Autor: SERTORIO. 
   El doble lenguaje socialista     
 
 ABC.    09/07/1981.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

OPINION

El doble lenguaje socialista

El respeto que nos merecen todas las personas y grupos no ha de impedimos

analizar objetivamente sus

posiciones políticas, tratando de penetrar en ellas a través de la barrera de su

autopropaganda.

Una de las notas negativas de nuestra andadura democrática es la de vivir en

permanente campaña

electoral, por causas que algún día tendremos que estudiar seriamente. Y ello

hace que el Partido

Socialista Español, que al igual que el francés es un colectivo con ideales y

aspiraciones verdaderamente

«socialistas» en sus Congresos y en su vida interna, adopté en las

comparecencias públicas de sus líderes:

ante el Parlamento cuando TVE transmite las intervenciones; ante la burguesía,

con la que multiplica sus

contactos; ante las clases medias y ante la opinión pública, un aire de mero

partido avanzado pero no

socialista, de moderación y responsabilidad, tratando de captar la adhesión, el

voto de amplias capas de

población o de fuerzas sociales clave, que, acaso deseando estilos nuevos de

hacer política, se sentirían no

obstante repelidas si conocieran las intenciones y objetivos que el Partido

Socialista se marca en su

interior, o incluso aquellas manifestaciones que formula ante sus

«fíeles»,Hacemos esta, reflexión sin

ninguna acritud. Pero como puede suceder que muchos, ante tal táctica, y

especialmente ante la Imagen

de moderación que sabe transmitir Felipe González, lleguen a pensar que no

habría ningún problema con

el triunfo electoral socialista en España, que el PSOE gobernaría como el SPD

alemán, que en lo

sustancial nada cambiaría, y que de este modo se podría aprovechar para castigar

sin consecuencias a una

UCD que se creyó dueña indiscutible de los votos de sus electores, conviene

aclarar y diferenciar las

imágenes y las realidades, que se practican, acudiendo también a la experiencia

francesa, dado que el

socialismo francés es, de los europeos, como se ha reconocido, el más próximo al

PSOE.

Dice la máxima Jerarquía socialista, hace pocas semanas, que no tienen ningún

afán nacionalizador. Que

no aspiran a incrementar el sector público, en manifiesta contradicción con sus

postulados de partido. Sin

embargo, al mismo tiempo, tratan de acabar con el ya minoritario sector privado

de la enseñanza, o en el

mejor de los casos, con la conducta de su fracción moderada, impidiendo su

equitativa financiación,

dejarlo reducido a un 5 por 100 para las clases altas. Y a los pocos días, otros

dirigentes, ante otros

públicos, precisan que aquellas palabras del líder no significan que renuncien a

ciertas nacionalizaciones

inmediatas, como ya han hecho con grave quebranto económico en algunos

Ayuntamientos que presiden.

Acusan al Gobierno actual de debilidad, anunciando, para sintonizar con el ansia

popular de autoridad,

qué ellos serían un Ejecutivo fuerte, que defendería sin paliativos el orden

público y extirparía con gran

rigor el terrorismo. Pero la verdad es que organizan escándalos parlamentarlos

tan injustificados como el

caso Blanco, se oponen a las medidas legales antiterroristas y sus compañeros

franceses se estrenan en el

Poder negando la extradición, dé los terroristas de ETA, aunque distinguiendo

ahora con curiosa sutiliza

dentro del terrorismo, tras el viaje de Calvo-Sotelo, entre delitos comunes y

políticos, Postulan con gran

solemnidad y reiteración unos medios estatales de comunicación —radio, TV—

pluralistas, objetivos y

rigurosamente profesionalizados e independientes del Poder Ejecutivo. En unas

semanas de Gobierno

socialista en Francia, las presiones del Gobierno sobre la televisión y radio

estatales son constantes para

obtener tratamientos favorables. Y las acusaciones de «falta de colaboración» a

los directores de los

medios, y programas, preceden a sus destituciones.

Insisten en que nadie debe asustarse ante la izquierda, pues rechazan

tajantemente el Frente Popular. Hay

que recordar que en España lo han organizado en todos los Ayuntamientos donde

les ha sido posible. Que

en las cuestiones medianamente importantes PSOE y PCE defienden idénticas

posiciones en el

Parlamento. Y que en Francia, sin necesitar siquiera el apoyo legislativo del

PCF. han llamado a los

comunistas al Gobierno, demostrando que no son capaces dé separarse de ellos.

Aseguran que pretenden racionalizar y ordenar el proceso autonómico,

confesándose incuestionablemente

partidarios de la unidad y dignidad del Estado español. Pero ante la dialéctica

radicalmente nacionalista que los comunistas adoptan en las regiones — por

causas que se deberían analizar -, los comités

periféricos del PSQE se colocan en el extremo de las posiciones nacionalistas y

desde luego siempre en la

frontera constitucional.

Podríamos seguir citando casos y temas con la misma contradicción. Baste, por

hoy, para aconsejar que

nadie se confunda. Y para pedir a todos los partidos un esfuerzo de claridad y

coherencia. A todas las

posibles opciones, de las qué nos ocuparemos en el futuro. La democracia exige

con la misma

trascendencia la concordancia de todos los partidos en la defensa y aceptación

de las regias del juego

constitucionales, y la nítida discrepancia y diferenciación de las ofertas de

Gobierno que se hacen al

electorado. El travestismo político, qué por desgracia no sólo practica el PSOE,

al engañar al pueblo, hace

vulnerable el sistema democrático. Y cuando el pueblo se siente confuso, al

menos no lo defiende.—

SERTORIO.

 

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