Autor: Giles, Fernando de. 
   Carta abierta a don Alfonso Guerra     
 
 Hoja del Lunes.    25/05/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

25-5-1981 - Hoja del lunes de Madrid

Carta abierta a don Alfonso Guerra

Señor don Alfonso Guerra:

El viernes pasado, en el programa de TVE «La clave», usted se permitió una

afirmación arbitraria y gratuita: identificó al autor de los reportajes sobre el

paro —detonante, al parecer, del cese de Iñaki Gabilondo— como de extrema

derecha y de «El Alcázar». Todo el mundo conoce en este país su estilo pugnaz a

la hora e emitir un juicio, generalmente bien respaldado, pero en este caso

tengo la impresión de que ha sido usted muy malévolamente informado. Es decir,

que «ha metido la pata».

Si no fuera usted una relevante personalidad de la política que cualquier día

puede llegar a ocupar un puesto importante en la Administración de este país, yo

me hubiera tomado la cosa a broma. Pero si no se acostumbra usted a hablar con

absoluta seguridad dé lo que dice puede caer en errores más trascendentales, y

eso sería malo para la comunidad. En mi profesión acostumbramos a contrastar las

informaciones al menos tres veces, según la regla clásica, antes de ofrecerlas a

la opinión pública. Usted, que se encuentra dos puntos por encima en la escala

del poder, debería contrastarla al menos cuatro veces. Porque la acusación que

me hace es grave por lo que tiene de injuriosa, y con respecto a mis ideas es,

además, insultante, ofensiva y ultrajante.

Que yo sepa, nunca he cambiado una palabra con usted y dudo mucho que usted

posea un «currículo vitae» de mi persona. Tampoco creo que haya usted

visto alguno de mis reportajes ni que antes del viernes hubiera usted oído

hablar de mí. Como soy persona amable y tolerante, que es lo mejor que he sacado

del oficio, le voy a proporcionar unos datos: Desde hace casi siete años trabajo

única y exclusivamente en TVE, primero en «Los reporteros»; después, en

«Dossier»; luego, en «Primera página», y hasta hoy, a las órdenes directas

de Iñaki Gabilondo, como reportero internacional; lo del paro fue un cambio

circunstancial en mi especialidad.

Hace siete años trabajé en «El Alcázar» como confeccionador y como enviado

especial a temas internacionales. Cualquiera de mis amigos puede decirle cómo y

por qué dimití de ese diario: la necesidad de un sueldo tuvo

menos importancia que mi conciencia profesional. Antes estuve en «Gaceta

Ilustrada», trabajo que ha ocupado la mayor parte de mi vida de periodista.

También estuve en «El Ruedo», revista taurina, o en «Trinca», revista

de «comics»...; en fin, como ve, todo muy variado, para que sólo se acuerde de

«El Alcázar».

Cualquiera que me conozca bien —y en su partido hay más de cinco— sabe que no

milito en ningún partido del espectro político español y que doy gran

importancia a mi independencia de criterio. Tal vez porque desde hace más de

diez años mi campo de trabajo ha sido fuera de las fronteras españolas. De mi

honestidad informativa pueden hablarle los archivos de TVE, desde la guerra de

Nicaragua hasta Videla y las «locas de plaza de Mayo», por no hablar de «Cuba

veinte años después» —pregunte en la Embajada— y las decenas de

reportajes que puede visionar cuando le plazca.

Todas estas explicaciones se las doy porque estoy convencido de que le han

goleado bien en su buena fe.

Yo comprendo que si un relevante miembro de la prensa le hace un comentario

sobre un periodista de a pie, usted no tiene por qué dudar. La duda suele estar

más arraigada en mi profesión que en la suya... ¡Imagínense cuándo alguien

participa de las dos!

No es casualidad —y voy al caso— que cuando usted hacía esas equivocadas

manifestaciones en «La clave» el cámara nos proporcionara la otra clave de su

información: Juan Luís Cebrián, director de «El País», subrayaba sus palabras

asintiendo con la cabeza, muy sonriente.

Esto es imperdonable, señor Guerra, porque Cebrián está más obligado que usted a

contrastar la información sobre las personas y las cosas. ¿No es así?

Bien, yo le pediría, señor Guerra, que la próxima vez que se encuentre con Juan

Luís Cebrián le sugiera qué antes de dar una opinión sobre mi persona —es que ya

van dos veces— pregunte. Lo tiene fácil: dos redactores jefes de su periódico,

grandes amigos y compañeros desde hace muchos años, y un subdirector, también de

«El País», y también amigo de antaño. En fin, que está fácil y sin salir de

casa.

En cuanto a usted, señor Guerra, pregunte entre los compañeros de su partido

político. No, le voy a dar nombres, pero no tendrá dificultades. Después le

rogaría me diera una pública satisfacción. Si lo cree a bien.

Si no, tampoco tiene mayor importancia, porque, como le dije antes, soy muy

comprensivo con los engañados.

Suyo afectísimo y sin rencor,

Fernando DE GILES

 

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