Autor: Fontana, José María . 
 Voto catalán contra el Estatuto y la Generalitat (II). 
 El erro sustancial de los estatutos     
 
 El Alcázar.    20/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

Voto catalán contra el Estatuto y la "Generalitat"

II EL ERROR SUSTANCIAL DE LOS ESTATUTOS

TEMO que seu mayoría quienes creen que te concesión, realdecretada o constitucional, de Estatutos de

Autonomía a las regiones, significará d fin de las insolidaridades y abrirá un dilatado periodo de armonía

y cooperación de las llamadas "nacionalidades" para una obra en común. Es posible, incluso, que estén

convencidos de ello la Corona, el Gobierno y ciertas oposiciones parlamentarias... Respetuosamente:

¡Craso y trascendente error! Y no voy a argumentar y probarlo desde la posición emocional o nostálgica,

aunque sea también un factor político a tener en cuenta. Tampoco a exhibir el ropaje patrioteril y

zarzuelero de las invocaciones unitarias, ni siquiera echar en el palenque los gruesos tomos de la Historia,

aunque nada de ello deba olvidarse. Desde los días de la guerra civil y luego con los libros publicados en

1940, 1950, 1957 y 1968, asi como en docenas de artículos y conferencias, advertí del erróneo camino

seguido por el Movimiento Nacional, representado, singularmente, por la acción política del incruento

General Pérez, y lo razoné en análisis, creo que lúcidos —o cuando menos profetices—, asi como ofrecí

soluciones que considero válidas y que todavía en Junio de 1976, divulgué en tres largos artículos,

publicados en el diario "YA". Pero fue absolutamente inútil. Nadie me hizo caso nunca, llevándome al

tremendo dilema de optar por considerarme memo de remate o clarividente excepcional. Como ninguno

de los dos contrapuestos juicios me convence, opté por seguir en la brecha, arremetiendo contra los moli-

nos. Y en esto sigo...

Prescindo del impresionante juicio adverso de Manuel Azana, el creador de los Estatutos, y dejo también

a un lado la triste y sangrienta experiencia de la "Generalitat", que historié en "Los Catalanes en la guerra

de España", ahora en su tercera edición. El regionalismo o la denominada insolidaridad nacionalista, tiene

su rafe profunda y auténtica en el fracaso del centralismo, ejercido utilizando el predominio de las

Mesetas. La urbanización demográfica y económica de neta declinación periférica, inseparable del fracaso

uniformista central, dio fuerza y viento a las personalidades regionales indiscutibles. Las Regiones

escogen el fácil blanco de la hoy inconsciente hegemonía centralista, para afirmar, tanto su personalidad

como sus reivindicaciones. Porque Cauda, Vasconia, Cataluña-Levante y Andalucía, se sienten

marginadas y basta excluidas en te conformación y gobierno del Estado Nacional, concebido y hecho a

imagen y semejanza de tes Castillas (aunqne también fueran victimas del sistema). Las regiones, o

"nationes", de te periferia quieren participar y todas ellas tienen una idea y proyecto diferente de España,

que la Historia les impidió realizar a causa del éxito unilateral, de te soberbia geopolítica de las Mesetas,

dentro del todo hispánico. Aquella posible España, configurada con arreglo a una tesis galaico-leonesa o

vasconavarra, ocdtánica o andaluza, quedó como un muñón doloroso, como una frustración,... pero es una

posibilidad latente que revive, en cada reglón, al menor fracaso del centralismo: Son las Españas. Este es

el origen profundo y veraz de los movimientos y actitudes regionalistas, o discrepantes, de las periferias.

Dígase cnanto se quiera e, incluso, cuanto aparezca, a veces, en las manifestaciones del

mal humor regional, no son pues, y en ventad, hijo o consecuencia de una insolidaridad, sino todo lo

contrario. Les duele la insolidaridad exduyente del centralismo unilateral y, cada una, pretende sustituirlo

con su participación hegemònica o, al menos, "ínter pares". Y conste que ni opino ni juzgo: analizo, tan

sólo. Los regionalismos no son, en su base inicial, movimientos de replegamiento y claustración

endógena, sino que pretenden una expansión exterior de jas razones y de sus peculiaridades, con

exigencia de que deben ser reconocidas y admitidas, participando, activa y plenamente, en te concepción,

función y proyecto de España. Si mi esquema de análisis y diagnóstico es correcto, fácil es deducir que el

régimen de Estatutos autonómicos es, exactamente, lo contrario de los deseos, voluntades y razones

periféricas. Con el Estatuto se confina y anula toda posibilidad de participación de la región, reduciéndola

al autogobierno, encerrándola en si misma, aniquilando toda esperanza de irradiación y no digamos de

hegemonía; con el Estatuto no solo no se desmonta, radicalmente, el centralismo, sino que se consagra y

perpetua, porque aún admitiendo amplias delegaciones de funciones, el Centro, incómodo u odiado, sigue

siendo, más que nunca, d Centro, autoridad suprema y hegemonia. En resumen: el Estatuto no satisface

ninguna de las razones profundas, auténticas, aunque quizá inconfesables o inconscientes, de te

discrepancia. Por ello, es un régimen transitorio y destinado al fracaso rápido: al impedirse con te

autonomía la función central a que aspiran las partes periféricas, derivarán inexorablemente, primero hada

un federalismo radicalizado e insolidario y, luego, hada un neto y descabellado separatismo, que satisfaga

sus anhelos, de cabeza de león, aunque sea siendo cabeza de ratón. Aparte las razones básicas expuestas,

puede añadirse que contribuirán a acelerar d proceso de descomposición y agudizarán tes rebeldías, ios

dos hechos que siguen:

• los regímenes autonómicos son siempre caros o gravosos y, por ello, intensificarán, con su coste, el

malestar periférico;

• te bandera autonomista o estatuarte ha sido arrebatada de tes manos de las burguesías tradicionales y

autóctonas, para ser esgrimida por d totalitarismo marxista en su intento desestabilizador para el asalto al

Estado y al Poder. Barrera, Jordi, Trias y Cañellas: recordadlo: Fue un catalanista tan puro, indiscutible y

ejemplar, como Joan Maragall, quien se dio cuenta, ya en 1909, de te endeblez e incapacidad dd

nacionalismo catalán puesto en el crisol de las grandes paranoias sociales del marasmo.

Asi, pues, el pueblo español (el de las Castillas y d de todas tes periferias) debe saber que se le está

llevando por un camino infecundo, perturbador y erróneo. Que con los Estatutos autonómicos no se

resuelve nada y que al día siguiente de las vueltas triunfales de los tarradellas, se reanudarán —forta-

lecidas— la discordia, el malestar y la rebeldía. Porque subsiste, íntegra y agudizada, la problemática de

las Españas. Que conste, una vez más, mi leal advertencia: Antaño ante d unifomiismo dd Movimiento

Nacional, hogaño ante te epilepsia o mongolismo democrático.

¿Por qué tropezar siempre en te misma piedra...?

JOSÉ MARÍA FONTANA

 

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