Vida política. Conferencia de Don Manuel Fraga. 
 No es posible separar el desarrollo económico del resto del desarrollo     
 
 Informaciones.    23/02/1971.  Páginas: 1. Párrafos: 18. 

VIDA POLITICA

CONFERENCIA DE DON MANUEL FRAGA NO ES POSIBLE SEPARAR EL DESARROLLO

ECONÓMICO DEL RESTO DEL DESARROLLO

MADRID, 23. (INFORMACIONES.) En el instituto de Sociología Aplicada de Madrid pronunció ayer su

anunciada conferencia sobre «.El desarrollo político» el ex ministro de Información y catedrático de la

Universidad de Madrid don Manuel Fraga Iribarne. El público asistente rebasaba ampliamente la

capacidad del salón de dicho Instituto y numerosas personas permanecieron en pasillos, dependencias

inmediatas y aun en la propia calle. Entre los asistentes figuraban los ex ministros señores Nieto Antúnez,

Castiella y Díaz-Ambrona, así como numerosas personalidades de la milicia, magistratura, periodismo y

política.

El conferenciante comenzó recordando la importancia que el concepto de desarrollo (económico, social,

político) ha tomado en el período posterior a la segunda guerra mundial, hasta convertirse en uno de los

mitos o "ideas fuerzas" de nuestro tiempo.

La explotación óptima de los recursos económicos, y humanos de un país, para crear un entorno de vida

mejor, más humana, es el tema del desarrollo. La política es hoy una estrategia del desarrollo. Ya no

hablamos de progreso como algo necesario o inevitable. Hablamos de desarrollo como algo que se puede

lograr y se puede planear, como algo que puede ser la meta de un plan de reformas o como algo que, sí no

se logra, hace inevitable la revolución.

La mayor parte de los estudios, sin embargo, se quedan en el tema parcial del desarrollo económico;

incluyen en él el desarrollo tecnológico, la reforma administrativa y acaso las nietas humanas o sociales a

perseguir. Pero una más o menos reconocida influencia del pensamiento marxista (a veces, sorprendente)

parece postular que lo esencial es la variable económica, el nivel de inversión, la productividad, etcétera.

Frente a este economismo engañoso, y en el fondo materialista, los estudiosas más profundos coinciden

en que no es posible separar el desarrollo económico del resto del desarrollo; que se trata de un proceso

complejo, que afecta e los hábitos mentales, a los valores aceptados, a las condiciones de vida, a la

estabilidad, eficacia y legitimidad del sistema político.

DEFINICIONES DEL DESARROLLO

Surge entonces el problema del desarrollo político como el tema central de la ciencia política en nuestro

tiempo. Y sin embargo, reina en torno a el la mayor equivocidad. Se habla de desarrollo político en

muchos sentidos, casi todos superficiales. Para los unos, es un prerrequisito del desarrolló económico, una

especie de reforma administrativa; para otros, es el sistema político propio de las sociedades industriales;

para el de más allá es sinónimo de modernización; pare algunos, ü funcionamiento de una sociedad

cuando llega al nivel de Estado nacional; para los juristas, es sinónimo de Estado de derecho; unos

subrayan los factores de movilización y participación de las masas; otros lo hacen sinónimo de sistema

democrático; para ciertos autores, lo esencial es la estabilidad política y la capacidad de cambio ordenado,

y aún podrían indicarse mes definiciones e interpretaciones.

En definitiva, el desarrollo político se mueve en la dirección de crear, mantener y perfeccionar un sistema

de instituciones capaces de subsistir con estabilidad, de resistir las presiones externas, de resolver los

problemas y conflictos que se vayan planteando, y de afrontar sin choques graves los cambios inevitables.

NECESIDAD DE CREAR UNA CONCIENCIA

Y aquí surgen dos interpretaciones básicas: como en la famosa cuestión del huevo y de la gallina.

¿Qué es previo, el desarrollo económico-social o el desarrollo político? Para los unos, lo urgente, previo e

indispensable es un alto nivel de renta, es decir, primero el huevo; para los otros, el desarrollo político

debe tener prioridad, primero el fuero. Ambas doctrinas tienen buenos argumentos, pero la verdad, como

suele ocurrir, está en medio: los avances deben ser paralelos y consolidarse mutuamente. Un desarrollo

económico manejado despóticamente por una élite puede ser tan monstruoso como el de la U. R. S. S.;

una reforma política precipitada puede llevar al caos, aumentando las expectativas de las masas y de

ciertos sectores (como los intelectuales) antes de tener los medios para satisfacerles. Sentado esto, ningún

desarrollo económico-social es auténtico sin la creación de una conciencia, sin la movilización de una

sociedad, sin una justicia social, sin una educación, sin una participación. Ello no puede hacerse sin

riesgos, y los hay ciertamente muy graves, en los períodos de transición, cuando se desintegran los viejos

grupos y sus lealtades, y aún no se han asentado las nuevas instituciones. Pero el intentar suprimir estos

riesgos negándolos, es aún más peligroso, como lo demuestra la historia de las grandes revoluciones.

Tres series de cambios se producen a la vez en el tránsito de los sistemas tradicionales o subdesarrollados,

a los modernos o desarrollados: c1 despegue técnico-económico, la revolución cultural y el desarrollo

política Juntos integran el complejo proceso de la modernización. El conferenciante los analizó por

separado, y con referencia a diversos ejemplos.

BASE DEMOCRÁTICA Y SOCIALIZANTE

Refiriéndose en particular al desarrollo político, lo concretó en la creación de un Estado eficaz, es decir,

bien organizado funcionalmente; justo, es decir, capaz de una adecuada redistribución y justicia social, y

legitimo, o sea, capaz de lograr una amplia movilización y participación. La Administración sola puede

poco; sólo si todos se encuentran en el bien común se pueden acometer grandes empresas. Hoy la

legitimidad ha de tener, por ello, una base democrática y socializante; lo que en las sociedades urbanas e

industriales es posible, porque en la empresa industrial (a diferencia de la agraria) se puede repartir un

producto creciente (y no fijo) y participar en una verdadera cogestión.

A estas tres notas del Estado desarrollado corresponden tres corrupciones: el Estado eficiente puede

convertirse en Estado tecnocrático; el ideal del Estado justo, degenerar en demagogia; la participación

puede autodestruirse en partitocracia y peleas estériles por el mando.

El conferenciante hizo un estudio especial del fenómeno de la corrupción en general en los períodos de

transición politica.

Se refirió a continuación a la revolución y a la reforma, como caminos diferentes para producir velocidad

y homogeneidad en el desarrollo. Subrayó que vivimos en la era revolucionaria por excelencia, por ser la

primera que ha creado instituciones revolucionarias propiamente dichas, capaces de instrumentar

sistemáticamente la revolución y mantenerla después viva y operante. Expuso las dificultades de todo

plan de reformas, en que los hombres del centro se encuentran con el egoísmo inmovilista de los

privilegiados, y la saña de los revolucionarios, que quieren todo o nada, y a menudo se alian con los

reaccionarios, a efectos tácticos.

HACEN FALTA HOMBRES DE ESTADO

El conferenciante terminó haciendo una invitación a la cooperación en profundidad de hombres y equipos

en un problema de tal importancia y actualidad: con humildad (que es lo contrario de la soberbia) y con

valor (que es lo contrario de la cobardía). Hacen falta hombres de Estado, dignos de este nombre, y

pensadores capaces de superar la utopía y de participar en la obra de la arquitectura política concreta.

Nuestra España —concluyó— atraviesa un momento en el que la clarificación de las ideas y el proceder,

en consecuencia, es particularmente importante. No podemos vivir de nostalgias ni de temores

irracionales; tenemos que asumir el pasado, pero asiendo decididamente el presente y

comprometiéndonos con el futuro. Hay que dar los pasos inevitables, y darlos en serio; el peor error seria

querer engañarnos a nosotros mismos. El vacío político lo llenarán otros, no basta con la administración y

la economía. Hay que poner al día nuestra conciencia nacional, incorporando a ella todas las ilusiones e

inquietudes de la nueva juventud, dol mundo intelectual y de una religiosidad renovada. Hay que dar paso

a las fuerzas sociales que el mismo éxito creador de la paz ha alumbrado; es inútil querer desconocer la

nueva madure» laboral, la fuerza de nuestra ampliada clase media, la existencia de importantes y

respetables familias ideológicas.

El marco institucional está ya abocetado, pero es menester completarlo, desarrollarlo y aplicarlo sin

cautelas excesivas y extemporáneas. Lo que se haga (por ejemplo, asociaciones o elecciones) ha de

hacerse en serio y de buena íe, Es necesario hacer un calendario de reformas, incorporar a ellas las

mejores cabezas y todos los grupos relevantes, poniendo lo más próximos posible al país real y al país I»»

gal. Todo ello supone un tiempo mínimo de rodaje, pera lo cual hay que empezar cuanto antes. El punto

clave es la autenticidad: la vida pública sólo admite acciones públicas y actitudes claras.

Enumeró algunas de las reformas necesarias y urgentes: Estatuto de asociaciones y reuniones, ley

electoral, Reglamentos de las Cortes y del Consejo Nacional, reforma fiscal, reforma de la empresa

(industrial y agraria), reforma concordataria y rápido impulso a la ya emprendida reforma educativa.

He aquí —concluyó el señor Praga Iribarne— un programa sugestivo para los próximos tres años.

El conferenciante fue interrumpido varias veces con aplausos durante su disertación y con una prolongada

ovación al término de la misma»

INFORMACIONES

23 de febrero de 1971

 

< Volver