Autor: DIÓGENES. 
   Cruyff y el centralismo     
 
 Pueblo.    09/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

CRUYFF Y EL CENTRALISMO

AYER mismo nos hacíamos eco en esta página de los lamentables incidentes que acaecieron en el partido

Barcelona-Málaga, que culminaron con un espectáculo ciertamente penoso. Por desgracia, habrá que ir

tachando al deporte futbolístico hispano como «diferente» al europeo, puesto que cada día proliferan más

crónicas de sucesos que nada tienen que envidiar a aquellas comparaciones de otros países que antes se

calificaban de inalcanzables.

Sin embargo, nos mueve a insistir de nuevo en el tema una noticia insólita que ha nacido al hilo del

encuentro del Nou Camp: la increíble politización del fútbol. Según parece, muchas organizaciones

políticas han hecho causa común con el holandés señor Cruyff, y aprovechan el capítulo del balompié

para sentirse vilipendiados por un supuesto centralismo del balón, pidiendo el boicot para televisión,

periodistas, organismos y prácticamente el llamado «Estado centralista» al completo. Se supone que todo

ello partirá de la creencia de que se ha tratado mal desde esferas madrileñas al ídolo Cruyff, o se ha hecho

del arbitraje del partido —calificado por todos de fatal, excepto en la expulsión del holandés—

admiraciones sin cuento. Naturalmente que la Prensa madrileña, barcelonesa o del resto de España se

puede equivocar, al igual que el arbitro y al igual que los políticos. Pero hacer de este aislado suceso

futbolístico una campaña política parece, cuando menos, excesivo. En el fútbol se gana y se pierde, pero

este país tiene problemas más importantes que llevarse a la boca todos los días, salvo que el señor Cruyff

y demás ídolos del balón fueran capaces de resolvernos de un golpe las crisis y el pan nuestro de cada día.

Y eso lo saben muy bien todos los partidos de Cataluña que estén empeñados en sacar adelante, día a día,

los irrenunciables derechos del pueblo catalán, tradicionalmente laborioso y sensato.

Lo de Barcelona no es ejemplo único. La agenda «deportiva» de !a pasada temporada guarda aún como

homérico ejemplo aquel partido del Almería —promoción a Segunda—, donde el esférico objeto

consiguió lo que los angustiosos problemas estructurales almerienses aún no han logrado; sencillamente,

convertir el grito de protesta en unánime, constante, agresivo y espectacular, con excursión especial , a

Madrid incluida. No entramos en las razones concretas de cada caso. Probablemente las tienen quienes

protestan, y sería una ridiculez sostener desde aquí el silencio ante la arbitrariedad como norma de

conducta. Pero la injusticia futbolística es, con todos los respetos, una anécdota en un contexto, una

preocupación menor ante otras mayores. No seamos pusilánimes a la hora de la crítica. Si el esquema

futbolístico funciona mal, cosa bastante comprensible, cámbiese desde arriba y desde, abajo, con la

participación de todas las entidades futbolísticas, que no solo el Fútbol Club Barcelona o el Real Madrid

pueden autocalificarse de representantes únicos del tinglado, y que en el cambio intervengan también

todas las aficiones de todas las provincias, no solamente aquellas que más gritan.

Poner educación en el deporte es un deber elemental, y no sacar las cosas de quicio, una conclusión

evidente de principio. En el fútbol manda quien paga —aunque en realidad sea quien más suele cobrar—,

pero una entrada no da derecho a organizar el carnaval de Río. Cataluña, aquella que con sus hombres

conquistó por el Este Atenas y por el Oeste fundó a San Francisco de California, es mucho más que el

Nou Camp, afortunadamente. Que nadie empequeñezca a esa cosa seria e importante que es el hecho

catalán, reduciendo sus dimensiones a un problema balompédico.

DIOGENES

 

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