El modelo catalán     
 
 Informaciones.    26/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

INFORMACIONES EL MODELO CATALAN

DESDE el pasado lunes, Cataluña ha recuperado la Generalidad y a su presidente, representante histórico

del nacionalismo catalán, don Josep Tarradellas. Tres meses de negociación en el difícil triángulo político

—Barcelona, París, Madrid— han desembocado en el restablecimiento que será definitivo cuando se

acabe de redactar el texto constitucional, marcando legislativamente sus atribuciones y limitaciones.

Mientras tanto, el mismo problema político, el reconocimiento de las nacionalidades que integran España,

permanece estancado al norte de nuestra geografía estatal. Lo que ha encontrado una salida democrática

en el este de nuestro mapa, se transforma en un círculo vicioso pocos kilómetros más allá, al Oeste. La

razón radica, por encima de las enormes diferencias de todo tipo que caracterizan a estos dos pueblos, en

la voluntad del pacto que han manifestado los catalanes y en la intransigencia negociadora de parte de los

negociadores vascos. Es lo que explica, como ha declarado el mismo presidente de la Generalidad, que

Cataluña tenga «una partícula de poder, que cada día será más amplia. Y ustedes (los vascos) no la tienen

ni veo cómo la pueden tener».

Este duro juicio encierra la preocupación de todos los demócratas españoles por el «impasse» negociador

en torno al País Vasco. Porque para superarlo no hace falta solamente querer pactar, sino poder hacerlo.

El nacionalismo vasco aparece multidividido, desde el terrorismo de uña minifracción de E.T.A. (que el

líder catalán califica como «pactistas de la violència») hasta el P.S.O.E., pasando por «abertzales» y el

P.N.V., y sumamente debilitado a la hora de negociar. Los dos grandes vencedores del 15 de junio,

socialistas y nacionalistas moderados, no acaban de enfrentarse decididamente con su responsabilidad

electoral y vacilan claramente entre imitar la actitud dialogante de sus respectivos compañeros

ideológicos catalanes y el chantaje de grupos políticos minoritarios que exclusivizan la "ikurriña" sin

ninguna base electoral de importancia. La lucha, además, de los dos grandes entre sí, el ataque (a veces

basta físico) de los pequeños contra los grandes, más la violencia desesperada de algunos pistoleros,

reduce al máximo la capacidad de negociación de los representantes vascos. El pactismo catalán, por

encima del tradicional «seny», obedece a que todos los partidos políticos catalanes han secundado y

respaldado a sus negociadores.

El peligro de todo este caos es que no sólo puede perjudicar al País Vasco, sino a todo el proceso

democrático (que incluye el reconocimiento de las nacionalidades). Quienes son hostiles o recelosos de

esta política democrática podrían argumentar que Cataluña es sólo la excepción de lo que denominan

impropiamente como «regla del separatismo». De ahí la importancia política de que lo ocurrido en

Cataluña sea el modelo inspirador, adaptado a las peculiaridades propias del País Vasco, para dar una

salida democrática a este difícil problema de también difícil comprensión para algunas decisivas

sensibilidades.

 

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