Autor: Carrascal Rodríguez, José María. 
 El posible interlocutor más idóneo en el complejo conflicto del área. 
 Interés USA por el protagonismo de Felipe González en Centroamérica     
 
 ABC.    09/01/1982.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

SÁBADO 9-1-82

INTERNACIONAL

A B C / 11

De izquierda a derecha, Felipe González, secretario general del PSOE; Alexander

Haig, secretario de

Estado norteamericano; Daniel Ortega, presidente de la Junta nicaragüense, y

Claude de Cheyseon,

ministro de Asuntos Exteriores francés

El posible interlocutor más idóneo en el complejo conflicto del área

Interés USA por el protagonismo de Felipe González en Centroamérica

NUEVA YORK (José María Carrascal, corresponsal). La visita de Felipe González a

Washington

encierra tos elementos más dispares, como ya viene siendo habitual en la

política española. Visita

sorpresa, aunque se conocía hace tiempo. Visita precipitada, aunque se tramitó

hace semanas. Visita de la

que el protocolo USA no tenía noticia, aunque el propio Haig recibió al huésped.

Todo apunta que aunque en principio era el remate de la gira centroamericana que

el político español

realizó el pasado otoño a Centroamérica, los acontecimientos, aquí y ahí, la

pospusieron hasta que, de

repente, la precipitaron. Washington, simplemente, dijo «puede tener lugar

ahora», y Felipe González, ni

corto ni perezoso, se plantó aquí con sólo la secretaria de Relaciones

internacionales de su partido, Elena

Flores, y dos policías, que los periodistas tomaron al principio por altos

funcionarios socialistas.

Aumentó la confusión el que fue a recibirle el embajador español en la OEA,

Zulueta, pero no el

acreditado ante el Gobierno americano, Lladó, que se encuentra en España, ni su

ministro consejero, que

alegó un compromiso anterior.

Antes de plantearnos la pregunta mas picante —¿por qué tiene interés el

Departamento de Estado en

hablar con Felipe González en este preciso momento?— conviene aclarar otro

punto: ¿en condición de

qué llega? ¿Como vicepresidente de la Internacional Socialista, como se adelantó

en una principio, o

como secretario del PSOE, como dijo él al llegar? El que fuera a recibirle el

jefe de la sección española

del Departamento de Estado apunta a lo segundo. Pero el que las conversaciones,

mas un almuerzo de

trabajo, las sostuviese ayer con el subsecretario para Asuntos Iberoamericanos,

Enders, sugiere lo

primero.

Seguro, sin embargo, no es nada. Llevo tres horas tratando de aclararlo, y nadie

en Washington parece

capaz de hacerlo. A Felipe González, desde luego, le interesa más aparecer como

líder de la oposición

española y como Interlocutor valido y aceptado por los Estados Unidos. Por los

Estados Unidos de

Reagan, nada menos.

Los indicios son, sin embargo, que a estos Estados Unidos de Reagan y Haig les

interesa más Felipe

González como posible interlocutor en el desembrollamiento de la madeja

centroamericana, cada vez más

embrollada. Sobre todo cuando los franceses han decidido vender armas no

ofensivas a Nicaragua por

valor de 15,8 millones de dólares, y entrenar a 20 de sus oficiales navales y,

aéreos. Algo que aquí

califican oficialmente de «desilusionarte», mientras dicen entre dientes que

«los franceses nos están

segando la hierba bajo los pies».

Sobre ello va a hablar Haig a Cheysson, ministro del Exterior galo, este fin de

semana. Y será uno de los

temas más importantes, si no el que más, de su conversación con el líder

socialista español. Felipe

González ha estado en aquella zona no ha mucho y preside además el Comité de

Defensa de Nicaragua».

¿Qué opina este joven político español sobre el asunto? Puede que ahí este la

clave de este

retrasado-precipitado encuentro.

Felipe González llega a él en plan de estadista, es decir, de no beligerante.

Incluso no ha delatado nada

que pueda caracterizarle como abogado de los Sandinistas. Viene dispuesto a

«hacer un esfuerzo, hasta el

límite si es necesario, para tratar de aliviar la tensión en Centroamérica y el

Caribe». Convencido de que

«la distensión real viene por la negociación». Opuesto a la «bipolarización» y a

evitar la «tentación de la

fuerza», que sólo puede ser neutralizada por la serenidad y el diálogo.

Esta será posiblemente la atmósfera que predomine durante sus encuentros en

Washington, que aún no

han terminado a la hora que les envío esta crónica. El más importante de ellos,

con Haíg, se dejó para las

nueve de la noche, de ayer hora española. Pero puede ya adelantarse que Felipe

González no viene a

alentar fuegos, sino más bien a apagarlos, mientras los Estados Unidos

agradecerán escuchar una voz

comedida en la atmósfera cada vez más violenta del Caribe y en la Conferencia

Internacional Socialista, a

celebrar el mes que viene en Caracas.

Resultados concretos de este encuentro no deben esperarse. Pero que ambas partes

pueden salir ganando

del resultado, es evidente. Si Felipe González consigue un papel de mediador en

Centroamérica, su

estatura internacional crecerá. Lo que se reflejaría automáticamente en su

imagen interna española. Por lo

pronto, podría decir que los norteamericanos no le ponen la proa, sino al revés,

confían en él.

Tal vez por eso se ha cerrado en banda y dice que no abordará el tema de la OTAN

ni ningún otro interno

español durante esta visita. Lógico: tendría que repetir su negativa al ingreso

de España, lo que le pondría

frente a Washington. Como tampoco a éste interesa crear confrontaciones

gratuitas, es de esperar que ni

siquiera surja. La operación, puede que de mero tanteo en esta etapa, tiende a

evitar las minas peligrosas.

Felipe González viene a abrir un diálogo con Washington a cerrarlo.

 

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