Autor: Blom, Ricardo. 
 Josep Tarradellas, presidente en el exilio. 
 Antes de un mes, la Generalitat     
 
 Arriba.    25/09/1977.  Páginas: 6. Párrafos: 99. 

Antes de un mes la Generalitat

—Sí, si. , ha sido un exilio muy largo, muy largo...

El president Tarradellas recuesta aún más su corpachón en el viejo sillón tapizado de cretona y baja los

párpados, como ensimismándose en un dilatado y doloroso recuerdo. Tras su cabeza, en las estanterías

repletas de libros, parecen cobrar especial relieve los veintitantos tomos, encuadernados en rojo,, de las

obras de Josep Pía. Tras una pausa, por cuyo silencio parece cruzar la penosa tragedia de la división

incivil de España, abre de nuevo tos ojillos pequeños, vivos, picarescos.

—¡Mire usted, ya te dije antes que no quise formar gobierno en el exilio. He sido un hombre que nunca

me he acordado de mi pasado y, se lo digo sin ninguna jactancia, era porque siempre estuve convencido

de que llegaría a suceder lo que está pasando ahora.

Ofrece de nuevo una copa de coñac «Napoleón*, excelente reserva. Su mujer, doña Antonia, apoya´

nuestro rechazo: «Estos jóvenes •de hoy ya no beben, son cosas de tu época.» Y Josep Tarradellas sonríe,

algo perplejo. Alto, algo grueso, sencillo, afable, siempre con una punta de humor, un tanto torpe en los

movimientos —«e tenta y ocho arios, treinta y nueve de extlio. ila terrible sombra dé la Gestapo detrás

durante algún tiempo—, agudo en la palabra, ágil en el razonamiento: este es el hombre que, en 1975, por

encargo de Carlos Arias, fueron a descubrir, en su remoto rincón de la Touraine, unos enviados del Go-

bierno de Madrid. ¿Quién era ese hombre. Josep Tarradellas, que se decía presidente de Ja Generalitat?

Una vida al servido de Catalunya

—Señor president, ¿cuándo, cómo y por que se inició en jas actividades políticas?

Hace un gesto de calma, divertido por Ja brusquedad gramatical de la pregunta. Es un hombre que no

Improvisa. Pondera y mide cada frase, cada palabra, antes de pronunciarla,

—Primeramente soy hombre de pueblo, no de ciudad. Cuando yo tenia quince años.... bueno, entonces no

era como ahora, los colegiós dejaban mu-cho que desear. Ingresé en un gran centra que llamaban CADCI.

AHÍ aprendí francés, aritmética» gramática... y allí había un núcleo muy fuerte nacionalista de izquierdas,

nacionalistas que no eren de la lliga, para entendemos. Gente Joven, un poco «a la page» ´de estos grupos

pequeños de hoy. siempre dispuestos a decir no cuando hace falta. Vi lo que pasaba, ingresé en esos

grupos nacionalistas y au» empezó mi cañera política, pero sin pensar nunca en ser elegido regidor ni

alcal-de mí pueblo, ni nada. Afli no «e pensaba en cargos políticos, sino en un espíritu de lucha para que

Catalun ya tuviera su autonomía.

interrumpe el teléfono, ese teléfono quo sonará constantemente durante las horas de ía entrevista, que es

el gran protagonista de estos días en Saint-Martin-le-Beau, Llaman personales políticos de Catalunya y de

Madrid, periodistas de España, de Francia y de otros países, amigos del exilia y hombres del interior.

Josep Tarradellas está para todos, para suavizar disputas, para tranquilizar impaciencias, para dar ánimos.

Doña Antonia sa retira al jardín con una bellísima periodista francesa que acaba de llegar.

—¿Por dónde Íbamos? ¡Ah, si! Aquello era una cosa muy da izquierdas. Seguíamos la linea de Maciá,

Layret, Companys, el Noi del Sucre..., de toda la gente que, en aquella época, estaba frente al catalanismo

de la Lliga. Era un movimiento de juventud, muy rebelde, y allí empecé a los dieciséis años mis

actividades políticas, pues a esa edad ful secretario de propaganda nacionalista de CADCI. En aquellos

tiempos el catalanismo en muy derechista y nuestra juventud era de izquierdas, muy a la izquierda. Era

necesario que los obreros supieran que también había gente nacionalista de izquierdas, ¿no? Siempre

seguimos por ese camino. Me parece que fue en 1919 cuando Macla creó la Federación Democrática

Nacionalista, de ia que ful fundador. Nuestra línea ere revolucionaria porque los problemas de aquellos

años veinte no tenían nada que ver con los de la República ni, añora, con f os de la Monarquia. Entonces

ios Jóvenes como yo pensábamos que España nunca podría evolucionar tanto hasta otorgar una

autonomía como la que otorgó la República. Y aflora estamos en vísperas de tener la Generalitat otra vez.

El president pronuncia siempre, a to iargo de (as horas de la entrevista. «Generalidad», con exquisita

deferencia al interlocutor no catatán.

—En aquella época —recuerda— éramos más demagógicos, más intransigentes, naturalmente. Pero

aparte de esta actualización de la línea política, el fondo del problema siempre ha sido el mismo: un

nacionalismo, un obrerismo, un derecho de los obreros a la emancipación de la dase trabajadora que, en

aquellos tiempos, claro, era muy difícil; pero ahora tiene un planteamiento ´muy diferente. Fíjese que hoy

hace precisamente cincuenta y cuatro años que se proclamó la dictadura de Primo de Rivera, porque fue

el día 13 de septiembre de 1923. Entonces todo era muy diferente que ahora, porque aquel odio, aquella

antipatía que existía hacia lo español, ahora ya no existe. No existe porque la Monarquía ha sabido

cambiar,

La República y el exilio

—¿Cómo recuerda ía etapa republicana?

—Usted sabe que yo fui en Catalunya uno de los hombres del gran partido de Esquerra, partido que

proclamó la República con Macià y Companys. He sido secretario general de Esquerra durante veinte

años. Organicé en Catalunya fas elecciones del 12 de abril y fui secretario de Macíá. Luego fui conseller

de Gobernación de Catalunya y diputado a las Constituyentes. Había que reorganizarlo todo: ¡ei trabajo

que proporcionaba ser, al mismo tiempo, conseller de Gobernación y diputado a las Constituyentes!

Ahora vamos a tener de nuevo la Generalitat, pero de una forma más sencilla, más fácil, esto es, ahora

tenemos por io menos una Idea de cómo van las cosas. Entonces, claro, nuestra juventud no sabía nada de

nada: Catalunya no ha gobernado nunca; en España es muy fácil gobernar porque hace cinco siglos que se

gobierna, pero Catalunya no. Había que definirlo todo, saber hasta dónde llegaban nuestras atribuciones

en sentido institucional en (os distintos campos... Fue muy difícil e hicimos, realmente, lo que podíamos

hacer. Ahora me parece que asta más fácil porque ei nivel cultural e intelectual no solamente en

Catalunya, sino en toda España, es más elevado que en 1931. En 1931 era muy difícil encontrar gente

dispuesta a actuar dentro del Estado; hoy esa situación se ha superado, no por el franquismo, sino por la

evolución del mundo. En consecuencia, se va por otros caminos, por otras corrientes y creó que estamos

en mejor situación que antes.

—Tras terminar la guerra civil, ¿qué actuación siguió ejerciendo en el exilio hasta su elección como tercer

presidente de la Generalitat? ¿Cómo fue elegido para esté cargo?

—Sin jactancia alguna, me parece que fui de los pocos políticos, con cargos en España, que se quedó en

Europa occidental. Otros se marcharon a Méjico, a la Argentina, a otras partes. En aquel entonces yo era

secretario general de la Esquerra, que era un gran partido, con muchos diputados, ministros, etcétera. Yo

me quedé aquí. Al salir de Catalunya dije que estaría siempre a disposición de ios exiliados, de tos

refugiados políticos en Francia, Bélgica... Además, en ese periodo hice varios viajes a Méjico, no

recuerdo si seis o siete. Por los años cincuenta y seis o cincuenta y siete hice dos viajes por toda América,

Norte, Sur y Centro. Allí hay muchas cotonías de catalanes que me invitaron. Me pasé cinco meses

seguidos viajando, recorrí todos aquellos países excepto Bolivia, que está muy alta. Puse en contacto a los

catalanes, procurando que no perdieran la fe en Catalunya y en la Generalitat. Y ellos me ayudaron muy

positivamente para que pudiera continuar este largo camino del exilio, que ahora parece que va a terminar

pronto,

-—¿En qué año ftie elegido president de ía Generalitat?

—En el ano 1954, en Méjico. AHÍ había Embajada de la República española y territorio español. Se hizo

la elección en esa Embajada. E1 Consejo Nacional de Catalunya, de acuerdo con las organizaciones del

interior, propuso a los diputados del Parlamento de Catalunya mi nombramiento. Se reunieron los que

pudieron asistir físicamente, ios que estaban vivos, y se aceptó mi nombramiento por unanimidad.

••—¿Qué actividad política tuvo la Generalitat en e! exilio hasta el fin del régimen anterior, en noviembre

de 1975?

—Muy poca, muy poca... En el momento en que el general Franco entró en la ONU, nuestra causa estaba

perdida. Pensé: esto se acabó. Por eso no hice gobierno. Catalunya no ha tañido nunca gobierno en el

exilio. Esto ahora es muy fácil decirlo, pero hace unos años era muy difícil. Entonces los españoles

exiliados creían que teníamos que formar gobierno. Había un gobierno de la República, con sus mi-

nisterios. Había un gobierno de Eus-kadi..., pero yo he realizado una política, la gente dice que un poco

dictatorial, autoritaria. Decían que Catalunya necesitaba un gobierno en el exilio; yo consideré que eso

sería un desastre, porque si había que hacer un gobierno tenían que hacerlo las gentes del interior, no

nosotros, los exiliados. Y si las gentes del interior me dicen que lo preside, entonces sí que lo acepto.

El president Tarradellas hace especial hincapié en este tema. Durante largos años fue muy controvertido

por su negativa a formar gobierno en el exilio. Ahora parece que los hechos han venido a darle la razón.

—Pienso que esto fue un éxito —prosigue— y que gracias a ello, después de tantos años de exilio, sigo

estando presente en Catalunya. Me anticipé y temí que pudiera ocurrir lo que luego ha sucedido en

Euskadi. La ETA nació de la pertinacia de ios derrotados en tener un gobierno en el exilio. Hago fuerza

en io de «derrotados». En estos años han venido a casa millares de catalanes, pero jamás he contado mi

vida si no me la han preguntado, ni he dado un consejo si no me lo han pedido. Después de la guerra, que

perdimos, la historia juzgará lo que hicimos; yo siempre he creído tener cierta autoridad, pero no para dar

consejos. Las nuevas generaciones deberían desarrollar su propia experiencia. Esta postura me causó no

pocos disgustos. Había en Catalunya gentes de buena fe que creían posibles grandes cosas dirigiéndose a

la ONU, a la UNESCO, a los organismos Internacionales. Para mí eso era perder el tiempo. El problema

estaba en el Interior. Durante estos años me he preocupado solamente del interior y ahora, la verdad,

estoy muy contento de haber actuado así, porque los resultados están a la vista.

Sobre una mesita se amontonan periódicos españoles. El president Jee diariamente dieciocho periódicos,

tanto de Catalunya como de Madrid. Señala hacia las grandes portadas que se dedican a Ja «Diada

nacional» de! domingo.

—Usted acaba de estar en Catalunya, en Barcelona —dice—. Ha visto lo que ha pasado; esa Diada

impresionante y ejemplar. Yo he estado en Ma-drjd, estamos tratando con el Gobierno, estamos en vías de

restablecer la Generalitat, un gobierno provisional. Pero si antes yo hubiera hecho gobierno en el exilio,

nada de nada. Mire el país vasco: plena guerra civil. Y ni se resuelve ni se podrá resolver nada, porque se

ha creado un clima de generaciones que en Catalunya no existe. Además, permítame que le diga que

nuestro gran acierto es que, en Catalunya, no se ha roto la comunidad de catalanes y no catalanes. El 15

de junio todo el mundo votó lo mismo, votó las candidaturas que decían: restablecer la Generalitat,

Estatut de Catalunya y retorno del president Tarradellas. Ahora, ei domingo pasado, en la Diada nacional,

no ha habido ningún incidente entre catalanes y no catalanes. Creo que esto se debe a que el catalán es

muy pragmático, pero también a que e! exilio no ha creado problemas como en el país vasco. Para las

nuevas generaciones, y yo siempre lo pensé así, nosotros somos derrotados y debemos aceptar lo que se

nos diga desde el interior. Siempre he estado presente en Catalunya, pero sin meterme en cosas en que

pensaba que no debía meterme más que si me !o pedían. Creo que ha sido un exito.

No quiso formar Gobierno en d exilio

• Catalunya no he gobernado nunca; en España es muy fácil gobernar porque hace cinco siglos que se

gobierna, pero Catalunya, no

• En 1931 era muy fácil encontrar gente dispuesta a actuar dentro del Estado; hoy esa situación se ha

superado no por el franquismo, sino por la evolución del mundo

• La Generalitat tuvo muy poca actividad política en el exilio... En el momento en que el general Franco

entró en la ONU nuestra causa esi

% Catalunya va a obtener sus libertades sin que haya costado ni una peseta ni sangre

• No soy federalista

• Estoy procurando hacer una política bastante en la línea de Maciá

• Catalunya es tolerante. La población llegada de fuera no corre ningún riesgo

—Señor president, doy fe de que, en la Diada, he visto incluso a ios jóvenes de más extrema Izquierda

con su retrato y gritando: «Tarradellas es nuestro presidente». Parece que en Catalunya, con

independencia de las predilecciones políticas, toda la gente sabe lo que quiere y cómo conseguirlo.

—Sí, sf, esto es importante. Es, además, un estimulo, un ejemplo, porque Catalunya va » obtener sus

libertades sin que haya costado ni una peseta ni sangre. Ha sido pragmatismo, negociación, entendimiento

de todos, tas cosas se han traído de cierta manera, sin violencias.

En el momento de la entrevista no se habían recibido aún fas noticias penosas de ía muerte de un {oven

en los incidentes de última hora de ´la tarde del día 11. Incidentes que, a fuer de haberlos vivido

directamente, hubieran sido mínimos, irrelevantes, sin la muerte de ese Joven.

Políticos en la memoria

Mientras el president contesta al teléfono repasamos las amplias estanterías abarrotadas de ´libros, la mesa

de trabajo inundada de papeles, el busto en bronce de doña Antonia sobre 4a repisa de la chimenea, las

viejas máquinas de escribir portátiles, el moderno tocadiscos, sobre e! que preside 4a estancia un

magnífico cuadro de Miró «dedicado a Josep Tarradellas con motivo de la Diada de 1976». Cuando le

hacemos una foto junto al cuadro, el president nos ruega que enviemos una copia a su querido amigo

Miró. Un viejo libro nos trae el recuerdo de Cambó.

—No conocí a Cambé personalmente porque yo era muy Joven, aunque le saludé una vez —nos dice—.

Creo que fue un gran promotor del catalanismo, aunque creo también que se desvió demasiado hacia la

derecha. Entonces perdió el entusiasmo de ios nacionalistas. Se puede decir que fracasó, pero ha dejado

una gran huella en Catalunya por su pragmatismo, su clarividencia..., era un hombre muy inteligente,

quizá demasiado ligado a los grandes intereses económicos de Catalunya. Pero alguien tenia que hacerlo,

¿no?

—¿Cómo describirla a Macià y Companys?

—Macià era el romántico, aunque un romántico muy positivista. £ra un hombre que tenía un gran sentido

de las cosas, tenía lo que en política se dice nariz, olfato. Un gran tribuno, un hombre que no se

equivocaba. Respecto a él me pasa una cosa... Usted sabe que yo fui el hombre de Macià desde los

diecisiete años; siempre estove a su lado con un gran respeto hacia él y hacia su obra; pero en

circunstancias de 1932 nos discutimos, yo me separé de él y nos enfadamos un poco porque me parecía

que no tenía razón en ciertas cosas. Ahora, a medida que pasan los años, la edad me dice que seguramente

tenía más razón Macla que yo. Y estoy procurando hacer una política bastante en ia línea de Maciá. Mi

respeto y admiración a Macla no tienen limites.

—¿En cuanto a Companys?

—Se puede decir que conocí a Companys durante la guerra. Le conocí antes, naturalmente, pero como

venía del campo republicano y yo del nacionalista... Companys es un gran hombre, con aciertos y errores,

como todos. Tiene detractores y gente que le elogia. Contrariamente a la opinión más usual, creo que el

gran Companys se manifestó durante la guerra. ¡Cambian tanto las personas en ta guerra...i Ahí tiene

usted el caso de Azaña,

—Señor president, cuando se recuerda aquella época parece Inevitable referirse, antes o después, al

hombre que fue la encarnación viva de la II República, ¿Cómo recuerda usted a Manuel Azaña y su

actitud respecto a la autonomia de catalunya?

—A Manuel Azaña le conocí muy bien. Además vino a refugiarse en Catalunya y tuve que ir a buscarle

cuando abandonó Madrid. Claro, Azaña, como su padre de usted recordará muy bien, era un hombre muy

asustadizo. Cuando se marchó de Madrid, me telefonearon: «Azaña se ha ido.» ¡Imagínese usted qué

pánico! Entonces yo era jefe de Gobierno de Catalunya, me fui hacia Tarragona a buscar a Azaña y fe

encontré en Castellón. Venía con todo su séquito, veinte o treinta coches, Giral, Irujo , en fin. Pero Azaña

era otra cosa antes de la guerra. Creo que el Estatut de Catalunya fue posible gracias a Azaña. los

catalanes tenemos mucho que agradecer a Azaña, que era un político fantástico, gigantesco.

La voz de Josep Tarradellas se cubre de admiración en el recuerdo, casi tanto como de veneración cada

vez que habla de Maciá.

—Mire usted, muchos nos quedamos inmóviles en el Parlamente oyendo hablar a Azaña. ¡Qué

veneración había por Azaña; sobre todo en los jóvenes! {Qué discursos, qué elocuencia, qué sentido

común, qué pragmatismo, qué espíritu liberal, qué clarividencia democrática! Luego vino la guerra y este

Azaña desapareció de mi mente, de mi corazón, y quedó un Azaña del que, en fin, más vale no hablar.

—¿A qué atribuye usted el fracaso de la II República?

—España es difícil, muy difícil, y no supimos hacerlo bien. Es muy cómodo echar la culpa al contrario.

Yo soy de pueblo, ya le he dicho antes, y cuando era pequeño, seis o siete años, un día, al salir de casa,

tropecé, me caí y me hice daño. Grite: ¡Ay, esas piedras, tai y cual! Y mi padre dijo: No, las piedras, no;

eras tú quien estaba distraído. Se me quedó grabado y creo que nosotros perdimos la República porque lo

hicimos mal. Con lo que hicieran los contrarios había que contar, pero si to hubiéramos hecho bien, nO

habríamos perdido.

—¿Qué opina del régimen que ha tenido España entre el fin de la guerra y noviembre de 1975?

—Yo no conozco muy bien esas cosas. Cuando uno está en el exilio, no conviene opinar de cosas del

interior del país. Los interlocutores son susceptibles. Y ademas corro e! riesgo de no opinar como tendría

que hacerlo; por lo tanto, usted me excusará que no opine.

—´¿Por qué se instaló usted en Saint Martín-te-Beau, tan lejos de Catalunya?

—es muy fácil, cuanoo vine aquí nv conocia el país, pero se decía que los alemanes no pasarían la Loire.

Luego nos equivocamos, porque llegaron a Perpignán, a la frontera española. Ya sabe que luego fui

detenido varias veces por la Gestapo y que estuve encarcelado en Aix-en-Provence mientras se

sustanciaba mi extradición que, por fortuna, fue denegada por el Gobierno del mariscal Petain. Entonces

me refugié en Suiza, pero fui apresado e internado en un campo de concentración, del que pude salir

gracias a las gestiones del Gobierno de Méjico.

Las negociaciones con Madrid

—¿Cómo se organizó, gestó y llevó a efecto aquel viaje sorpresa a Madrid, para entrevistarse con el Rey

y el Presidente Suárez?

—Verá, esto parece que fue una cosa muy ´fácil, que un buen día me dijeron: venga usted y ya está. No,

no— Las conversaciones empezaron en octubre de 1976. Antes, ya hubo contactos oficiosos por personas

ligadas ai Gobierno Arias. Yo soy siempre partidario de pactar, de discutir, no de violencias ni de

amenazas. En el año 1975 estuvieron en mi casa personas ligadas a Carlos Arias y hablamos. Se trataba

de conocemos, no de pactar nada. Ni yo les pedía nada, ni elfos ofrecieron nada. Lo que parecía

interesarles esa saber quién era esa persona extraña, ese señor Tarradellas, que decían que era president de

la Generalitat. Aquellas conversaciones no dieron ningún resultado, y creo que tampoco era propósito ni

de ellos ni mió. En octubre del año pasado, sí; entonces las relaciones fueron directas. Recibí, aquí en mi

casa, tres visitas de personas del Gobierno Suárez y, por tanto, cuando fui a Madrid, ef Gobierno sabia

muy bien quién era yo y lo que quería,

—Sin embargo, hubo luego una Interrupción.

—En efecto. Fue en noviembre o diciembre cuando se inventaren aquello de la «Comisión de los Nueve»,

y en catalán formó parte de esa Comisión, que yo combatí. Yo decía: nosotros tenemos que pactar con el

que gobierna, no con el que pide; porque esto último no vale la pena. Fue un grave error, porque pactar

con unos señores que no tienen nada y que quieren pactar para que tú les apoyes a ellos es una tontería,

por no decir otra cosa. Claro, aquello fracasó contó tenía que fracasar. No se ha visto nunca oue se pacte

al mismo tiempo con el Gobierno y con sus enemigos; es desleal. Cuando aquello fracasó empezaron

nuevas conversaciones que culminaron el mes de julio con mi viaje a Madrid.

—´¿Catalunya, nación o reglón? ¿Por qué,

—-¡Jé, jé! Catalunya es nación, porque ha sido ´Estado. Nosotros estuvimos confederados con Aragón

durante cuatro siglos, por lo tanto, ni hay razones para dudar de que somos nación. Bueno, nosotros no

vamos a discutir por una cuestión de nombre: nación, región..., pero consideramos que Catalunya es

nación.

—¿Como ve usted, entonces, el Estado español? ¿Como una Federación, un Estado plurinacional—?

—No, no soy federalista, porque tal como está, digamos así, la estructura mental del Estado español, no

invita a ´a Federación. Creo sinceramente, y que me perdonen te que voy a decir, pero asi lo creo y lo he

dicho siempre, que en España hay un problema de nacionalidad de Catalunya con el resto, pero ninguno

más. Ahí están las últimas elecciones. €n Catalunya, el 15 de junio, ganaron todos los partidos

autonomistas. En Euskadi perdieron. En Galicia, ni un diputado, como en Aragón, en Va´encia, en

Mallorca Pongamos tos pies en tierra. Siempre hace bonito hablar de poesía y de Federación; la poesía me

gusta como un deleite de la vida; pero Ja Federación, francamente, me parece que no es el camino para

España. Después de esto voy a decirle que soy federalista, pero de Europa si acaso.

En la recta final para el retorno

—¿Qué grandes áreas corresponderán ai Gobierno autónomo y cuáles se reservarán al Gobierno de!

Estado español?

—En eso estamos, es lo que discutimos. La Generalitat provisional tenía ya que estar resuelta, pero los

partidos catalanes, que tienen derecho a hacerlo y lo hacen con mi conformidad, han planteado el tema de

la Asamblea. Estamos de acuerdo en que et orden público, guerra y justicia dependan del Gobiemo

central,

—¿Problemas con los parlamentarios catalanes, señor president?

—No, no. Yo no tengo negociaciones con los parlamentarlos, sino con los partidos políticos. ., porque,

claro, aquí se ha inventado algo que no existe en ninguna parte: los parlamentarlos quieren hacer la

política. En todos ios países del mundo hacen la política el Jefe del Estado, el Jefe del Gobierno, e!

Gobierno y los partidos, luego, tos partidos delegan unas funciones ert los parlamentarios. Y no se puede

hacer a la inversa. La misión de los parlamentarlos es legislar, estar en el Parlamento, no ejecutar. Todo

marcha bien, pero ios catalanes, como no tenemos experiencia gubernamental, confundimos algunas

cosas. En Catalunya, en estos momentos, el poder ejecutivo lo ejerzo yo,

—En las elecciones dei 16 junio, Catalunya votó Izquierda. ¿Se traducirá esto en el Consell Executiu?

—Naturalmente. Ei Jefe del Gobierno tiene que tener en cuenta el resultado de las elecciones. La

democracia obliga a ser fiel al sufragio. Pero no habrá dificultades para que otras fuer-zas políticas se

integren el Consell.

—Señor president, ¿cuál ha sido la esencia det conflicto con el senador Benet?

Por única vez en {a entrevista, incluso en toda la tarde, ia cara de Ta-rradellas parece petrificarse: los ojos

cobran una dureza inusitada, incluso la voz se eleva de tono y se hace tajante:

—No conozco a ese señor.

Y subraya con un enérgico ademán, como para Impedir cualquier otra referencia al tema

Optimismo ante el futuro

—¿Qué papel corresponde a Catalunya ante el fenómeno integrador europeo?

—Ninguno. En eso. Catalunya no tiene que intervenir, ésta es mi opinión, Los catatanes, como el resto de

los españoles, tenemos que contribuir a que España tenga la máxima influencia y a que la integración sea

eficaz. Es un asunto del Estado. Como le he dicho antes, si queremos pactar y hemos pactado con el

Gobierno y con b Monarquía, no podemos interferir los asuntos de su competencia. Catalunya se integrará

en Europa dentro del Estado español.

—Después de la autonomía, ¿qué si-tuación tendrán en Catalunya los inmigrantes de otras zonas

españolas?

—Como los catalanes. Mire usted, la comunidad de catalanes de origen y nueras catalanes no se ha roto.

El 15 de ¡unió todos votaron Generalitat, President y Estatut. Este domingo, en la Diada nacional, los

inmigrantes estuvieron confundidos con el resto de la población. Los catalanes tenemos mu» cbos

defectos más que el resto da los espinóles, pero tenemos una cualidad: somos tolerantes. Mire, en mi casa,

mi esposa, que usted conoce, es riojana. Su segundo nombre es Gómez, porque su madre se llamaba Ru-

fina Gómez. Era da Logroño y hablaba catalán como yo. Para eI castellano, cuando llega a Catalunya, a

veces es difícil en la primera generación, pero la segunda se asimilaa del todo... ¡Je!, ¡je!, quizá

demasiado, porque los separatistas catatanes se llaman Rodríguez. González, Menéndez. Catalunya es

tolerante. La población llegada de fuera no corre ningún riesgo, ni tiene ningún temor respecta al futuro.

—Se habla de centralismo de Barcelona respecto al resto de Catalunya. ¿Qué opina de ello?

—No existe realmente, aunque es «n peligro. E* natural, Barcelona es un pulpo enorme, tres millones y

pico o cuatro millones de habitantes... En Ca-talunya hay comarcas muy pobres, que ven con temor cómo

el pulpo tes va arrebatando la mano de obra. Por eso, en nuestros acuerdos con el Gobierno de Madrid,

propuse, y se aceptó, ana participación de tas Diputaciones, que luego ha sido mal entendido y muy cri-

ticad». Creo que seria un error dirigir toda Catalunya solamente desde Barcelona. Las provincias y

comarcas deben tener facultades y actuar de acuerdo con sus necesidades.

—¿Cómo ve la situación económica de Catalunya?

—Un poco mal, como la de toda España.

Salimos al exterior de la casa, un viejo «chateau» típico de la reglón, elegante y destartalado. En las

habitaciones hay un poco de desorden, parte reflejo de las incesantes visitas, parte expectativa de marcha

hacia el próximo domicilio del presidente Tarrade-llas, que será la Casa dels Canonges, junto a la plaza

Sant Jaume, atravesando e! patio de tos Naranjos. «No sé, no sé; demasiado lujosa», duda el president.

Ahora paseamos entre las viñas; algo más de doce hectáreas de viñedos cercados por una tapia de piedra

sobre la que un cartel reza: -Vigno-bles de Monnoussou. Chateau de Mos-ny.» Se nota que a Josep

Tarradellas le va a costar, emocionalmente. dejar atrás en su vida este paisaje de v´ñe-dos que ha

disfrutado durante décadas.

—Esta es una reglón maravillosa, aunque en invierno hace mucho frió. Le llaman el jardm da Francia —y

añade, como sí reflexionara en voz afta— El optimismo depende de uno, ¿no? En Catalunya y en el resto

de España siem-ore estamos diciendo qué hará el Gobierno, qué hará el Gobernador.., Yo creo que todo

depende de lo que estemos dispuestos a hacer nosotros. SI los catalanes constituimos el Consell

provisional se producirá un entusiasmo constructivo1 que también será útil para el resto de España. Soy

optimista en este sentido.

—¿Qué cuestiones faltan para que el president esté en Barcelona?

—Creo que la próxima semana irá al Consejo de Ministros y que el decreto-ley pasará rapidamente por

las Cortes. Si todo va normalmente, y se aprueba, claro es, creo que dentro de un mes habrá Generalitat y

yo estare en Barcelona.

Suárez: una labor muy positiva

—¿Qué opinión personal le merece la labor del Presidenta Suárez al frente dd Gobierno de Madrid?

—Mire usted, yo creo que los españoles. no han llegado a darse cuenta de esa labor. A mi me queda

mucho espíritu de crítica por todos estos años pasados, pero conviene ser objetivos, para Catalunya ha

hecho una labor muy positiva, si los acuerdos se realizan será un victoria para Catalunya y para toda

Espafta. Y no hace dos años... La gente quiere milagros, la gente ha olvidado que Fran co Murió

tranquilamente en la cama las cosas, que no son faciles de resolver. Como a cualquiera se pueden hacer

críticas a Adotia Súarez, pero creo que esencialmente su labor es muy positiva, muy positiva

Monarquía o República?

—Yo be sido, soy y seré siempre republicano y consecuente con mis iideales. Pero tengo que decir que, si

España acepta la Monarquia ¿por qué tengo que hacer la guerra a la opinion? Además, el Rey me da la

sensación de que esta muy informado, muy bien informado de todos los asuntos y, sobre todo, descubrí

que tiene una magnifica cualidad, tan rara como importante en política:sabe escuchar, lo hace con

profunda atención y asimila muy rápidamente los argumentos del interlocutor. Me causo buena impresion

esa es la verdad.

Regresamos a (a puerta de la casa y 4a mujer dei president, doña Antonia Macla Gómez, se une «

nosotros pata hacer unas fotografías. Pregunto al president por su familia

—Aparte de mi mujer tengo un hijo que es ingeniero y es profesor en Lau-sartne. Nacio en Francia. pero

es es-pañol. Su madre dice que es muy sabio y supongo qoe lo es. pero en fin... Después tengo una hija,

Montserrat, que viva con nosotros y tendrá que acomañarnos ahora a Barcelona.

—i¿Cómo piensa que influirá en su vida privada «i regreso a Barcelona para asumir el ejercicio pleno de

sus responsabilidades como president?

—{Dios mio —Josep Tarradellas mira a su mujer y ambos sonríen con ligero nerviosismo—. Me hará

una gran ilusión, pero es tambien una gran incógnita. Aunque no han dejado de pasar por aqui miles de

catalanes, hace treinta y nueve años ojne no na estado en Catalunya. Cuando viajé a Madrid no conocí

naos, nada; no parecía que entraba en Caracas, Buenos Aires o cualquiera gran urbo europea. Imaginese

«hora en Barcelona, todo lo que habrá aparecido nuevo, todo lo que habrá desaparecido. ES una gran

incógnita» pero Antonieta y yo la aceptamos con mucha alegria.

Al despedirme de la familia Tarradellas, no puedo dejar de sentir una cierta «moción ente el ejemplo de

patriotismo y amor a la libertad de este catatán de setenta y ocho anos, nacido en Cervettó, y que durante

casi cuatro décadas ha sabido mantener enhiesta la legitimidad de Catalunya en este remoto rincón de

Saint-Martin-Le-Beau, a 917 kilómetros de la frontera española por la Joncquer y 558 por Hendaya. A su

edad conserva una ilu-sión juvenil. habla con emoción da Catalunya y de los catalanes, cuenta mil y una

anecdotas sin acritud, y sabe. y acepta, la dura lucha polfttca que aún le aguarda.

—Pasaré por Madrid, en el viaje de regreso a Barcelona, e fin de dar las gracias personalmente al Rey.

Espero verle en la capital.

—Allí estaré, señor president Y suerte, mucha suerte.

Ricarda BLOM

 

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