Un pacto entre la Corona y la Historia     
 
 Pueblo.    01/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

«UN PACTO ENTRE LA CORONA Y LA HISTORIA»

Con esté título publica «La Vanguardia» un editorial que reproducimos en parte:

«Al día siguiente del fin del régimen pasado; Cataluña volvia a pedir vigorosamente la palabra. Era inútil

intentar represar el curso de la Historia. Era preferible canalizarlo. Y esto es lo que ha hecho la

Monarquía, que había reflexionado mucho sobre sus errores, porque también su historia había sido

accidentada.

Cataluña había sido uno de estos errores. Y grande. Por ello, un Rey joven, moderno, lúcido, que no

quería heredar del pasado más que los valores auténticos y no las rutinas convertidas en norma

inexplicable, afrontó el mal calificado problema catalán con un nuevo espíritu. Habló a Cataluña en

catalán y prometió su esfuerzo para que el viejo pais recobrara sus instituciones. Rompió así con una

sórdida y estéril elementalidad histórica. Y cumplió su palabra.

Aunque después la política se entrometió y confundió, poniendo incluso en peligro el éxito de la

operación, el intento era elevado y noble: se trataba de triunfar sobre el pasado amparándose

paradojicamente en el pasado. La nueva Cataluña sería la consecuencia de un pacto entre la Corona y la

Historia, entre un Rey abierto y joven, de intenciones claras como el azul de sus ojos, y, un histórico

personaje exiliado, refugiado desde hacia treinta y ocho años en las orillas del Loira, anciano ya, pero

vigoroso e inflexible con las exigencias dé su responsabilidad, un derrotado de la guerra civil que también

había reflexionado largamente sobre el destino de los pueblos. Dos protagonistas decisivos: un Rey que

quería ser Rey de todos los españoles y un presidente de la Generalidad que quería serlo de todos los

catalanes.

Y así Cataluña ha vuelto a ser Cataluña. La aventura comienza ahora. Difícil, compleja, apasionante.

Cataluña va a ser un ejemplo para España, y ninguna frivolidad, ningún sectarismo, ninguna falta de

grandeza, serán lícitas. Preferimos que la Generalidad llegue con prudencia y con mesurado entusiasmo,

pero que sus hombres trabajen con inteligencia y energía desde ahora. Que el "seny" de Prat de la Riba y

la pasión de Maciá les aconsejen y les guíen.»

 

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