Fútbol, violencia y política     
 
 Pueblo.    09/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

«FÚTBOL, VIOLENCIA Y POLÍTICA»

Bajó este título, el diario «La Vanguardia» publicó ayer el siguiente editorial:

«Ayer, en Barcelona, no se hablaba de otra cosa: los graves incidentes en el estadio del F. C Barcelona.

Un arbitraje desgraciado y la expulsión de Cruyff, ídolo de las multitudes y pieza clave del equipo

azulgrana, produjeron una alteración del orden público que, en el delicado momento político que se vive,

debería haberse evitado.

Hubo quien recordó el alboroto de 1835, cuando se quemaron los conventos después de una mala corrida

de toros, y estableció un paralelo. Entonces, como posiblemente ahora, unos pequeños grupos de

provocadores, perfectamente preparados, esperaban la ocasión y la aprovecharon. El domingo pasado

pudo ocurrir algo parecido, porque un autobús no se incendia con una cerilla o un mechero. Se necesita

una cierta técnica y unos medios determinados, algo que no posee el aficionado corriente, pues no tiene

otras armas que la inofensiva almohadi11a, cuando la pasión —nunca aconsejable— le altera

El público del Barcelona tiene fama de pacífico y de deportivo. Precisamente ahora, cuando se dijo que

las vallas que en otros países separa el público del terreno de juego iban a ser obligatorias en el nuestro, el

presidente del club, señor Montal, dijo que era una ofensa para la afición barcelonista, porque nunca había

demostrado un apasionamiento que justificara «la jaula».

Pero las circunstancias, desde entonces, han cambiado. Hoy existe una libertad y un cierto juego político

que aprovechan los creadores de desorden. Los espectáculos de masas, con su carga pasional, pueden ser

un magnifico campo dé acción contra el orden público y es necesario evitarlo, en bien de la ciudadanía y

del deporte. Para ello es preciso confiar en la responsabilidad de quienes tienen en sus manos los

detonantes de la pasión, y ser rigurosos con sus fallos.

Hasta que la política no sea un hecho habitual, el deporte. como espectáculo que arrastra multitudes,

puede producir más de una alteración. Activemos, pues, la marcha hacia la normalidad política.»

 

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