Vuelve el PSOE donde solía     
 
 ABC.    28/10/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

MIÉRCOLES 281081

Vuelve el PSOE donde solía

Abstracción hecha de la ponencia económica, el Congreso del PSOE se deslizó por

los cauces anticipados

en un editorial de ABC. Se justificaba la denominación de Congreso de la

unanimidad con el que

irónicamente le calificaron algunos observadores políticos. Pero el imprevisto

enfrentamiento, el debate

—áspero en ciertos momentos—, surgió en el seno de la Comisión especializada en

cuestiones

socioeconómicas.

No fue buen comienzo el que el documento-base para la discusión, elaborado por

Carlos Solchaga en

términos de ponderada moderación, llegase fuera de plazo y, sin embargo, se

aceptase. La aproximación a

las tesis que habían servido de argumento a la posición del secretario general

del partido suscitó la

protesta de algún sector, crítico, aunque no en exceso, e incluso el abandono de

la reunión por los

representantes de la Federación madrileña.

Negociaciones de pasillo en busca del consenso han dado lugar a un texto final

no revolucionario, pero sí

más conforme a la ideología histórica. De la inicial contención salarial como

uño de los ejes

fundamentales para combatir el paro se ha pasado a una «moderación en la

progresión de los salarios»,

que difícilmente oculta el deseo de no frenar las reivindicaciones laborales

cuando las circunstancias

políticas lo aconsejan.

Así, este punto, sin duda fundamental, queda un tanto desdibujado y apartado del

primitivo

planteamiento. En consecuencia, el objetivo prioritario de enfrentarse al

desempleo se aborda desde

posiciones mas genéricas, menos concretas: mayor inversión pública, mayor

control social de la economía

a través de la planificación, aumento de los servicios públicos ofrecidos por el

Estado, etcétera.

Algunas de las hipótesis que contempla el programa son inequívocamente

voluntaristas y están

destinadas, suponemos, a disipar recelos: por ejemplo, el crecimiento de la

economía española entre un

4,5 y un 5 por 100 anual acumulativo en el próximo cuatrienio, que haría

felices, a los economistas del

PSOE ,y a todos los españoles, y, en mayor medida, a los actuales y futuros

censados en la nómina del

paro.

Otro tema que no pudo ser frenado, aunque era deseo de la superioridad

trasladarlo a la ponencia

sometida a debate, fue el de las nacionalizaciones, inicialmente encubierto por

la rúbrica eufemística de

una mayor presencia estatal en determinados sectores.

Posiblemente la iniciativa de Mitterrand —que, por cierto, va a encontrar serios

obstáculos reales a la

hora de llevarla a la práctica— y la declaración de intenciones del nuevo

Gobierno griego han forzado la

aparición del término nacionalización en un sentido bastante amplio: «Se

socializarán las Cajas de

Ahorros y las Cajas Rurales, convirtiéndolas en sociedades anónimas, con

mayoría, de participación de

capital del Estado, comunidades autónomas y Corporaciones locales»; «sectores

como el alimenticio, el

farmacéutico, la electrónica requieren una presencia pública importante»;

«aquellos Bancos que hayan

sido ayudados con fondos públicos para superar sus crisis deben pasar al sector

público financiero». Por

supuesto, de tal afán no escapa el ámbito energético: congelación del programa

energético en sus actuales

términos, nacionalización de la red primaria de distribución eléctrica, creación

de una empresa nacional

de comercialización del carbón. Son botones de muestra, espigados al azar.

Hay quizá menos ambigüedad en el esquema económico que en otros planteamientos

socialistas. Pero hay

también en él una mayor dosis de fidelidad a los postulados tradicionales de una

economía fuertemente

centralizada que pugna con el sistema de mercado propuesto por la Constitución.

 

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