Autor: Arroitia-Jáuregui, Marcelo. 
 Crítica de televisión. 
 La consagración de un estilo     
 
 El Alcázar.    02/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Crítica de televisión

LA CONSAGRACIÓN DE UN ESTILO

SI el sábado fue un día televisivamente anodino, salvado de cara a los telespectadores con la

manipulada retransmisión del partido de fútbol entre el Atlético de Madrid y el Mescunclú —y

hablo de manipulación exclusivamente en el terreno sonoro, ya que se utilizó un ruido

ambiental absolutamente de laboratorio, que tapaba el del público del Nou Camp y a veces

hasta la voz del locutor—, el domingo tuvimos alguna muestra memorable y consagratoria de

esa manipulación. Una muestra tan memorable que constituyó casi un monumento a tal estilo

de enfoque de las noticias, o por mejor decir, de desenfoque.

Se trata de una película destinada a conmemorar el reciente vigésimo cumpleaños de

Televisión Española. Se titula "Tengo veinte años" y fue dirigida por Agustín Navarro, sobre un

guión de Leocadio Machado y de Juan Borrego. Se supone que iba a constituir una antología

de los mejores y más populares programas televisivos de esos años de vida, por supuesto

dentro de lo que cabe, dentro de lo que conserven los archivos y dentro de lo que puede

contener una película de hora y media. Pero no fue eso, sino un ejercicio de manipulación que

abarcó todos los terrenos, pero especialmente el político, por así decir. Vamos: que al resumir

los veinte años de Televisión Española, Franco salió solamente una vez vivo, más unos

fugaces fotogramas de su entierro, y su nombre no fue mencionado, excepto cuando lo hizo

Rodríguez de Valcárcel en la ceremonia de juramento del Rey.

A mí me recordó una experiencia doble que padecí en el campo del cine, con motivo de unos

documentales soviéticos sobre la historia de la URSS. El primero, rodado en la época stalinista,

conseguía la difícil maniobra de que, en los fotogramas dedicados a la Revolución de 1917, no

apareciera ni una sola vez León Trostzky: habían cortado fotogramas, habían mutilado planos,

pero León Trostzky como si no hubiera existido. Aquello era un verdadero prodigio. Sin

embargo, años más tarde vi un documento similar, realizado después del informe Jruschov

sobre el stalinismo. El prodigio volvía a repetirse. En esta ocasión, Trostzky ya salía un par de

veces, pero, en cambio, el que casi había desaparecido era Stalin. Desde luego, en los

fotogramas del tiempo de la Revolución, había desaparecido por completo, aunque luego salía

porque no había otro remedio. Pero salía lo menos posible, ya que la historia soviética se

ofrecía como un arranque revolucionario y un final triunfalista a base de vuelos espaciales. A

poco más, la URSS no toma parte en la II Guerra Mundial.

Pues bueno, esto de "Tengo veinte años" viene a ser una cosa así, pero a lo bruto, sin trabajo

fino de recorte y montaje, sino por la vía directa de la supresión. Emocionante, ya digo.

Naturalmente, los demás capítulos se han hecho tal cual, con interpolaciones habladas, alguna

tan graciosa como la prudente de Camilo José Cela, contratado, según pudo apreciarse, para

que se comprobara el espíritu liberal que reina actualmente en RTVE, y así se le dejó que

dijera tetas y contara chascarrillos de esposas de ex-ministros de la Oprobiosa. El montaje se

hizo de mala manera y, naturalmente, faltaron a la cita algunos de los mejores programas que

ha tenido RTVE y la mayor parte de los que fueron de verdad populares. Por ejemplo, no hubo

ni muestra de las series de Armiñán, ni muestra de Perry Masón, ni muestra de "Pimpinela

Escarlata", ni muestra de actuaciones de Gilbert Bécaud, Charles Aznavour y Jacques Brel,

que fueron bastante habituales en los programas musicales. Por supuesto, no salió Serrat ni

Víctor Manuel, y aunque salió Massiel, nos escamotearon las chinchillas y su aparición, a pesar

de constituir un hito memorable en la contribución de RTVE a la comicidad.

Y es que, aunque por primera vez funcione el Ministerio de Propaganda, se ve que no saben.

Yo les recomendaría la lectura de "1984", de George Orwell, y, si les molesta lo negro, el

visionado atento de la entrevista de Soler Serrano con Alejo Carpenter en "A fondo", para que

se enteren de cómo la propaganda no es imcompatible con la inteligencia. La entrevista fue un

prodigio, en todos los sentidos: el propagandístico entre ellos. Y fue también un gozo, porque

Alejo Carpenter es un gran escritor, un gran conversador y un hombre culto.

Marcelo ARROITA-JAUREGUI

 

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