Autor: Castellano Cardalliaget, Pablo. 
   El Gobierno de no co...laboración     
 
 El País.    03/10/1980.  Página: 16. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

16/NACIONAL

POLÍTICA

FL PAÍS, viernes 3 de octubre de 1980

TRIBUNA LIBRE

El Gobierno de co...laboración

PABLO CASTELLANO

Pues no, señor. Parece ser que no era una serpiente de verano ni una malévola

especulación de algunos

críticos enredadores. Se percibe, y cada día con más datos, la existencia en el

seno de la comisión

ejecutiva del PSOE de un no despreciable sector partidario de la formación de un

Gobierno de coalición

PSOE-UCD, como es lógico y natural, sin el señor Suárez.

Los propulsores de esta estrategia manejan, para justificar su necesidad o

conveniencia, muy variadas

argumentaciones; desde la afirmación de que al PSOE. corresponde el facilitar y

apoyar a los sectores

progresistas madrileños o nacionalistas para que avancen en la añorada

revolución burguesa (¡otra

revolución pendiente!) hasta los que apoyan tal alianza interclasista en la

consideración de que el PSOE,

tal y como está hoy en día o tal y como lo han dejado ellos, según diría yo,

necesita de la plataforma del

Gobierno, del abundante cuerno y su cascada de ventajas para mantenerse ante la

inocultable minoración

de electivos humanos y carencia de una acción política de base, y todos ellos

conjuntan sus argumentos y

esfuerzos para llegar a dicha meta.

A algunos nos preocupo, ya en la moción de censura, el ver abrir, sin chirridos

y con gran suavidad, este

portillo; pero no queríamos dar crédito a ello, sobre todo después de haber oído

frases como esas de «lo

que digan las urnas», que compensaba el pésimo regustillo dejado por aquella

otra del «programa

abierto», o el «aquí estamos para lo que ustedes gusten», tan castizamente

ofrecido.

Mas la ilusión de que esa expectativa hubiere decaído se ha esfumado con leer

las declaraciones de un

miembro de la ejecutiva en Diario 16. en las que elimina toda posible mala

interpretación que hubiere

podido surgir de la hábil y no comprometida intervención del secretario general

en su parlamento con

motivo del debate de la cuestión de confianza.

A la luz de esta tentativa, cobra toda su valoración la coherente estrategia del

cuidado sumo puesto por la

dirección del PSOE en no hostigar ni arañar a UCD como grupo, y, menos aún, a

algunos de sus mimados

barones, en contraste con la empecinada actitud del ataque directo y

personificado a Adolfo Suárez. ¿Por

qué a él sólo?

Y, dejando de lado la procedencia o no de esta clase de maniobras secretísimas y

elitistas, a la luz de los

acuerdos del congreso extraordinario del PSOE y a la no menos despreciable luz

de la ocultación de estas

intenciones a los órganos directores y bases del Partido Socialista Obrero

Español tiene tai importancia

este tema que merece una inmediata reflexión sobre sus erectos, su talla de

previa discusión, clara y

diáfana, y entrando en el fondo de esta peculiar política de alianzas, nos vemos

obligados a hacer algunas

consideraciones sobre las consecuencias que ello puede acarrear para la clase

trabajadora, para el propio

partido y para la naciente y precaria democracia carpetovetónica.

La cacareada alternativa

No ignoramos la consabida afirmación de la imposibilidad hoy de un Gobierno

socialista exclusivo, por la

posible reacción de la banca, el Ejército y la Iglesia, y menos aún vamos a

aceptar la inventada alegación

de que no aspiramos a gobernar ni estamos dispuestos a quemarnos porque

autorreducimos nuestro papel

opositor a una posición testimonial y dogmática, pues ambas consideraciones son

exactamente igual de falaces y prefabricadas para descalificar sin el menor

rigor.

Si algunos miembros del PSOE. ejecutivos y parlamentarios, decidieron en mala

hora, y ya anticipamos

nuestro juicio, para suplir olvidados o despreciados trabajos de seria lucha

ideológica y concienciación,

de claro y definido enfrentamiento político desde perspectivas de clase y de

profunda lucha económica-

sindical, el realizar su cacareada alternativa desde el gobierno compartido hoy

y aquí se haría al partido

comunista el regalo más inapreciable que soñarse pudiera, se prefabricarían las

condiciones en las que se

asentó tanto el crecimiento del sindicato y Partido Comunista italiano (PCI)

como del trances, a lo largo

de los últimos cuarenta años, por similares errores del PSE y del PSI, y se

seguiría apoyando el despertar

de los corpúsculos y partidos de afirmación nacionalista, que ya se ven aflorar

y en algunos lugares ya han

cuajado, y con notable fuerza.

Son aquellos miembros de la ejecutiva y del grupo parlamentario del PSOE que

tienen más que

demostrado su desprecio hacia la concepción militante y de lucha del partido

obrero, con todo lo que

comporta de acción política básica, y que reducen el papel del partido a la

presencia institucional y a los

acuerdos de pasillo, los que serán acreedores al eterno reconocimiento del PCE,

pues es evidente que este,

desresponsabilizado y reducido casi a la única oposición, se verá premiado con

la explotación de los

inequívocos fracasos del conglomerado Gobierno.

Intereses contrarios a la clase obrera

Si el premio que el PSOE ha logrado con su desacertada política de consenso, y

más aún por el gravísimo

terror de la suscripción de los pactos de la Moncloa, se ha comprobado en las

elecciones del I de marzo y

3 de abril de 1979, y en las elecciones al Parlamento vasco y catalán, la

presencia del PSOE en un

Gobierno, sin ninguna clase de posibilidades, con el tardo franquismo bautizado

por umbral y el

continuismo económico social que UCD representa, haría del PSOE, pura y

simplemente, una fuerza de

colaboración en intereses contrarios a la clase obrera, lo que equivaldría a su

hundimiento.

No serviría el conciliábulo siquiera para realizar un programa mínimamente

avanzado, pues es obvio que

las contradicciones con los compañeros de mesa o cama, pues no se sabe bien

dónde iban a revolcarse,

llevarían a una permanente crisis, y de no existir ésta por no haber

contradicciones con la derecha, sería

porque ya el PSOE habría desaparecido.

Este «sacrificio» que algunos están dispuestos a hacer para ser ministros no

serviría siquiera para

profundizar la democracia ni asentar las instituciones, pues los «compañeros de

UCD» no admitirían bajo

ningún concepto un solo punió programático que pudiera suponer el menor atentado

a sus oligárquicos

intereses, y el partido, PSOE, asumiría obligaciones que objetivamente le

enfrentarían con las tan

buscadas clientelas de capas medias y clases populares.

Si no ha habido tuerza para alcanzar las llamadas contrapartidas de los pactos

de la Moncloa, ¿de dónde

se iban a obtener las presiones necesarias para contrarrestar los intereses de

los llamados progresistas del

franquismo (tan prestos a ocupar sillones con Suárez, con Arias Navarro o con

Carrero)?

Dejando reducida la oposición al partido comunista, grupos extraparlamentarios y

fuerzas nacionalistas,

la confrontación de actitudes alcanzarla tales cotas de tensión y desprestigio

de las instituciones

democráticas, que se habría contribuido, paradójicamente, a la creación de un

clima de auténtica

ingobernabilidad.

Y la reacción en el seno del PSOE v de UG T no se haría esperar. Y con una

lógica total, pues para los

que hemos dicho, por activa y por pasiva, que ¡amas nos escindiríamos ni

facilitaríamos

fraccionamientos, por coherencia con esta actitud, frente ;i esa entrega y

suicidio habríamos de responder

defendiendo al PSOE, el de verdad, incluso hasta en su más moderada expresión

socialdemócrata frente al

más repugnante colaboracionismo con los responsables del amargo ayer y de

fraudulento hoy que pesa

sobre la clase obrera.

Defender al verdadero PSOE

Frente a esta operación política o conspiración de los revisionistas, más

preocupados por ayudar a la

llamada burguesía civilizada y a democristianos de toda laña, habríamos de

adoptar una actitud de

defensa del socialismo tradicional, democrático y revolucionario, que reflejaría

definitivamente el que la

verdadera distinción entre colaboracionistas y socialistas recoge mejor donde

están los que hoy

distinguimos con la terminología de sector moderado y sector critico.

Pero, en fin, sea cual fuere la posición que en el seno del Partido Socialista

Obrero Español mantenga

cada corriente, que se abra la discusión públicamente, que diga cada uno lo que

piensa, que se acaben los

hechos consumados o la práctica del contrabando ideológico, y el gato por liebre

y, sobretodo, que quien

mantiene actitudes de ambigüedad, para flotar en toda clase de situaciones, y

según le convenga resultar

el mejor interlocutor de las necesidades de la reforma, o desenterrar el brazo

de Lenin, para con él repartir

mamporros revolucionarios, se decida a aceptar las consecuencias limpiamente,

pues son ya demasiados

congresos los que conducen a asumir, en el papel, las posiciones de la izquierda

socialista, y a desarrollar

en las acciones los hábitos del liberalismo vergonzante.

Pablo Castellano es diputado del PSOE por Càceres.

 

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