Autor: Sáez-Angulo, Julia. 
   Manuel Barrios: Decepción y denuncia en el Planeta     
 
 Arriba.    18/10/1977.  Página: 32. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

MANUEL BARRIOS: DECEPCIÓN Y DENUNCIA EN EL PLANETA

Una vez más, el libro político, en este caso unas interesantes memorias de ex miembro del

PCE, han desplazado de nuevo la creación literaría. «Autobiografía de Federico Sánchez», de

Jorge Semprún, se ha llevado el co diciado Premio Planeta —e! de mayor cuantía económica

en el panorama español— y ha dejado en la cuneta a «Vida, pasión y muerte en Río

Quemado», del novelista sevillano Manuel Barrios. Cierto que Semprún tiene una merecida y

ganada fama de escritor como novelista y guionista de cine, pero quizá no debió concurrir a un

«premio literario», ya que sus cotizadas memorias iban a leerse y venderse de igual manera,

sin necesidad de todo el «boom» y numerito del Planeta.

Ha sido una decepción para un novelista, Manuel Barrios, que había puesto toda la carne en el

asador, que no se había presentado al Planeta hasta no conseguir una novela muy lograda y

con una tesitura que no le pusiera en duda frente a nadie, pero -lo cierto es que el jurado, por

un solo voto, se inclinó sobre la novela de Semprún, de quien tampoco se puede du-dar «u

capacidad de creación y fabulación, aunque sea con datos reales, precisamente con´ este tipo

de datos, es con los que gusta trabajar el ganador del Planeta. Manuel Barrios, finalista, montó

en cólera, porque ya se veía el premio en el bolsillo. Contaba con los votos de Antonio Prieto y

Carlos Pujol, pero Ricardo Fernández de la Reguera, José María Valverde y —ahí le dueíe, so-

bre todo— José Manuel Lara dieron sus votos a Semprún. La escandalera de Barrios, que poco

antes de la cena declaró en una entrevista: «Si no ganó el premio, reaccionaré con todas las

armas en la mano», se soltó de veras en el programa «La hora 25», de la cadena SER, en cuya

emisora de Sevilla trabaja precisamente el novelista y periodista señor Barrios. Allí la gresca

entre Lara Bosch —hijo de don Manuel Lara— y el novelista madrileño, fue monumental, hasta

eI punto que el editor dijo que el jurado podría demandar al escritor finalista por poner en duda

la honestidad del Jurado. La verdad es que los componentes del jurado merecen todo respeto.

El señor Valverde, que en su día renunció a su cátedra de Estética «porgue faltaba ética en el

país», no iba a dejarse presionar tan fácilmente en un concurso literario. Fue sencillamente el

voto de Lara, prometido por el editor a Manuel Barrios y no emitido en su favor en el último

momento, lo que desfondó completamente al finalista.

—Señor Barrios, ¿cómo se atreve a descalificar una novela como la ganadora sin haberla

leído?

—Porque, además de presiones anteriores, en las conversaciones que he t e n i d o con

miembros del jurado, todos me decían que mi obra era la de mayor calidad literaria. Yo fui

limpiamente a un concurso y he entrado en un juego que me repugna. Mi actitud ha querido ser

de protesta y desenmascaramiento. También me han amenazado ahora de que sí no me re-

tracto de las declaraciones, los jurados se querellarán contra mí, pero lo cierto es que yo sólo

hablo del señor Lara, que me prometió el voto que después no me concedió. Además es

ridículo que esta ocasión haya dos finalistas, luego se vote para desempatarlo y gane yo. Esto

quiere decir simplemente que el finalista soy yo y si le quisieron dar otras 500.000 pesetas a

Palomino, que lo hagan, pero sin hacer todo ese montaje de los dos finalistas.

Estudio del lenguaje

—-¿Nó estarías demasiado exaltado la noche del premio para hacer todas, aquellas de-

claraciones?

—No tomé ni una copa en todo el día, a propósito, para ser consciente de todo lo que decía y

que no se me pudiera alegar que estaba tomado.

—¿Tanto ha supuesto para ti ser finalista y no ganador?

—De momento, decepción y falta de estímulo para es-cribir. Si un libro como "Al paso alegre de

la paz», premio de la crítica «Ciudad de Barcelona», que se concede sin presentarse a

concurso, me dice el editor que apenas si se ha vendido y eso que tos premios son una pro-

moción y una catapulta..., pues habrá que seguir viviendo del periodismo y no de la

literatura como hasta ahora.

La novela «Vida, pasión y muerte en Río Quemado» es también una novela que de modo

simbólico, a través de «los del olivar» y «los de la viña», se plantea el eterno problema de las

dos Españas.

-Esta novela es un estudio del lenguaje popular andaluz, sin ser una novela andaluza —explica

su autor—, En este sentido podría compararse por la preocupación lingüística de los autores la-

tinoamericanos, que nos han descubierto la importancia de ese lenguaje en la novela y que

nosotros habíamos perdido por desidia.

El lenguaje de «Vida, pasión y muerte...» tiene fuerza sin caer en el barroquismo que e veces

se da en los escritores súdenos. Hay búsqueda de lo bello, pero sin caer en lo superfluo y

recargamiento. En resumen, Lara sabrá vender «Autobiografía de Federico Sánchez»,

ganadora del Planeta, y «Vida, pasión y muerte en Río Quemado». Toda escandalera y golpe

de efecto es bueno comercialmente.

Julia SAEZ

 

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