Carlos Sentis y Alejandro Muñoz Alonso, premios Fraga Iribarne de periodismo  :   
 El embajador en el Reino Unido pronunció un importante discurso. 
 ABC.    10/12/1974.  Página: 59-62. Páginas: 4. Párrafos: 47. 

ABC MARTES 10 DE DICIEMBRE DE 1974. EDICIÓN DE LA MAÑANA. PAG. 59.

CARLOS SENTIS Y ALEJANDRC

MUÑOZ ALONSO, PREMIOS «FRAGA

IRIBARNE» DE PERIODISMO

Francisco García Pavón, José Ferrer, Gabriel Cisneros y Prudencio García Martínez de Murguía quedaron

finalistas

EL EMBAJADOR EN EL REINO UNIDO PRONUNCIO UN IMPORTANTE DISCURSO

Barcelona 9. (De nuestra Redacción.) Se han fallado los premios «Manuel Fraga Iribarne». El primero, de

periodismo, se otorgó a don Carlos Sentís Anfruns. presidente de la Asociación de la Prensa de Barcelona

y director de Radio Barcelona.

El artículo premiado se titula «Una aldea llamada Cataluña» y fue publicado en «El Correo Catalán» el

día 3 de febrero de 1974. Finalistas quedaron, don Francisco García Pavón, por su artículo publicado en

ABC «Todo es canela» el día 19 de noviembre, y don José Ferrer por «Catalá a l´escola», insertado en la

revista «Triunfo». El premio que ha correspondido al señor Sentís tiene una dotación de 400.000 pesetas.

Por otra parte, el premio de Desarrollo Económico, Político y Social, ha correspondido a don Alejandro

Muñoz Alonso, por el artículo publicado en «Cambio 16» el día 24 de junio y que lleva por título

«Aritmética de la libertad». Los finalistas de este premio, igualmente dotado como el anterior con

400.000 pesetas han sido don Gabriel Cisneros que publicó en «Blanco y Negro», el día 27 de abril, un

artículo denominado «Un clima normal de diálogo», y don Prudenció García Martínez de Murguia, por su

trabajo «Hoy y mañana».

El Patronato que en su día convocó los premios ahora fallados, está formado por don Fernando María

Castiella, don Manuel Fraga Iribarne, don Joaquín Buxo, don Horacio Sáenz Guerrero, don José María

Santacreu y don Manuel Milián Maestre, como secretario.

DOSCIENTOS CINCUENTA Y OCHO ARTÍCULOS

Los promotores de ambos premios han recibido un total de 258 trabajos. En Periodismo pasaron a la fase

final 82, y en Desarrollo Económico, Político y Social, 59. El Jurado del primero estaba presidido por don

Manuel Aznar y lo componían don Horacio Sáenz Guerrero, don Guillermo Luca de Tena y don Carlos

Mendo. El Jurado del segundo, presidido por don José María de Areiliza. estaba integrado por don

Francisco Fernández de Villavicencio, don Ramón Tamames, don Ricardo de la Cierva y don Luis

González Seara.

El acto de proclamación de los ganadores tuvo lugar en la sede de la Asociación de la Prensa. Con el

embajador de España en el Reino Unido, don Manuel Fraga Iribarne, estuvieron presentes el director

general de Coordinación Informativa, don Manuel Jiménez Quílez, don Ricardo de la Cierva, el teniente

general don Manuel Diez Alegría y todos los miembros de ambos Jurados, excepto don José María de

Areilza, que a última hora excusó su asistencia a causa de una repentina enfermedad. En primer lugar

intervino en el acto, el presidente de la Asociación de la Prensa, que luego sería uno de los ganadores,

quien hizo un elogio de su predecesor en la presidencia, don Santiago Nadal. También hablaron don

Manuel Milián, en su calidad de secretario del Patronato; don Carlos Mendo, secretario a su vez del

Premio de Periodismo, y don Ramón Tamames del Desarrollo, quienes leyeron el fallo emitido por los

Jurados,

El señor Fraga Iribarne cerró el acto de la tarde con unas breves palabras en las que expresó su

felicitación a los vencedores en ambos concursos.

Por la noche se celebró una cena de gala en el palacio de Montjuich. Un acto multitudinario con más de

mil comensales, en el que, al lado del ministro de Información y Turismo, don León Herrera Esteban, se

sentaron los ministros de Educación y Ciencia, don Cruz Martínez Esteruelas y de la Presidencia don

Antonio Carro Martínez, director general de Coordinación Informativa, autoridades barcelonesas,

embajador de España en el Reino Unido y miembros del Patronato de los Premios y de los dos Jurados.

PALABRAS DE AREILZA

Tomó la palabra, en primer lugar, el alcalde de Barcelona, don Enrique Masó, quien agradeció la

asistencia a los ministros del Gobierno y felicitó a los triunfadores. A continuación, y en nombre de don

José María de Areilza, conde de Motrico, leyó su discurso don Guillermo Luca de Tena. El discurso del

señor Areilza hizo referencia a la importancia de la ley de Prensa, porque fue juntamente con la libertad

religiosa la primera gran apertura que hizo el Estado nacido de la guerra hacia la sociedad española de la

posguerra. En otro momento del discurso, el conde de Motrico subrayó" «Manuel Fraga, con su enorme

capacidad de trabajo, su infatigable tenacidad y su poderoso talento, hizo que las ventanas que abrieron

no tuviesen sino en excepcionales ocasiones mecanismos de seguridad y que los espejos no fueran ni

cóncavos ni convexos para deformar la realidad circundante, sino láminas de cristal capaces de reflejar

con veracidad la España contemporánea.» El discurso hizo también hincapié en la contribución de Fraga a

las premisas del desarrollo político español, «premisas que don Carlos Arias Navarro, presidente del

Gobierno de la nación, trata de llevar a cabo en las últimas singladuras de ese considerable viaje que

consiste en convertir a España en un Estado moderno, democrático y eficaz, capaz de integrar en su seno

a la entera sociedad española de los años setenta».

Al referirse concretamente a los premios fallados por la tarde, dijo: «Carlos r Sentís, con su inimitable

estilo, aclimató entre nosotros el gran reportaje de la época contemporánea. El podría escribir un libro

titulado: "Allí estaba yo".» Finalmente, las palabras del señor Areilza significaron su deseo de que los

premios ahora otorgados tengan larga vida, tan larga y pródiga como se la deseamos al ilustre hombre

público que lleva ese nombre.

DISCURSO DE FRAGA IRIBARNE

En medio de una gran expectación, el señor Fraga pronunció el siguiente discurso:

«Un grupo de amigos catalanes me ha hecho el gran honor de tomar mi nombre para estos premios, tan

generosamente dotados, destinados a promover, por medio de la Prensa, una idea moderna, abierta y justa

para la sociedad española.

Al aceptar complacido y lleno de gratitud la amistosa y espléndida invitación, me di cuenta de que a la

vez recibía una lección y se me planteaba un desafío.

Una lección, digo; una de tantas lecciones del alma catalana a los demás hombres de las otras tierras de

España. Yo quiero dar aquí testimonio, una vez más, de mi reconocimiento (en el más profundo sentido

de esta palabra) a Cataluña, a su noble y arraigada personalidad, a su ejemplar manera de ser y de hacer.

No me toca a mí explicar o definir esa personalidad específica de Cataluña; en diversas ocasiones me he

referido a ella, como lo hice en mi pregón titulado «El diálogo de las lenguas», pronunciado en el salón de

Ciento el 22 de abril de 1964, con motivo de la Fiesta del Libro; pero sí recordar que en la riqueza,

siempre renovada, de su lengua; en el mantenimiento de ejemplares formas de vida, en las que lo

medieval se proyecta hacia una visión jugosa de la vida actual, en el sentido jurídico y en la vivencia

profunda de la representación pública, Cataluña presenta, en todo momento, una imagen de región «rica

y plena», que seria más fácil envidiar que desconocer.

Yo vengo de otra punta de España, del lejano noroeste, entre las brumas del Finisterre. Allá llegaron,

después de muchos peregrinos que iban a ver a Santiago, vuestro San Jaime, pescadores y empresarios

catalanes. Ellos crearon Vigo, Cariño, Burela; por donde ellos pasaron, llegó no sólo un espíritu

empresarial superior, sino un sentido especial de la convivencia, una manera civilizada de buen vivir.

CATALUÑA, AVANZADILLA DE ESPAÑA

Vosotros, amigos catalanes, habéis sido siempre la avanzadilla y el punto de atraque de las Españas al

gran muelle de Europa. Soldada a ella por los pasos del bajo Pirineo y por los caminos del Mare Nostrum,

vuestras naves con las barras que alumbraran un día los colores, primero de los pabellones de nuestra

Armada, y más tarde la bandera de una nación engrandecida, porque unificada, han tejido unos lazos que

arrancaban de la vieja tarraconense, del reino godo, asentado en las dos vertientes de la marca hispánica,

para prolongarse en las hazañas de catalanes y aragoneses por todo el Mediterráneo, donde al fin sus

empresas se juntaron con las de Castilla, como luego lo harán también en los siete mares. Pero es

indudable que si una parte de nuestra alma mira a África, y otra, al océano inmenso, Europa es nuestra

más decisiva opción, geográfica, económica, cultural, política, y con razón, a veces, os desesperáis de la

poca comprensión y ayuda que los demás españoles os damos. Ahora mismo es notoria vuestra presencia

intensiva en el desarrollo del Rosellón, y todos sabemos que haréis más si se os facilita ayuda. Estos

premios son, en cierto modo, una nueva prueba de vuestra opción europea y progresiva. Gracias, repito,

por esta renovada lección.

Pero he aceptado también un desafío. Vivimos momentos importantes, serios, graves en la vida de nuestro

país, de nuestro Continente, de nuestro entero mundo. Se dirá por algunos que todos los tiempos son

difíciles, y por otros, tal vez, que algunas personas tenemos una mentalidad problemática, y propendemos

a ver más dificultades de las que hay. Pero no creo que tenga que hacer un gran esfuerzo para persuadirles

de que hoy, a cualquier escala que usemos, nos encontramos con cuestiones de enorme gravedad y

envergadura. Contemplamos el derrumbamiento del sistema económico y monetario, con el que hemos

funcionado en los últimos treinta años. Y no puedo, al decir esto, dejar de referirme con el máximo interés

y simpatía a los problemas porque atraviesan varios sectores de vuestra economía, algunos de ellos entre

los más tradicionales y efectivos en nuestra industrialización; de expresar mi esperanza de que vuestras

peticiones sean escuchadas y que el espíritu empresarial, ejemplar de esta tierra maravillosa, salga

reforzado del empeño, a la vez que decidido a renovar todo lo que sea ya caduco o superado.

NO PODEMOS VOLVER A EMPEZAR

Asistimos a las últimas consecuencias del proceso descolonizador, de enorme trascendencia política,

militar y económica; entre ellas, un nuevo funcionamiento del mercado de materias primas y de las

fuentes de energía. Nos vemos envueltos en unos torbellinos sociales, en parte como consecuencia de lo

ya indicado, porque la inflación es el máximo disolvente de la seguridad social, y, en parte, por una crisis

general, en las ideas y en las instituciones de todas clases (desde la familia y la escuela a las iglesias y a

los partidos políticos, etc.). Y todo ello en un ambiente de desesperación para los unos, cinismo para los

otros y falta de entendimiento en la mayoría.

Sería ingenuo el pretender que estos problemas nos pillan a una prudente distancia. No sólo es imposible

eludir los problemas generales en un mundo cada vez más pequeño e interdependiente, sino que, además,

nosotros tenemos nuestros propios problemas en esta precisa hora de nuestra historia.

Sabéis perfectamente cuáles son estos problemas, y su importancia y acumulación. Están en la mente de

todos, porque a todos nos afectan y de cerca. Tenemos plena conciencia de vivir el final de una época y

de que está a punto de comenzar otra. En una situación mundial distinta; con diferentes generaciones en

acción; con nuevos problemas, que a su vez requieren nuevas soluciones..

Repetidas veces, en los pasados años, en los que predominaba un ambiente inmovilista, he reiterado, en

libros y discursos y conferencias, el punto de vista que es bien notorio de que en tiempos de cambios no

es posible agarrarse al «statu quo», del mismo modo que en tiempos de galerna la solución no puede estar

en aferrarse al ancla. Por otra parte, frente a los partidarios del «borrón y cuenta nueva», que cada día son

más numerosos, he creído, y sigo pensando, que España no se puede permitir el lujo de volver a empezar

en cada generación, como lo hicimos, muy desgraciadamente, de 1808 a 1936.

Por eso he hablado sistemáticamente de evolución, frente a revolución e inmovilismo; de reforma, frente

a improvisación y estancamiento: de una vía del medio o del centro, porque estimo que es la que

corresponde al desarrollo de nuestra sociedad, y la única que puede, por un cauce de moderación,

acercarnos a Europa.

Creo sinceramente en las posibilidades de nuestra sociedad para entrar en un proceso de continuidad, pero

con aceptación dialéctica de nuevos factores y un correlativo ensanchamiento de 1a base. No creo, en

cambio, en la improvisación de ciertos pactismos fáciles, ni tampoco en los cambios puramente de

fachada o de cirugía estética.

UNA ACTITUD DE CENTRO

A esta actitud vengo llamando, desde hace años, una actitud de centro, para contraponerla a dos actitudes

extremas que de hecho se dan en la España de hoy.

No se me oculta que este término, como todo intento de localización política, puede tener alguna

ambigüedad y, sobre todo, que es fácil prestársela por los que ven con preocupación su desarrollo. Hay,

pues, y son necesarias, y no pueden cometer mayor error que negarse la una a la otra, una derecha

legítima y una izquierda también legítima; ambas pueden ser correctas y civilizadas, y por primera vez

quizá, desde 1808, existe la posibilidad de que ambas sirvan al país, sin trágalas y sin desplantes.

Pero hay también una faz inaceptable, porque la derecha y la izquierda, que son actitudes naturales y

legítimas ante las opciones del devenir social, ante las cuales es necesario que existan fuerzas de

conservación e impulsos de progreso, pueden en todas partes, y a menudo lo hacen entre nosotros,

particularmente dados al dogmatismo y al exclusivismo, ponerse de acuerdo sólo para negar el pan y la

sal, y hasta la existencia, a los que no aceptan sus posiciones extremistas, un planteamiento inadmisible

de la derecha y de la izquierda.

En este sentido malo es de derechas, en la España de hoy, el que cree que el orden social sólo se puede

mantener con procedimientos extraordinarios y con un sistema oligárquico; el que está convencido de que

la mayoría del país es irresponsable» tirando a peligrosa; el que piensa que las ideas de los años treinta y

cuarenta resuelven, necesariamente, todos los problemas de los años setenta y ochenta; el que piensa que

para la mayoría no hay más problemas que los del estómago; el que considera hereje al Papa, heterodoxo

al Concilio y corrompida a la juventud. Y lo es, por supuesto, el que ignora que la victoria nacional no

puede dividir hoy a los españoles en vencedores y vencidos, sino servir de símbolo del final de nuestras

guerras civiles, justamente porque a partir de ella somos capaces de una verdadera dialéctica de las ideas

y una verdadera generosidad de unos con otros, para buscar juntos el bien común de la nación, en una

auténtica y definitiva reconciliación.

UN CAMPO DE JUEGO QUE EXCLUYE EXTREMISMOS

Es de izquierdas, a mi juicio, en este mismo sentido deplorable, el que considera ilegítimo el conjunto de

un sistema político-social que ha durado cuarenta años decisivos, resolviendo múltiples problemas de la

transición de España hacia una sociedad urbana e industrial; el que sólo piensa en términos de revancha y

de resentimiento; el que ve el desarrollo político desde el punto de vista revolucionario o, por lo menos,

constituyente; el que se empeña en negar lo mucho bueno de la tradición nacional y sólo acepta modelos

foráneos o utópicos; el que ignora la complejidad de una gran sociedad, y no acepta la dificultad de alterar

su equilibrio, manteniendo el orden y haciendo posible el progreso.

A estos dos sentidos corrompidos de la derecha y de la izquierda he querido yo, más de una vez,

contraponer la idea de un centro que, más que nada, concibo como un campo de juego que excluya a los

extremos, pero permita un juego real y auténtico de la vida pública.

En este sentido es de centro, en nuestra España de los años setenta, el que desea arreglar lo que tenemos,

en vez de echarse a la aventura o aferrarse al inmovilismo, entendiendo el arreglo, como antes decía,

no como una mera decoración de fachada, sino como un ordenado plan de reformas» inscrito en un

esquema serio de evolución., a través de unas fases dotadas de suficiente credibilidad, hacia ,el interior

como hacia el exterior. Es centrista el que desea ensanchar la base del orden económico, social y político;

es decir, el que no acepta minar la estabilidad de la base existente, pero sí ampliarla progresivamente, del

único modo posible, que es haciando las reglas más amplias, generosas y flexibles, y también apoyándola

con nuevos intereses. Pero ha de rechazarse, a la vez, la obstinación de algunos al identificar el orden con

el .mantenimiento de sus privilegios, que, por supuesto, pueden ser de tipos muy diversos.

Lo es el que cree en la necesidad de un Estado fuerte, y un Gobierno eficaz, capa* de mantener la

seguridad interior y una política exterior digna.; pero que estima que ese Estado debe ser un Estado de

Derecho, con un máximo de libertad para las personas y para los grupos intermedios. Lo es también el

que concibe la economía al servicio del país; organizada de un modo dinámico, y no burocrático, pero con

responsabilidad social, y una acción enérgica en materia de educación, asisten cia social y defensa del

medio ambiente.

REPRESENTACIÓN AUTENTICA

Es, en fin, de centro el que cree que toda la legitimidad en la sociedad actúal arranca de la

representación auténtica, de la participación a todos los niveles y, en definitiva, de una profunda

democratización, de una democratización efectiva, de todos los órdenes de la vida social, en la cual las

posiciones de superioridad, desde el Rey al alcalde, sólo se justifiquen por la función bien cumplida y

debidamente residenciada. Del mismo modo que, como dijo una vez Gunnar Myrdal, «la democracia sin

disciplina es tan insoportable como la autocracia». Pero no puede haber una sociedad moderna eficiente y

con verdadera capacidad de afrontar las crisis y los sacrificios sin el máximo de nivelación en los

esfuerzos, y de las recompensas y de participación en las responsabilidades, y sin que sean las verdaderas

necesidades humanas las que orienten el desarrollo económico.

Si después de esto alguien sigue creyendo que el centro no es «ni chicha ni limoná», sino indecisión o

falta de definición; que no hay semejante cosa, sino que es puramente la derecha disfrazada; que es una

posición débil, que divierte en los salones, pero termina en Kerenski o en Don Oppas; que es, en fin, un

artilugio de los ex algo, para volver (ellos que saben lo duro de una vida pública auténtica, cuando los

cargos no se lucen, sino que se ejercen), allá él. Y si alguien pretende decir que muy bien, pero que no

hay más verdadero centrista que él, pues allá él también. Será malo para todos, porque sólo se podrá hacer

algo eficaz abandonando de una vez las posiciones dogmáticas e intransigentes, y sí, en,cambio, abriendo

los brazos a todo el que desee colaborar de buena fe en la gran empresa de una España grande y abierta,

en la que haya sitio para todos los españoles. Es decir, exactamente lo contrario de los que procuran un

exclusivismo, desde uno u otro extremo; de los que se obstinan en subrayar lo que separa frente a lo que

une; de los que no saben superar la vieja dialéctica de nuestras luchas decimonónicas, que debía estar ya

superada para siempre.

NO ESTAMOS DISPUESTOS A DESANIMARNOS

Lo que sí deseo dejar claro es que somos bastantes los que no estamos dispuestos a desanimarnos; ni a

aceptar el chantaje de la extrema derecha o de la izquierda irresponsable; ni a dejar cualquier ocasión que

se nos brinda de utilizar estas ideas al servicio de una España en la que creemos y por la que estamos

dispuestos a luchar. Una España, señoras y señores, clara como el agua de una fuente del Pirineo; limpia

como el aire sutil del Guadarrama; joven como una mocita sevillana, con claveles en el pelo; fuerte como

el mar del Finisterre o del Ortegal; moderna, llena de telares y de altos hornos; abierta como los brazos

que preparan al mejor abrazo; europea como corresponde al país de Cervantes y de Ortega y Gasset;

compasiva consigo misma y con el estremecido mundo que se acerca al segundo milenio; sin complejos

ni prejuicios, pero segura de su tradición, de su riqueza regional, de su vitalidad nunca agotada ni caduca.

Esa España es la que tiene que ocupar su sitio en Europa y en todos los foros del, mundo actual, y la que

resuelva los conflictos de clase en una verdadera justicia re distributiva, y la que todos, y en particular

nuestras ejemplares Fuerzas Armadas, se enorgullezcan en guardar y defender.

Una España capaz de enfrentarse juvenilmente con sus nuevos problemas, confiándose a esa juventud

renovada, de la que el Príncipe de España es el mejor exponente y esperanza.

En su día puse como ejemplo práctico de estas ideas la ley de Prensa e Imprenta, y pienso que sigue

siendo un hito importante de lo que se puede hacer y también de lo mucho que queda por hacer.

LA LEY DE PRENSA, UN EJEMPLO DE REFORMAS

Esa ley de Prensa, que tanto costó sacar adelante en los años 1962 a 1965, y que costó aún más el

mantener íntegra, en su vigencia, de 1966 a 1969. Esa ley de Prensa que ha sido correctamente aplicada

por Pío Cabanillas, que puso primero su talento de jurista en los trabajos de redacción y luego su

responsabilidad ciudadana en su mantenimiento. Como no dudo que lo hará León Herrera, a quien mucho

agradezco su presencia y deseo los mejores éxitos. Esa ley de Prensa que sigue siendo un ejemplo de las

reformas políticas que hoy el país considera a la vez necesarias y posibles para conservar lo esencial de lo

mucho logrado, para hacer posibles nuevos pasos hacia adelante y para hacer compatible, con un máximo

de orden, un máximo también de apertura v de justicia.

Agradezco muy de veras a quienes generosamente han dotado estos premios; así como su amable y

meritoria dedicación a los miembros del Patronato y de los Jurados; a quienes de modo tan eficaz han

colaborado en su organización; a cuantos eminentes escritores y periodistas han tenido a bien participar

en el certamen, y a cuantas ilustres personalidades de Barcelona y de otras partes de Cataluña y de toda

España han querido acompañarnos en el día de hoy.

ESPERANZA EN QUE NOS VOLVAMOS A ENCONTRAR

Debo, por supuesto, destacar la presencia de tres importantes miembros del Gobierno, lo que a todos tanto

nos reconforta, y a mí en particular, porque ellos dan testimonio de que, afortunadamente para el pais,

ideas como las que han dado lugar a estos premios, y que me he permitido recordar aquí, son compartidas

también por ellos desde su alta responsabilidad. La lucha que ellos han realizado en estos meses, al lado

del presidente, y que todos hemos seguido, para hacer posible (que es lo que hay que hacer en política),

merece todo nuestro respeto y mi mejor simpatía.

Vaya a todos, con mi mejor gratitud, mi esperanza de que, tal vez muy pronto, nos volvamos a encontrar

en otras tareas, al servicio de estas ideas y del bien de España.»

PALABRAS DEL MINISTRO DE INFORMACIÓN

Cerró el acto el ministro de Información y Turismo, dan León Herrera y Esteban, quien destacó, en

primer término, que asistía, como ministro de la Prensa, al nacimiento de unos premios importantes, que

cuentan con el marchamo de calidad del hombre que dio al pais la ley de Prensa, «persona —dijo— a la

que quiero, admiro, respeto y debo mucho».

Recordó las épocas en que fue director general con el entonces ministro Fraga, con quien, dijo, había

compartido logros, esperanzas y también frustraciones.

Este acto tiene la gran importancia de convocar a las banderas de la moderación, de la pacífica

convivencia, de la evolución sin traumas y el avance social, tarea apasionante y común de todos los

españoles.

El ministro finalizó su intervención con un ruego: «Que Dios dé a todos los españoles una especial

capacidad para dialogar, sonreír y para la convivencia, y podamos forjar un futuro en el que puedan vivir

nuestros hijos y sus hijos en paz y progreso. Así construiremos la España que todos anhelamos.´»

ENTREGA DE LOS PREMIOS

Finalizada la cena de la entrega de los premios de periodismo «Fraga Iribarné», que presidió el ministro

de Información y Turismo con los de la Presidencia y Educación y Ciencia y las primeras autoridades

barcelonesas, se procedió al reparto de los premios. En primer lugar fueron leídas diversas adhesiones

recibidas de varias personalidades del país, entre las que cabe destacar la del ministro de Hacienda y

vicepresidente segundo del Gobierno, señor Cabello de Alba. A continuación don Carlos Sentís recibió su

premio de manos del ministro de Información y Turismo, don León Herrera; don Alejandro Muñoz

Alonso, del embajador de España en Londres, señor Fraga Iribarné; don José Ferrer, del ministro de

Educación y Ciencia, señor Martínez Esteruelas; don Gabriel Cisneros, del ministro de la Presidencia,

señor Carro Martínez; un representante del señor García Pavón lo recibió del director general de

Coordinación Informativa, señor Jiménez Quílez, y don Prudencio García Martínez, del ex ministro de

Asuntos Exteriores don Fernando María Castiella.

 

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