Autor: Aparicio, Juan. 
   Los carteros no son catalanes     
 
 El Alcázar.    13/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

MIS CLAVES

LOS CARTEROS NO SON CATALANES

LAS nuevas profesiones remozan y enmascaran a las arcaicas profesiones viejísimas,

medíante el desarrollo de la técnica y el arte para seducir y conducir miméticamente. El añejo

oficio de la prostitución se ha desenvuelto a través de las ondas hertzianas en la moderna

actividad de la "call-girls", cuyo instrumento para preparar los menesteres eróticos es el

teléfono. Las tan celebérrimas Relaciones Públicas, o relaciones sociales, según me propuso

durante una sobremesa Don Julio Casares, el filólogo secretario perpetuo de la Real Academia

de la Lengua, se ejercían antaño por los charlatanes de las Feria, quienes eran, también,

promotores de "marketing", y en las fuentes de los pueblos, donde, al lado de los cántaros, se

chismorreaba de lo lindo y, sin base matemática, se proferían profecías sociométricas.

Toda la Mitología clásica y la civilización oriental e indoamericana están repletas de echadizos

y de mensajeros, de recados y de raudos avisos personales, cuyo conjunto hubo de

constituirse y administrarse en los posteriores Correos del Estado, aunque ahora se haya

hecho trasvase de estas comunicaciones de va y ven a la iniciativa privada, y aunque los

naturales de Cataluña rehusen la muy noble función del reparto de las cartas.

¡Cuánta distancia hay, moral y profesional-mente, entre el heleno soldado de Salamina,

fulminado por el infarto patriótico y la mandanga postal, indolente y lentísima de alguno de

nuestros carteros!. Después de traer la lacónica misiva con el parte guerrero victorioso, el

estenuado mensajero castrense expiró en una postuma oferta a los Dioses mercuriales tan

alígeros y a las diosas, que, entre sus graciosas artimañas, disponían o-utilizaban sus pies

ligeros. El auge mercantil e industrial del Reino Unido de la Gran Bretaña le sobrevino como

corolario del expedito y eficaz Servicio de Correos, donde apenas pudo nacer y expansionarse

el coleccionismo de la filatelia. El "boom" norteamericano se debió a la celeridad de sus

postiflones a caballo, ios "cow-boys" con sus carteras a la bandolera, antes de que la

prosperidad de su Red Ferroviaria incrementase las velocidada-des del trasiego de la

correspondiencia. Volviendo a Europa, Alemania y Austria, presumían de sus casi

autonomáticas y rapidísimas oficinas postales, ornadas con las dos ideográficas trompetillas

debajo de la Corona, a la que también sirvió en ese empleo la familia del poeta y víctima

cortesana Thasis de Villamediana, aquel cuyos amores eran reales, caro franqueo para el más

allá. Hasta la destartalada Italia dispuso de su ejemplar María Portalettere en las Historias de

San Michele,del homosexual Axel Munthe, en la isla de Capri y de Anacapri, con la subida y

bajada de la cartera caprina, y no capresa, por lo triscadora y diligente. Madrid se hacía

lenguas de sus faetones y de la infalibilidad de sus funcionarios de Correos, por quienes

cualquier epístola dirigida sin señas, sino jeroglíficamente, o con una pluma confusa, era

entregada sin tardanza a su destinatario. Presentaba una excepción más cómica que bélica el

cantable de la zarzuela "Gigantes y Cabezudos", donde la tipie^ gemía porque la carta de

Ultramar en guerra había tardado en llegar cerca de doce meses, aunque ese soldado

desatendido por la Posta de entonces viviera y la quisiese. Fue en Suiza, donde en la Expo

Nacional, cerca de Lausanne, de 1964, vi la proyección de una película elogiosa de sus

incomparables Servicios Postales y donde la azafata del stand de P.T.T. me confesó que había

aprendido su correcto español en Madrid; pero en esta misma Suiza fue donde se ofreció la

primera crisis de este mecanismo tan engrasado y apunto que en cada hora del día ofrecía en

la Confederación Helvética la sorpresa de un incansable trajín, llevando y trayendo en sus

carretones animales vivos, y caseros y selváticos, franqueados, cochecitos de niños y

montones de objetos utilitarios y agobiadores. También se quejan los ingleses de que aquel

organismo de intercomunicación social ya no es tan modélico, así como que las huelgas casi

interrumpen la sociabilidad francesa y en Italia se produce tal caótico atasco, que han de

incinerarse a menudo las sacas repletas. La civilización de las interconexiones veloces entre

ios individuos y las naciones ha perdido el ritmo de la prontitud de sus valijas, que se hace

ostensible en países de raíz analfabeta, donde el teléfono frecuentemente sustituyó a la péñola

envejecida y garrapatosa y ni siquiera el ardid del sello de urgencia vale la pena de gastarse.

Un español apellidado Martínez y Martínez, que lleva un cuarto de siglo clasificando

cotidianamente los centenares de miles de misivas que arriban a Barcelona, ha dirigido una

carta al director de "La Vanguardia", poniendo en claro que cerca del noventa por ciento de los

carteros barceloneses no son nacidos en Cataluña y que es un martirio condenarles el

desciframiento de las señas pergeñadas en un enfático y rimbombante catalán. El honorable

Presidente de la Generalitat deberá resolver este asunto, obligando a que los ciudadanos de su

feudo abandonen los cargos lucrativos y se apresten a sustituir a los españoles, pacientes e

impacientes, de una más ínfima clase e hidalguía.

Juan APARICIO

 

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