Autor: Sopena Daganzo, Enrique. 
 Aunque lo consideran poco ortodoxo. 
 El nombramiento de Rahola salva la primera crisis política de la Generalidad     
 
 Informaciones.    09/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

AUNQUE LO CONSIDERAN POCO ORTODOXO

El nombramiento de Rahola salva la primera crisis política de la Generalidad

Por Enrique SOPEÑA

BARCELONA, 9.

SEGÚN los doctores, la convalecencia del presidente de la Generalidad será un poco larga. Un mes de

reposo lo necesita. Ello no quiere decir que el presidente no pueda mantener un ritmo lento de trabajo,

dedicando especial atención a la formación del Consejo Ejecutivo o Gobierno de la Generalidad.

Personalmente, me ha confirmado que piensa dejar solucionado este asunto antes del día, 25 y que la

próxima semana —con permiso de los doctores y de manera que no suponga un gran esfuerzo— desea

reanudar los contactos, con las fuerzas políticas.»

Este párrafo pertenece a unas amplias declaraciones efectuadas por don Frederic Rahola a la agencia

Cifra. En parecidos términos se expresa el recién nombrado consejero de la Presidencia de la Generalidad

en otra entrevista que publica esta mañana «La Vanguardia». El señor Rahola, hombre de la máxima

confianza del señor Ta-rradellas —especie de ministro de la Presidencia—, se ha convertido en el centro

de la atención política de Cataluña a la vez que fuente cíe todo tipo de especulaciones. El nuevo consejero

trata de justificar su nombramiento por las urgencias suscitadas por la grave dolencia que ha aquejado al

presidente de la Generalidad. Asegura que su cargo no es definitivo, y que se ha producido, aun fuera de

los pactos de Perpiñán, para «evitar un vacío de Poder». Sin embargo, el señor Rahola se apresta a

precisar que sus actividades son de trámite y que su autoridad es «más moral que política, porque mis

decisiones son ratificadas por el presidente de la Generalidad».

NO CEDER EN LAS DIPUTACIONES

El problema radica en el alcance jurídico del nombramiento, piles de hecho la figura creada por el señor

Rahola no está prevista en los acuerdos que configuraron la restauración de la Generalidad. Por ejemplo,

el consejero —único por el momento— incluye en su actuación, según sus palabras, el ámbito de la

Diputación Provincial, cuando la normativa explícita señala que en ausencia del presidente, ocupará la

presidencia de esta Corporación su vicepresidente primero, en este caso don Jacinto Ballesté, hombre

muy vinculado a don Juan Antonio Samaranch. En cuanto al campo específico de la Generalidad, no se

contempla la delegación de funciones —argumento emple a d o precisamente por los «tarradellistas» para

oponerse a. la solicitud de la izquierda de que fuera nombrado un con-seller en cap» o jefe del gabinete en

la persona de don Joan Reventós (socialista)—, y sí, en cambio, la creación del Gobierno, compuesto por

cinco políticos sin cartera y otros siete de carácter técnico, con cartera. Además de estos doce miembros,

no se olvida que deberían incorporarse otros cuatro —uno por cada provincia catalana—, nombrados en

consonancia con los resultados de las elecciones municipales. (De ahí, entre otras razones, las prisas de la

izquierda por acelerar su convocatoria.) Los deseos del señor Tarradellas de no ceder terreno en las

Diputaciones obedecen a sus propósitos de controlar el organismo provincial y evitar que los franquistas

vuelvan a tomar la iniciativa. Es sabido que el señor Tarradellas quiere «sanear» la Diputación,

erradicando los presuntos abusos y corruptelas, sobre los que han circulado abundantes rumores. (Ver

INFORMACIONES del día 4 de los corrientes.) De momento, el bache se ha salvado. Aunque mediante

un procedimiento —nombrar al señor Rahola— poco ortodoxo.

 

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