Autor: Gutiérrez, José Luis. 
 El PSOE, en la encrucijada (y VI). 
 ¿Qué hacer?     
 
 Diario 16.    15/11/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 18. 

GRITOS

Y SUSURROS

El PSOE, en la encrucijada (y VI)

José Luís Gutiérrez

Gregorio Peces-Barba, miembro de la ejecutiva del PSOE, publicaba ayer en el

diario «El País» un largo

artículo, titulado «Las cosas en su sitio», en el que, entre otras cosas, hace

una extensa referencia a los

medios de comunicación, en la que habla de «informaciones o filtraciones no

siempre bien intencionadas,

sin un contraste con la persona o instituciones interesadas para que, al menos,

puedan dar su versión sobre

el tema». Después habla de la «ingenuidad y la falta de preparación de unos», y

«la mala fe», incluso del

trabajo a sueldo de algunos informadores. Termina más adelante con la sugerencia

a los profesionales de

la información de un «autocontrol que sería ejemplar».

¿Qué hacer?

Están rechazadas, por ahora, las posibilidades del proyecto autónomo socialista

y el Gobierno en

solitario; el de la unión con la izquierda —PCE— y el del Gobierno de coalición.

la gran pregunta del

próximo congreso podría ser «¿Qué hacer?»

El proyecto de Gobierno de coalición con UCD contó en su momento con ciertas

simpatías en las áreas de la Zarzuela

AUNQUE no existen referencias personales ni atribuciones a medios

concretos, me temo que alguna

de las admoniciones de Peces-Barba vienen, no dudo que cariñosamente, contra

este modesto

abajofirmante que les ha ofrecido a lo largo de la semana que hoy agoniza el

presente serial sobre el

partido.

Pero hombre, este Gregory, con lo majo que es, con lo que aquí se le quiere...

En este periódico y yo

personalmente— se respeta su condición de jurista capaz, inquieto e interesado

incluso por los propios

problemas de la información. Pero a veces es complicado adentrarse en la confusa

jungla de Ansones y

tipo metros que es esta bendita profesión. Y me temo que no le ha gustado

demasiado la relación de

«vaticanistas» que publicábamos ayer, Y les prometo que yo no me he inventado el

término «vaticanista»,

de uso habitual en el partido, incluso entre miembros de la ejecutiva.

Lo de contrastar las informaciones, hombre. Gregory, eso es el «abc» del

periodismo. Para confeccionar

el serial he hablado con más de veinte dirigentes, entre ellos una media docena

de miembros de la

ejecutiva. ¿Y lo del autocontrol? Fíjense, lectores, si yo utilizo el

autocontrol que tengo un cajón lleno de

anécdotas de los chicos del PSOE que no he publicado. Les voy a contar una, no

obstante.

No sé si la actual ejecutiva del PSOE está abandonando paulatinamente las

esencias del socialismo, tal

como sostienen los «críticos», pero lo que sí parece cierto es que se quieren

desembarazar de algunas de

sus reliquias. Las inmobiliarias sobre todo.

El partido adquirió hace algún tiempo la casa de Pablo Iglesias, en la madrileña

calle de Ferraz, usando

como argumento ante su primitivo dueño el significado histórico y sentimental

que el in mueble tenia

para los socialistas.

Gobierno de coalición

Pues bien: resulta que, tras adquirir la casa, el partido presentó ante el

Ayuntamiento madrileño una

solicitud de derribo de la misma, que los técnicos municipales consideraron

improcedente, por lo que la

solicitud fue denegada. Me consta, sin embargo, que no todos los miembros de la

actual ejecutiva estaban

enterados de la operación. Y así muchas, Gregory. ¿Hay auto control o no?

Y entraremos en el Gobierno de coalición; pero antes habrá que decir que

Izquierda Socialista presentará

su documento constitucional a la militancia el domingo en los locales de Tomás

Bretón, Y para hablar de

la coalición PSOE-UCD, habría que remontarse al XXVIII Congreso. Al igual que en

el PCE, también en

el PSOE hubo ciertos errores de diagnóstico. Poco antes de este congreso, en un

documento elaborado por

Múgica y Javier Solana se afirmaba que en España se había producido la ruptura.

En el propio congreso, tras la dimisión de Felipe, las cosas no debían estar

demasiado claras, cuando se

reunió a las cabezas de cada delegación y, lisa y llanamente, se les hizo ver el

riesgo de que aparecieran

los tanques de la involución, si las cosas iban demasiado lejos.

El «portavoz Cassandra» fue Enrique Tierno Galván, alcalde de Madrid, y

teóricamente alineado con el

sector crítico. Las palabras de Tierno «mi información procede de muy altas

fuentes, cuya identidad

espero comprendáis que no puedo revelar» fueron un jarro de agua fría para la

oposición a Felipe y los

andaluces «Los Botejara», les llama Tierno, que renuncia ron a presentar

candidatura, y se decidió la

solución de la gestora. Al tiempo, mientras toda la atención se centraba en la

ponencia política —con la

absurda polémica marxismo sí, marxismo no la ponencia de organización

considerada como la

verdaderamente importante por los observadores más atentos-era aprobada sin más

problemas. En ella, se

establecían mecanismos de democracia indirecta para la representación en los

congresos, puestos en

práctica por primera vez en el congreso extraordinario. Como diría entonces un

ministro del Gobierno,

Pérez-Llorca, «es muchísimo más fácil controlar un congreso de cincuenta y

tantas personas que otro de

mil y pico».

Lenguaje gramsciano

La ponencia política, un texto un tanto farragoso, con cierto lenguaje

gramsciano «bloque de clase»,

etcétera, establecería que la ruptura no se había producido. Fue una ponencia de

compromiso, escrita con

aportaciones de diversos grupos.

Y quedaba, pues, el plan de acción política, tras la derrota en las elecciones

generales de marzo del 1979,

y la inviabilidad, por tanto, de llevar a cabo a corto plazo el proyecto

autónomo socialista, la «alternativa

de poder».

Siguen los hostigamientos al Gobierno Suárez que desembocan en la moción de

censura, y las primeras

voces, procedentes del propio partido, de un Gobierno de coalición. Se intentaba

con él conjurar peligros

serios para el sistema democrático, aunque, a juicio de un dirigente, también se

trataba de concurrir a los

próximos comicios desde la plataforma del poder, con las evidentes ventajas de

solidificación,

implantación y crecimiento que dicha plataforma ofrece.

«Nuevas mayorías»

Ya en la moción de censura, en mayo del 80, Peces Barba habló e hizo un

llamamiento a las «nuevas

mayorías», e indudable mente no estaba pensando en el Gobierno de concentración

carrillista. Después,

distintos líderes socialistas incluido el propio Felipe hicieron la propuesta

sin eufemismos: Barón, Solana,

Boyer, arropada por la opinión favorable de algún dirigente centrista, con más

pintoresquismo en las

ofertas que otra cosa, como Jiménez de Parga o Alvarez de Miranda. El rechazo

firme de UCD a las

ofertas del PSOE «es un espectáculo un poco lamentable, como el de un novio

requiriendo de amores a su

amada, y siendo rechazado una y otra vez», diría un dirigente socialista, las

propias reacciones de rechazo

del interior del partido, incluidos varios miembros de la ejecutiva, como

Alfonso Guerra, opuesto a dicha

fórmula sin el paso previo de las urnas, han provocado el nuevo paso: una

circular de Felipe González a la

militancia del partido, zanjando la polémica del Gobierno de coalición.

El proyecto contó, en su momento, según fuentes bien informadas, con cierta

simpatía en las áreas de La

Zarzuela. Muchos observadores consideran que el proceso democrático español no

tendrá su legitimidad

definitiva hasta que algún ministro socialista jure su cargo.

La hipótesis de un Gobierno PSOE UCD ha sido y es un nuevo «caso del marxismo»,

un debate

maniqueo en el que se ha pretendido etiquetar con un «sí» o un «no» una cuestión

tan pluriforme, variante

y compleja.

Y queda, pues, lo que decía Javier Solana, y que podrá ser el «gran tema» del

XXIX Congreso, a celebrar

posiblemente en septiembre: el partido, tras decidir lo que quiere ser, ha de

decidir ahora lo que quiere

hacer. Están rechazadas por ahora las posibilidades del proyecto autónomo

socialista, el de la unión con la

izquierda PCE— y el Gobierno de coalición. Por tanto, la gran pregunta del

próximo congreso será ésa:

¿Qué hacer? Ahí está la encrucijada, porque lo de «ser oposición responsable» no

parece suficiente. Seguiremos hablando otro día del PSOE.

Felipe González: la solución, en el próximo congreso.

Alfonso Guerra: Primera, a las urnas.

 

< Volver