Autor: Figuero, Javier. 
   La Diada, pórtico de la Generalitat     
 
 Arriba.    11/09/1977.  Páginas: 8. Párrafos: 46. 

La "Diada" portico de la "Generalitat"

TRAS EL ESCÁNDALO PRODUCIDO POR LA DESTITUCIÓN DE BENET, ALGUNOS

PARLAMENTARIOS CATALANES SE INCLINAN POR LA NEGOCIACIÓN DIRECTA CON

MADRID, AL MARGEN DEL HONORABLE

LOS PRINCIPIOS DE LA GENERALITAT SE ENCUENTRAN EN LAS COMISIONES

DESIGNADAS POR LAS CORTES CATALANAS DE LA EDAD MEDIA, CON EL FIN DE

RECAUDAR LOS SUBSIDIOS CONCEDIDOS AL REY

EL DECRETO DE LA NUEVA PLANTA DE FELIPE V HACE EN PALABRAS DE VILAR,QUE

"EL ESTADO CATALAN" DEJE DE EXISTIR

EN ABRIL DE 1938, ANTES DE LA TOMA DE CATALUÑA, FRANCO PUBLICO LA LEY DE

DEROGACIÓN DEL ESTATUT

GONZALEZ OLIVEROS, PRIMER GOBERNADOR DE FRANCO EN CATALUÑA, AFIRMO EN

LA TOMA DE POSESIÓN: LO MEJOR DE BARCELONA NO PARTE DE 1700, SINO QUE

ALCANZA SU CÉNIT EN AQUELLOS LINAJES MEDIEVALES QUE CULTIVABAN EL

CASTELLANO»

EL 7 DE AGOSTO DE 1954 SE ELIGE, EN MÉJICO,

A TARRADELLAS COMO PRESIDENTE DE LA GENERALITA T EN EL EXILIO

ENTRE un calor seguramente más riguroso que el del presente año y canciones de Lluis Llach, los

treinta mil participantes alcanzaron las cinco de la tarde, Entonces, por los altavoces de la plaza de

Cataluña, de San Baudilio de Llobregat, el primero de los oradores del acto, Miguel Roca Junyent,

lugarteniente de Jordi Pujol en la Convergencia Democrática de Cataluña, aventuró una predicción: «... El

que viene, toda Cataluña será una fiesta.» Más tarde, otro de los oradores, Octavi Saltor, de la Lliga

Lliberal, aglutinante tradicional de la burguesía catalana, pondría el énfasis en los orígenes históricos de

la fiesta en cuestión, la "Diada», remontándose a aquel primer 11 de septiembre, en el año 1714, cuando

Rafael de Casanovas hubo de rendir la ciudad a las tropas francesas, abriendo así tácitamente la lucha en

favor del reconocimiento de la nacionalidad catalana.

La Cataluña, en efecto, del 11 de septiembre de 1977, puede realmente haber sido una «fiesta». Grandes

sectores para ello del Principado esperan to soto «santificación» de lo Generalitat. Sectores del pueblo y

sectores de opinión coincidían en señalar que tas conversaciones entre el honorable Tarradellas y la

Administración central, iniciadas con el sorpredente viaje del político catatán a Madrid en los últimos días

de junio pasado, devolverían la dignidad frustrada con la ley de Derogación del Estatuto de Cataluña

promulgado por Franco en 1938. Más todo parece indicar que el restablecimiento carecerá del oportuno

marco de la fecha histórica. Ya el Presidente Suárez, en rueda de Prensa celebrada en París en el curso de

su reciente viaje, manifestaba al ser cuestionado el tema: «No se trata de un problema de tiempo (se

refería a to fecha del 11 de septiembre). En España se experimenta la necesidad da establecer unas

autonomías regionales muy claras y precisas con carácter general. Las autonomías se producirán una vez

elaborada la Constitución española y consiguientemente quede plasmado a nivel constitucional el derecho

de autonomía. Es decir, las autonomías serán definidas por el Parlamento español. Otra cosa muy distinta

y diferente son todos aquellos progresos que puedan realizarse en orden a la coordinación de esfuerzos de

codo uno de tas regiones españolas».

Si Cataluña ha de ser este año una fiesta, para que tenga cuerpo el augurio de Roca Junyet emitido

durante lo que puede ser definido como el primer gran mitin de afirmación nacionalista organizado en la

región durante los últimos cuarenta años, habrá de serio porque, por ejemplo, no permanecerán cerradas,

como en la pasada Diada, tas puertas del parque de la Ciudadad de Barcelona, donde estuvo emplazada la

estatua de Rafael de Casanovas, o porque no sea necesario, por ejemplo, también esperar a las cuarenta y

ocho horas últimas para establecer el acuerdo entre tos organizadores y el Gobierno Civil que dé paso a

tos actos da San Baudilio, como sucediera el último año. Ei establecimiento de la Generalitat habrá de

esperar. Los propios periódicos de Barcelona se han hecho eco durante los pasados días de tos crecientes

rumores que fijan el regreso de Tarradeltas para una fecha posterior al 11 de septiembre. Así, al menos ha

sido interpretada una frase de Sánchez Terán, al término de la última ronda de conversaciones con el

honorable: «Los negociaciones —dijo— no están condicionadas a ninguna fecha.»

Mientras tanto, las especulaciones de los últimos días llegaron a señalar un reparto determinado de

carteras. En medios parlamentarios catalanes llegó a comentarse la posibilidad de que el Consell de la

Generalitat se estructurara, bajo la presidencia de Tarradellas, en base o once consellerías o carteras:

Agricultura, Finanzas, Fomentó, Industria, Trabajo, Interior, Educación, Ordenación del Territorio,

Justicia, Cultura y Sani dad. Una de dichas conselleries estaría asumida por el jefe o «conseller en Cap»,

presuntamente Josep Raventos, Eider de la mayoría parlamentaria, quien precisamente viajaría

recientemente hasta Saint Martin le-Beau, residencia del "honorable", paro intentar taponar la grieta

abierta por el incidente en que Benet ha sido protagonista.

Tarradellas, en entredicho

El incidente referido tiene sus antecedentes en ei propio viaje efectuado a Madrid por el presidente de to

Generalitat en el exi-fio en ios últimos días de junto, y del que habrían de derivarse sendas entrevistas con

et presidente Suárez, el Ministro del interior, Martín Vilto, y el propio Monarca español. Entonces,

determinados círculos catalanistes adjetivaron como precipitado la decisión de Tarradellcs, quien en

realidad había ya iniciado tos contactos con la Administración central en tiempos anteriores, llegando a

recibir en la localidad francesa en que tiene fijada la residencia a cuatro delegados del Gobierno Arias el

mes de marzo del pasado año. Para muchos, el viaje a Madrid ponía en entredicho toda una postura

anterior del po lítico que podría sintetizarse en la frase tantas veces repetida desde el exilio: «O vuelvo a

Cataluña como presidente de lo Generalitat o no volveré», y a cuyo espíritu se mantuvieron fíeles tos

parlamentarios catalanes cuando en la primera reunión celebrada tras las elecciones, y con la sola opinión

en contra de López Rodó, deciden solicitar la vuelta del heredero de la legalidad catalana perdida con la

guerra civil.

A las explícitas acusaciones de los referidos sectores, Tarradelllas opone una pragmática posibilista: «En

estos momentos no puede conquistarse nada —dice por boca de su colaborador Eduard Bonet— que no

sea dado por el Gobierno o por el poder establecido, pues en España no ha habido ruptura. De ahí que la

Generalitat tengo que venir concedida forzosamente por el Gabinete Suárez.» Josep Benet, miembro de la

Comisión Negociadora de Parlamentarios, preguntado, sin embargo, por sus impresiones en torno al

último encuentro entre Tarradeílas y el enviada especial del Gobierno, Salvador Sánchez Terán, que ha

seguido las negociació-nés iniciadas en Madrid, declara a la agencia Cifra: «Los parlamentarios no

conocemos todavía con exactitud cuáles fueron las dificultades encontradas en et último encuentro entre

Tarradeílas y Sánchez Terán.» El histo-riador, que afirma asimismo no sentirse optimista del curso de las

negociaciones encuentra respuesta en una entrevista concedida a «La Vanguardia» por el presidente de la

Generalitat: «Quisiera pedir ahora que nadie se deje arrastrar por impaciencias... Yo se que los catalanes

creerán que son pocas les atribuciones que el Estado español otorgaría a la Generalitat. También

considero que su contenido originarte es poco y que Cataluña no tendrá todos los poderes políticos que

deseamos, pero también es verdad que contamos con tos. necesarios a fin de tener en nuestras manos,

directa o indirectamente, tos destinos de nuestro pueblo.» A unas nueves declaraciones de Benet, contesta

Tarradellas con la destitución de ta Comisión Negociadora. Raventós, presidente de la Asamblea de

Parlamentarios, que acude a Francia para tratar de atajar et escándalo, manifiesta a la vuelta que «el

incidente no puede detener el proceso de recuperación de la Generalitat», pero admite, sin embargo, que

Benet fue elegido miembro de la Comisión por la Asamblea y que a ello sólo le toca decidir al respecto.

Raventós, pese a todo, no ve en el problema con Benet el principal obstáculo existente entre tos

parlamentarios y Tarradellas, sino en el modo en que se están produciendo las negociaciones con el

Gobierno central: «Los parlamentarios concebimos este proceso con nuestra participación plena en su

discurrir y en las decisiones que se tomen, mientras que Tarradellas se muestra partidario de conducirlo

personalmente.»

Al tiempo que Raventós se enfrentaba en rueda de Prensa a tos medios informativos de Cataluña, el

honorable declaraba Radio Nacional de España que «las conversaciones con Raventós han sido muy bien,

muy cordiales y muy buenas», y también afirmaba respecta a Benet; «No conozco a este señor. Otro

senador sustituirá a Benêt en la Comisión.» El historiador, por su parte, a la vez de desmentir a

Tarradellas —«Nos conocemos desde hace muchos años»— se ocupaba de recordarle que au posición se

debe at voto de 1.300.000 electores y a la Asamblea de Parlamentarios que le ha elegido, sin que el

político exiliado tenga poder para destituirle.

Por su parte, algunos partidos políticos, como el PSOE y el PSUC. mediaban en la polémica al lado de

Benet, Múgica afirmaba: «Ni lo derecha, ni personajes predestinados solos podrán llevar jamás la

autonomía a Cataluña. El PSOE da todo su apoyo al proceso constituyente catalán que se inicia el 15 de

junio.» López Raimundo, secretario de los comunistas catalanes, reconocía, por su parte: «El señor

Tarradellas entiende por lo visto que sólo él representa a Catalunya y que puede prescindir de consultar a

los parlamentarios, incluso en cuestiones de exclusiva competencia de éstos. Se trata, por tanto, de un

acto que desconoce ei voto del 15 de junio.» La reacción de ambos políticos no son sino las pruebas más

contundentes de una situación generalizadamente conflictiva. El hombre que se esforzó en predicar la

unión entre los grupos políticos de ia nación catalana es ahora acusado de motivo disgrega-torio, y sus

palabras de otros tiempos se ponen en entredicho a la luz de los últimos acontecimientos: «Yo pienso que

lo que hay que hacer es una política unitaria. Si reivindicamos el Estatut hemos de tener una política

unitaria porque el Estatut sólo se consiguió con la unidad. A nosotros nos Interesa presentarnos unidos y

pactar así con España. ¿No reivindicamos el Estatut? Pues bien, e! problema político de Catalunya es que

consigamos unidos la derogación del decreto de! treinta y ocho. Simplemente con eso recobraríamos

nuestras Instituciones, la Generalitat y ei Estatut» (a «Cuadernos para e! Diálogo». Septiembre del 76)

La Generalitat

Los principios de la Generalitat se encuentran en las Comisiones designadas por las Cortes catalanas de la

Edad Media con el fin de recaudar los subsidios concedidos al Rey. Los historiadodes concretan la

primera Generalitat en las Cortes de 1289, correspondiendo a la segunda mitad del siglo XIV el registro

de una estructura normalizada que distribuía ios miembros de aquella con arreglo o una determinada

representación de los poderes de ta corona, militar y eclesiástico. En 1413, la Generalitat consigue una

independencia de las propias Cortes, de tal modo que tos propios diputados lo son con independencia del

Parlamento, hasta constituir una continuidad prácticamente hereditaria de los cargos, de modo que el

organismo es asimilado prácticamente por la burguesía. Las funciones de estos delegados empiezan a

enmarcarse en un contexto político superador del económico que fue su primera razón de existencia.

Ejercen ta representatividad del Monarca y vigilan de la defensa y el mantenimiento de las leyes en el

Principado. Por elfo, cuando se consuma la unificación de España con el reinado de los Reyes Católicos,

surgirá la «Observanca» para mantener la pureza de los privilegios catalanes. En las «Relaciones de

Antonio Pérez», de 1598, se registra el juramento siguiente: «Nos, que valemos tanto como vos, os

hacemos nuestro Rey y Señor, con tal que nos guardéis nuestros fueros y libertades; de lo contrario no.>

Pero será Felipe II quien amenace por primera vez seriamente los logros autonomistas catalanes. Con la

crisis de Olivares en 1640 se empieza a privar a la Generalitat de toda representatividad política, lo que la

convierte en una estructura sin operatividad alguna. Posteriormente, tras la Guerra de Sucesión, Cataluña

verá reducida aún más su autonomía. El hecho de tomar partido por el arhiduque de Austria Carlos,

motivará la reacción de Felipe V. Pese a que en un principio el Barbón confirma los privilegios catalanes,

incluido el puerto franco, tos acuerdos da Utrecht privarán a Cataluña de la ayuda Inglesa, y el Rey

francés firmará et decreto de Nueva Planta que publicado el 1716 hace decir o Vilar que por su

consecuencia «el Estado Catalán deja de existir». La superestructura del Estado borbónico Impondrá un

gobernador que «solo vez capitán general y que habrá de defender el mantenimiento de una justicia y una

política centralista dirigida desde Madrid. Son estos ios momentos en que puede decirse que el pueblo

catalán tome una auténtica conciencia de nación que encontrará arraigo en todas las ciases del Principado,

y que derivará progresivamente hacia una conciencia federalista que encontrará su punto álgido después

de Fernando VII.

En un documento enviado a la Reina María Cristina en 1888 con el respaldo de la firma de unos quientos

catalanes, puede leerse; «Nosotros, que somos señores de nuestra casa, por voluntad de Dios, de nuestros

antepasados y por voluntad propia, nos vemos obligados a acudir a Madrid para mendigarlo todo de

rodillas ante una mayoría de hombres extraños a Cataluña, Hasta el punto de que perece qué tengamos

que pedir autorización para respirar el aire de la tierra, y todo en su lengua, pues ni probar ante tribunales

que somos inocentes podemos hacer en catalán.»

En 1914 las gestiones de Prat de la Riba que constituir la Solidaritat Catalana, integrado por la Lliga,

Unió Catallnista, Centro Nacionalista Regional, carlistas, federalistas, republicanos e independientes,

conducen a! reconocimiento de la Mancomunitat de Catalunya que con Puig i Cadafalch en su cabeza

exigirá a Madrid «la autonomía integral, un gobierno regional, un Parlamento y una fiscalidad estable y

delimitada».

En el Pacto de San Sebastián de 1930, que habría de favorecer el establecimiento de la República, los

partidos reconocen unánimemente los derechos de Cataluña a la autonomía. En efecto, con anterioridad a

Madrid, Ma-ciá proclamará la República, y con ella, el 12 de abril de 1931, la Generalitat de Catalunya.

La futura constitución republicana habrá de reconocer de la nación catalana un «Estado integral

compatible con las autonomías regionales dentro de la Federación Ibérica». Maciá, por su parte, afirmará

que «Cataluña es un estado integral dentro de una confederación ibérica».

Las diferencias de planteamientos entre los Gobiernos centrales y autonómico tendrán ocasión

nuevamente de evidenciarse con la redacción de la constitución. Mientras que el pueblo catalán da por

bueno el llamado Estatut de Nuria que otorgaba sin duda una ma-ypr amplitud de competencia al

Gobierno autónomo que el aceptado en el definitivo Estatut de 1932.

El Estatut

Las Cortes Constituyentes de la República aprobarían en 1932 el Estatut de Cataluña. Tres años después

sería suspendido parcialmente, y en un año más Niceto Alcalá Zamora procedería a su restablecimiento.

Su vida estaría asegurada hasta que en abril de 1938, sin que las tropas insurgentes hayan procedido

todavía a la toma de Cataluña, Franco publicará la ley de derogación del Estatut

En el título I del referido Estatuto se reconoce, artículo 1, que «Cataluña se constituye en región

autónoma, dentro del Estado español», y que «Su órgano representativo es la Generoütat». En el artículo

2, que «el idioma ce talán es, como el castellano, lengua oficial en Cataluña... Toda disposición o

resolución oficial dictada dentro de Cataluña deberá ser publicada en los dos idiomas... Dentro del

territorio catalán, los ciudadanos, cualquiera que sea su lengua materna, tendrán derecho a elegir el

idioma oficial que prefieran en sus relaciones con los tribunales, autoridades y funcionarios de todas

clases.»

En el título II, artículo 5, se reconoce que la Generalitat ejecutará la legislación del Estado en las

siguientes materias: Comunicaciones oficiales y documentos públicos, Pesos y medidas, Régimen minero

y bases sobre montes, agricultura y ganadería, ferrocarriles, carreteras, canales, teléfonos y puertos,

sanidad, aguas, caza y pesca fluvial, régimen de Prensa, asociaciones, reuniones y espectáculos públicos,

derecho de expropiación, socialización de las riquezas naturales y servicios de aviación civil y

radiodifusión.

Por último, en el título III, artículo 14, se determina que «la Generalitat estará integrada por el

Parlamento, el presidente de la Generalitat y el Consejo Ejecutiva. Las leyes interiores de Cataluña ordena

el funcionamiento de estos organismos, de acuerdo con el Estado y la Constitución. El Parlamento, que

ejercerá las funciones legislativas, sera elegido por un término que no pase de los cinco años, por sufragio

universal, directo, iguaf y secreto... El presidente de la Generalitat asume fa representación de Cataluña.

Así también representa la región ert sus relacio nes con la República y el Estado en tas funciones cuya

ejecución directo le sean reservadas of poder centrai. El presidente de la Generalitat será elegido por el

Parlamento de Cataluña... El presiden, te y los consejeros de la Generalitat ejercerán las funciones

ejecutivas, deberán dimitir de sus cargos en caso de que el Parlamento les negase de una manera explícita

la confianza. Uno y otros son individualmente responsables ante el Tribunal de Garantías en el orden civil

y en el criminal, por las infracciones de la Constitución, del Estatuto y de las Leyes»

Problemas actuales para el restablecimiento del Estatut

Se plantea en principio un problema jurídico en tanto que deriva de la legalidad republicana de 1931, El

artículo 1 del Estatut afirma que «Catalunya se constituye en región autónoma, en el seno cTel Estado

español con arreglo o lo Constitución de la República», Es, por tanto, que en apariencia el

restablecimiento de! texto jurídico otorgado por las Cortes Españolas en 1932 implico el restablecimiento

previo de la Constitution republicana de 1932.

El profesor José Antonio González Casanova, catedrático de Teoría del Estado de la Facultad de Ciencia

Económicas de Barcelona, especialista en el tema y autor def libro «Federalisme i autonomia o

Catalunya», entiende que asimismo «aparece el problema político que el doble restablecimiento supone.

A pesar de que el texto del Estatuto afirma clarísimamente la condición regional de Cataluña a los efectos

autonómicos y su expresa inclusión en el ordenamiento jurídico del Estado español, se sigue considerando

por muchos que el Estatuto era separatista y consagraba una efectiva o potencial separación da España».

Como experto en el tema, y como lector da otros estatutos de autonomía españoles y extranjeros, recuerda

González Casanovas que las atribuciones legislativas principales de estos se refieren a «régimen local,

obras públicas, beneficencia, sanidad, derecho civil, enseñanza, política social, sindicatos, cooperativas,

orden público interior y finanzas propias». Con lo que respecta a las atribuciones ejecutivas, «las que

dimanan del poder legislativo y las que expresan la descentralización político administrativa del Estado

español en materia pena!, mercantil, procesal, obras públicas de carácter general, régimen de Prensa, de

asociación, reunión y manifestación etcétera».

Ley de Derogación del Estáfate de Cataluña

El llamado Alzamiento Nacional habría de significar la ruptura con todas las instituciones y legislación

que se apartasen de los móviles centralistas. Se ha interpretado la derogación franquista como paralela al

decreto de Nueva Planta de 1714. Lo cierto es que se sobrepasó ampliamente el espíritu represor de aquél.

González Oliveros, el primer gobernador de Cataluña nombrado por Franco, entraba en Barcelona con

esta frase: «No más hechos diferentes, sino hechos asociantes.» El político afirmó que «Lo mejor de

Barcelona no parte de 1700, sino que alcanza su cénit en aquellos linajes medievales que cultivaban el

castellano.» Su programa político to sintetiza con la siguiente idea: «Españolizar contra cuarenta años de

desespañolización creciente.»

La ley de Derogación del Estatuto presenta el siguiente texto:

«La entrada de nuestras gloriosas armas en territorio catalán plantea el problema, estrictamente

administrativo, de deducir tas consecuencias prácticas de aquella abrogación. Importa, por consiguiente,

restablecer un régimen de derecho público que, de acuerdo con el principio de unidad de la Patria,

devuelva a aquellas provincias el honor de ser gobernadas en pie de Igualdad con sus hermanas del resto

de España.» «En consecuencia, a propuesta del Ministro del interior y previa deliberación del Consejo de

Ministros, dispongo:

Articulo 1. La Administración del Estado, la provincial y la municipal, en las provincias de Lérida,

Barcelona, Tarragona t Gerona se regirán por las normas generales aplicables a las demás provincias.

Artículo 2. Sin per juicio de lo liquidación del régimen establecido por e! Estatuto de Ca taluña, se

consideran revertidos al Estado la competencia de legislación y ejecución que le corresponde en los

territorios de derecho común y los servicios que fueron cedidos a la región catalana en virtud de ta ley de

quince de septiembre de mil novecientos treinta y dos.

Burgos, 5 de abril de 1938.—Firmado: Francisco Franco.

La Generalitat en el exilio

En dos circunstancias concretas ha basado Tarrodellas el reconocimiento de los partidos de oposición

durante los últimos años: En no ser un Gobierno propiamente «transhumante» —«La razón por ia cual la

oposición democrático catalana me reconoce, se basa, en gran parte, en que jamás quise formar un

Gobierno de !a Generalitat en et exilio»— y también porque nunca se manifestaron las frecuentes crisis

de anticomunismo que tanto afectaron a las organizaciones republicanas, continuadoras, de (a legalidad

interrumpida con el alzamiento.

El Gobierno de la Generalitat entraba en la diaspora al paso por la frontera en 1939 de Lluís Companys,

segundo presidente del organismo autonomista desde la muerte de Francisco M acia. Companys es

capturado unos meses después por la Gestapo y entregado c las tropas de Franco. Sería fusilado en Mont-

juich el 15 de octubre de 1940. Cuando desde hace unos meses, determinados sectores catalanistas

reivindican la figura de Companys no faltan voces en el horizonte español que se esfuerzan en denigrar el

significado del sucesor de Maciá. Hace unos días Fuerza Nueva hacía público una nota en la que se

acusaba a una emisora barcelonesa de insultos graves a la justicia militar, «ya que se presentaba a

Companys como un asesinado por el terror franquista». Según Fuerza Nueva, en el hecho citado el

Ejército no hizo más que aplicar estrictamente la ley «al responsable de numerosos asesinatos de

patriotas, que no cometieron otro delito que su amor a Dios y a España».

Fusilado Companys, ocupa interinamente la presidencia Josep Irla, presidente del Parlamento de

Cataluña. El político formará !o que puede entenderse como un Gobierno de coalición entre 1945-1948.

Precisamente en el primero de estos años, en el mes de enero exactamente, se firmaba en Francia el pacto

llamado Solidaritat Catalana, con Esquerra Republicana a la cabeza, dirigida entonces por Josep

Tarradellas. Entre tos firmantes del pacto se encontraba la Uiga Catalana, partido de Cambó, la Unió

Democrática de Catalunya y sectores del POUM. De la Solidaritat habría de partir la iniciativa de

nombrar nuevo presidente de la Generalitat con el fin de terminar con fa etapa de interinidad abierto con

el fusilamiento de su último titular.

Los parlamentarios de Cataluña se reunirían el 7 de agosto de 1954 en Méjico para tal fin en los salones

de la Embajada del Go bierno republicano en el exilio. Las autorizaciones enviadas por escrito y

aceptadas por la presidencia de la Cámara permiten salir al poso de las futuras acusaciones de Ilegalidad

que habrían de hacerse en torno a la elección. Entre tos candidatos que al parecer se manejaron se

encontraban Pau Casals y Manuel Serra Moret. Pero la decisión fue favorable a Josep Tarradellas, quien

se había negado anteriormente en repetidas ocasiones a formar parte del Gobierno republicano pese al

Interés de osé Giral de Martínez Barrios, El honorable «e apartará progresivamente de Esquerra

Republicana de Catalunya para preconizar una política de reconciliación nacional que es llevada a tal

extremo que no tiene inconveniente en cefebrar reuniones con repre sentantes más o menos oficiosos del

Gobierno de Franco, como son tos casos de Félix Millet en 1945 v do Mateu Pla, Alcalde de Barcelona en

1939 y embalador de España en Francia hasta 1945.

El «honorable» Tarradellas

La ficha biográfica del actuat presidente de to Generalitat on el exilio podría sintetizarse así: Nació en

Cervelló, Barcelona, en 1899, Con sólo diecinueve años ocupaba un cargo de responsabilidad en le

CADC, Centro Autonomista de Dependents del Comerç i de la Indústria. En 1919 colaboró con Moció en

la or. ganización de lo Federació Democrática Nacionalista, siendo el iniciador del grupo de Joventut

Nacionalista «La Falç». Fue fundador de tos semanarios «Abrandament», «Intransigent» y «Esquerra»,

llegando a ocupar el cargo de director del diario «L´Opinió», en 1933. Desde la Constitución en 1931 de

Esquerra Republicana de Catalunya, partido de Macià y de Companys, fue su secretario general, cargo en

que se mantuvo durante veintiún años. En 1934 fue detenido y procesado por su participación en los

hechos revolucionarios del mes de octubre. Durante la guerra civil fue «conseller» de Servicios Públicos

de la Generalitat, desempeñando más tarde la cartera de Finanzas y llegándose a confiar a presidencia del

Gobierno. El famoso «Decret de Col·lectivitzacions» fue emitido con la firma de Torra-délias. Ocuparia

después las conselleries de Economía, Gobernación y Cultura, siendo también en esa época el

organizador y presidenta de las Industries de Guerra de Catalunya. Luego de unos primeros años de exilio

transhumante fija su residencia en Francia en 1944. Respecto a que la Generalitat fuera establecida en

España antes de las últimas elecciones, Tarradellas siempre se mostró escèptica. En el último mes de

marzo declaraba al respecto: «Pensé que era posible hace tres meses, cuando recibí a los primeros

emisarios de Suárez. Ahora, ya no.» Entonces el verdadero problema encontrado por el político no era

verdaderamente una cuestión de fechas. Por encima de todo entendía que «hay que impedir que

Samaranch gane las elecciones». Respecto al tema de la Monarquía su pronunciamiento era riguroso: «O

la Monarquía entiende a Catalunya o tendremos que combatir a la Monarquía.» El Rey Don Juan Carlos

estrecharía la mano del catalán en su primera visita a Madrid luego de largos años de exilio en el mes de

junio último.

Hacia el entendimiento

Tarradellas parece hoy dispuesto a admitir que la Monarquía y la Administración del Gobierno central

han entendido, en efecto, a Cataluña. Prescindiendo de fechas históricas el «honorable» se esfuerza en

asegurar al que le quiere oir que las negociaciones van «por buen camino». Desde aquella Comisión para

los Estudios del Regionalismo presidida por Fueyo, que creará la Comisión Permanente del Consejo

Nacional del Movimiento, apenas unos días después de la muerte de Franco, en un increíble esfuerzo por

seguir manteniéndose ajenos al auténtico problema, hasta ia negociación directa entre Suárez y el

presidente de la Generalitat medía todo un proceso de concienciación a escala geométrica. Aquel lenguaje

utilizado por el ex Alcalde franquista José María Porcioles, apenas muerto el general, en el Club Siglo

XXI, como ejemplo da causticidad y oscurantismo —«La fórmula que yo propongo es una amplia

concesión autónoma de tipo regional con la inserción a su vez de las regiones en el piano nacional para

estudios de tipo suprarregional»—, ha sido sustituido por un lenguaje directo y conminatorio. Sirvan de

nuevo ejemplo las palabras que el presidente de la Assemblea de Parla-mentarís» catalanas, José Andreu

Abelló pro-nuncio el 23 de agosto en el acto de apertura de la sesión celebrada por el organismo en la Seo

Vella de Lérida: «Queremos hacer llegar nuestra voz al Rey y al Gobierno para que esta sea la última

sesión que celebramos sin Generalitat.» Los viejos temores separatistas se superan marginando los

eufemismos a que el antiguo régimen nos tenía acostumbrados. Para los recelosos convendrá quizá

recordar ios resultados de la encuesta publicada en «Cambio 16» en marzo pasado, según los cuales «Sólo

el 12 de por 100 de los 1.469 entrevistados en las cuatro provincias se manifestaron en pro de lo

separación de Cataluña del resto del Estado, La mitad de los encuestados dijeron sí a la restauración de la

Generalitat. Un «sí» que significa, al margen de tópicos, uno justa reparación, así como una posibilidad

única para lograr la afirmación personal de Cataluña. «Un «sí» que sgnifica la Imposibilidad de repetir la

lúgubre metáfora del suicidio de Gabrel Ferrater, el gran coeta catatán, porque se estaba «muriendo» la

cultura catalana bajo los «penitenciarios años cincuenta». Que significa ta capacidad de enarbolar el

histórico símbolo de «El mes petit de tots», un niña que luce el estandarte con tos cuatro bandas rojas

sobre ei fondo amarillo de la senyera. Entre otras muchas cosas.

Javier FIGUERO

 

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