Autor: INDONIO. 
   Perturbaciones en el proceso de autonomía catalana     
 
 Arriba.    02/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

PERTURBACIONES EN EL PROCESO DE AUTONOMIA CATALANA

LA decisión del honorable Tarradellas de cesar al senador Benet como miembro de la comisión

negociadora con el Gobierno tiene su fundamento jurídico y lógico justamente en e! hecho de

que el presidente de la Generalitat, en el exilio, le había nombrado para esa función. Si válido

fue el nombramiento, válida es la destitución en cuanto se refiere a la facultad ejercida. Si tal

decisión es prudente o discutible, concierne a la naturaleza de la misma y a su oportunidad,

pero lo que no puede cuestionar el propio cesado es la facultad de Tarradellas para adoptarla.

Los electores del senador Benet le han elegido como representante en el Senado, pero no

como miembro de una comisión negociadora con el Gobierno para el restablecimiento

provisional —precons-titucional— de la Generalitat. La designación de personas para el

desempeño de tareas específicas es un problema orgánico de disciplina de grupo. La cuestión

está en si se reconoce o no, con todas sus consecuencias, la autoridad de Tarradellas y se la

considera legítima, estable y representativa. El Gobierno no ha discutido la representación de

Tarradellas, y no sólo no ha debilitado su posición, sino que la ha robustecido sensiblemente.

El Gobierno necesitaba un interlocutor legítimo, y los catalanes no propusieron otro, entre otras

cosas, porque nadie reunía —ni reúne— la autoridad moral, histórica y política del honorable

Tarradellas. Pero ha bastado que aconteciera lo natural, es decir, que Tarradellas y el Gobierno

comenzaran a dialogar y aproximar sus puntos de vista para que un sector acuse al primero de

convivencia y al segundo de tortuosidad. A juicio de ese sector, todo debiera haber ido mal

para poder seguir funcionando con los viejos estereotipos —tan rentables— de un Gobierno

centralista, opresor, burocrático y ordenancista. Un Gobierno oriental que parece no tener otro

apetito ni programa que e] de sofocar —con la fuerza o con la astucia— a las nacionalidades y

regiones españolas.

Al parecer, no se le concede al Gobierno central otro acervo, otro contenido ideológico, que el

que podía concederse en la vieja Persia a las satrapías de dominación.

No queremos la autonomía si no es la mía, parece ser el «leitmotiv», de grupos partidarios

incapaces de comprender que el tema catalán no es de derechas ni de izquierdas, que no es

concecible una autonomía catalana socialista, comunista o de centro, porque debe ser hallazgo

y marco de organización para todos los catalanes y para todos los españoles.

Estamos asistiendo a lo que podría ser el comienzo de una campaña de desprestigio de

Tarradellas por parte de los que —a su juicio— pudieran quedar retrasados en lo que han

concebido como una carrera partidaria o de prestigios personales. Eso es jugar a la división y

emponzoñar el problema con acusaciones, denuncias y radicalismos que sólo pueden conducir

a vidriar y confundir la cuestión catalana, incluso ante los propios catalanes.

Es lamentable que en una ocasión histórica como la que vivimos, con un Gobierno favorable

sin reservas a la autonomía y descentralización regional y un país que mayoritariamente

comprende el problema de la autonomía como natural y deseable, el surgimiento de los

aldeanismos y personalismos infeccione torpemente, en perjuicio de todos, un asunto tan

lúcido, tan claro como el autonomismo catalán, que es, a su vez, pórtico cronológico de la

organización autonómica de las restantes regiones de España.

Tarradellas está sobre los partidos y posee la virtud pragmática de los grandes políticos, lo que

le permite concebir una estrategia global para servir un fin preciso, la autoridad de Cataluña,

con la estatura ética y autoridad moral adecuada. Esta es una condición difícilmente

perdonable para los que no pueden manejarle en su interés.

INDONIO

 

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