Autor: Dávila, Carlos. 
 Mientras el empresariado propicia una solución electoral de centro-derecha. 
 Se espera que Felipe González anime la tibia campaña de los socialistas gallegos     
 
 ABC.    15/10/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Mientras el empresariado propicia una solución electoral de centro-derecha

Se espera que Felipe González anime la tibia campaña de les socialistas gallegos

VIGO (Carlos Dávila, enviado especial). Es de suponer que la llegada de Felipe

González,

acompañado de la plana mayor del PSOE, animará las ínfulas electorales de este

partido, más

apagadas de lo normal a menos de una semana del día clave para el futuro

político de Galicia.

Sólo Francisco Vázquez protagoniza el combate socialista en pos del voto y lo

hace con una tal

moderación que apenas se atreve a denunciar el electoralismo ministerial de UCD

o el

apabullamiento fraguista.

Ya decía ayer que el lema elegido por el PSOE, «Fai Galicia», es declaradamente

ambiguo,

aunque hoy se me ha explicado que es frase común en el argot de los paisanos de

esta tierra.

No lo sé, pero en cualquier caso me parece demasiado evanescente. No lo son, sin

embargo,

los eslóganes que ha acuñado UCD en estas elecciones: el mensaje conservador que

aparece

en sus sugerentes carteles publicitarios: «Defiende lo tuyo», y el mitinero que

ha hecho fortuna

en boca de Rodríguez Sahagún; «Meigas fora»; uno y otro viene repitiéndolos el

presidente

nacional de UCD y con el segundo se refiere a la aventura de desterrar el gran

fantasma

ausentista que es ahora mismo el terror de los políticos gallegos.

Las declaraciones más optimistas sobre la abstención han sido, no obstante, las

del delegado

del Gobierno en Galícia, Domingo García Sabell que ayer reunió a los cuatro

gobernadores

para infundirles un mínimo optimismo, ausente, desde luego, en los análisis de

los jerarcas

provinciales. García Sabell se ha atrevido a afirmar que la participación,

aunque no sea masiva,

si será abundante, lo cual es un pronóstico atrevido en momentos en que nadie

quiere sacar

una de las muchas encuestas absolutamente inútiles que los partidos han hecho

para consumo

doméstico de sus militantes.

El «no sabe, no contesta» continúa siendo la respuesta más generalizada de los

sondeados. Y

así, claro está, no hay tabulador que se precie que pueda emitir una opinión

responsable. Los

periódicos más afectos al partido del Gobierno incluyen hoy en sus páginas una

transposición de

los resultados generales de 1979, según la cual UCD conseguiría 41

parlamentarios. Pero la

similitud es vana. Ningún centrista en sus cabales piensa en una victoria como

aquella.

PROBLEMA UCEDISTA EN LA CORUÑA

UCD tiene problemas graves en una provincia muy concreta, La Coruña, y aquí

pueden

desvanecerse todas las profecías venturosas de un partido que no existe a escala

regional, la

candidatura del doctor Quiroga a la Presidencia de la Xunta y el personalismo

del singular

Meilán, las últimas expulsiones de centristas ferrolanos y alguna maniobra

parapolítica vuelta

en contra de sus propios patrocinadores como la creación de los Amigos de La

Coruña,

convertido hoy en foco de propaganda aliancista, son elementos más que

suficientes para que

UCD tema con miedo fundado los resultados del día 20.

Curiosamente, la polémica sobre la designación, del senador Quiroga a la

Presidencia de la

Xunta no está cerrada, está simplemente aplazada. Es difícil, pero no imposible,

que después

del martes próximo, UCD, a la vista de los marcadores electrónicos, se replantee

la

supervivencia del candidato que, por otra parte, tampoco se muestra empecinado

en pegarse

de por vida a su discutida poltrona presidencial.

Seguramente, los que más se juegan en estas elecciones regionales son los

empresarios. Por

eso Ferrer Salat navega «full time» por Galicia, y lo hace entre polémicas sin

cuento. Ha venido

a hacer campaña activa y a fe que está cumpliendo con sus previsiones. Los

empresarios

gallegos, con su abundante y rica propaganda, han dejado al margen de sus

intenciones

expresas de voto al PSOE y, naturalmente, a cualquier partido a la izquierda de

los socialistas.

Tampoco han apoyado a los galleguistas, moderado-nacionalistas, como sucedió en

el caso de

Fomento del Trabajo Nacional en Cataluña. La opción centro-derecha del

empresariado sería

perfectamente atendida por una coalición UCD-AP que nadie descarta y que parece

a estas

alturas muy posible. A los nacionalistas, asimilables a la Convergencia catalana

o al PNV

vasco, les ayudan en su intento testimonial algunos «euskaldunes» como el

presidente del

Parlamento vasco, Juan José Pujana, y pare usted de contar.

Como, por otra parte, los periódicos de Galicia dedican casi tanto espacio a

criticar

ásperamente a Arzallus como a informar sobre los comicios regionales, el

porvenir electoral del

Partido Galeguista tampoco parece muy brillante. Han recibido el entusiástico

apoyo de

algunos gallegos de ultramar, concretamente del Centro Gallego de Buenos Aires

(antes

claramente secesionista y hoy adicto a una convivencia más estatal) y del Centro

Galicia,

morigerado en sus expresiones y propiciador de un voto institucional alejado,

cualquier

compromiso político concreto.

 

< Volver