Autor: Prat, Rafael. 
 Valencia: en busca de la Generalitat Perdida. 
 Con azul o sin azul     
 
 Diario 16.    08/10/1977.  Página: 15. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Con azul o sin azul

Rafael Prat (Crítico)

—Pero, bueno, ¿tú, qué eres catalanista o anticatalanista?

—La pregunta me la han formulado en varias ocasiones durante estos últimos días, en los que el tema ha

vuelto a surgir con mayor intensidad que nunca, por resistirme a opinar en torno a los colores de la

senyera (bandera) valenciana. Y es que aquí, en estas tierras mediterráneas, en donde la luz solar fuerza a

imaginaciones amplias, a falta de cuestiones con mayor seriedad, estamos ocupados y preocupados sobre

si nuestra divisa regional —o nacional, como se dice ahora, en que palabras no nos faltan para confundir

al sencillo ciudadano— debe ostentar ésta o aquélla policromía. Y todo el tinglado polémico por la simple

casualidad de que la enseña catalana coincide con las barras de la vieja corona de Aragón, a la que

perteneció el antiguo reino de Valencia. La verdad es que existe una confusión real acerca de los colores

de la bandera regional, consecuencia inequívoca de lo mal que se nos ha enseñado la propia historia. No

obstante, los hay que están muy convencidos de que la senyera es asi y no admiten la menor discusión.

¡Dichosos ellos, que no tienen dudas! El fondo de la cuestión co termina aquí. Esto lo considero lógico.

La irracionalidad del asunto empieza con la aparición de apasionamientos, de posturas radicales e

intransigentes; es decir, cuando hay quien se manifiesta en favor de unos colores determinados y amenaza

con que no permitirá la presencia de otros. Seamos, pues, capaces de manifestar nuestros deseos

autonómicos, apoyados por un comportamiento adulto. A ver si, a estas alturas, el resto de España va a

tener motivos de negativa a nuestra exigencia por culpa de una conducta pueril. Porque lo importante,

aquí y ahora, es el pueblo valenciano. Lo demás, aspectos meramente episódicos, que ya trataremos de

resolver entre nosotros; que, si tenemos buena voluntad y menos ofuscaciones, seguro que los

resolveremos. No nos preocupemos tanto por negocios anecdóticos, cuando lo esencial es Valencia y sus

gentes, nada más y nada menos. Por esa razón, en estos momentos, me niego a entrar en la discusión

doméstica sobre el sexo de nuestra bandera. Me inclino por la bandera del sentido común.

—Pero, bueno, ¿tú, qué eres, catalanista o anticatalanista?

—Soy valenciano. ¿Sirve como definición o la consideras pobre? Si vale, te diré que, para mí, es una

condición que llevo con mucho orgullo, porque quiero a Valencia y estimo que la tenemos demasiado

abandonada. Así que menos polemizar y más trabajar, que va haciendo falta. ¿O no?

 

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