Don Manuel Fraga Iribarne, en Mahón. 
 Hace falta una organización política pluralista, progresiva, contrastada y flexible     
 
 Informaciones.    16/01/1973.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

VIDA POLÍTICA

DON MANUEL FRAGA IRIBARNE EN MAHON; «HACE FALTA UNA ORGANIZACIÓN

POLÍTICA PLURALISTA, PROGRESA CONTRASTADA Y FLEXIBLE»

MAHON. 16. (LOGOS.)Sobre «Cambio social y reforma política» ha pronunciado una conferencia el

profesor don Manuel Fraga Iribarne, catedrático de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la

Universidad Complutense.

Tan importante como el hecho del cambio social—dijo— son las actitudes que los hombres adoptan al

respecto. El conferenciante explicó una serie de estas actitudes típicas; la primera, la de optar por

ignorarlo o por negarlo; la segunda, consistente en reducir su importancia en pretender que los hechos

nuevos no alteran nada fundamental, y que pueden ser interpretados con arreglo a los viejos principios; la

tercera, mas militante, que afirma que el cambio es malo, que es en sí mismo decadencia Una cuarta

actitud, menos reaccionaria, intenta seleccionar, quedándose con los aspectos que se consideren más

aceptables o asimilables del cambio, rechazando los demás. Una quinta posición se sitúa en el extremo

contrario la anterior y pretende, desde un óptimo «pamglossiano». que todos los cambios son buenos, que

todo lo nuevo es para mejorar.

Una sexta actitud es la contestataria, que desea derribar todo lo establecido, como cuestión previa a

cualquier mejora. En fin, una séptima actitud, de optimismo prudente, sería la del hombre de acción

realista, que sabe que muchos cambios son necesarios que. por otea parte, no desconoce el riesgo de los

mismos, pero intenta seguirlos del modo más útil para 19 comunidad, reajustando el sistema con reformas

adecuadas.

Dejando las más ingenuas, estas siete actitudes se reducen, políticamente hablando, a cuatro: La

reaccionaria, la conservadora, la de contestación o revolución, y la de adaptación o reforma.

Desgraciadamente la misma trascendencia de los cambios actuales, hace que tiendan a predominar las dos

actitudes más negativas v peligrosas, la reaccionarla y la contestataria, en lugar de dar paso a una

dialéctica inteligente entre conservadores y reformadores. «Contra-cultura» revolucionaria v

«contrareforma» inmovilista establecen así una polarización tortísima, de la que nace el dilema hoy

prevalente de «alienación», sobre todo en las generaciones jóvenes, clima cultural de frustración, rodeada

de un vago sentimiento de contaminación de la naturaleza y de corrupción de la sociedad.

Para superar esta situación es necesario que los defensores del orden dejen de Verlo como algo estático,

rígido y frágil, y que los que desean mejorarlo dejen de pensar en términos de violencia y de nihilismo.

Hay que considerar el conflicto social y el cambio como procesos naturales, que admiten el compromiso y

la reforma.

DESARROLLO POLÍTICO

El desarrollo político, hoy como ayer, se basa en profundas bases filosóficas, religiosas y de sentido

común, a saber, que ningún hombre ni ninguna época posee la verdad perfecta, ni realiza la perfecta

justicia, por cuya razón todos estamos obligados a seguir buscando algo mejor y más de acuerdo con las

nuevas necesidades, lo que requiere una organización política de base pluralista, progresiva, contrastada,

flexible.

El cambio social nos enfrenta con realidades indudables: el pluralismo religioso y filosófico, superación

de legitimidades tradicionales, aparición de nuevas formas de convivencia en la sociedad urbana e

industrial, surgimiento de nuevos grupos con aspiración y derecho a participar en las decisiones

comunales, aspiración a una mejor distribución del producto social, incluso a escala mundial.

Hay que enfrentarse con todo ello, por medio de reformas decididas y bien meditadas. No lo resolverá el

mero crecimiento económico, ni la expansión de la instrucción pública, que sólo se convierte en

verdadera educación cuando se integra en un desarrollo general del hombre y de la sociedad, lo que exige

que sea hecha en la libertad y para saber ejercerla.

La reforma social es la única actitud realista ante el cambio. Ni se puede mantener a ultranza el sistema

establecido, ni tampoco se puede copiar sin más este o aquel modelo. En el plano político hay que buscar

dos metas, de modo progresivo y gradual: Una apertura de opciones alternativas, con mutua tolerancia

(liberalización, asociaciones) y una mayor participación, a todos, los niveles (representación, legitimación

democrática). Debe comenzarse por la apertura para que la participación se realice sobre opciones bien

meditadas, y sin el peligro dé que una rápida masificación destruya los frágiles equilibrios de todo sistema

constitucional.

Sólo es eficaz una acción reformadora, cuando se presenta a la vez con una fuerte y amplia base de

opinión, y es moderada y realista en sus objetivos. Por el contrario, los «grupúsculos» radicalizados y

maximalistas son fáciles de liquidar, con aplauso general. Hace falta crear un clima de mutua confianza,

dentro del cual la evolución sea posible, con riesgos y costos calculables y aceptables para todos.

Ello exige equipos de pensamiento, un trabajo sistemático y la creación de un ambiente de mutua buena

fe, dando salidas a todas las situaciones y a todos los problemas, dejando los particularismos, para

inspirarse en un alto propósito nacional, capaz de formular grandes empresas y previsiones constructivas.

Nada de lo cual puede lograrse sin afrontar las cosas como son. y los hombres como valen, y el mundo en

el que nos ha tocado vivir, tal cual es.

 

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