Autor: Figueras Sánchez. 
   El escándalo Guruceta no fue nada comparado con este     
 
 Ya.    08/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

EL "ESCÁNDALO GURUCETA" NO FUE NADA COMPARADO CON ESTE

BARCELONA, 7, (De nuestro colaborador, Figueras Sánchez.)

Rotura de cristales, cargas de la Policía, once heridos y numerosos contusionados, uno de ellos

hospitalizado, y un microbús de Radiotelevisión Española incenciado. Un arbitro que tiene, que salir

escoltado por la fuerza pública después de casi dos horas y media de haber finalizado el partido. Un

presidente, el del Barcelona, indignado, y el capitán Cruyff expulsado.

Todo esto sucedió en el Barcelona-Málaga.

¿Y quién fue el culpable de todos estos desmanes? La prensa barcelonesa, al unísono, señala a un hombre,

Melero.

Efectivamente, Melero arbitró el partido, o mejor dicho, su intención era la de dirigir el partido, pero o

porque no sabe pitar o porque no le han enseñado, la verdad es que armó Troya.

El "escándalo Guruceta" no fue en comparación nada con 1os acontecimientos suscitados el último

domingo.

Todo empezó cuando Esteban, el jugador del Málaga que la próxima temporada vestirá de azulgrana,

conseguía el gol del empate con la mano.

El juez de línea, bandera en alto, así lo denuncia. El arbitro no hace caso y decreta el centro del campo.

Aquél, viendo la reacción de su jefe, baja inmediatamente el banderín y allí no ha pasado nada.

Segundo tiempo. Penalty clarísimo a Neeskens por zancadilla que el señor Melero ignora. Seguidamente,

internada de Cruyff y otra zancadilla, esta vez con empujón, y todo delante del arbitro, que no se entera.

Los ánimos están encrespados; el público chilla y el campo es una olla a fuerte presión a punto de estallar.

Se produce una jugada dudosa y Cruyff va a protestar al arbitro: este en seguida le muestra tarjeta

amarilla; pasan veinte segundos: con el holandés de espaldas, el colegiado le muestra la roja.

Un espectador salta al terreno e intenta agredir a Melero; otro espectador, al que le falta una pierna,

también lo intenta.

El arbitro explica al capitán barcelonista que le expulsa por determinada referencia a su madre: el

holandés le añade que los tacos los dice en holandés y no en español.

Total, que a falta de quince minutos para terminar el partido, el terreno de juego se siembra que

almohadillas. Llega el punto culminante: Melero decreta el final y, pelota en mano, se coloca en el centro

del campo en actitud desafiante.

Un espectador no lo puede tolerar; se lanza al terreno y le propina un soberbio puñetazo en la frente.

Entonces el arbitro refleja en su rostro el temor y se lanza a en veloz carrera hacia su vestuario.

Lo demás ya lo saben: rotura de cristales, etc. Ahora el Comité de Competición sentenciará.

 

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