Autor: Figueras, Josep María. 
   Violación del nacionalismo catalán en las pasadas elecciones     
 
 El País.    29/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Valoración del nacionalismo catalán en pasadas elecciones

JOSEP MARÍA FIGUERAS Reina gran confusión sobre el valor del sentimiento y del credo nacional

catalán en las pasadas elecciones. Desde quienes simplifican el asunto arguyendo que el triunfo socialista

y comunista, y la relativa neutralización de la opción del Pacte Democratic por el partido suarista,

significa la derrota de la opción nacionalista catalana, hasta quienes hablan de un triunfo indiscutido del

nacionalismo, bajo el supuesto de que la izquierda es la abanderada en la cuestión de las autonomías, o de

que el destino de la izquierda está inexorablemente ligado al destino del proceso autonomista.

Ambas posiciones, por extremas, son simplificadoras de la realidad y doctrinarias en grado sumo, y, por

tanto, deben descartarse si se quiere llegar a una correcta valoración del nacionalismo catalán en las

presentes elecciones. Es importante analizar fríamente los hechos, con objetividad y con realismo y no

librarse a prematuras conclusiones partidistas. Los hechos, desnudos de toda consideración, son los

siguientes: un importante triunfo de la izquierda en Catalunya, superior al triunfo relativo obtenido en el

resto de España (un triunfo de los socialistas y también, cosa notable, de los comunistas); fracaso del

Centro Democrático de Suárez, si se comparan los resultados de este partido en Catalunya con los del

resto de España; por último, un fracaso relativo del Pacte Democratic, por lo menos en relación a la

mayoría que se le concedía anteriormente a los comicios. Quienes hablan de un fracaso de la idea

nacionalista atienden sobre todo al relativo fracaso del Pacte Democratic. E interpretan el triunfo

socialista y comunista como un triunfo de partidos «del Estado español». Quienes esto afirman parecen

desconocer palmariamente dos cosas: el carácter y la composición de los partidos catalanes socialista y

comunista (PSC-PSOE y PSUC), así como el carácter y la composición sociológica de quienes les han

dado el voto.

En primer lugar, el PSC-PSOE y el PSUC no parece que tengan únicamente como táctica la bandera

nacional española. Atendiendo a muchos de quienes constituyen sus principales cuadros y sus bases,

puede afirmarse que el nacionalismo de los pueblos que forman el Estado español, sin ser el todo y la

única finalidad de sus programas (en eso, acaso, se diferencian del Pacte Democratic) es algo

consustancial a sus ideas y sentimientos. Y a la política que piensan llevar. En segundo lugar, no debe

perderse de vista que muchos de los votantes de estos partidos de izquierdas pertenecen a las clases

medias profesionales y a la pequeña burguesía, es decir, al potencial electorado del Pacte Democratic, del

cual se han distanciado por razones socioeconómicas e ideológicas. Y que estas capas medias son, en gran

parte, nacionalistas. En tercer lugar, el voto del inmigrante debe ser valorado ampliamente en el cúmulo

de inclinaciones y segundos pensamientos que expresa. Hay un inmigrante recién llegado, otro algo

integrado, otro plenamente integrado. Seguramente pesa sobre todos ellos la fuerza carismática de Felipe

González o el prestigio del comunismo. Pero no se debe olvidar que muchos de estos emigrados son

andaluces, murcianos y extremeños que en sus respectivas regiones carecían de puestos de trabajo por

razones dimanantes de la pésima distribución social y económica de las tierras en esas regiones. Y que

han encontrado trabajo en Catalunya. Yo me atrevería a decir que no les importa demasiado el asunto

nacionalista, pero que verían con muy buenos ojos la concesión de autonomía: aceleraría la integración, si

no de ellos, sí de sus hijos, a través de las escuelas, por ejemplo. Con demasiada ligereza se supone que el

Pacte Democratic constituye el todo del nacionalismo catalán, o por lo menos la parte del león. Y bien: no

es así. O al menos conviene matizar las cosas. Los líderes del Pacte Democratic han contribuido a dar esa

imagen en la propaganda realizada (como si votarles a ellos fuese votar a Catalunya). Pero el votante no

ha tenido demasiado en cuenta esta propaganda (me atrevería a afirmar que no ha tenido demasiado en

cuenta ninguna propaganda). El votante no se ha llamado a engaño. Menos pueden o deben llamarse a

engaño los comentaristas de las elecciones. Hemos afirmado que un amplio espectro social (capas medias,

pequeña burguesía) de sentimientos nacionalistas ha votado a la izquierda. Y ha restado así votos al Pacte

Democratic. Podríamos añadir también que un amplio espectro social hubiera votado a Pujol de no haber

incluido en su lista un partido socialista (el PSC-R, de Verde Aldea). Me refiero a un buen sector de la

burguesía media y alta de ideología conservadora (pero no reaccionaria), que había aceptado a Franco

como mal menor (sin ser franquista) y que se siente plenamente catalana (sin ser declaradamente

nacionalista). Hubieran encontrado en Pujol el líder natural, de no haber girado éste hacia la izquierda,

por presiones de su propia base o por la pretensión, a mi modo de ver errónea, de crear un partido

nacionalista interclasista. Esa burguesía se ha encontrado absolutamente desorientada en estas elecciones.

Han votado unos pocos a Cañellas (a regañadientes, pues la Unió Democrática hablaba de «autogestión»),

los más a Suárez (a regañadientes, pues la operación Suárez en Catalunya fue llevada con una

falta de tacto y con una torpeza incomprensibles). Creemos que el nacionalismo catalán, con todos sus

matices --que van desde la afirmación pura y simple de la catalanidad hasta la voluntad prioritaria de

autonomis-mo— está plenamente vivo, aunque no sea el mismo que fue en el pasado. Pero es un

nacionalismo que no sobrevuela la realidad sociológica y las clases. Habrá que afirmarse entonces que el

nacionalismo es, en Catalunya, una condición necesaria, aunque no suficiente, para cualquier opción

política. Haber creído que la condición necesaria era ya suficiente ha sido el error del Pacte Democratic.

Haber desestimado el carácter necesario de la condición nacional ha sido el error de cálculo de Suárez. El

catalanismo es el marco: sin él no hay espacio de juego. Pero dentro de ese espacio caben múltiples

jugadas. El Pacte Democratic está llamado a rectificar algunos de los errores de su propuesta y aglutinar a

otros partidos de centro catalanes que den a la izquierda socialista y comunista la alternativa que

Catalunya exige y necesita. Debería constituirse en una opción de centro genuinamente catalana, fuerte y

unida, con sacrificio de personalismos. Este centro fuerte conviene a toda Catalunya, sin el cual ésta se

halla desprotegida. Son los mismos socialistas quienes, con buen criterio, tienen la convicción de que esta

creación es necesaria. Y urgente. Ya desde hoy debe fraguarse, huyendo de derrotismos, de pesimismos,

evitando lamentaciones y evitando también arroparse en la propia desgracia. Alrededor de esta idea

nacionalista hay que recoger todas las fuerzas auténticamente de centro hoy perdedoras (democristianas,

liberales, socialdemócratas, centristas) y unirlas en sacrificio de personalismos y capillitas con el fin de

fortalecer a Catalunya y a la democracia.

 

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