Autor: Bustelo, Francisco. 
   Ante el 29º Congreso del PSOE: la gran ocasión     
 
 El País.    26/08/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

TRIBUNA LIBRE

Ante el29º Congreso del PSOE: la gran ocasión

FRANCISCO BUSTELO

El PSOE puede y debe ganar las elecciones de 1982 o 1983. En primer lugar porque

su principal

competidor se halla desunido y desgastado por el poder.

En segundo término porque el propio sistema democrático exige una cierta

alternancia en el poder y no

hace falta recordar que la izquierda lleva 42 años sin participar en el

Gobierno.

En tercer lugar, y sobre todo, la consolidación de la democracia requiere un

Gobierno socialista. UCD, en

efecto, ha hecho muchas cosas, pero diríase que ha tocado techo. Las inevitables

discrepancias de sus

miembros en temas fundamentales y el pasado poco democrático de tantos de sus

dirigentes impiden, al

parecer, que haga mucho más de lo que hace.

El PSOE se halla, pues, en ventaja, tal como revelan los sondeos. Sin embargo,

quedan de uno a dos años

para las elecciones; la derecha sigue siendo poderosa; el electorado, poco hecho

todavía, puede mudar de

opinión, y la amenaza golpista no favorece, claro está, a los socialistas.

¿Qué es lo que deben hacer éstos para acrecer al máximo las ventajas y reducir o

anular los aspectos

negativos?

Hay que contribuir, ante todo, a que el juego democrático no esté falseado por

presiones

anticonstitucionales, sean las que fueren. Se trata, por tanto, de apoyar al

Gobierno actual en tanto que

Go.bierno constitucional y al tiempo, criticar algunas, o muchas, de sus

actuaciones desde la oposición.

Difícil filigrana, sin duda, que se está haciendo a veces con fortuna y otras no

tanto.

Con todo, eso no basta. El PSOE tiene por delante uno o dos años en los que ha

de cuadruplicar el número

de militantes activos —uno de los más bajos de Europa—, no complicar más de lo

que está su mutación

ideológica —puesto que de mutación se trata— y perfilar al máximo su programa de

gobierno.

El que esté más o menos igual en este aspecto que los demás partidos no impide

reconocer que el PSOE sólo

tiene un militante por cada cuatrocientos habitantes, cifra que se reduce casi a

uno por 4.000 entre los

menores de veinticinco años. Además, de cada dos militantes, uno se limita

prácticamente a pagar su

cuota, y eso, no siempre.

Para resolver este tema hay que hacer algo bastante sencillo en el papel y muy

difícil en la práctica:

entusiasmar a militantes y votantes para crear un efecto de bola de nieve que

permita en las próximas

elecciones conseguir exactamente lo mismo que acaban de lograr los socialistas

franceses hace poco.

Esa capacidad de generar entusiasmo no ha sido la cualidad más destacada de los

últimos tiempos del

PSOE. Sin embargo, si se consolida la unidad del partido —algo muy hacedero en

estos momentos— y se

aprovechan las enormes posibilidades que brinda la amplia gama que va desde

marxistas a socialdemócratas (y casi, si me apuran, desde trotskistas a

socialiberales), la cosa es factible. ¿Será capaz la

dirección socialista actual de dar las suficientes pruebas de generosidad y de

inteligencia política para

lograr la unión de todos, olvidar pasados recelos y sacar del gueto a quienes no

comparten todas sus

ideas? Pocas veces habrá ocasión más propicia.

Ideología socialista

Otro tema es el de la ideología socialista. Curiosamente, tras el estallido de

1979, me parece que ha

perdido importancia. Recordemos, sin embargo, que el PSOE ha registrado una

confusa pero

importantísima transformación desde 1974, que no creo sea posible aclarar

definitivamente en el congreso

del próximo Octubre. Lo cierto es que las resoluciones políticas de los

congresos —en este punto puedo

ejercer la autocrítica con cierta autoridad, puesto que redacté como ponente

principal las de 1974 y 1979

han tenido poco que ver con la realidad. Si no pareciera demasiada novedad, casi

me atrevería a sugerir

que en este 29° Congreso la ponencia política se dedicara no a precisar nuestra

filosofía política y sí, en

cambio, a fijar las líneas maestras de lo que seria una acción de gobierno

socialista en el cuatrienio 1983-

1987.

En suma, el PSOE necesita fortalecer bastante su organización interna y ofrecer,

si gobierna, unos

cambios a la vez atractivos y realistas.

Para lo primero, paradójicamente, ha de hacerse más plural y autocrítico en su

funcionamiento. Baste un

ejemplo: en el PSOE existe un órgano en teoría muy importante, el comité federal

—unas 150 personas, que, sin embargo, casi nunca tiene iniciativas propias y

aprueba siempre lo que hace y

deshace la comisión ejecutiva. Esta, además, es lo bastante amplia —unas

veinticinco personas— como

para introducir en ella a socialistas destacados; hoy más o menos marginados (y

que ningún mal pensado

imagine queme estoy promocionando, pues está claro que no se puede, o no se

debe, ser rector de

universidad y dirigente de un partido político).

Tenemos un líder que suscita adhesiones grandes, lo cual supone, junto con algún

que otro inconveniente,

un activo fundamental. Si, comenzando por el propio Felipe González, se enarbola

la bandera de la

eficacia y la ilusión y se abre el PSOE, dentro y fuera de sus filas, a todas

las corrientes, ideas y personas

que ven en el socialismo una esperanza, el triunfo estará al alcance de la mano.

La experiencia francesa es aleccionadora. Una figura discutida, pero repelada;

un partido antiguo, pero

renovado; una organización eficaz y abierta; un programa avanzado, pero

realista; una derecha dividida y

desgastada; un partido comunista que no acaba de encontrar su lugar. Con algún

que otro esfuerzo, las

analogías, ya dé por sí notables, podrían ser enormes. ¿Perderemos esta

oportunidad? Mala cosa sería

para el socialismo y también, muy probablemente, para España.

Francisco Bustelo es senador socialista y rector de la Universidad Complutense.

 

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