Autor: Javierre, José María. 
 La entrevista del Sábado. Jordi Pujol. 
 Cambó que mira a la izquierda     
 
 Ya.    15/10/1977.  Página: 17. Páginas: 1. Párrafos: 45. 

I5-X-77

NACIONAL

Pag. 17 - YA

LA ENTREVISTA DEL SÁBADO :JORDI PUJOL

CAMBO QUE MIRA A LA IZQUIERDA

"Los catalanes, frente a la agresión, hemos adoptado la táctica del erizo"

"Desde Cataluña tenemos que ofrecer nuestra visión de España y hacer un ofrecimiento de colaboración

política"

"La Generalitat ha de convertirse en el gran medio para potenciar la Cataluña de 1980"

"A los catalanes nos falla una comunicación profunda con el resto de España"

—Yo soy un ejemplo típico, querido Jordi, del español que ha heredado motivos de rencor contra

Cataluña. Nací en Aragón, ya sabes. De niño miré a los catalanes igual que e] pariente pobre contempla

de lejos la prosperidad del tío rico. Luego me mandaron de cura párroco a un pueblecito del Somontamo,

en las faldas del Pirineo, y vi a mis feligreses emigrar poco a poco hacia barrios de Sabadell. Ahora llevo

quince años integrado en Andalucía. El veinte por ciento da la población andaluza, una quinta parte del

total de andaluces, ha buscado asiento en Cataluña. Del Sur mísero han marchado a la región próspera.

Me pregunto por qué no agradecemos que Cataluña acoja nuestra gente y le dé trabajo, casa, pan. Yo sí lo

agradezco. Pero al pueblo llano normalmente le nace un odio sombrío Quisiera saber si los catalanes

conocéis la oscura hostilidad de los otros españoles.

Jordi. Qué tipo. Construido con excelente metal europeo´, en las dosis precisas. Cuarenta y siete años.

Nacido en la clase media catalana, mezcla de administrativos bancarios y agricultores, el barro perfecto

para amasar un catalán perfecto. Oiga, qué tipo, fino, culto, cortés, dicen que duro frente a los ad-

versarios, ágil, agradable, hábil, negociador nato, bien casado con mujer inteligente, bien amarrado a los

cariños familiares, con hijos que le adoran, y de instinto político dosis masivas, oiga. La muletilla es suya,

oiga, como un subrayado campechano a la frase decisiva. Estatura media, esqueleto sólido, trajes

discretos de color discreto, ojos incansables; la calvicie, avanza, por el pasillo central de su cabeza, una

testa noble, aristocrática, y guedejas largas le rizan las patillas y el pescuezo, dándole un aire frivolo de

joven león británico. Altanero nada,, oiga. De la cárcel, ni habla. Le metieron dentro por su amor a

Cataluña. Estudiante de Medicina, los años cincuenta repartía octavillas a los marines de la Sexta Flota en

el puerto de Barcelona: "Señores americanos, ustedes son los defensores de la democracia. Estos señores

de aquí no lo son. Vayan con cuidado. No se dejen engañar." Incorporado a los grupos cristianos de

vanguardia, vivió Huelgas y pintadas, un cisco fabuloso en Montserrat aprovechando la visita del

cardenal Tísserant, y la "campaña Galinsoga", el periodista enfrentado a un sacerdote que predicaba en

catalán. Hasta que un día, Franco en Barcelona, Pujol y los suyos atronaron los oídos de cuatro ministros

en el Palau de la Musica con el "Cant de la Senyera". Jurisdicción militar, juicio sumarísimo, siete años y

un día. A cantar lo que quieras en la cárcel de Zaragoza. No le fue mal, oiga. Dos años de reflexión y

estudio; le perdonaron cuatro, y le confinaron durante uno en Gerona: con permiso "para visitar Barcelona

tres veces al mes, cumplimentando en comisaría cada mañana y cada tarde"

Los problemas de Cataluña reflejan lo que quiere España

—Jordi...

—A los catalanes nos falla una comunicación profunda con el resto de España. Para sobrevivir nos hemos

encerrado en nuestras realidades.

—¿Orgullosos?

—No. Frente a la agresión hemos adoptado la táctica del erizo.

—¿Distantes de los demás españoles?

—Ni unos ni otros hemos logrado explicar nuestra realidad. Los catalanes no debemos hablar sólo de

Catalunya. Tenemos que ofrecer nuestra visión de España y hacer un ofrecimiento de colaboración

política. No será la primera vez que lo intentemos, ni, si fracasamos, la primera vez que fracasemos. Los

problemas de Catalunya reflejan lo que ocurra en España.

Cambó, un Cambó joven que mira hacia la izquierda según los tiempos mandan. Jordi Pujol jura que

Macià es su ídolo. Alguna noche en la cárcel Jordi soñaría aventuras semejantes a la intentona de Prats de

Molló, cuando en el invierno de 1926 Macià proyectó invadir Cataluña con 150 guerrilleros y liberarla de

la dictadura de Primo de Rivera. Pero a este Pujol metódico y realista no le van pasiones "arriscadas"

como las que llenaron de fuego la mente calenturienta del "Avi". Le cuadra Cambó, sólo que mirando a la

izquierda. No es pedir peras al olmo, habida cuenta de los posos de templanza política sedimentados en la

burguesía catalana: Maurici Serrahima en diálogo con Julián Marías le advirtió que en Cataluña "ni las

derechas son tan derechistas ni las izquierdas tan izquierdistas", oiga. Pujol pide lo que Cambó pedía en el

Congreso el 8 de junio de 1916, que España se embarque airosamente en un ideal colectivo: "El día que

existiera ese ideal, ¡con qué facilidad se resolvería el pleito catalán!" Jordi Pujol predicó en Sevilla que

las tres condiciones para asegurarle a España un futuro hermoso y pacífico son democracia, autonomía y

desarrollo. Entonces Castilla dejará de ser "la Muerta" que vio Maragall. Qué triste definición para

Castilla en sus años tristes: "La Muerta". Las regiones pobres temen que al tragar las bases democráticas

de la autonomía, una distribución insolidaria de recursos hunda para siempre jamás a las regiones

subdesarrolladas en el pomo negro de la miseria.

—Y ahora les da miedo ver una Cataluña optimista y contenta, mientras al resto del país le tiembla el

alma con la caída vertical de la economía.

—Cuidado, los catalanes experimentamos la ilusión de la Generalitat. Es un motivo de optimismo. Pero el

ramalazo de la crisis nos azota como a todos. Sabes que la empresa media y pequeña constituye el tesoro

real de Cataluña, porque ha canalizado las dotes de nuestra gente para obtener «na base sólida,

independiente. Y ahora también nuestras empresas medias y pequeñas están tambaleantes. El sector textil

está seriamente amenazado: Cataluña corre el peligro de embriagarse con el restablecimiento de la

Generalitat, pensando que soluciona de golpe todos los conflictos.

—Pero Cataluña podría colaborar al despegue de las regiones subdesarrolladas de España. Tú me has

oído repetir que Cataluña equivocaria el camino st piensa que puede gozar la prosperidad anhelada

desentendiéndose de la situación de las otras reglones. Cortar los lazos es una insensatez.

—¿Cuál sería vuestra ayuda?

—En terreno político, con tal que mantengamos ei pulso frío, podríamos ofrecer a las demás reglones un

mouelo válido de autonomía. Sin agresividad, sin conflictos. Mostrando la eficacia de una clase media: la

célebre burguesía catalana, que constituye nuestro tesoro verdadero.

—¿Y en terreno económico?

—Contribuyendo á poner en pie un proyecto de desarrollo conjunto para toda España. Tenemos que

aceptar la realidad completa y ponernos a pensar entre todos qué hacemos con el país.

—¿Te gustaría participar personalmetite? ¿Incluso como ministro?

—No tengo la menor apetencia en tal sentido.

—¿Pero aceptarías una cartera? ¿De qué?

—Si llegara e¡ momento, de lo que me tocara.

—¿Y si pudieras escoger?

—Bueno, qué tenaz. Di acaso que podría ocuparme cabalmente del desarrollo regional.

Julián Marías, glosando pensamientos de Ortega, llama a las regiones "sociedades inserti-vas, o través de

las anales el individuo se inserta en la sociedad más amplia de la nación". Explica que a, los catalanes no

les resulta "fácil ni probable ser directamente españoles", aunque lo sean tanto como los demás: "Pero son

españoles a su manera, y esta manera consiste en serlo desde Cataluña, desde dentro de su casa". García

Escudero enlaza estas ideas con el pensamiento de Aeaña cuando contraponía el espíritu de los castella-

nos, que "lo vemos todo en el Estado, y donde se nos acaba el Estado, se nos acaba todo", y el espíritu de

los catalanes, qu-e "ponen entre el Estado y su persona una, porción de cosas blandas, amorosas, amables

y exorables que les alejan un poco la presencia severa, abstracta e impersonal del Estado". Jordi Pujol

ama "ferozmente" su Cataluña de su alma. Pero considera catalán a toda persona que viva y trabaje

en Cataluña, con tal de que no se coloque en actitud hostil hacia el país que le acoge. Al salir du. la cárcel

enarboló una bandera: "Fer país", "Per Catalunya", "Una Catalunya válida per tothom": Le oyeron sus

paisanos, que habían llenado las paredes todas de Cataluña con pintadas cuando el régimen mandó a Pujol

a la cárcel. Con la rapidez "exitosa" de los genios puso en pie la "gran aventura financiera" de la Banca

Catalana. Canalizó fuertes ayudas amerarías hacia, equipos que estudiaron realidades económico-políticas

de Cataluña, de otras regiones españolas y de países europeos. Quizá Cambó exageraba los méritos de la

Liga, pero quizá no, cuando dijo que la autonomía exige previametne la existencia, de un pueblo: "Antes

de actuar nosotros, Cataluña era una masa, pero no era un pueblo." Pujol ha buscado tercamente una

"implantación" de sus programas en el pueblo catalán. El llama sin rodeos nación a Cataluña, y se

confiesa "nacionalista, no separatista". Ahora que los españoles nos hemos embarullado en términos de

valor equívoco y damos cada cual el significado que se le antoja a "reglón", "país", "nación", "Estado",

"autonomía", "federalismo", Jordi no pierde tiempo en disputas académicas. El ve Cataluña corrió

convivencia de una comunidad, "en el suelo físico" y en "el suelo espiritual de la historia", alimentada por

unas fidelidades a su depósito cultural.

Fidelidades profundas

—¿Cuál es el alma de Cataluña?

—Somos un pueblo con fidelidades profundas. A nuestra lengua, naturalmente. Y a la tierra, sentimiento

arraigado hasta llevarnos al defecto de que nos aterra salir de Cataluña. Viajamos, claro, pero contando

siempre los días para el regreso. Este apego a la tierra cobra en Cataluña caracteres típicos que aún perse-

veran: pertenecemos cada uno a nuestra comarca, ámbito familiar concreto donde perviven viejas

costumbres y relaciones sentimentales. Fieles también a nuestra historia: Los catalanes piensan que todo

lo nuestro ha sido fenomenal; naturalmente, no lo ha sido. Fíjate que no sólo no sentimos rubor, sino que

aceptamos con plena conciencia la celebración de nuestra "Diada" en una fecha, el once de septiembre,

que rememora la triste jornada de mil setecientos catorce, día trágico del asalto de Barcelona por las

tropas del duque de Berwick. Perdimos, pero nuestra gente había luchado bravamente.

—¿Separatista?

—No. Los catalanes no somos ni separatistas ni regionalista». Somos nacionalistas. Pretendemos el pleno

reconocimiento de la personalidad política de Catalunya. Carecemos de todo sentimiento racial.

Catalunya, está, enriquecida con aportaciones sucesivas de inmigrantes venidos de toda España, y a la

segunda o tercera generación nadie se cree forastero.

Si, Pedro Corominas afirma en su "Elogi del paisatge català" que no son "los hijos de una sola sangre".

Pero habría que conseguir que "el ente multiforme, poderoso y a veces fantasmal que se llama Cataluña"

(Marañan) envíe más políticos suyos al Gobierno central. Sólo asi borraremos viejos resentimientos. Y

cancelaremos para siempre los insultos. Madariaga, estudiando defectos familiares, llegó a la curiosa

conclusión ae que los catalanes y los vascos carecen de habilidad política: "Son, sin disputa alguna, los

peores políticos de España." ¿Por qué? "A causa àe su tendencia separatista", ya está. Unamuno viajó en

el invierno de 1906 a Barcelona, y mejor qwe no hubiera ido. Los pone » parir: "Trabajan allí mucho, es

verdad, pero vocean más que trabajan; valen, sí; pero sería un negocio redondo comprarles por lo que

valen y venderles por lo que creen valer..." Sólo acierta don Miguel en la causa Ae los mutuos juicios

injustos: que ni España conoce a Cataluña ni Cataluña a las demás regiones de España. Así fue; él vale

por insigne ejemplo. Ya no es así. Hemos de conseguir entre todos que no sea, así. Los Cambó, que

tiempo atrás quisieron servir a» puente, ejercían vocación a» mártires porque les atizaban desde

Barcelona y les atizaban desde Madrid.

Intentamos colaborar...

—¿Cómo ves el momento d« España, Jordi?

—Preocupante. Se han radicalizado las tensiones v ei Gobierno da sensación de sentirse débili

acomplejado. Quizá los dos partidos mayoritarios vacilan en aeep» tar sus mutuas responsabilidades.

UCD miro de reojo al PSOE, Me pregunto si los socialistas no abusan de juegos demagógicos en

momento tan difícil como estén Confío que tal impresión, anterior a las reuniones de la Moncloa, mejore

rápidamente.

—¿Y Cataluña?

—La Generalitat es un instrumentó débil todavía, pero ha da convertirse en el gran medio para potenciar

la Cataluña de 1980. Nosotros sí podemos establece» un gobierno catalán de concen» tración, que para

toda España resulta hoy inviable.

^-¿Inviable?

—Por ahora. Convendría establecer urgentemente ese buscado "acuerdo programático" que a plazo fijo dé

serenidad y aliento al país, como soporte político pat ra las medidas económicas. Y sobre la base de ese

programa conjunto, que fue siempre objetivo de nuestro partido, salvar al Gobierno actual, no dejarlo

fracasar. Sería conveniente para ton dos.

—¿Ayudáis los diputados cata» lañes?

—Decididamente. Madrid deba contar con ia minoría vasco-catalana. Ejercemos c o n s c ientemente un

trabajo de equilibrio y mediación. Intentamos colalxn rar para que la vida democrática se asiente de veras

en España.

Ya,, los diputados catalanes na son aquellos caballeros que describió Ignacio Agustí en "El víudo Rius",-

"A la vea reposados y enérgicos, impecables en oí vestir, pausados, de aliñada indumentaria, fisonomía

redonda bien aposentado, sobre su mello planchatlo..." A Pujol, largas gusdeias le rizan las patillas y el

pescuezo, con un toque frivolo de joven león británico. Pero Jordi, oiga, sabe que mosén Cinto Verdaguer

estaba cargado de razón: "Qui enfonsa i alça els pobles és Déu, que els ha creat."

José María JAVIERKE

 

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