Autor: Ramírez, Pedro J.. 
 Generalitat. 
 Una difícil negociación a tres bandas     
 
 ABC.    30/09/1977.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

ABC. VIERNES, 30 DE SEPTIEMBRE DE 1977. PAG. 9

GENERALITAT

análisis

UNA DIFÍCIL NEGOCIACIÓN A TRES BANDAS

La impresionante manifestación ciudadana del pasado 11 de septiembre sirvió para demostrar, a quienes

aún tuvieran dudas, hasta qué punto la autonomía es algo sentido por el pueblo catalán. Y el cordón de

brazos enlazados, formado en primera línea por los líderes de las más diversas tendencias, era algo más

que una alentadora imagen estética. Significaba un consenso de imposible construcción en torno a

ninguno de los otros problemas políticos trascendentes que tiene planteado el país. Incluso Laureano

López Rodó —el gran ausente de aquellas horas de abigarrado catalanismo en el paseo de Gracia— ha

manifestado, en moderada discrepancia con Manuel Fraga, su respaldo al proceso de negociación que

ahora culmina con el restablecimiento de la Generalitat.

RECONOCIMIENTO POLÍTICO

A partir de hoy Cataluña disfruta dentro del Estado español de una situación de pre autonomía. Desde un

punto de vista administrativo, el contenido de los decretos aprobados por el Consejo de Ministros, encaja

perfectamente en el marco de la legalidad vigente. De hecho, la transferencia masiva de competencias a la

órbita regional era algo previsto por la propia Comisión para el Estudio del Régimen Especial de

Cataluña, constituida durante la presidencia de Carlos Arias. La gran conquista de las fuerzas catalanas

cabe situarse en el ámbito del reconocimiento político. Para algunos partidos como la Esquerra

Republicana, de Barrera, o la Untó Democrática, de Antón Cañellas, mas Importante que el contenido de

la Generalitat era su propia «restauración> como Institución que hable sido «arrebatada> tras la guerra

civil. Se trataba de una estrategia encaminada a enlazar con el pasado. Con una etapa del pasado

especialmente notable por su exuberancia nacionalista. Y el Instrumento de conexión era el anciano Josep

Tarradellas, presidente en el exilio Insospechado de Saint Martín le Beau.

VICTIMAS DE LA PROPIA TÁCTICA

No hace muchos días que Jordi Pujol reconocía, en el transcurso de un apretadísimo almuerzo, que los

líderes catalanes habían sido de alguna manera víctimas de su propia táctica. Antes de las elecciones

Tarradellas era una bandera sonora y unánimente enarbolada. Su viaje relámpago a Madrid, el día 27 de

junio, fue correctamente Interpretado como un frenazo en seco a los Intentos socialistas de protagonizar

apresuradamente la negociación con el Gobierno. A partir de entonces —y de forma muy especial coin-

cidiendo con la crisis desencadenada por la destitución del senador Benet—,- los hombres de Raventós

(P. S. C.), y Triginer (P. S. O. E.), tratarían por todos los medios de mermar las atribuciones de

Tarradellas. Con el apoyo Intermitente del P. S. U. C. y los senadores de la Entesa, los socialistas

plantearon la batalla dentro de la Permanente de la Asamblea de Parlamentarlos en un doble frente:

conseguir un Consell representativo de los resultados electorales y establecer un mecanismo de

responsabilidad del Consell ante la propia Asamblea. Como consecuencia de esta actitud, y tratando ante

todo de evitar la paralización de las negociaciones, los líderes del Pacte Democràtic, Pujol y Tries Fargas,

gestionan con éxito la conversión del diálogo Tarradellas-Sáchez Terán, en una, conversación a tres

bandas con participación de los parlamentarlos y encuentro directo con el presidente Suárez.

COMPOSICIÓN DEL CONSELL

Es este mecanismo el que ha permitido alcanzar por fin el objetivo perseguido. En ti Consell estarán

presentes, según los textos aprobados por el Gobierno, cinco representantes de los partidos:

probablemente Raventós y Trlginer o Ramos por los socialistas, López Raimundo o Antoni Gutiérrez por

los comunistas, Jordi Pujol por el. Pacte y Carlos Sentís para la U. C. D. Tarradellas podrá nombrar,

además, siete consellers con competencias técnicas —suenan nombres como los de Sureda, Fornas,

Ortínez, Cullell y Cuatrecases—, y por último cada una de las cuatro provincias estará representada por la

persona que designe el partido vencedor en cada clrcuns^ crlpclón: es decir, el Pacte en Gerona y Lérida,

la U C. D. en Tarragona y los socialistas en Barcelona, Ante esta fórmula no es de extrañar que los más

remisos hayan sido a última hora los partidos minoritarios como la Esquerra y Unió Democrática, a los

que ni siquiera se les ha llegado a ofrecer una sexta >con-sellería política tal y como se especulaba

anteayer. Aun con este condicionante, es de gran Interés la reflexión de Heribert Barrera —recogida por

el enviado especial de un diario de Barcelona—, quien comentaba que a cambio de institucionalizar la

presencia de comunistas y socialistas en el Consell, el Gobierno había pedido como contrapartida añadir a

última hora un protocolo que condiciona considerablemente el régimen Interno de la Generalitat.

Barrera se refería, entre otras cosas, a une supuesta clausula adicional y secreta según la cual la

Generalitat podría quedar disuelta en el caso de que la actuación de alguno de sus órganos choque con la

legalidad del Estado. «No firmaré a no ser que el Gobierno nos obligue», aseguraba Barrera. «Pero en el

caso de que tenga que hacerlo, lo haré por lealtad al president, y acto seguido dimitiré como secretario

general de la Esquerra Republicana de Catalunya.» Al margen de la existencia o no de la mencionada

clausula, no es la hipotética dimisión de una figura de perfiles testimoniales tan acusados como la de

Herlbert Barrera, lo que en estos momentos debe quitar el sueño a los principales artífices del

restablecimiento de la Generalitat. Son mucho más trascendentes los problemas que ya se vislumbran en

el horizonte Inmediato. La posible inestabilidad del Consell, marco de la primera experiencia

«eurocomunista> de participación en el Poder, y sometido al arbitrio de un Tarradellas siempre fiel a su

condición áe- miembro de una generación de hombres de Estado eminentemente autoritarios, tal vez sea

el más grave de todos ellos. Es ahora cuando vedaderament» comienza la aventura de la Generalitat.—

Pedro J. RAMÍREZ.

 

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