Autor: Martínez Bande, José Manuel. 
   La Generalitat y el Estatuto de 1932  :   
 El 9 de mayo de 1931, la Generalitat, órgano rector de Cataluña, quedaba consagrada por un decreto que regulaba sus relaciones con el poder central. 
 Ya.    24/07/1977.  Página: 4-5, 7. Páginas: 3. Párrafos: 77. 

LA GENERALITAT Y EL ESTATUTO DE 1932

CERCA de medio siglo transforma la sociedad humana. Mueren y nacen los hombres y se insertan

grandes acontecimientos en la vida de los pueblos. Guerras, cambios políticos, fortunas y desgracias se

interponen entre el ayer y el hoy, borrando los contornos de las cosas.

Así recientemente con la que se llamó un día cuestión catalana, larga carrera de la que sólo queremos

narrar su más accidentada etapa.

El Pacto de San Sebastián

Se abre este capítulo, en rigor, antes de la proclamación de la. Segunda, República. El 17 de agosto de

1930, en el hotel de Londres donostiarra, se reunían unos hombres y acordaban lo que luego se llamó

Pacto de San Sebastián. Tomaban parte en él, en nombre de Cataluña, un representante de Aeció Catalana

(Carrasco Formiguera), otro de Acció Republicana de Catalunya (Mallol y Bosch) y un tercero del

llamado Estat Català (Jaime Ayguader). No se redactó ningún comunicado, pero si se dieron dos notas:

una, de los señores antes citados, señalaba el acuerdo de resolver el problema catalán mediante un

estatuto.

Cataluña y la República

Las elecciones del 14 de abril de 1931 dieron el triunfo en Cataluña a la Esquerrá, partido de reciente

formación, del que eran líderes destacados Francisco Macià y Luis Companys. Su d i s t into

temperamento se plasmó aquel mismo dia en dos actos decisivos: Companys, en el Ayuntamiento de

Barcelona, proclamó la República Española; poco después, Macia, en la Diputación, hacía lo mismo, pero

con la República catalana o Estado catalán, notificando este singular hecho a los ministros de Asuntos

Exteriores de varios países.

El problema se resolvió de momento enviando cuatro días después a la ciudad condal tres ministros de la

República; De los Ríos, Domingo y Nicolau d´Olwer. El 9 de mayo, un decreto regulaba las relaciones del

poder central con la Generalidad de Cataluña, que quedaba asi, de hecho, consagrada.

II Estatuto y su aprobación

El Estatuto fue rápidamente elaborado, y el 2 de agosto se celebraba el correspondiente referéndum, que

arrojaba cerca de ochocientos mil votos a favor contra más de tres mil en contra, en unas elecciones no

garantizadas, pero que señalaban una evidente abrumadora mayoría a favor del proyecto. El 14 de agosto

se entregaba éste solemnemente al Gobierno de Madrid.

El 9 de abril de 1932 era leído en las Cortes republicanas, abriéndose la discusión del mismo el 6 de

mayo. Destacó desde el primer momento la oposición reiterada, tenaz, de un diputado agrario, don

Antonio Royo Villanova, y el discurso de 27 de mayo de Azaña.

La lentitud agotadora en la discusión y aprobación del cuerpo legal se vio favorecida por un hecho

inesperado: la sublevación del 10 de agosto, tan poco popular. Al mes siguiente, el día 9, el Estatuto

catalán era aprobado, y el 15 de septiembre, en San Sebastián, firmado por el presidente de la República,

Alcalá Zamora.

Cataluña dentro de España

Contra la deformación de la realidad está la realidad misma. Un examen frío de la ley de 15 de septiembre

de 1932 no dirá muchas cosas.

Asi, su artículo primero: "Cataluña—dice—se constituye en región autónoma dentro del Estado español,

con arreglo a la Constitución de la República y el presente Estatuto." Entiéndase claro: región. Por otra

parte, el idioma catalán es en ella lengua oficial, "como el castellano" (artículo segundo).

Catalanes y no catalanes quedan en pie de igualdad dentro de Cataluña. "Los derechos individuales son

los fijados en la Constitución de la República española", no pudiéndose regular ninguna materia "con

diferencia de trato entre los naturales del país y los demás españoles". Y para remachar el clavo se

agregaba aún: "Estos no tendrán nunca en Cataluña menos derechos de ios que tengan los catalanes en el

resto del territorio de la República", que, naturalmente, eran máximos (artículo tercero). Pero es que,

además, y a efectos del Estatuto, tenían la condición de catalanes los españoles que adquirieran la

vecindad en Cataluña (artículo cuarto).

Lo Generalidad

El órgano rector de Cataluña era la Generalidad, compuesta de un presidente, un parlamento y un consejo

ejecutivo.

El parlamento se elegiría "por un plazo no mayor a cinco años", por lo que transcurrido el mismo cesaría

en sus funciones. En cuanto al presidente, sería nombrado por el parlamento, y es claro que su mandato

quedaba supeditado a los cinco años de vigencia del mismo (artículo 14).

El presidente no sólo representaba a Cataluña, sino también al propio Estado español. No creemos se haya

fijado la atención en este inciso: "Asimismo [el presidente] representa a la región en sus relaciones con la

República, y al Estado testo es, a la propia República] , en las funciones cuya ejecución directa le está

íeservada al poder central" (artículo 14). Es decir, que el presidente de la Generalidad era en estos casos, y

más que nunca, una pieza de la República, por cuyos intereses debia velar.

Atribuciones de la Generalidad

Las funciones de la Generalidad tenían diversa índole. Unas veces eran simplemente "ejecutivas", cuando

se trataba de materias de interés general, nacional (artículo 5). Otras, "de organización" de los servicios

relativos a la legislación social, mas en este caso estarían supeditadas a una inspección del Gobierno

central, que podría nombrar unos delegados (artículo 6).

El artículo 15 de la Constitución de la República se reservaba la facultad de legislar en materia penal,

social, mercantil y procesal y en algunas cuestiones civiles: matrimonio, base de las obligaciones

contractuales y regulación de los estatutos personal, real y formal. El resto correspondía a la Generalidad,

que, además, or^ ganizaría la Administración de Justicia, pero designando lo« jueces y magistrados que

figurasen en el escalafón general del Estado; éste, además, nombraría los fiscales.

La enseñanza

Esta cuestión reclama una atención especial.

La Generalidad (artículo séptimo) podía "crear y sostener" centros de enseñanza de todos los grados, pero

siempre que estuvieran sometidos al artículo 50 de la Constitución. ¿Qué decía éste, en sustancia? Que

esos centros deberían organizarse según la lengua de la región autónoma, más añadiendo a continuación:

"Es obligatorio el estudio de la lengua castellana." Y además: "Esta se usará también como instrumento

de enseñanza en todos los centros de instrucción primaria y secundaria de las regiones autónomas."

¿Y la Universidad? El párrafo tercero del mencionado artículo séptimo señalaba: "Si la Generalidad lo

propone, el Gobierno de la República podrá otorgar a la Universidad de Barcelona un régimen de

autonomía; en tal caso, aquélla se organizará como Universidad única, regida por un patronato que

ofrezca a las lenguas y a las culturas castellana y catalana las garantías recíprocas de convivencia, en

igualdad de derechos, para profesores y alumnos."

El orden público

Al hablar del orden público (artículo octavo) hay que descontar a las fuerzas armadas y concretamente al

Ejército de Tierra, Marina y Aviación. Hecha esta salvedad, diremos que el Estatuto distinguía entre los

servicios de orden público de ámbito general, nacional, de los servicios catalanes propiamente dichos. Las

primeras eran aquellas que tenían un rango extrarregional o suprarregional: policía de fronteras,

emigración, extradición, e x p u Isión, etc. Los servicios de Policía y orden interior de Cataluña si eran de

competencia exclusiva de la Generalidad. Ahora bien, con todo, y para la coordinación de ambos

servicios, de acuerdo con la Constitución de la República, se creaba una Junta de Seguridad mixta, contra

cuyos dictámenes no podría proceder la Generalidad en todo lo referente a dicha coordinación.

Pero el orden público podía alterarse. Entonces el Gobierno de la República lo asumiría. ¿Con qué título?

"En uso de sus facultades y el ejercicio de sus funciones constitucionales", y en dos supuestos: a

requerimiento de la propia Generalidad—cuando ésta era incapaz de mantener el orden— j por propia

iniciativa, cuando estimara comprometido "el interés general del Estado o de su seguridad" (artículo

noveno). En todo caso, y para la declaración del estado de guerra, con todas sus consecuencias, se

aplicaria la ley general de Orden Público de la República.

La hacienda

El Estado cedería a la Generalidad algunos impuestos y parte de otros, y la Generalidad dispondría de los

impuestos, derechos ,y tasas de las antiguas diputaciones, pudiendó, ademas, establecer otros nuevos.

Entre los impuestos cedidos figuraban las contribuciones territoriales rústica y urbana, los derechos

reales, sobre personas jurídicas y transmisión de bienes, y parte de, la contribución industrial y de

utilidades.

El detalle de estos puntos es muy farragoso y hacemos gracia al lector de no entrar en ellos.

Síntesis política

Hemos expuesto la esencia del Estatuto, sin entrar en mayores consideraciones.

¿Eran excesivas las facultades concedidas a la Generalidad en algunas materias, como las relativas a la

legislación civil y las contribuciones cedidas? ¿No lo eran ?

Nuestra misión es ajena al juicio de estas cuestiones, en si accesorias, negociables, que no afectaban a la

esencia del problema que se debatía, y que era éste: ¿Cataluña? ¿España? La solución nos la daba el

propio Estatuto, según ya quedó apuntado. Cataluña era una región dentro de la Re-pública, régimen para

toda España.

Después del Estatuto

Asi pues, no nos arrepentimos de nuestro titulillo anterior: "Cataluña, dentro de España." Pero quien tenía

aqu! la última palabra eran los propios individuos encargados de aplicar el Estatuto, según su conducta

posterior.

El 20 de noviembre de 1932 se celebraban las elecciones para el Parlamento de la Generalidad. La marea

no era la misma que en 1931. La Esquerra bajaba de los 385.000 votos (cifra por exceso) a los 223.000

(también por exceso); la Liga, en cambio, ascendía de los 81.609 a los 138.409. La Esquerra tendría en el

Parlamento propio 34 diputados; la Lliga, nueve. Macíá era confirmado en su puesto de presidente de la

Generalidad, y Companys, "su delfín", quedaba designado brazo ejecutor.

La gran derrota de la Esquerra vino el 19 de noviembre de 1933, con las elecciones generales para el

Parlamento español. Los diputados de la Lliga fueron 26, y los de aquel partido, 21. Como si rubricara la

derrota., Macià fallecería el 25 de diciembre de aquel año, imponiéndose para sustituirle al frente de la

Generalidad la candidatura de Luis Companys.

Un nuevo golpe de la suerte resucitaría, en las elecciones municipales siguientes/ la supremacia de la

Esquerra sobre la Lliga.

6 de octubre

Desde la derrota de las izquierdas en noviembre de 1933, inician en España la gran escalada hacia la

revolución. Y, naturalmente, en Cataluña también. Pretextos sobrarán siempre.

La rebelión del 6 de octubre de 1934 sería la descalificación del Estatuto. El presidente Companys y su

partido propio, la Esquerra, habían usado de sus poderes en provecho propio, levantando por toda

Cataluña una campaña de nacionalismo exaltado con un final de sublevación armada. Cuatro cañonazos,

con puntería directa, fueron, no obstante, suficientes para acabar con el acto de fuerza. Pero Companys

había proclamado, desde el balcón del edificio de la Generalidad, "el Estado catalán", como Macla en

1931; "el Estado catalán de la República Federal Española".

L» revolución de octubre ensenaba en cada punto su cara propia: en Asturias era una revolución social; en

Cataluña, una revolución separatista.

La suspensión del Estatuto

La rebeldía había sido algo más que una simple cuestión de orden público. Un arma otorgada por la

República era lanzada contra la propia República. Se podía, desde luego, invocar el artículo quinto del

Estatuto, pero el problema resultaba mucho más hondo.

De momento se hicieron cargo las autoridades militares de los puestos clave, y al final se decidió en

Madrid suspender las funciones del Parlamento catalán, nombrar un gobernador, general y revisar el

régimen autonómico. No se llegó a ello, y el 11 de abril de 1935 se devolvía a Cataluña todas las´

facultades estatutarias, salvo el orden público.

El Frente Popular

Las elecciones de 16 de febrero de 1936 tuvieron las consecuencias que el lector harto conoce. En

Cataluña el Frente Popular logró 38 actas, la Lliga, 13.

La vuelta de los políticos "del 6 de octubre", presos muchos de ellos, con Companys al frente, fue triunfal.

Exigió aquél que fuese establecido inmediatamente el Estatuto en su integridad, y el 26 de febrero se

devolvía lo único retenido: el mantenimiento del orden.

Nada había pasado y cabia un "decíamos ayer...".

La guerra

Al fracasar en Cataluña el Alzamiento, el 19 de julio, quedó -como supremo grupo político dominador el

libertario confederal, enemigo del Estatuto, del catalanismo, de la Esquerra y hasta de Companys. Sin

embargo, en una reacción ingenua e inexplicable, respetó la constituida oficialmente.

Pero el alud de los revolucionarios ácratas obligó a cerrar filas al Gobierno de la Generalidad y a las

organizaciones marxistes, al frente de las cuales se encontraba Juan Comorera. Hubo cambios diversos,

que aquí no nos interesan, y la guerra—el gran barullo de la guerra—fue la cortina de humo hacia nuevos

intentos de separatismo real.

Un voto de alta calidad es aquí, sin duda, el de Manuel Azaña, que tanto había hecho por que el Estatuto

se aprobara. Escribió un día: "La Generalidad funciona insurreccionada! contra el Gobierno. Mientras

dicen privadamente que las funciones catalanistas han pasado a segundo término, que ahora nadie piensa

en extremar el catalanismo, la Generalidad asalta servicios y secuestra funciones del Estado,

encaminándose a´ una separación de hecho. Legisla lo que no´le compete, administra lo que no le

pertenece." .

Por lo demás, los gobiernos de la Generalidad se sucedían vertiginosos. Los hay de 1 de agosto, de 5 de

ese mes, de 26 dé septiembre, de 14 de diciembre. En este último, su primer consejero y titular de

Hacienda se llama don José Tarradellas.

Mayo 1937 y sus consecuencias

La lucha entablada en el seno de Cataluña, como en el resto de España, entre fracciones políticas distintas

y aun. radica luiente opuestas, estalla en ese mes y año.

El 26 de marzo se había producido otra crisis en la Generalidad, con un nuevo gobierno presidido por

Tarradellas, que el 2 de abril declinaba sus poderes, creando un vacio que se cerraría el 16. -Pronto

vendría la nueva "semana sangrienta", aunque no tuviese siete días ,´(3-7 de mayo).

Las consecuencias fueron varias, pero para nuestro estudio sólo haremos mención del decreto de la

República de 5 de mayo, que hacía depender otra vez el orden [público en Cataluña del poder central.

Negrín, nuevo jefe del Gobierno republicano, impondría una política centralista y férrea.

La agonía

El Estatuto, la Generalidad, languidecerían mas y más cada día que pasara.

El 23 de diciembre dé 1938 se iniciaba la ofensiva nacional sobre Cataluña y 4 de febrero de 1939, cuatro

presidentes cruzarían la frontera francesa: eran el dte la República (´Azaña), el de ´las Cortes (Martínez

Barrio), el de Euzkadi (Agui-rre) y el de la Generalidad catalana (Luis Companys).

El recuerdo

El final de la guerra había provocado una situación imposible para la II República Española, al quedarse

sin terreno que pisar; pero a la Generalidad le ootnría lo propio.

Tenía, «so si, un presidente, o quien fue presidente, pero apenas aígo más. ¿Qué era ya el Parlamento

´catalán sino puro rteeuerdo?

Azaña habla planeado la cuestión de, su existència ya en el verano de 1937, Tuvo al efecto varias

conversaciones con Casanovas, con Pedro Corominas. El 12 de julio era éste quien decía al presidente de

la República que él Parlamento catalán debia ser disuelto en noviembre o prorrogando. Azaña era

partidario de celebrar nuevas elecciones, asunto difícil, dadas ´las circunstancias, pero no imposible.,

´De Corominas son estas palabras, que Azaña notifica: «El Parlamento actual ha desaparecido casi por

completo. No se Juntarán más >de vétete disputados, de sesenta y cualtro .que son". Luego señalaria que

"un nuevo Parlamento catalán sería muy ventajoso y reconstituiría la vida política normal de Cataluña",

No se celebraron las elecciones, y el Parlamento ¡dejó, jurídicamente, de tener existencia.!

El vacío

Cuando los alemanes invaden Francia detienen a Companys y le hacen pasar ios Pirineos, El 15 de

octubre es ejecútado en Montjuich

¿Qué queda de la Generalidad? Alguien, elegido como sustituto" del muerto, dimitirá profito, alegando

que las instituciones republicanas, ,por carecer de base real, son pura entelèquia.

Pero luego, en 1954, y en la embajada de la titulada República Española de Méjico, se reunirían un

número ¡de diputados que no llegaría a diez, para elegir a José Tarradellas, jefe ae una Generalidad

hipotetica a la sombra de un estatuto-nostalgia tan sólo.

Porque el Estatuto nació en el seno de una república y de una constitución. Su vigencia, su anulación o su

revisión tenía, por eso, que hacerse en el seno de las Cortes Españolas, pero de las Cortes Españolas repu-

blicanas, ¿Intentaremos transmutar eS. alma de un ser—viviente o ´cadáver, yo creo que cadáver—en otro

ser ique fue y ya mo es? Este es el problema ´bien sencillo de plantear « imposible—según mí modesto

saber y entender—de solucionar histórica, política y sensatamente.

Si hay que recorrer Otra vez et camino habrá que ¡partir .de cero y no olvidar las experiencias pasadas.

José Manuel Martínez Bande

24-VIl-1977

 

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