Autor: Romero, Vicente. 
 Cuando el exilio toca a su fin, Tarradellas habla para su pueblo. 
 Gobierno de amplia base nacional catalana     
 
 Pueblo.    13/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 48. 

Cuando el exilio toca a su fin, Tarradellas habla para PUEBLO

"GOBIERNO DE AMPLIA BASE NACIONAL CATALANA"

Tarradellas lo formará al mes de su llegada a Barcelona

- No de un partido determinado, ni de dos, ni de tres ; ni tendrá por qué ajustarse necesariamente al

resultado de las elecciones

- "La potencialidad económica y financiera de Cataluña no se puede arriesgar en cuestiones de cuatro

aficionados que son diputados"

—A partir de la publicación del decreto-ley sobre la Generalidad, ¿cuáles serán los siguientes pasos en la

estructuración política de Cataluña?

—Quiere que hagamos un poco de política-ficción, ¿no?

—Sí.

—Bien. Supongamos qua el Rey firma el decreto-ley. por el que yo soy nombrado presidente de la

Generalidad y me marcho a Cataluña. Entonces, lo primero que tendré que hacer es un gobierno, de

acuerdo con los partidos políticos...

—Perdón. El decreto real, ¿le reconoce como presidente, o le nombra presidente?

—Reconoce la Generalidad y me nombra como, presidente

—Así, va a pasar usted a ser presidente de la Generalidad por decreto real...

—Naturalmente. ¿Quién me va a nombrar, si no el Rey? No hay otra autoridad igual en el país.

—Entonces, no se reconoce la legitimidad...

—¿... de la otra? No. Nada que ver. La otra persiste, de modo simbólico, sentimental. Pero el Gobierno no

puede aceptarme a mi como presidente de Cataluña, que no me han nombrado, ni reconoce la República.

Eso sería un disparate. Mire usted, no me fue fácil determinar el irme a Madrid, ya que era comenzar otra

etapa de la política catalana y española Ya sabe usted que mi visita causó estupor a todo el mundo, porque

no dije nada a nadie; le aseguro que solo lo sabían mi mujer y en Madrid. Lo pensé mucho, durante años;

podíamos quedar encerrados en unas formas que estaban muy bien simbólicamente, pero que estaban

reñidas con la realidad. Y la realidad es que España tiene una Monarquía. Si combatimos a la monarquía,

tendríamos que hacer la guerra como hace la ETA, y en Cataluña no hay ETA.

—Le había interrumpido, cuando empezaba usted a hacer su política-ficción...

—Sí. Llegaré a Cataluña como presidente de la Generalidad, en tanto que ésta tendrá una personalidad

jurídica. No es que se nombre presidente y ya está, sino que se le de una sustancia; y, de acuerdo con esta

sustancia, vamos a nombrar (lo voy a nombrar yo, como presidente) un gobierno, y éste determinará la

política interior del país de acuerdo con las titulaciones en el de-creto-ley.

—Ese gobierno, ¿estará determinado en su composición por el resultado electoral?

—Posiblemente. Lo veré cuando llegue a Cataluña. La política-ficción no llega a tanto como para tener la

imaginación ahora de decir cómo pueden ser todas las cosas. Tendré que estar allí y hablar con todos los

partidos políticos, hayan ganado o no hayan ganado las elecciones; porque el país no es solamente los que

ganan, sino también los que pierden; y de éstos tengo que saber exactamente qué desean.

—Pero debe tener usted una idea previa para formar gobierno...

—Sí. Mi proyecto es hacer un gobierno de amplia base nacional catalana.

—¿Un gobierno de concentración, con representantes de distintas fuerzas?

—Sí. No será un gobierno de un partido determinado, ni de dos, ni de tres. Mi intención es que todo el

mundo, o al máximo posible, esté representado en.este gobierno. Se podrá criticar el decreto, .y se va a

criticar muchísimo, pero el hecho es que con él Cataluña puede hacer una obra muy positiva para el país,

y que puede ser un ejemplo para toda España,

—¿En qué plazo de tiempo cree usted que llegará ese gobierno?

—Un mes desde mi llegada a Cataluña. Mire, lo más importante del decreto es eso de lo que la gente no

quiere o no puede hablar: que se constituye una comisión mixta, con quince personas nombradas por el

Gobierno y quince de la Generalidad, y que presididas por quien designe el Gobierno, ten-

drán que hacer la gran obra del futuro. Y para ello tienen el plazo de un mes.

—¿Quiere decirse que Cataluña tendrá, de aquí a dos meses, un gobierno con ministros socialistas y

comunistas?

—No lo sé.

—No me engañe, señor Tarradellas.

—Es que no lo sé.

—Pero si hablamos de un gobierno de concentración.

—Sí, pero no sé si se podrá hacer o no ni cómo vamos a hacerlo. La polí-tica-ficción tiene un límite

también. Sabemos que existe Marte, pero no si hay gente allí ni cómo vive. Y esto es lo mismo.

—Entiendo que no quiera abordar usted ia cuestión en este momento, pero es

de pura lógica lo que le pregunto.

—Sí. Pero aún es más lógica mi contestación. ¿Cómo voy yo a hablar de estas cosas sin conocer el

pensamiento de todos los partidos políticos de Cataluña? Por otra parte, además de los partidos políticos,

hay otra cosa a tener presente: la potencialidad .económica de Cataluña, que es un país con varios

millones de habitantes. Y que su gran victoria no son las elecciones, sino que no se ha roto la comunidad

catalana y no catalana. Se especulaba mucho en Madrid con esto de los emigrantes: yo siempre creí que

harían lo que han hecho. Y la comunidad persiste unida, ha votado el estatuto ha votado mi retorno,

manteniéndose en una línea de siempre. Por tanto, yo tengo que tener presente este

fenómeno. Y además, la potencialidad económica, y financiera de Cataluña no se puede arriesgar en

cuestiones de cuatro aficionados que son diputados. Cataluña pesa mucho, y va a pesar más en estos

meses que vienen; la situación económica de España es grave, y Cataluña debe aportar lo más posible

para encontrar soluciones. Esto hay que tenerlo en cuenta. No se trata solamente de hacer política-ficción

ni política de calle como se hace, ni politica de asambleas con eternas discusiones.

—En fin, señor Tarradellas, a mi me parecía lógica y obligada por las urnas esa presencia de socialistas y

comunistas.

—Sí. Si es lógica, pero...

—...pero quería preguntarle también por la derecha.

—Mire, voy a decirle una cosa que, como es usted joven, tal vez no sepa: en Cataluña comunistas y

socialistas han colaborado con la Generalidad, desde el primer día. En el primer Gobierno de la Cataluña

autónoma del año treinta y uno no había comunistas porque no existían en España; pero el PSOE tenía un

consejero. Y es natural que de hoy a mañana las fuerzas obreras tengan una representación..Ahora, ¿cómo

será ésta, con qué extensión? .Eso depende del conjunto de todos.

—¿No seria una ironía histórica que el señor López Rodó terminara teniendo una cartera en el gobierno

catalán?

—¿Y por qué no? Usted sabe que cuando le eligieron diputado le mandé un telegrama, de felicitación; él

se enfadó conmigo, y dijo unas cuantas cosas —que yo respeto—, pero después se vio que lo pensó mejor

y me mandó un telegrama muy - cordial y muy cariñoso, que yo le agradezco, y cuando vaya a Cataluña

le voy a pedir consulta. Además, en Madrid, yo visité al señor Fraga Iribarne, cuando todo el mundo me

recomendaba que no lo hiciera. Y tuvimos una conversación muy interesante, muy cordial. Yo en estas

cosas no tengo manias. Mi deber es estar informado y relacionado con todo el mundo, sin tener problemas

personales con nadie.

—Yo no hablo de manías, señor Tarradellas. sino de memoria.

—¿Cómo de memoria?

—Sí; de recordar actitudes anteriores...

—Mire usted, yo estoy hablando con personas que hace dos años me habría parecido imposible. Estoy

hablando con todas las autoridades franquistas o ex franquistes de Cataluña. El alcalde de Barcelona me

vino a ver; es un hombre muy. inteligente y era necesario que yo también conociera su opinión, como la

de todas las auto-, ridades nombradas por el franquismo que están presentes en él país. Yo no puedo hacer

una elección en base a los señores que se reúnen cada dos días en una merienda en tal sitio o tal otro, y

dicen que hablan de política. Yo tengo que hablar con toda la gente representativa de Cataluña, sean de

las provincias o de Barcelona, hayan sido franquistas, no franquistas, monárquicos o republicanos,

carlistas, maoistas o lo que sea.

—El caso es que López Rodó le negaba hace unos días su legitimidad como presidente de la Generalidad,

recurriendo a la necesidad de elección del cargo cada cinco años, cosa que no se ha cumplido en su caso.

—Hay tanta gente que no está conforme con mi legitimidad... Tiene derecho a decir eso y lo que le

parezca. La gente parece que piense que durante la guerra podíamos suspenderla y hacer elecciones; parar

el frente de Aragón y decir: «general Franco, perdone usted, vamos a parar la guerra y hacer elecciones.»

—Ese gobierno, siguiendo con la política-ficción, ¿adoptará un esquema similar al del Gobierno central?

—No. Son dos problemas distintos. El Gobierno central tiene unas atribuciones que nosotros no

tendremos. Por ejemplo: la justicia, las relaciones exteriores, que dependerán del Gobierno central.

Nosotros tendremos un poder político que nace del Poder central.

—Desde él momento en que él Parlamento catalán legisle, la administración de la justicia...

—Pero legislará de acuerdo con la ley de autonomías que va a aprobar el Parlamento de Madrid dentro de

dos o tres años. Hace falta primero una Constitución, y una ley de autonomías. En ella, los diputados

catalanes tendrán un trabajo enorme

—Señor Tarradellas, a usted, ¿no le está «capitalizando» politicamente la Unión de Centro Democrático?

—Durante muchos años se ha dicho que a mí me capitalizaba el Partido Socialista. Las relaciones

políticas más cordiales las he tenido, hasta hace quince días con el partido de los señores Triginier,

Raventós, Ramos y Eduardo Martin. Y en Cataluña se decía que yo hacia, con los socialistas lo que hizo

Maciá con la Esquerrá. Ahora desde hace quince días, di-cen que no es ya el Partido Socialista, sino

Suárez. Sin embargo, yo tengo un organismo consultivo en el que está toda la extrema izquierda, desde

Amparo Pineda al señor Carreter. Ahora vamos a tener una reunión, y la lista de sesenta o setenta

nombres sorprenderá porque van de la extrema- izquierda, casi diré a la extrema derecha. Hasta está

Senillosa, ahora que me acuerdo, porque le he nombrado hace poco. Y Senillosa está en el Partido del

Trabajo, que es uno de los que más me han ayudado y me ayuda.

—Pero el hecho de presentarse en Madrid del brazo del señor Sentis, a parte de su amistad personal con él

y de la de él con Suárez, se interpretó como una forma de dejar que el Centro creciera políticamente.

—Eso se ha dicho mucho. Sin embargo, yo es-tuve en Madrid del brazo de todo el mundo: de Raventós,

de Pujol... Sentís no estuvo en ninguna de las reuniones que tuve con Suárez. Me acompañó en cierto

momento, pero los otros también me acompañaron a sus respectivos partidos políticos. Yo soy muy

ecléctico en estas cosas. Y lo que digan en ese sentido los adversarios del señor Suárez, a mí no me toca.

 

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