Autor: Vilar, Sergio. 
   Bienvenido, Tarradellas     
 
 Diario 16.    20/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

Jueves 20-octubre 77/DiARiO 16

Bienvenido, Tarradellas

Sergio Vilar.

"Benvingut, president!" Se marchó usted como vencido y retorna, yo no diré como vencedor porque en

las tareas políticas jamás tendría que vencerse a nadie, sino que, por el contrario, ha de trabajarse hasfa el

máximo para llevar a buen térmiijo el convencimiento fecundo. Vencer es un verbo que pertenece a la

mentalidad y al vocabulario militarista, y los demócratas deseamos alcanzar ¡nuestros objetivos

únicamente a través de la conquista pacífica de nuestras palabras. Usted, Tarradellas, ha sabido

convencer; sus en principio aparentemente débiles palabras se han transformado en fuerza material. Esas

palabras, sin embargo, nunca fueron ni exclusiva ni principalmente suyas —es un hecho que usted no

debe olvidar—, .sino que pertenecen a la inmensa mayoría del pueblo catalán y a sus legítimos

representantes en el Congreso y en el Senado, También hay que subrayar que Suárez ha sabido convencer

a Tarradellas.

Una personalidad original

Con la llegada de Tarradellas, se recupera a una de las personalidades políticas más originales de nuestro

tiempo -coterráneo. Quien no ha vivido el exilio es imposible que comprenda plenamente la dura

experiencia del exiliado: el exilio es como una cárcel inmensa. El exilio ya es difícil de soportar durante

unos pocos años. Por ello, el sacrificio de Tarradellas es uno de los mayores: cerca de cuarenta años

alejado de sus tierras. Permanecer tan largos lustros desterrado es una prueba difícil de sobrepasar; pero lo

es más sí se juega el papel que Tarradellas se ha obstinado en desempeñar. Durante años y años, más bien

aislado en una masía francesa en medio de unos viñedos. Tarradellas se ha imaginado que era el presi-

dente de la Generalitat. Entendámonos, teóricamente lo era, con más o menos legitimidad, discutida con

razonamientos precisos por diversas personas, entre ellas, el historiador, dirigente de la oposición catalana

en el interior durante los años de represión y hoy senador Josep. Benet. Pero lo raro es intentar creerse

prácticamente esa función: probablemente debe ser necesario1 un esfuerzo mental extraordinario, con un

gran impulso psíquico hacia muy hipotéticas realizaciones futuras, para suplir la precarísima realidad del

permanente exilio. En París charlé´ a menudo con algunos ministros del gobierno republicano en el exilio.

Ellos mismos ironizaban acerca de sus cargos: "Ni tenemos medios ni territorio ni casi nada de nada para

aplicar nuestras medidas gubernamentales." Pero Tarradellas siempre se lo ha tomado en serio. Durante la

última década, Tarradellas ha actuado como un presidente, y con no pocas connotaciones autoritarias.

El comportamiento arbitrario que ha tenido contra Josep Benet no ha sido el primero y, desgraciadamente,

tal vez no sea el último. En los años sesenta, de vez en cuando se hacían "famosas" sus cartas

condenatorias o cuando menos conminatorias contra éste o/y contra aquél. Tarradellas se querelló contra

Joan B. Cendrós, secretario general del Omnium Cultural; contra Jordi Pujol... La lista sería larga. El

último enfado tarradellista es contra una de las principales personalidades religiosas de Cataluña. Me

encontré hace poco con un íntimo amigo de Tarradellas que es también buen amigo mío, quien me dijo:

"¿Sabes? Tarradellas se ha cabreado con (aquí el nombre de la autoridad religiosa) porque dice que le

envió una carta y que no le ha respondido." Eso no puede ser verdad —le repliqué yo—, porque el padre

"equis" tiene la costumbre de contestar a todas las cartas en seguida; lo sé por propia experiencia.

Ya sabemos que el poder no se alcanza sin una gran ambición por el puesto de mando. Pero quienes están

dominados por esa ambición (que puede ser dirigida hacia muy nobles fines) deberían ser más conscientes

que nadie de los peligros en los que desde tales alturas pueden caer: entre ellos, el peligro —para ellos

mismos y, sobre todo, para los demás— de la hipertrofia y de la exacerbación del autoritarismo.

Tarradellas se creía que era el presidente dé la Generalitat. Al . fin cumple formalmente sus sueños; a

partir de ahora tendremos que ir llenando la fórmula jurídica de la Generalidad 1977 con los necesarios

contenidos. Eso no lo podrá hacer Tarradellas solo; ni —o muchísimo menos— empleando métodos

autoritarios que pretendieran pasar por encima de la fuerza parlamentaria catalana, principalmente

compuesta por la izquierda.

Nada de separatismos

A Tarradellas le aguarda una de las tareas más creadoras en las que puede participar un político: organizar

de nueva planta un equipo de gobernantes; constituir una formación estatal dependiente del Estado

español, sí bien con diver-jsas características autónomas y con algunos sectores (la enseñanza, por

ejemplo) en la que la autonomización será acentuada. Esos planes, que empiezan ya a realizarse,

significarán uno de los experimentos más interesantes en la estructuración política europea, en la que se

piensa mucho respecto a los órganos institucionales supranacionales, y se proyecta poco en lo que

concierne a las necesidades estatales correspondientes a las nacionalidades integradas en otra nación o

suma de naciones Desde cuando Jaime I, al conquistar Murcia por cuenta de Alfonso el Sabio, dice: "Nos

ho fem la primera cosa per Deu, la segona per salvar Espanya", pasando por Joan Margall, el eximio

poeta catalán, quien, en un artículo que publicó el año 1908, después de preguntarse: "¿España es un solo

pueblo o es un / agregado de pueblos?", se respondía "Visca Espanya!", porque nuestro "viva España

quiere decir que España viva que los pueblos se muevan, que hablen, que hagan por sí mismos y se

gobiernen...", hasta uno de los más destacados historiadores catalanes contemporáneos, Ferrán .Soldevila,

quien, al considerar la política conjunta de los antiguos reinos de España, comenta que todo ello "son

indicios de que, hasta en periodos de vida independiente o en espíritus tan profundamente .catalanes y

patriotas como el de Muntaner, ha existido en Cataluña un sentimiento más o menos definido de conexión

espiritual hispánica". España no se podrá reconstruir corno un Estado democrático si a la vez Cataluña no

edifica su autonomía democráticamente, del mismo modo que el conjunto institucional catalán será

inviable si la democracia no se consolida en todas las esferas estatales españolas. Usted, Tarradellas, será

—está siendo ya— el primer eje catalán de esa transformación conjunta. Que sus actos resulten creadores

para todos.

 

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