Guerra y el esperpento     
 
 Diario 16.    06/03/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Guerra y el esperpento

Alfonso Guerra, vicesecretario del-PSOE, está consiguiendo fama más que por sus

importantes cargos

políticos, por sus frases. El dilema surge ante la dificultad de separar al

político competente, que sin duda

hay en él, del irresponsable fraseólogo en que a veces se convierte.

El señor Guerra, como todos los hombres de éxito, tiene su pequeño fracaso

íntimo, que en él es el teatro.

Parece que Alfonso Guerra no ha podido superar del todo su frustración como

hombre de escena. De ahí

probablemente este desquite a que con frecuencia nos somete y en el que hace

gala de su gusto por el

esperpento.

En un hombre cualquiera, esta esperpéntica frustración sería un asunto amable y

todo lo más pintoresco.

Para un hombre con poder y, sobre todo, con ambiciones legítimas de próximo

acceso al poder ejecutivo,

este tipo de efectos teatrales ni resulta pintoresco ni tiene la menor gracia.

Las dos últimas salidas del señor Guerra merecen comentario aparte. La primera

se remonta a su no muy

brillante estancia en los Estados Unidos, que coincidió con el improvisado viaje

del presidente Suárez a

Washington. Aparte del chusco rumor que atribuye a Guerra la frase de que Suárez

había ido a los

Estados Unidos «sólo para quitarle imagen política a él», y sí no es un rumor

apócrifo merece serlo, lo

que sin duda manifestó en serio el vicesecretario del PSOE es que era partidario

«de la cancelación del

tratado entre U.S.A. y España y la retirada de todas las bases americanas en

nuestro país».

Una vez más se plantea la cuestión de «desde dónde habla» Guerra cuando suelta

sus teatrales frases.

¿Desde su vicesecretaría o desde su esperpéntica necesidad de distinguirse y

llamar la atención hacia su

persona? Desde uno u otro lado, o desde ambos conjuntamente, Guerra desdice con

sus dichos la seriedad

del planteamiento de su partido ante asunto tan delicado como la posición de

España en el mapa

estratégico internacional y la necesidad, reiteradamente manifestada por el

PSOE, de mantener el «status

quo», Los documentos elaborados por el PSOE sobre este problema podrán ser

discutibles, pero no se les

puede negar rigor y seriedad. El único que les niega estas virtudes es el señor

Guerra con sus

sorprendentes salidas a escena.

La segunda reciente frase esperpéntica de Guerra lo es aún más. Comentando la

política autonómica

gubernamental sobre Andalucía soltó, ni más : ni menos, esto: «Ante la política

del Gobierno uno tiene

dos alternativas, o hacer un gesto testimonial como una huelga de hambre, o

tomar las armas como se

hace en Euskadi. Por suerte, en aclaración posterior, la Junta de Andalucía

puntualizó que Guerra es

partidario de los gestos testimoniales.

Cualesquiera que sean los gustos de Guerra por tales gestos testimoniales, su

reducción del problema

autonómico andaluz, y más aún cuando éste se pone en carne viva, a esa

alternativa, es algo que no deja

de tener un sabor siniestro, como el de toda irresponsabilidad grave cuando

proviene de boca de un

hombre con poder. Invitamos al señor Guerra a que consulte con su compañero José

María Benegas,

secretario del PS vasco, hombre que sabe bien de qué habla y que cuenta con

palabras claras y

responsables para expresarse, qué significaría introducir en Andalucía, como

única opción que oponer a la

huelga de hambre de los socialistas, otra ETA.

 

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