Autor: Vigil y Vázquez, Manuel. 
 Los incidentes del Camp Nou. 
 Nada ampara ciertos salvajismos     
 
 Ya.    08/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LOS INCIDENTES DEL CAMP NOU

NADA AMPARA CIERTOS SALVAJISMOS

El Málaga siento mal a Cruyff • En La Rosaleda fue expulsado por primera vez • Apreciación general:

actitud provocativa del arbitro

BARCELONA, 7. (De nuestro corresponsal, Manuel Vi-gil y Vázquez.)

El Málaga le sienta mal a Cruyff... Hace dos años, en La Rosaleda, el capitán barcelonista fue expulsado

por vez primera en un campo de fútbol español por el arbitro señor Orrantía. Lo del domingo en el Camp

Nou no hace falta recordarlo y es la noticia que prima sobre cualquiera otra hoy. "Expulsión que puede

ser decisiva", titula en grande, en primera, "El Noticiero Universal". También en grande, y en primera,

"Tele/Express" encabeza con "Monta!: una provocación." Y con tipos eún más grandes, "Catalunya

Express" afirma que "el arbitro provocó el escándalo".

Si los periódicos hablan así, ¿qué decirles de las radios, de la noche del domingo, por alguna de las cuales

se llegó a afrimar que el Barcelona se retiraría de la competición si Cruyff era suspendido y el estadio

cerrado, cosas ambas que pueden ocurrir, y para impedir las cuales parece más bien inoportuno que parte

de la hinchada blaugrana gritase contra el presidente de la Federación Nacional de Fútbol, que es catalán:

"Porta, dimite; Cataluña no te admite." Esto lo mismo puede ser una provocación más que la continuidad

de una campaña contra el señor Porta por sus actividades en el SEU hace treinta años...

Algunos árbitros, independientemente de si conocen mejor o peor el reglamento, lo que sí parecen

desconocer es que la televisión pone de manifiesto sus errores, y que un arbitraje erróneo, aun ganando el

equipo de casa, como ayer ganó el Barcelona, pese a todo, puede degenerar en un conflicto de orden

público como el de anoche al término del partido, con bastantes lesionados, un minibús de TVE quemado

y otros estropicios. La lluvia de almohadillas no presagiaba nada bueno, y el arbitro siguió erre que erre

hasta dar lugar a que el salvajismo, agazapado siempre por doquier, se desatase como aquella noche del

escocés Rangers y pusiera en peligro la misma integridad física del propio árbitro, señor Melero, amén de

las lesiones a un número de espectadores por encima de la veintena, la pedrea contra la fuerza pública, el

destrozo de las puertas y ornamentación de la entrada principal al estadio, los botes de humo, etc., todo

ello protagonizado al principio por cerca de un millar de hinchas furiosos, reducidos finalmente a unos

cincuenta, que fueron los últimos en hacer frente a la Policía hasta su dispersión final. La declaración del

malaguista Esteban, futuro barcelonista, de que, en efecto, metió el gol con la mano; la evidencia

televisiva de los penalti es pasados por alto en el área del Málaga y, finalmente, la expulsión de Cruyff,

por motivos que él niega rotundamente, reafirman las razones de la conmoción barcelonista, aunque en

absoluto amparan el salvajismo de unos supuestos aficionados que lo único que consiguen es agravar la

situación del club, ya de por sí comprometida. Cuando el partido estaba a punto de empezar se decía por

la radio que la única duda del resultado estaba en el número de goles que el Barcelona metería al Málaga.

 

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