Autor: Romero, Vicente. 
 Cuando el exilio toca a su fin, Tarradellas habla para Pueblo. 
 Yo he evitado una guerra civil     
 
 Pueblo.    12/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 35. 

Cuando el exilio toca a su fin, Tarradesllas habla pra PUEBLO.

"Yo he evitado una Guerra Civil"

"Ni puedo ni quiero dimitir, porque sería una traición a mi pueblo"

"La madurez política de Cataluña se ha demostrado al conseguir sus libertades sin costarle ni un muerto ni

una peseta"

Tarradellas habla deprisa, y atropella las palabras encadenando temas e ideas diferentes, a veces, parece

contradictorio, pero nunca por falta de lucidez, sino por mero apresuramiento en la respuesta. Con un alto

concepto de sí mismo y de su papel histórico, evidentemente satisfecho de su gestión, viejo zorro político,

sabedor de qué ojos van a fijarse en sus declaraciones con más detenimiento que los lectores de a pie, el

presidente de la Generalidad habla fluidamente, seguro de su propia capacidad frente al periodista. Por

eso, éste ha preferido dejar sus frases casi textuales, con mínimas correcciones imprescindibles al

transcribirlas del magnetófono.

-Señor Tarradellas, se ha definido a la Generalidad que usted ha negociado con el Gobierno como una

Generalidad «descafeïnada...

—Eso es una frase muy bonita de Amparo Pineda, que es una mujer muy inteligente; pero nada tiene que

ver con la realidad, sino con la fantasía mediterránea, ya que se dijo antes de que nadie hubiera leído el

decreto.

—¿Va a ser usted presidente de la Diputación?

—Mire, ésa es otra cosa que le voy a explicar. El decreto-ley es algo formidable, y, naturalmente, Macla

jamás tuvo las atribuciones que tendré yo. Eso da idea de lo importante que es la cosa, ¿no? La gente,

como no sabe de política, confunde los problemas de fondo. Esos los encontré en Madrid, porque los

problemas de fondo se ven en Madrid, ya que allí hace tres siglos que se gobierna y se sabe lo que quiere

decir la palabra gobernar, a diferencia de los catalanes, que no lo saben porque no han gobernado.

Entonces se confunde todo.

Lo que pasa ahora, ya pasó el año treinta y uno. El problema de las diputaciones es grave, y el Gobierno

no puede de ninguna manera saltarse a la torera la Constitución actual, ni la que va a venir, haciendo un

decreto en el que se anulasen las leyes constitucionales del Estado. Había que buscar una fórmula, y ésta

yo la acepté muy gustosamente. Porqué, ¿cómo se iba a gobernar Cataluña, con qué leyes, sí no tenemos

Parlamento, si no tenemos ningún texto fundamental? El decreto-ley no le gusta a nadie: Suárez no está

contento ni yo tampoco. Pero eso quiere decir que el decreto-ley es muy bueno; es sencillamente una gran

victoria del Gobierno y del presidente Tarradellas, del presidente Suárez y de la Monarquía, porque

hemos llegado a conclusiones que permiten resolver un problema que ningún país del mundo ha resuelto

sin violencias.

—Habla usted de victoria del Gobierno, dé Süárez, de usted mismo, pero no del pueblo catalán.

—¿Cómo que no? He dicho siempre una victoria de Cataluña. Eso es el pueblo catalán, no es el pueblo

chino.

—Hubo un periódico de Madrid que, comentando el decreto-ley, tituló «Todo para Tarradellas».

—Si tuviera que hacer caso de los periódicos me volvería loco. Pero cuando

dicen «todo para Tarradellas», quieren decir «todo para la Generalidad, todo para Cataluña».

—Hay una cosa que me sorprende en usted, señor Tarradellas. Y es que yo Siempre había tenido el

concepto de que el pueblo catalán es uno de los pueblos españoles más preparados políticamente...

—Si. Lo es.

—De hecho, lo ha demostrado en las urnas. Sin embargo, usted habla de la falta de práctica política de los

catalanes como de un gran inconveniente.

—No, no. De toda España, he dicho.

—Usted me ha dicho que desde Madrid se tenía experiencia en gobernar, y que los catalanes, por el

contrario...

—Si. En Madrid, por el hecho de que hace cuatro siglos que se gobierna, se ven las cosas de manera muy

diferente que en Cataluña. El catalán cree muy fácil gobernar. Ha demostrado esa madurez política que ha

servido para conseguir que Cataluña logre libertades políticas sin que le cueste ni una peseta ni un

muerto. Y eso lo ha conseguido la unanimidad de todos. Como usted sabe, desde los comunistas, todos

me votaron. Y lo hemos conseguido sin líos, sin muertos, sin catástrofes, con ese pragmatismo que

tenemos los catalanes, que quizá nos peleamos y después siempre estamos todos de acuerdo. Mire usted,

yo estuve en Madrid a finales de junio: tuve una entrevista con el presidente Suárez, que fue la más dura

de mi vida: dos horas de discusión tremenda, porque Suárez es lo que los franceses llaman un

«bagarreur», es decir, un «peleón». Y él me dijo que yo era un tozudo. Pero le contesté: «Mire, se ha

equivocado usted y toda España si han creído que voy a discutir y me voy a enfadar con los partidos

políticos; eso no va a ocurrir...»

—¿Cuál es su opinión personal sobre Suárez?.

—Suárez es un hombre muy peligroso, porque es muy inteligente. Tiene la agudeza del castellano de

Avila. Y es un tipo muy simpático. Reúne esas tres condiciones. Y tiene también sus defectos, como todo

el mundo; como los tengo también yo. Tuvimos dos horas tremendas de conversación, porque la gente

creia que yo llegaría a Madrid, y zás, tendríamos Generalidad. Y eso era impensable. Pero con mi tozudez

y mi fe en mí pais, me parece que hemos conseguido una cosa tan importante, que no se conoce en la

historia del mundo. Otro país que haya conseguido las libertades políticas sin violencia sólo hay uno: la

separación de Suècia y Noruega, qué no tenía importancia porque son primos hermanos. Por tanto, se

puede decir que no ha habido ninguno que obtuviera las libertades y los privilegios que nosotros vamos a

tener sin violencia.

—No sé dónde he leído que es usted uno de los anticomunistes más inteli-gentes que ha dado el Estado

español...

—Entonces se da el caso de que soy un anticomunista al que los comunistas votan siempre. De mí se

cuentan muchas cosas, unas ciertas y otras no. Pero si hay un poco de

malevolencia sobre mi persona es debido a lo siguiente: la gente no comprende que un hombre que ha

estado a mil kilómetros de su país, al cabo de treinta y nueve años, continúe estando donde yo estoy.

Porque nunca he abandonado mi trinchera. Y esto parece ser que es mi triunfo. Ya sabe usted: los

españoles somos muy celosos, y más los catalanes.

-¿Va usted a dimitir como presidente de la Generalidad?

—¿Y por qué tengo que dimitir? Ni puedo ni quiero dimitir, porque seria una traición a mi pueblo. Y

cuando Cataluña me apoya unánimemente, no veo por qué tendría que dimitir.

—¿No sería lógico que lo hiciera, después del restablecimiento de la Geae-ralidad, para...?

—No. Yo dimitiré el día que el Parlamento catalán cuente con una mayoría, ante la que presentar la

dimisión; no voy a dimitir ante la mayoría del Parlamento español, que nada tiene que ver. Esto lo he

dicho siempre. Yo soy un demócrata; pero la gente confunde la autoridad con la «olla», aunque no sé si

se dice así en castellano.

—Le voy a plantear un tema espinoso.

—Eso me gusta.

—Los periódicos han dicho que hay cierta inquietud castrense sobre el. tema de las autonomías. Y

algunos órganos de extrema derecha afirman poco menos que para ir a Lérida habrá que llevar pasaporte

y. cruzar una frontera... —Bueno, eso hace cien años que lo dicen. Pero la gente sensata en España sabe

que todo eso es mentira. Lo que pasa es que hay partidos políticos españoles que aprovechan el tema de

Cataluña para atacar al Gobierno; no se atreven a atacar directamente a la Monarquia o al Gobierno y

utilizan a Cataluña.

—Lo que yo iba a preguntarle es si existen realmente motivos de inquietud para los sectores más

preocupados por la unidad de España.

—Nada de nada. Son ganas de buscar argumentos falaces. Mire yo soy un republicano, y un día después

de pensarlo muy bien me di cuenta de que debía cambiar de política e ir a Madrid a ver al Rey. para

explicarle cuáles eran mis sentimientos y mis deseos. Si esto no es un cambio total de una política que se

me critica aunque no hago, no sé qué quieren más. En cuanto a los militares, alguno puede estar mal

informado, pero estoy seguro de que entienden lo que estoy haciendo, y que nunca, me he desviado de

una línea muy recta, sin hacer un Gobierno en el exilio, sin firmar un solo documento de protesta por

considerar que Franco era una cosa y España otra; reclamando Gibraltar para España cuando todos decían

que no por antifranquismo. Franco pidió mi extradición, me vi por Marsella paseando con los gendarmes,

pero a pesar de ello, me gustaria que alguien me enseñara un solo documento firmado por mí diciendo las

cosas que ha dicho todo el mundo. No. Yo soy amigo dé los vascos, de los republicanos, de Dios y de su

madre; pero siempre he mantenido una actitud determinada, como en lo del gobierno en el exilio,

evitando cometer graves errores. ¿A qué es debida la tragedia inmensa del país vasco? Sencillamente, a

que creyeron que tenían una figura internacional, que podían hacer una política internacional, tener un

gobierno. ¿Y qué ha pasado? Que olvidaban que había una generación que no aceptaba esas cosas, y que

el gobierno en el exilio era un derrotado, sin autoridad para dirigir el país. Y de ahí salió la ETA.

Si yo hubiera hecho en gobierno en el exilio de Cataluña, hoy tendríamos otra ETA. Para mí lo

importante es que hoy, desde los republicanos a los monárquicos, los comunistas y los derechistas, todo el

mundo está con el presidente de la Generalidad. ¿Por qué? Porque yo estaba convencido de que la nueva

generación no aceptaría a los que perdimos la guerra y, por tanto, tenía-mos que darles paso, y dejar que

fueran ellos quienes hicieran la política. Y dejar que, sí querían, me consultaran o me pidieran que me

pusiera al frente de todo esto, pero jamás convertirme en presidente de gobierno sin su consentimiento. Y

con esto, he evitado «na guerra civil. Porque hoy las nuevas generaciones, que tienen que gobernar, están

en su puesto y yo no tengo ningún conflicto con nadie.

—¿Qué piensa usted de esas advertencias, como la formulada por Marcelino Camacho, de que viene un

Pinochet?

—Eso seria insultar a los militares, y no lo merecen He conocido pocos, pero los pocos militares

españoles que he conocido me han parecido seres inteligentes. Y saben que la situación de España no

tiene nada que ver con Pinochet. Existe un buen entendimiento entre la Monarquía, los militares y el

Gobierno. Y saben hasta dónde pueden llegar determinadas campañas dirigidas a crear conflictos entre el

Ejército y la nación Pero creo que no pasará nada.

 

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