Las guerras de guerra     
 
 Diario 16.    22/01/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Las guerras de Guerra

Si no se ha entendido mal el sorprendente enfrentamiento de socialistas y

centristas por el lugar en que

celebrar la «cumbre» autonómica del miércoles, Alfonso Guerra ha sido presa otra

vez de sus inevitables

e imprevistas reacciones.

Anteayer, el número dos del PSOE colgó el teléfono a un ministro, luego a un

vicepresidente —al que

acusó, al parecer, de protagonizar «chorizadas», como suena—, y acabó

proponiendo su despacho,

prácticamente exigiéndolo, según algunos, como lugar de reunión.

El espectáculo no ha podido ser más lamentable, más desalentador, después de que

el presidente del

Gobierno y el líder de la oposición acordaran, días atrás, sentarse serenamente

a dialogar sobre un tema

espinoso y crucial como es la política autonómica.

Da la impresión de que los deseos de Felipe González no llegan a veces a la

realidad por el talante crespo

y punzante de su segundo, que es capaz de echar abajo una necesaria reunión por

un histriónico empeño

en mantener su criterio.

Alfonso Guerra, que tiene un agudo sentido del humor, pero unas formas de gruesa

lija, debería pensar de

cuando en cuando que el país necesita estar menos pendiente de él y más

ilusionado con guerras serias.

Las guerras de Guerra empiezan a hartar y no sólo al llamado país en general.

Alguien muy próximo a él

podría sentir ya los síntomas de un legítimo cansancio.

 

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