Autor: Arias, Jaime. 
 Cinco horas imborrables. 
 Cantando Els segadors     
 
 Hoja del Lunes.    12/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

CINCO HORAS IMBORRABLES

Cantando «Els segadors»

BARCELONA, 11. (Crónica exclusiva para HOJA DEL LUNES por Jaime ARIAS, subdirector de LA

VANGUARDIA.)

NADIE recuerda cosa igual, porque en la historia de Cataluña no hay precedentes de una manifestación

de esta magnitud. La mayor aglomeración humana que se ha volcado jamás en las calles de Barcelona. Un

millón, un millón doscientas mil personas—¿quién puede evaluarlo exactamente?—, des-cendiendo

compacta, alegre, disciplinadamente por todo lo ancho del majestuoso paseo de Gracia para desfilar luego

cantando "Els segadors" por delante de la estatua de Rafael de Casanova durante cerca de cinco horas

seguidas. Posiblemente la quinta parte de la población de Cataluña se ha concentrado en este luminoso 11

de septiembre en el área del centro urbano de Barcelona para participar en la "Diada". Un espectáculo

único e imborrable para quienes hayan tenido ocasión de vivirlo, prólogo de la Generalitat recordada, que

se anuncia inminente. Una visión para quien, como nosotros, lo hemos contemplado desde un privilegiado

mirador, que no sabíamos si resultaba más impresionante por la grandiosidad de la marea humana, o por

el comportamiento cívico de esos centenares de miles de personas, o por la enorme proporción de la masa

juvenil que contenía y que ponía acentos enérgicos cuando coreaban los "slogans" o rompiendo en

atronadores aplausos de manera intermitente.

FAMILIAS ENTERAS

Aunque la convocatoria fuera para las cinco de la tarde, a partir del mediodía de un domingo de un sol

canicular, las vías de acceso a Barcelona registraban un inusitado tráfico con dirección al centro.

Autocares, turismos, motocicletas, "jeeps", con flamear de banderas y que iban atronando la ciudad con

intermitentes toques de bocina. Filas interminables de vehículos procedentes de todas las comarcas

catalanas se fueron situando a lo largo del paseo de San Juan, de la calle de Aragón, de la Gran Vía y

otras arterias principales, mientras una muchedumbre cada vez más densa afluía hacia el paseo de Gracia.

Podían verse familias enteras, desde el abuelo hasta niños de muy corta edad, portadores de banderas y

gallardetes, vistiendo algunos camisetas alegóricas con el escudo de Cataluña y la fecha del 11 de

soeptiembre; enormes grupos de muchachos y muchachas portadores de pancartas reivindicativas y, sobre

todo, el rojo y gualda de la "senyera", que dominaba de manera aplastante, aunque también se contaban

enseñas rojas de partidos marxistas, banderas blancas y verdes andaluzas, algunos pendones morados de

Castilla, "ikurriñas" y otras enseñas regionales, así como algunas republicanas, todo lo cual, con su

flamear en esta tarde clara y radiante, ofrecía un cromatismo alegre y brillante, cubriendo gran parte de la

ciudad.

DIPUTADOS Y SENADORES, APLAUDIDOS

La cabeza de la manifestación se había situado en la plaza que forma el ancho cruce del paseo de Gracia

con la Gran Vía de José Antonio, y, protegidos por un servicio de orden, organizado por los propios

manifestantes, se situaron en cabeza diputados y senadores, cogidos del brazo; destacaban no sólo por sus

popularizadas efigies, sino porque eran probablemente los únicos manifestantes qué acudieron con la

americana puesta. Todos ellos recibían el aplauso de la muchedumbre, mientras el servicio de orden

trataba de abrirles camino, pues cabe señalar que los destacamentos de la Policía Armada únicamente se

limitaron a cubrir las zonas del Barrio Gótico y Ramblas, ante una amenaza, de grupúsculos ácratas de

dirigirse hacia el palacio de la Generalitat.

EJEMPLO DE CIVISMO

La comitiva se puso en marcha a la hora anunciada, aunque muy lentamente, debido al enorme gentío

concentrado en aquel punto neurálgico de la ciudad. Paso a paso se dirigió por las rondas hacia la plaza de

Urquinaona, hasta llegar ante el monumento a Casanova, cuyo zócalo pronto se vio inundado de flores,

banderas y enseñas con los colores rojo y gualda. El canto de "Els segadors" pone término a la

manifestación que siguió hacia el Arco del Triunfo para disolverse y así hasta caer el día, un día

Inolvidable en la historia de esta Cataluña que ha dado un ejemplo de civismo y que el país espera sirva

de norma en las futuras andaduras para poder afrontar las enormes responsabilidades que, según advirtió

Tarrardellas en su mensaje, esperan ahora a Cataluña.

 

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