Autor: Urbano, Pilar. 
 Tarradellas llega hoy a Barajas. La última hora de su largo exilio. 
 Vuelvo para trabajar por Cataluña y por España  :   
 Somos conscientes de que algunas decisiones del Gobierno pueden restarnos electores. 
 ABC.    20/10/1977.  Página: 9-12. Páginas: 4. Párrafos: 52. 

LA ULTIMA HORA DE SU LARGO EXILIO

"VUELVO PARA TRABAJAR POR CATALUÑA Y POR ESPAÑA"

«Somos conscientes de que algunas decisiones del Gobierno pueden restarnos electores»

«No quiero hacer política de fastidio ni de desastre»

«Suárez me llamó "tozudo", y yo a él, "peleón", Nuestra primera conversación fue muy dura, incluso, a

veces, dramática»

«Cataluña no quiere crear problemas, sino traer soluciones»

«Tengo motivos para creer que puedo contar con el apoyo del Rey. El ha hecho posible todo esto»

Un Mystére del Ministerio de Defensa despegará noy del pequeño aeropuerto de Tours con dirección a

Madrid. En él viajará el presidente de la Generalitat, honorable Josep Tarradellas, su esposa y su hija, los

veintitrés parlamentarios de la Asamblea de Cataluña y el séquito de mozos de escuadra de la Generalitat.

Tarradellas, después de treinta y ocho años de exilio, regresa como había dichó «para ser presidente».

Nuestra redactora Pilar Urbano, enviada especial a la localidad francesa.de Saint Martin-Le-Beau, ha

conversado largamente con Tarradellas en las últimas horas de su exilio; exactamente mientras en Madrid

se presentaba a la firma del Rey el real decreto de su nombramiento presidencial.

«¿Qué hora es? ¿Las doce? Quizá no sea todavía el president dé la Generalitat. Le hablo aún como un

español exiliado. No pienso en el regreso ni en el recibimiento. Ése no es mi problema. Ahora pienso sólo

en el trabajo y la responsabilidad que voy a asumir. Mi posición, el futuro Gobierno que he de formar, las

relaciones con el Gobierno de Madrid... Tengo tarea para mucho tiempo. Me encerraré en aquel despacho

de la Generalitat y no saldré de allí. Yo no vuelvo a Barcelona para pasear ni para ir al fútbol. No. Vuelvo

para trabajar por Cataluña y para España.»

£ «LA GENERALITAT NO HA COSTADO UNA MUERTE»

Se reclina Tarradellas sobre el respaldo del viejo sillón forrado eon cretona de rayas verdes y blancas. Es

«su sillón». Su trinchera durante muchos largos años. Desde ahí el honorable payés político, gigantón de

setenta y muchos años, corazón ilusionado y genio vigoroso todavía, ha trenzado un recio cañamazo ¿te

ambición catalanista, de prudente política de pactos, de pertinaz catequesis predicadora «hablando de

Cataluña y su autonomia por América entera, centenares de veces»...

Desde ese sillón ha visto, como ahora lo ve por última vez. el .melancólico desmele-namíento de los

castaños en otoño. Ha elaborado soledad. Ha curtido su. espera y su esperanza. Desde ese sillón ha

ganado una batalla «sin que haya costado un céntimo ni una muerte: por eso quiero ir a agradecérselo al

Rey antes que nada».

Es mediodía. Este solitario de Saint Martin-Le-Beau se ha alineado lejos, en plena Turena, a mil ki-

lómetros de Cataluña. Viste un pnllóver azul claro y no fuma ni bebe en toda la conversación. Como

deferencia, habla en castellano y dice «Generalidad»,, pero es un castellano horrible, pensado en francés y

articulado en catalán. Cuando llego, la televisión belga acaba unas tomas de entrevista en el rústico jardín.

Le han preguntado si ahora Cataluña se integrará autónomamente en organismos internacionales.

Tarradellas, muy vivamente, sin pensarlo dos veces,.´responde rotundamente que no: «¡Ni hablar de eso!

Es España la que ha dé integrarse en Europa y estar presente en los organismos internacionales. Cataluña

lo que ha de hacer, y lo haremos, es ayudar esa política en la medida de sus fuerzas, propulsar el progreso

espiritual y material, político y económico del Estado español, pero ¡nada de hacer nosotros una política

internacional al margen de España!»

Poco después me afirmará la misma idea, cuando le pregunté por su federalismo. ,

• «SOY FEDERAL DE EUROPA, NO DE ESPAÑA»

—Mire, yo no soy federalista. Soy federal de Europa. De ,España respecto a Europa. Pero no de Cataluña

respecto a España. Ni de las demás regiones y pueblos de Esnaña; Francamente, no creo en la viabilidad

para nuestro país de una estructura federal.

r—¿Aceptará usted, señor presidente, la denominación de «región» para Cataluña autónoma?

—¡Claro! También la aceptó Macià en el año treinta y uno. El estatuto decía que Cataluña era «una

nación dentro del Estado español»; pero nos dijeron que «nación», no; y aceptamos «región», como lo

acepto yo ahora. Pero encajar una palabra no quiere decir que yo abandone mi concepto de que somos una

«nación». ¡Si hemos sido Estado! Usted es valenciana, -¿verdad?, y sabe «ue Cataluña, Valencia y

Aragón fueron un Reino... Las cosas claras y como han sido. Gobernamos el Mediterráneo. Fuimos

derrotados un once de septiembre» y celebramos la derrota... Con nuestro típico pragmatismo, nos adapta-

mos, y no haremos ninguna guerra.

—Señor Tarradellas: ¿Por qué es «necesaria» la Generalitat?

—Porque representa el deseo de los catalanes de autogobernarse. Ese autogobierno es un derecho que

hemos ejercido muchas veces a lo largo de nuestra Historia. No es un invento de ahora, ni una tozudez

mía. Por nuestra potencia numérica, por nuestra considerable riqueza material, por nuestra cultura, por

nuestra lengua, por nuestro fondo de costumbres, por nuestra voluntad de superación... queremos

autogobernarnos y espero que sabremos hacerlo muy bien.

® «NO HAREMOS RANCHO APARTE»

—¿Cómo despejaría usted los prejuicios «centralistas» sobre ese autogobierno catalán que, sin duda, les

separará de] afán común de España?

—Pues mny sencillamente: con la verdad por delante. Nosotros no queremos hacer «rancho aparte» del

resto de los pueblos del Estado español. Yo me permití decírselo al presidente Suárez: el tema de

Cataluña es muy importante para nosotros; de acuerdo. Pera, sin discusión, a nivel español, lo más

importante es conseguir un clima de confianza ciudadana, laboral, empresarial, financiera, inversora;

luchar contra la inflación, remediar el paro cnanto se pueda. ¿Qué haríamos los catalanes con nuestra

Generalitat, si el Estado, si el Poder central, no funcionarà? La Generalitat, si España no «marcha», no

nos sirve para nada. ¿Piensa usted que vamos a cruzarnos de brazos ante los problemas tremendos de toda

España.? Desde hace cuarenta años, la política sé ha hecho en Madrid y sin contar con Cataluña. Yo no

soy economista, pero veo lo que está pasando. Los teóricos fracasan; sean capitalistas, sean comunistas...

Pienso que quizá ahora Cataluña, a partir de su estupenda industrialización, pueda contribuir para que

España entre en el Mercado Común. Cataluña no quiere crear problemas, sino traer soluciones, Esa es mi

respuesta a su «prejuicio». ¿Qué más?

• REPUBLICANISMO Y MONARQUÍA

—-Otro interrogante oscuro: su republicanismo, hoy y ahora,

—Yo toda mi vida he sido, soy y seré republicano. A pesar de esta convicción ideológica, di un viraje a

mi estrategia política y no tuve inconveniente ninguno en pedir visitar al Rey, en junio. Tampoco Su

Majestad tuvo inconveniente en recibirme Miré..., esto es muy importante: si un Borbón liquidó la

Generalitat y desbarató nuestra organización autónoma, otro Borbón la restablece. Durante tres siglos, loi

catalanes hemos chocado con una concepción centralista del Estado español,.. ¡Ah los castellanos

siempre pensaron que ha blabamos en catalán para «ferles la punyeta», y usted perdone la expresión. No

es así. Bien, ahora Don Juan Carlos rompe con todo ese lastre de tradición. Su gesto es de una

trascendencia extraordinaria ; a mi entender, consolida el Régimen con ello y afianza, la Corona; que, asi,

es algo que nos interesa a todos defender, aunque nuestro ideárlum sea republicano. Yo tengo motivos

para creer que puedo contar con el apoyo del Rey, él ha hecho posible todo ésto... Y, a, mi vez, sé que el

respeta y la fuerza que Cataluña va a dar al Régimen actual es algo valioso que servirá mucho a la

Monarquía. Y se lo dice un viejo republicano.

—¿Durante cuánto tiempo será usted presidente de la Generalitat?

—Sí las cosas van normalmente yo tendria que disolver el Parlamento catalán, pero esto después de

aprobarse la Constitución y nuestro Estatuto. Entonces convocaría nuevas elecciones. y sólo a partir de

ese momento, ante la mayoría parlamentaria catalana —no ante una mayoría de las Cortes españolas—,

yo dimitiré, para que sea otro quien asuma la responsabilidad.

• «EL REY SABE ESCUCHAR»

—¿Qué piensa usted del Rey?

—Me sorprendió; no podía imaginar que estuviese tan bien informado, y tan interesado, por nuestros

problemas catalanes. Descubrí en él una, magnífica cualidad política: sabe escuchar. Lo hace con gran

atención y asimila rápidamente los argumentos del interlocutor. Me causó muy buena impresión,

—¿Y deu presidente Suárez? Usted calificó de «dura» la primera conveirsactán. en la Moncloa. ¿Puede

explicárnoslo?

—El señor Suárez es un político duro y muy inteligente que sabe lo que quiere. El me llamó a mí

«tozudo» y yo a él «peleón». Yo nada más llegar le dije que no iba a pedirle nada; mejor dicho, si. Vengo

a dos cosas: a que me diga usted su pensamiento sobre Cataluña y a decirle yo el mió. Y hablamos de

Cataluña y de España. Hubo momentos en que la conversación parecía dramáticamente bloqueada.

Topábamos con un muro. El en mí; yo en él. Discutimos durante dos horas. Me presentó no sé cuántas

alternativas, y no me gastó ninguna. Yo, a mi vez, te Indiqué unas cuantas propuestas, y él no las aceptó...

Al fin, mi argumento fue éste: Cataluña ha sido un pueblo que ha..., ¿cómo so dice en castellano

«enmierdè»?

—Fastidiado, incordiado...

—lEso es! Un pueblo que ha incordiado setenta años. Y eso conmigo se ha acabado. ¡Se ha acabado! Yo

no quiero hacer política de fastidio ni política de desastre. Que no cuenten conmigo para otro «sets de

octubre», ni para otro «diecinueve de Julio del treinta y seis»..., ni para repetir lo que tanto daño ha hecho

a España. Cataluña ha sido belicosa y huelguista. Ahora está calmada y laboriosa. Hay que aprovechar

esta tranquilidad y este buen sentido para construir una España fuerte en el orden espiritual y material.

Con otro régimen perderíamos quizá nuestro derecho a gobernarnos. Con ésto vamos a ganarlo. Nos

interesa, pues, fortalecer el Régimen, la Corona, la democracia. Y ése fue mi argumento.

POR QUE NO HICE GOBIERNO EN EL EXILIO

—Yo soy un hombre pragmático, pactista. Convencido de que hablando se entiende I» gente y se llega A

algún punto de toleres común Creo en la polític» de res-petoa y pactos mutuos más que en las ma-

nifestaciones -Se fuerza y violencia. Ahora veo que el señor Suárez hace to que hice

yo este verano: conversar con tos partidos, buscar un consenso. Eso es bueno.

—Usted no formó Gobierno en el exilio, ¿Por qué?

—Sí; realmente he sido un presidente solitario y artesano. Todo me lo hice yo mismo, sin más

infraestructura ni más ayuda que la de mi secretario en París, y la fuerza moral incondicional de mi mujer,

Antonieta. Ahora me dicen que fue un acierto no hacer Gobierno. Pero en el 52 todo eran presiones: los

republicanos, los vascos y los catalanes exiliados... Dije no¿ Y evité una guerra civil y que, ahora, en

Cataluña tuviésemos otra E. T. A. ¿A qué es debida la gran tragedia del pueblo vasco? A que olvidaron

que había una nueva generación, en el interior, que no aceptaría las órdetnes y posiciones del Gobierno

exiliado; en definitiva, derrotado. Creyeron que tenían una figura internacional y que podían hacer una

política internacional por sí mismos. Conste que no quiero tirar piedras ni contra el Gobierno vasco ni

contra el de la República en el exilio, pero... al hacer una política contra Franco, de hecho, se les volvía

contra España Yo eso no lo hice nunca. Cuando la campaña sobre Gibraltar me argüían para que firmase

por «Gibraltar inglés», y yo les repliqué: Creo que Gibraltar es español y ha de seguir siéndolo, sea

Franco o sea quien sea el que mande en España. Franco no era España. España es permanente. Franco, mi

adversario, que pidió mi extradición, etcétera... Y cuando me nombraron ministro de la República en el

exilio no acepté el cargo. ¿Y sabe usted por qué yo nunca he hecha política internacional por mi cuenta?

Porque nuestro problema de la Generalitat j de la autonomía no era una cuestión internacional, sino

netamente interior que había que resolver con el Gobierno español...

$ TARRADELLAS SE DEFINE

—Señor Tarradellas, usted es un republicano que va a apoyar a la Monarquía; un anticomunista al que

votan los comunistas; un exiliado que se negó a sentarse en la mesa de «la oposición» y prefirió conversar

directamente con el Gobierno... Es lógico que su figura no se comprenda fácilmente. ¿Puede usted

definirse?

—Sí, todo eso es así y aún más. Yo no quise que el tema catalán se negociase en aquella «Comisión

negociadora de los nueve», y rompí pública y privadamente con el señor Pujol, porque me parecía desleal

pactar con la oposición mientras estábamos conversando con el Gobierno. A mí la oposición no podía

ofrecerme nada; el Gobierno, sí; el Rey, sí. Y con ellos hablé. ¿Anticomunista? ¡Claro! Yo nunca he sido

marxista. Yo soy un nacionalista catalán liberal de izquierdas, republicano, y que quiere a España y cree

en Dios. Soy católico. Rezo. Rezo como los campesinos, como los payeses..., de una forma que a usted le

parecería quizá rutinaria. ¡Bien! Soy hombre de grandes pasiones, con un único interés en mi vida. A mí

me votan los comunistas y no soy comunista. Yo firmé durante la guerra un decreto de colectivizaciones

que se me ha criticado siempre, y estoy contentísimo de haberlo hecho «entonces», porque, fíjese usted,

en aquellas circunstancias de hambre y guerra era necesario. Cuando volvieron los burgueses catalanes,

acabada la contienda, se encontraron sus fábricas intactas! Aunque los obreros habían pensado que esas

fábricas serían para ellos. Y, sin embargo, el hombre que firmó aquel decreto, ahora es partidario de una

sociedad libre de mercado, del tipo, estadounidense. De momento no encuentro otra fórmula mejor.

UNA TRINCHERA RURAL PARA EL EXILIO

Los gendarmes de la Pólice Francaíse montan guardia ante el viejo caserón de «Le Clos de Mosny», que

era de los Tarradella y lo vendieron hace unos años. «Necesita-bamos dinero para vivir», me dirá en un

momento de nuestra charla el presidente. El exilio ha sido largo, duro, con persecución de la Gestapo, con

cautiverio en campos de concentración, con infinitas horas y años de soledad.

«Ahora, desde hace un año, ésto es como una procesión de gente. Vienen a verme d« todas partes. Antes

venían sólo algunos. No muchos. Políticos, artistas, escritores... Durante doce o catorce años aquí no

venía nadie. En el 75, Arias Navarro envió a unos «emisarios» suyos. No vinieron para negociar, sino

para conocerme. Allí, en Madrid, pensaban: ¿quién es ese señor arándote y solitario, que vive allá, en una

aldea francesa, exiliado, a mil kilómetros de Cataluña, pero domina lo que pasa en el interior y

continuamente recibe a unos y otros? ¿Quién es ese señor Tarradellas; que no es de ningún partido, ni

tiene Gobierno ni quiere saber nada de Franco y que dice ser presidente de la Generalitat? Y ese señor era

yo, y vinieron a conocerme. Después, en el 76, llegaron los hombres de confianza del presidente Suárez,

gente importante... Y yo nunca he abandonado mi puesto ni mi trinchera.»

NO CONSENTIRÉ QUE ME TUTEEN...

Me comenta Tarradellas que el deterioro de ilusión y de moral social e individual en España es «un tema

serio, para estar tristes» : acusa el materialismo y hedonismo de la sociedad de consumo, «y esa falta de

respetos, que no me gusta nada; el tuteo sin ton ni son, el que los parlamentarios vayan a la Cámara sin

corbata. Yo por ahí no pasaré. Y no consiento que nadie me hable de tú, excepto mi mujer y algún amigo

íntimo de siempre...».

Yo me sonrío y él agrega:

«Ahora dicen que soy un reaccionario. Antes me decían que era de la F. A. 1.» Ríe divertido el honorable

Tarradellas. «Verá usted, yo no hago caso de las críticas. Cuando López Rodó se oponía a mí, yo no pro-

testé. Le puse un telegrama de felicitación por haber salido diputado. Me dijeron: "No te contestará." i Y

claro que .contestó! Ahora me parece que está de acuerdo conmigo y con mi regreso.»

—Hábleme de las competencias de la Generalitat.

—Tendremos las que queramos. No «e trata de tener muchas responsabilidades y no poder atenderlas; eso

sería un fracaso. Yo he de buscar dentro de las atribuciones de las Diputaciones. La Comisión paritaria,

de quince miembros del Estado y quince de la Generalitat, estudiará el traspaso de servicios y áreas de

atención y competencia del Gobierno y la Administración Central ´ a ía Generalitat. Pero aún no pienso en

ello.

—¿NI en la composición de su Gobierno?

—Tampoco. Yo hago la política peldaño a peldaño. Ahora estoy en otro escalón; llego y me encuentro

con siete u ocho mil funcionarios a los que desconozco. Muchas, la mayoría, han servido en el régimen

franquista y ocupado altos cargos.

PRESIDENCIALISMO

—¿Va usted a «prescindir» de ciertas personas?

—Hay que hacer una política de paz y concordia. Yo no echaré a nadie si no lo merece. No miraré los

historiales. Sólo seré riguroso en exigir respeto y lealtad al Estado español y a la Generalitat. Pero nada

más. ¿De qué hablábamos?

—Me hablaba usted del .«escalón» que tiene ahora bajo los píes...

—¡Ah! Ya. Y me encuentro también con un presupuesto global de unos diez mil millones de pesetas, que

el año próximo serán doce o catorce mil... Pero todo lo demás, que si nombraré a tal o cual ministro, que

si quiero tales honores militares, que si se me ha de dar tal o cual rango... Todo eso no me preocupa. Que

me reciban como crean que deben hacerlo, con dignidad. En cnanto a los «consellers», a los ministros,

tendré en cuenta los resultados electorales y también a quienes perdieron en las elecciones. He de contar

eoñ unos y con otros. Ahora prefiero no hablar de este asunto. Lo haré cuando esté en Barcelona. No

quisiera dar pasos en fabo.

Salimos al jardín cuando llega un equipo de Televisión Española. Tarradellas me cuenta entonces algunas

cosas personales: «Estoy arreglando el traslado de los restos de mis padres, qne yacen en el cementerio de

este pueblo, para que me esperen en el de Cervelló. Allí quiero que me entierren, si lo permite Dios...

¿Sabe una cosa? Mi exilio ha sido largo y duro, y yo un solitario con una obsesión entre pecho y espalda,

pero ya se queda aquí todo eso. Yo no volveré nunca más a esta casa; ya Cataluña para siempre, para

siempre...» Aún desde la ventanilla del coche una pregunta trivial para quitarle «trances a ía despedida:

«¿Se ha comprado el chaqué?» «¡Ah!, todavía no... Ni siquiera he tenido tiempo para que me corten estos

pelos que llevo. ¿Ve?» Y así le veo, cuando el coche arranca, grandobe, de poderosas espaldas, sonriendo

y estirándose los pelos rizosos y canos de las patillas. ¡Bizarra estampa de un presidente «peleón»!—Pilar

URBANO.

 

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