Autor: Romero, Vicente. 
 Cuando el exilio toca a su fin, Tarradellas habla para Pueblo. 
 Que nadie cuente conmigo para repetir lo que tanto daño ha hecho a España  :   
 Los momentos son difíciles y hay que andar con cuidado. 
 Pueblo.    10/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 40. 

Cuando el exilio toca a su fin, Tarradellas habla para PUEBLO

"QUE NADIE CUENTE CONMIGO PARA REPARTIR LO QUE TANTO DAÑO HA HECHO A

ESPAÑA"

Muchos de los que ahora me atacan y dicen que soy suarista sirvieron a Franco tranquilamente

Mi regreso será por Madrid, para darle las gracias al Rey

Los momentos son difíciles y hay que andar con cuidado

Los pasados resultados electorales no son la victoria de unos partidos, sino la de todos; la de Cataluña y la

mía también

Desda su residencia de Saint-Martin le Beau (Tours), el presidente de la Generalidad en el exilio, Josep

Tarradellas, se ha convertido en uno de los ejes de la actualidad política española. Discutido, objeto de

fuertes críticas por sus gestiones personales en la negociación del futuro catalán, pero también

unánimemente aceptado y respetado, Tarradellas conduce con singular habilidad su política.

Dos días antes de la Diada, fiesta nacional catalana, nuestro enviado especial Vicente ROMERO ha

entrevistado al político en el lugar donde vive las postrimerías de su largo exilio. El resumen de su

conversación comienza a publicarse hoy en nuestras páginas, para continuar el lunes, respetando la

extensión del trabajo ante su gran interés, en los momentos en que el texto del decreto que establecerá la

Generalidad recibe tus últimos toques.

—Otra «Diada» que pasará fuera de Cataluña, señor Tarradellas...

—Sí. Aunque estaré en espíritu, no he querido ir personalmente para evitar que se produzcan

provocaciones que nadie podría impedir y que servirían, para herir peligrosas susceptibilidades. Eso sí,

dirigiré a través de Radio Nacional y TVE un mensaje a todos los ciudadanos de Cataluña, no solamente a

los catalanes, insistiendo en que la «Diada» TÍO debe ser una causa de desunión, sino de unidad, paz y

libertad para toda España,

—¿La idea de tal mensaje ha sido suya o del Gobierno español?

—Surgió espontáneamente. Ademas no tiene importancia de quién fue la idea, que no lo recuerdo en

realidad, porque he hablado mucho con mucha gente estos días. Mire, yo mantengo mi absoluta

independencia, y si el Gobierno tratara de servirse de mí de alguna forma, se equivocaría; yo soy una per-

sona muy incómoda y egoísta sobre mis propias atribuciones. Lo que ocurre es que estos son momentos

difíciles y hay que andar con cuidado. Por eso dirijo el mensaje, para contribuir a que el día transcurra con

absoluta normalidad.

—El caso es que últimamente pasa usted por ser un hombre de Suárez ante determinados, círculos.

—Eso me hace reír. ¿Sabe usted?, es que en España, hasta ahora, no se ha hecho política, sino que se ha

hablado de política. Es ahora cuando empieza a hacerse política, desaparecido el anterior régimen; pero

frecuentemente se olvida que Franco murió en la cama y que durante treinta y ocho años no pasó nada.

Las cosas-de tipo violento —aparte del País Vasco, que es otra cosa —fueron sólo de orden social, no de

orden político, que fueron muy pocas. Entonces hay una gran confusión: un día dicen que

soy de la FAI; otro día, que soy hombre de Suárez; otro, que tengo una posición muy radical... Pero yo

soy insensible al juicio de ciertas personas, que desconocen mi vida y mi obra. Además, ahora que se

empieza a hacer política por personas que nunca la habían hecho, sin ninguna experiencia, es natural y

lógico que se equivoquen.

—Pero, objetivamente, ¿no queda usted más a la derecha del resultado electoral que arrojó Cataluña?

—Hombre, la campaña se hizo sobre tres puntos importantes: Generalidad (Tarradellas no dice

Generalitat, sino que traduce la palabra al castellano) estatuto y regreso de Tarradellas. Por tanto, no fue

la victoria de unos partidos, sino la de todos, la de Cataluña, y la mía también.

SOBRE LA ACTITUD SOCIALISTA

—Señor Tarradellas, las críticas de los sectores socialistas...

—Tienen quince días esas críticas. Porque hasta hace quince días, y siempre, los socialistas han estado a

mi lado, que era su lado también, porqués era una política de unanimidad. Siempre fueron unos

fervorosos sostenedores de la Generalidad y de su presidente, que soy yo.

—¿Cuál es la razón última de estas diferencias con los socialistas?

—Las diferencias consisten en que he sido yo y solamente yo, quien ha llevado las negociaciones con e]

Gobierno. Yo he dicho siempre

que no aceptaría el proyecto de decreto-ley sin contar con el acuerdo de los partidos políticos de Cataluña.

Los partidos lo sabían, pero los socialistas querían conocer el resultado antes que el señor Suárez, cosa

que no podía hacer cuando éste todavía desconocía el resultado de mis conversaciones con Sánchez

Terán.

—Se dice que está escamoteando usted el protagonismo de los parlamentarios catalanes, que quiere ser un

poco Juan Palomo en el tema de Cataluña.

—¿Qué quiere decir eso de Juan Palomo?

LA POLÍTICA LA HACEN LOS PARTIDOS

—Que pretende usted el monopolio de las negociaciones.

—No es cierto. Lo que pasa es que la Asamblea de Parlamentarios no tiene nada que ver en las

negociaciones. Son los partidos políticos los que deben intervenir. Mire, en España son los partidos

políticos los que hacen la política y no los parlamentarios; sin embargo, en Cataluña se produce un caso

muy curioso, y es que son los parlamentarios elegidos para el parlamento de Madrid los que quieren hacer

la política al margen de los partidos, y quieren intervenir, olvidando que su derecho a intervenir es en el

Parlamento de Madrid, que Cataluña no tiene Parlamento, y hasta que lo haya y se hagan elecciones no

habrá parlamentarios catalanes, sino parlamentarios de las Cortes españolas. Eso no quiere decir que no

puedan intervenir en sus partidos sobre la política que yo estoy haciendo, pero de dirigir esa política, nada

de nada. Los partidos políticos tienen el derecho de intervenir, opinar, encauzar y proponer, y de la misma

forma que yo he permitido, como era mi obligación, que intervengan y me discutan, he dicho que el

decreto l«y no será definitivamente aprobado si no lo respaldan los partidos que ganaron las elecciones en

Cataluña.

—En cuanto a su problema con Benet...

—Le ruego que hablemos de otra cosa; A ese señor no lo conozco.

—Perdóneme que insista. Pero este problema...

MUTUO RESPETO

—No es tal problema. Mire, los catalanes tienen una fantasía que no tienen los castellanos de Avila, como

el señor Suárez, eso es todo. Fui yo quien nombró la comisión y, por tanto, yo puedo también anularla.

Yo soy un viejo político, acostumbrado a tener relaciones políticas; y hay una cuestión de orden moral: yo

no puedo mantener relaciones con un Gobierno si nombro para ello a unas personas que insultan a ese

Gobierno. Ese es el fondo del problema. Yo podía decir de las declaraciones de ciertos parlamentarios

qué no las Babia leído; pero eso sería una cobardía. Yo no puedo permitir que unas personas que yo he

nombrado se permitan boicotear 1 a s negociaciones, cuando Cataluña va a obtener unas libertades que no

han costado ni un muerto. Ademas, los problemas de las negociaciones no se pueden plantear en medio de

la calle. Y estoy seguro de que el presidente Suárez tampoco permitiría que se dijeran ciertas cosas de mí,

como se han dicho de él: que dejaba pudrirse el asunto, que me presionaba obligándome a aceptar ciertas

cosas. Y ello no es verdad, sino que las negociaciones han tenido gran altura. Pero, claro, los catalanes

que no han gobernado nunca, o que gobernaron solamente poco tiempo, y que hicieron el seis de octubre,

quieren hacer otro 6 de octubre. Y a eso yo no estoy dispuesto.

—En definitiva, su actitud se ha presentado como una defensa del Gobierno, y se ha definido como

autoritaria desde algunos periódicos.

—Claro que tengo que defenderlo, cuando se le insulta y se le difama, O esto, o tengo que dimitir. Y se

me llama autoritario por el hecho de cesar a uno, como se hace en los Gobiernos de todo el mundo.

—¿Cuándo regresará usted, señor Tarradellas?

—Durante treinta y nueve años, mi «slogan» ha sido que regresaría cuándo pudiera hacerlo como

presidente de;la Generalidad. Nadie creía en esto. Los mismos qUe ahora me atacan y me dicen que soy

flojo y que soy suarista, han estado muchos de ellos sirviendo a Franco tranquilamente, cuando Franco

me metía a mí en la cárcel.

—Pero, ¿a quién se refiere? Porque ésa es una acusación . grave.

—¿Quién? Toda España. Haga usted una lista de los que están hoy en la oposición... No se puede decir

quiénes son. Pero hay gen-tés como la persona que ha nombrado usted antes, y que yo no quiero nombrar;

en fin, dicen que yo soy un hombre autoritario, pero es que, mire, a los catalanes les gusta mucho mandar,

y mandan despóticamente, cuando se trata de sus negocios. Entonces sí que sabe mandar, pero en política

no manda, porque espera que lo haga el poder central, y ellos no se comprometen. El catalán, en política,

siempre diese sí, mientras el castellano siempre dice no. Sin embargo, yo no soy castellano, sino catalán e

hijo de payés, y sé decir que no. Cuando se gobierna, hay que tomar los riesgos y decir que no; no se

puede dar la razón a todo el mundo. Mi política ha sido y será escuchar los consejos de todo el mundo,

pero cuantío se ha tomado una decisión hay que cumplirla hasta el final; soy muy riguroso, y primero,

conmigo mismo. Nadie me debe dar las gracias por lo que he hecho. He cumplido con mi deber. Y el día

que no cumpla, dimitiré Pero por coacciones, por demagogia, por megalomanía, por hacer la política de

desastre, no dimitiré La política de desastre nos llevó al seis de octubre, que nos condujo» naturalmente, a

la sublevación del general Franco. Y a mí, ni seis de octubre, ni diecinueve de julio. Aunque esto me

cueste determinadas actitudes que respeto, pero no comparto. Pero que nadie cuente conmigo para repetir

lo que tanto daño ha hecho a España.

—¿Cuándo calcula usted que será ese regreso como presidente de la Generalidad?

—Si la próxima semana el Gobierno y el presidente Tarradellas están de acuerdo con tinas pequeñas —

muy pequeñas— modificaciones en el texto del decreto, éste se trasladará a las Cortes, y la comisión

tardará unos siete días en dictaminar; así, creo que antes de fin de mes estaré en Cataluña.

EL REGRESO

—¿Piensa usted en un regreso triunfal, a la americana?

-Mire usted, eso lo organizan ellos. Cuando estuve en Madrid, sorprendí a todos; no fui a Cataluña, y eso

extrañó desde al Rey hasta al último periodista. Pero yo había dicho una cosa en el año treinta y nueve, y

quería cumplirla, Sin embargo ahora no. Y si las Cortes lo aprueban y el Rey firma el decreto, marcharé a

´París, y desde allí tomaré el avión a Madrid, donde estaré tres o cuatro días, porque, naturalmente, tengo

que presentarme ante el Rey y darle mi agradecimiento en nombre de Cataluña, así como visitar al

presidente del Gobierno, al de las Cortes y al del Senado. En fin ello es obligado, dada mi representación.

Después in-directamente a Cataluña, ya para morir en mi tierra.

—A los catalanes, ¿no 1e gustaria más que entran usted por Cataluña y fuera desde allí a Madrid?

—Eso sería de una malí educación tremenda. A ïoí catalanes lo que les gustaría más es que fuera de París

a Perpignan e hiciera una entrada triunfal hasta Barcelona. Esto sería f antas, tico, con millones y millo-

nes de personas, Pero no. Yo tengo que ir a Madrid a darle las gracias al Rey porque él ha tenido una par

te muy importante en 1o que está ocurriendo.

Vicente ROMERO

 

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