuación política que me estaba

especialmente vedada, podía contar para la expresión de mis Ideas no exclusivamente políticas -con la

libertad de que han disfrutado hasta ahora todos los demás españoles».

Ya no eran tiempos tan brillantes para el régimen de don Miguel. £1 periódico «Informaciones» abría una

encuesta sobre los posibles herederos de la Dictadura y en ella, Baldomero Argente barajaba ^os nombres

de Romanones y Cambó; Andrés de la Fuente designaba a Cambó como Ministro de Hacienda de un

Gobierno Republicano presidido por Sánchez Guerra; Juan Miguel lo señalaoa para desempeñar ta misma

cartera en im Ministerio de Yanguas... Casi ninguno de tos consultados prescindía del nombre público

catalán.

• Primo de Rivera le prohibió pronunciar, en catalán, una conferencia en el Fomento del Trabajo

• Aunque ´vivía´ y ´despachaba´ en sus habitaciones del Ritz, la Lliga poseía en Madrid magníficos

locales

• Tentativa frustrada: el Partido Centro Constitucional

UNA COMIDA «SABROSA»

El 28 de enero de !930, el marqués de Estella presentaba Ja dimisión de su cargo, que el Rey aceptaba.

Cambó vino Inmediatamente a Madrid, Joaquín María de Nadal recuerda una «sabrosa» comida en el

palacio de Liria, objeto de comentarios en su tiempo. ^GoucüfrwH´Qfl, además del duque de Alba,

propietario de la mansión, y de Cambó, el general Dámaso Berenguer y el duque de Maura. H mejor

comentario 1o puso el genial caricarurlsta Bagaría en «El «oí», •donde puoltco ~ttn gracioso dibujo

representando la reunión de los cuatro prohombres, y en ta parte exterior de 1a habitación. íes figuras de

Romanortes y García Prieto, mirando tras Jos cristales con oiré y harapos de mendigos. El pie de la

caricatura rezaba: «jNi las sobras!». Parece ser que en aquella reunión se le pidió o Cambó una

colaboración xjue no se decidió a aceptar porqus su médico acababa de diagnosticarle una grave dolencia

en !a garganta que habría de mermarle luego notablemente sus facultades oratorias.

Pero la Lliga estaba presente y bien organizada en Madrid. Desde que íton Francisco ocuoó Jos

ministerios de Fomento y Hacienda tenía en la capital una Secretaría política que tuvo su sede

primeramente en ja caite de ta Leaf-tad y luego en la de Alarcón, con espléndido archico y biblioteca. Ai

frente estuvo don José Bertrán* y Musitu y don Rafael Vehils en calidad de secretario. Este último se

encontraba en 1930 en Buenos Al-res desempeñando un trito cargo de ia Compañía Hispano-Americana

de Electricidad. La necesidad de ocupar este ultimo puesto propiciaría la incorporación de Joaquín María

Nadal,* muy destacado en el mundo católico barcelonés y antiguo amigo de Cambó. Andando el tiempo,

la Lliga tendría otro espléndido local en !a calle de Los Madraza. Aquello era el verdadero «cuartel

general» de!, político catalán. Donde se cetebraban tos reuniones del grupo íjarta-mentario, se daban ios

«onsignos y se trazaban 1os ptenes de actuación política.

No obstante. eJ verdadero despacho de Cambó estaba en las habitaciones del hotel Ritz, que ocupaba

durante sus estadías madrileñas, por lonjas que éstas fueron. Madre como él hubiera podido montar caso

lujosa y bien atendida en lo capital. Prefería, sin embargo, ei hotel, donde encontraba toda comodidad, era

su habitación v despacho y Je permitía te eeteonía con et cuma de lo calle, que se le entraba a vaharadas

directa por los pasiltos, los comedores y los vestíbulos.

Otra razón de este hospedaje estaba en ta proximidad del Museo del Prado. En los remansos que su

actividad política le dejaba, don Francisco trasponía sus puertas para deleitarse ante las obras maestras de

Ja pintura universal Se trataba de suceder al anisadlo dictatorial. Las visitas más asi´ duas aquellos días

fueron las de Leopoldo Matos, el duque de Maura y los señores Arguelles. Ruano. Goicoechea y Flores

de Lemus, Cambó no era aficionado a almorzar en ef mismo hotel donde se hospedaba, sine* en algún

restaurante, procurando fuesen de tipo medio, para evitar el encuentro con personas conocidas.

«Por ese tiempo —cuenta Nodal— se aficionó a uno vasco, situado en la carrero de San Jerónimo, que

llevaba el nombre de ´Amaya´. Acudía a atmorzar a \a uno y medio de ia tarde, hora muy tempranera para

la costumbre madrileña, que le hacía estar casi solo». El 16 de marzo de 1930 moría Primo de Rivera en

París. «Mucho te afectó aquella muerte —escribe Nadal—. Aunque distanciados políticamente, eí general

y él eran buenos amigos que sabían apreciar mutuamente sus respectivas cualidades. Y aún hubo de

afectarle más, particularmente en aquellas circunstancias, en que se sabía enfermo y en vísperas de uno

seria intervención quirúrgica».

• Polémica en ´El Sol´, con Ortega y Gasset

Efectivamente, Cambó hubo de desentenderse de ocupaciones políticas y financieras para prepararse a la

intervención quirúrgica que habría de practicarle sn Londres eí doctor Sinclair. Ei 9 de mayo saltó para

París y Londres, acompañado del doctor Vila Aba-daL La operación tuvo resuítado feliz y desarrolló su

convalecencia en el Chateau d´Ardennes. sn Bélgica.

EL "PARTIDO DENTRO CONSTITUCIONAL": SOLO UNA TENTATIVA

Lo presencia, e) consejo de Combó señan requeridos err las crisis que sucesivamente Iban a plantearse,,

tonto la última de >a Monarquía como las tres primeras de ía República. El impacto histórico de los

fusilamientos de Jaca precipitaría la caída de Don Alfonso XIII, Eí Gobierno Berenguer había convocado

elecciones a diputados a Cortes, en febrero de 1931. No se llevarían a efecte. El Ministerio caería. En

aqueHos momentos, y con motivo de una nota ofrecida a ta publicidad por eí conde de Romanones y ef

marqués de Alhucemas, Cambó daba a conocer (14 de febrero} otra suya donde dejaba sentado:

«Es notorio el concurso que, tanto yo como tas personas que comparten conmigo la dirección de una

importante fuerza poritea^ hemos venido dando ai Gobierno. Ante los elecciones legislativas, anunciadas

hace tanto tiempo, nos limitamos a formular una petición de garantías >ie sinceridad electoral, los cuates,

en sus puntos fundamentales, fueron aceptadas sustanciaímente. A pesar de la concesión de estas

garantías, y casi coincidiendo con ellas, empezaron las declaraciones de abstención electorat, que después

de incluir todos tos grupos revolucionarios se extendieron a notorias personalidades monárquicas y

gubernamentales.

Aun después de crearse tan delicada situación, entendimos nosotros, como entendemos hoy, que no

habíamos de abstenemos de participar en tes elecciones. Pero ante la declaración de fos ¡efes de las dos

únicas fracciones del partido liberal que no ge habían declarado abstencionistas, resulta evidente que el

Parlamento que esté convocado no tendrá de vkto sino los pocos días que el conde de Romanones y el

marqués de Alhucemas tarden en poner en práctica el propósito que expresan en su nota.

Y onte esta situación, más vale, a mi entender, afrontar desde ahora resueltamente el problema poEítíco,

evitando fos inconvenientes y peligros notorios del régimen de interinidad, al cual daría lugar su

apta/oMüento».

Ei 16 de febrero comenzaban gestiones poro formar Gobierno don José Sánchez Guerra. Visitó a Cambó.

Después de hacerlo se dirigió a Palacio y al salir de él, a la cárcel Modelo, donde conferenció con Alcalá

Zamora, Fernando de tos Ríos y Largo Caballero, entrevisto esta última que produjo lógica sorpresa y et

consiguiente destaque periodístico. Fracasó, no obstante, eL político cordobés en suff gestiones,

decünondtr ef en-cargo ante S. M. el día 17. En esa misma fecho Cambá publicaba su nota titulada «Ante

el momento presente», juzgando la gravedad de la situación. «ABC» (19 de febrero de 1931} enjuiciaba

esta nota y ta anterior con el siguiente comentario: tExpone el señor Cambó una visión certera de te

realidad española, y los juicios que en ellas expresa demuestran bien a las claras, sus condiciones de

verdadero hombre de Estado. Con este acierto y esa visión clara de ia realidad es como hay que gobernar

a España en tas presentes circunstancias».

La tensión pofittear era notable; Aquethr tarde Cambó fue Hornada a Palacio, pero se había sentido

Indispuesto y hubo de meterse en la cama con una fiebre de cuarenta grados. Le visitó su médico en

Madrid, el doctor Varela, y se te expuso al secretario del Rey ia imposibilidad de acudir a su llamada. El

marqués de las Torres de Mendoza, secretario det tno~ narco, se trasladó al hotel para someter oí enferma

te consulta de Su Majestad. Cuando éste marchó. Combó dictó Q Nadal ta note en que respondía a ta

consulta regía. La crisis acrecía por momentos su gravedad. A última hora de te tarde tos ex ministros se

reunieran, en et Ministerio det Ejército; Nivf-todo Cambó a Ja reunión, confirió su representación a

Beltrán y Musitu. De allí nacería aquel incoloro Gobierno, cuya presidencia se dio a) almirante Aznar y

en el que un hombre de Cambó, don Juan Ventosa, desempeñaría la cartera de Hacienda.

No obstante su enfermedad. Cambó ocupó la noche en elaborar fas notas que habrían de servir en el

primer Consejo de Ministros para fijar el pensamiento de los regionalistes al elaborar la declaración

ministerial. Esa misma noche, el Rey llamaba al hotel, interesándose personalmente por el estado del líder

regionalista.

Entre los últimos días de febrero y el 2 de marzo, en que ambas se dan al público, se producen dos cartas

interesantes entre el duque de Maura y don Francisco Cambó, cuya sustancia es la posible creación de un

Partido de Centro Constitucional, iniciativa que habría de verse frustrada, pues eran momentos cuando el

país ya no estaba para tales requilorios.

«La evolución tomada por usted y aceptada por el Gobierno, sometiendo ai falto de 3as futuras Cortes

Constituyentes el problema catalán, en los claros términos que fija la reciente declaración ministerial, ha

disipado los últimos recelos de quienes temían que las privilegiadas dotes políticas que hasta sus

adversarios reconocen en usted, se hubiesen de consagrar exclusiva o preferentemente a la defensa de los

intereses de Cataluña.»

En esta invitación a implicarse en el proceso salvador de la totalidad del país, don Gabriel Maura invoca

la colaboración de Cambó con don Antonio Maura y señala 3o& puntos de coincidencia que pueden abrir

una colaboración actual: «También nosotros, católicos, monárquicos y constitucionales, repugnamos en

igual medida el retorno de lo pasado y la aventura republicana, la reacción dictatorial y el trastorno

revolucionaria... Las manifestaciones de usted, publicadas en fa Prensa del domingo 22, permiten que se

proceda desde luego con tos que siguen a usted y los que ponen en mí su confianza, a la formación de un

Centro Constitucional que pueda servir como núcleo inicial de un gran partido a la moderna, donde ei

vago y solemne programa filosófico, político, jurídico, económico, pedagógico y social, que antes se

estilaba exhibir en los días solemnes y arrumbar olvidado y polvoriendo en la vida cotidiana, se

reemplace por otro breve, concretísimo, referido tan sólo a cuestiones de inmediata actualidad nacional. A

este núcleo se podrían adherir liberales, conservadores y quienes no militaron hasta ahora en ningún

partido político, con tal que aprecien del mismo modo que nosotros ios patrióticos requerimientos de la

España de hoy».

La respuesta de Cambó refleja la sagacidad política, la cordialidad amistosa, el recuerdo a la figura de don

Antonio Maura y ajusta, con precisiones de estadista, lo que ei duque de Maura le propone. «Durante

veinticinco años —escribe— he venido actuando dentro de una organización política regional que no

contó, por fortuna, con otra fuerza que el entusiasmo de sus afiliados y simpatizantes, y esta fuerza fue

suficiente para resistir el doble embate de todas (as demagogias y la encarnizada persecución de casi

todos tos Gobiernos, y sus triunfos fueran mayares cuantas veces la unión de la demagogia con el Poder

público fue más es* trecha y notoria».

En seguida se ponía en acción, trascendiendo un entusiasmo de fuerza contagiosa: «A todos ios españoles

que repudien la inmovilidad, que es la muerte o ta convulsión estéril, que es ta anarquía; a tos que no

tengan como programa fa pereza del mesianismo o la cobardía de la abstención suicida, a todos tos

demás, hemos de invitarles a que nos aporten un concurso activo».

Luego precisa: «Creo, con usted, que el nuevo partido n$ de tener carácter centrista, y me parece más

adecuada to calificación de Centro Constitucional. Tanto usted como yo nos sentimos igualmente alejados

de ios que miran con temor y reciben con prevención todas tos reformas, como de agüeites que sienten la

necesidad de un previo cataclismo para que pueda renovarse y mejorar la vida pública española».

Rehuye, sin embargo, ta indiscutible jefatura del nuevo partido: «Antes de terminar he de expresarles un

juicio que no es una improvisación, sino fruto de muy dilatadas meditaciones. Creo que to organización

del Centro Constitucional no ha de culminar en una jefatura personal, sino en la dirección conjunta de

algunos de sus miebros más calificados».

El día 3 de marzo se constituyó, en el hotel Ritz de Madrid, el partido Centro Constitucional. Anota

Joaquín María de Nadal: «A las 5,30 de to tarde se reunieron en tos habitaciones de dan Francisco, con

éste, tos señores Ventosa, duque de Maura, marqués de Figueroa. Montes Joveliar, Silió y Goicoechea,

con más los señores don Juan Díaz Coneja y don Francisco Sánchez Baytón». En el loca] de 1a Secretaría

política de la calle de Los Madraza se celebró, al día siguiente por la tarde, la pn-mera reunión del nuevo

partido. La Prensa lo acogió bien en términos generales. El comentario de Romanones fue satisfactorio,

no así la nota que Alcalá Zamora publicó. La Comisión Política de la I Lliga publicaría también una

declaración manifestando su simpatía hacia el nacimiento del partido, trazando además tas bases de una

colaboración parlamentaria i con é!. El 14 de marzo, la «Gaceta» j publicaría ei Decreto de convocatona

de elecciones municipales para el 12 de abril. Se avecinaba un enorge giro histórico.

PCHJEMfCA CON GRTEGAiY GASSUr

El aura de aceptación que don Francisco Cambó encontraba en una amplia zona política de la derecha y

en tos periódicos madrileños en general, se vio «tocada» por los reparos de don José Ortega y Gasset. En

tos páginas de «El Sol» publicó el filósofo dos artículos bajo el título general de «Antitópicos». Eran tan

directos que Cambó creyó conveniente contestarlos. Ultílizando e| mismo epígrafe —«Antitópicos»— y

el sencillo título, «Contestando al señor Ortega y Gasset», escribía:

«Mi ilustre amigo don José Ortega y Gasset publicó en ´El Sol´, en sus ediciones del viernes y sábado

últimos, dos brillantes artículos de combate, en tos cuales fas alusiones que me dedica son tan claras y

abundantes que bien puedo decir que me corresponde casf por completo el honor de su dedicatoria. Y no

me perdonaría yo dejar sin ta debido correspondencia el alto honor que con tales artículos me dispensa.»

Tras el proemio y cortés, el catatán afina la ironía: «El señor Ortega y Gasset, como es en ét regla

obligada, que aplica a cuantos discuten con et o simplemente son por él aludidos, me dedico un copioso y

florido ramillete de palabras y frases amables: k> que yo digo o escribo es "una puro tontería´; es una

«extravagancia», tanto más de notar cuanto ´yo po-recia urj hombre con algún despejo´; la ´inepcia de

cuantos están conmigo le sorprende, y aún parece doterle que se manifieste igualmente en mí; ´soy un

maestro en el arte de no enterarse de las cosas y gran licenciado en tomar el rábano por las hojas.»

«¡Qué le hemos de hacer! —prosigue—. Sólo me toca resignarme del concepto que de mí, como de los

demás mortales, tiene e! señor Ortega y Gasset, y lamentar con toda mi alma la trágico situación

de mi ilustre amigo, volando solo por las solitarias regiones que sólo puede alcanzar su genio.»

«Pero si de mí tenía tal concepto hace un año.... hace dos meses, ¿por qué me asignaba la misión de

conducir a España camino de su vertebración y de su gran deza, y, aun me señalaba el camino para

cumplir misión tan excelsa.»

Las razones del ataque son, naturalmente, que al ilustre tilósof© no le ha gustado lo del «Centro

Constitucional». «Todas las agrias censuras de mi ilustre amigo —continúa Cambó— parten del supuesto

de que yo soy el inspirador y conductor de un movimiento político que tiene por bandera la exaltación

exclusiva de los «problemas concretos* (que según el señor Ortega son aquellos que afectan a los

problemas materiales) repudiando los «problemas abstractos», entre los cuates figuran tos problemas de

derecho público y de orden moraf y cultural. Pero, ¿de qué palabras, de qué texto, de qué referencia ha

podido sacar el señor Ortega y Gasset que yo haya dicho {amas s©m©= jante majadería?»

El político catalán no se para en barras y, en seguida, pasa al ataque: «Lo que hay es que el señor Ortega

es un cdilettante» de la política y su diletantismo le permite y aun te impulsa a «flirtear» con todos los

ideales, aún los más contrapuestos, sin llegar a casarse con ninguno», «y el di-lettantismo, aplicado a fa

política —que exige en grado heroico lu voluntad y fa persistencia—, está fatalmnte condenado al

fracaso.

Es por ello que el señor Ortega y Gasset, a pesar de su talento, y de su cultura, y de su elocuencia está

forzosamente condenado a ver morir en flor, en medio de la universal indiferencia, sus iniciativas

políticas».

Hay otra parte en ios artículos de Ortega que Cambó no puede dejar sin respuesta. El filósofo expone ta

teoría de que tos hombres de negocios deben ser eliminados del Poder. A esto, el político catalán arguye:

«Es ésta una nueva, una novísima teoría que acaba de germinar en el fecundo cerebro de mi ilustre amigo,

pues no ignoraba que yo fui e! fundador y era el presidente de la Chade cuando pensaba y lo decía a quien

quería oírle, que yo era el hombre más indicado para gobernar a España».

Ortega y Gasset escribirá, todavía, un tercer artículo,-respuesta este último al de Cambó, publicado en «El

Sol» el 19 de marzo, cuando ya estaba llamando a las puertas to segunda República. Adopta una actitud

en cierto modo defensiva:

«Inadaptación a tos hechos e Injustícia en la fórmula manifiesta al llamarme «dilettante» de to política.

Por la sencillísima razón de que en pura verdad yo no he sido nunca ni siquiera eso...» «Cualquiera que

ignorase por campisto mi biografía, imaginará que yo he andado de por vida entrando y sa-Irendo de la

política, como ha acontecido al señor Cambó, cuando creyó obligado desatender unos años —sin

abandonarla— su profesión de hombre público pora vacar a edificarse una fortuna».

Los párrafos más acres de la respuesta orteguiana vienen q continuación:

«Esta convicción de poseer escasas dotes para el ejercicio pie-ñaño d la gobernación ha hecho que me

preocupe mucho de descubrir otros hombres mejor pertrechados que yo o cuidar de ellos cuando eran ya

notorios. Como hace dieciséis años que en España no hay propiamente vida pública normal, es inevitable

que el número de hombres mínimamente aptos para regir el país sea escasísimo. Uno de ellos era sin duda

el señor Cambó. Lo era, a pesar de sus lacras —como son su peligrosa manía de intervenir en negocios

acromegálicos, su insuficiente cultura, su falta de efusión. En cambio, se dan en el señor Cambó dos

condiciones que, aisladas son dos defectos, pero que juntas forman el esqueleto de un hombre de

gobierno: ser duro, tenaz, con poca alma, y propender a c o m b i naciones quimérica?. Aquello hace al

hombre compacto; esto, impide la anquilosis». Hay que rconocer la probidad cíe Ortega cuando concluye

reconociendo, ya sin regateos, tos méritos de su antagonista polémico: «Añádase que el señor Cambó, era

uno de los poquísimos personajes políticos granados en toda una generación. Por ta tradición de su

política regional, nervio >mténtico de toda su historia y del futuro español, no había quedado en

insertación dentro de los viejos partidos, y por su distancia a lo constituido podía, en el momento actual,

ponerse al frente de ta reforma estatal a que —¡por fin!— inexorablemente vamos».

• El libro ´Per la concordia´ cifra el ideal político y humano de Cambó

• A la muerte de Prat de la Riba asumio la jefatura de la Lliga Regionalista

• En 1933 la transformo en Lliga Catalana

• Para Salvador de Madariaga ´fue el hombre público español, de estirpe catalana, que con mas eficacia

y dotes naturales pudo haber gobernado a España´

LOS AÑOS REPUBLICANOS

La proclamación de la República sorprendió a Cambó en Madrid. Después de muñirse con varios amigos

políticos, Joaquín María de Nadal cuenta que acompañó a don Francisco a la estación de! Norte para

tomar el expreso de París. Desde allí siguió los acontecimientos y el 1S de abrii publicaba una declaración

sobre ios acontecimientos dé España y su posición ante el hecho de la prolas elecciones de febrero de

1936 clamación de la República. Las elecciones constituyentes se celebraron el 28 de junio, con

aplastante triunfo de Jas izquierdas. En la capital francesa Cambó no dejaba de interesarse por la política,

pero cuidaba, más intensamente, sus negocios y sus preocupaciones artísticas. El 2 de agosto se celebró

en Barcelona el referéndum para la aprobación plebiscitaria del Estatuto, que entregaría días después, en

Madrid, don Francisco Macia. El 27 comenzaba en las Cortes la discusión de la Constitución. La política,

la actitud de Cambó, fue por entonces muy controvertida. Según Nadal, «se intensificó una campaña

contra don Francisco Cambó, atribuyéndole posiciones y declaraciones que nunca habían sido adoptadas,

y que nunca habían sido hechas». El político regionalista hubo de enviar un telegrama haciendo constar

que sólo por escrito se dirigía a la Prensa, La Lliga «había adoptado una posición pasiva enfrente del

nuevo régimen». Cambó aconsejaba respetar aquel alejamiento sin prejuzgar posiciones de intervención y

hacía actos de presencia epistolar cuando las actividades de ia «Lliga» o fas reuniones de sus amigos del

casi extinguido Partido de Centro Constitucional lo precisaban. Esta relación se Intensificó hacia

diciembre de 1931, cuan-dos se reunieron en Madrid tos elementos procedentes deJ Partido de Centro

Constitucional.

Desde París, dirigió Cambó e¡ ciclo de conferencias económicas que don Juan Ventosa emprendió por

España, iniciadas con la que pronunció en el Círculo de 1a Unión Mercantil madrileño. La presencia de

Cambó se reclamaba, «La Ñau», periódico no precisamente afecto al político, pedía su regreso a Cataluña

«porque no pueden permitirse ostracismos de la categoría de tos del señor Cambó». La aprobación del

Estatuto de Cataluña y de la ley de Reforma Agraria hizo coincidir a dos personas en la necesidad de

dirigirse a Cataluña: Azaña pronunció un discurso, por radio, dirigido a los 3a-taianes y Cambó publicaba

en «La Veu de Catalunya» el artículo titulado «L´hora de Íes justicies..., i de tes paradoxes». El 24 de

septiembre daba otro titulado «De cara a Espanya» que definía su sentir político. Poco después, siguiendo

la estrategia marcada por el líder, don Juan Ventosa pronunciaba en el Coliseo Pompeya de Barcelona una

conferencia titulada «La Lliga Regionalista davant l´ESTATUT», explicando Ja posición del partido ante

el régimen que se iniciaba. El 10 de octubre regresaría Cambó a Barcelona. Su ausencia había durado

dieciocho meses.

Uno de sus primeros trabajos políticos fue la preparación de las elecciones al Parlamento Catalan, El

pensamiento del tíder regionalista sobre las posibilidades de oque) parlamento quedó recogido en una

interviú publicada en el periódico holandés «Niewe Rolter-damsche Courant», en la au3 Cambó hablaba

del Parlamento de Cataluña, de los partidos españoles y de la política internacional. Cambó, cuya visión

política y humana queda clarificada en su famoso libro «Per la concordia», ha-bía estereotipado una frase

que en él cobraba el acento de máxi-jna sinceridad; «Cree en Catalunya perqué crec en Espanya». Vio

entonces que ta organización y hasta el titulo mismo de la Luga Regionalista no respondían a tas

necesidades de aquel momento y propició una Asamblea que sentase bases actuaiizadoras. £1 3 de febrero

de 1933, en la Sala Mozart, de Barcelona, y bajo ta presidencia de los señores Abadal, Cambó, Duran y

Ventosa, Ventosa y Calvell, Puig de ta Bellacasa y otros, se inauguró la Asamblea en >a que se puso a

discusión su ponencia fundamenta!: «Constitución, ofoj&íivo y características del Partido de_ Lliga

Catalana». Coronó aquellas tareas el ficto de clausura —e! día 5—, celebrado en el teatro Olimpia, y

donde pronunció un gran discurso e| propio Cambó.

Después de tos sucesos de 1934, Cambó vuelve a ser diputado y en este tiempo tos pronombres de 1a

República que se suceden en tas tareas de Gobierno —sobre todo. Lerroux— no dejan de acudir a

consultarle. El líder catalanista defiende tos intereses de Cataluña V no olvida los de España, está al lado

del régimen estatutario. Es combatido y ensalzado. Tonto públicamente como en ta Prensa. En no

obtendrá acta de diputado. Ers los últimos días de junio de oque! año, Cambó salió para Italia. Acabada la

guerra civil prefirió continuar viviendo en el exilio, especialmente en Suiza. Cuando estalla la segunda

guerra mundial marcha a tos Estados Unidos y, después, a la Argentina, donde, en su residencia de «Mon

Repòs», ae Buenos Aires, le sorprenderlo la muerte hace treinta años, precisamente cuando preparaba un

viaje de regreso a España. El historiador —-y hoy senador— Josep Benet ha dicho de Cambó quo «el

drama de su vida política raya en el condicionamiento y ta contradicción de ser dirigente de un

movimiento nacionalista —por tanto, de esencia revolucionaria— y al mismo tJmpo capitán avanzado de

una clase social conservadora»

Repito que Cambó fue, en todo momento, un hombre de inquietudes políticas, de altos ideales

regionalistas y patrióticos tamizados por tas exigencias de un espíritu «dilettante» que se recreaba en 1a

contemplación del arte y propendía, muníficamente, a protegerlo. La personalidad de mecenas, que

pudorosamente ^eaftaba, -te constituye en un verdadero «hombre del Renacimiento». Ahí están para

demostrarlo el legado artístico hoy convertido en Museo Cambó o ta Fundación Bernat Metge, la

publicación de la «Historia de Catalunya», de Ferrán Soldevila, y ei Diccionari General de la Lingua

Catalana», de Pompeo Faora. A este respecto, don Francisco Cambó alecciona a los hombres públicos del

futuro con su ejemplo. De él se desprende que no puede pasarse por la Historia, implicarse en ta cosa

pública, compadecer los menesteres de ta polit; ca y el Gobierno, sin un poso cultural que defienda, al

tiempo que las necesidades materiales de los ciudadanos, aquellas que afectan a las nobles exigencias del

espíritu. El hombre que acaba de encontrar reposo en su amada tierra supo, también en esto, dejar el

perfume, el «seny» catalán como herencia y consideración al as futuras generaciones catátanos y

españolas.

 

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