Autor: Angulo, Javier. 
 La abstención, gran incógnita tras el progresivo descenso de participación desde el 15 de junio de 1977. 
 Las elecciones al Parlamento vasco, un reto a la hegemonía del Partido Nacionalista Vasco     
 
 El País.    22/02/1980.  Página: 20. Páginas: 1. Párrafos: 21. 

20/NACIONAL

AUTONOMÍAS

EL PAÍS, viernes 22 de febrero de 1980

La abstención, gran incógnita tras el progresivo descenso de participación desde

el 15 de junio de 1977

Las elecciones al Parlamento vasco, un reto a la hegemonía del Partido

Nacionalista Vasco

Un año después de las elecciones generales, los partidos políticos vascos

volverán a medir sus fuerzas en

los comicios para el Parlamento autónomo, que pueden significar acaso la apuesta

más importante de la

historia moderna de Euskadi. Está en juego en ella el modelo de sociedad que de

un desarrollo más o

menos progresista del Estatuto pueda resultar. La consulta se presenta, pues,

como un reto a la hegemonía

del Partido Nacionalista Vasco, un nuevo test —quizá definitivo— para Herri

Batasuna y la oportunidad

del PSOE de Euskadi de recuperar la privilegiada situación que conoció en junio

de 1977. La incógnita

será, una vez más, la abstención, cuya magnitud todos los partidos confían en

reducir en provecho propio.

JAVIER ANGULO, Bilbao Aunque, por el momento.

Los sondeos con que se cuenta son parciales, o cuando menos poco fiables, nadie

duda que la abstención

va a ser elevada en las elecciones al Parlamento vasco. En Euskadi se ha pasado

de un porcentaje de

abstención del 22.74%, el 15 de junio de 1977, a un 33,42% el i de marzo de 1979

y a casi un 40% en los

comicios municipales del 3 de abril del pasado año.

Los observadores políticos, que confían en que en la próxima consulta se rebaje

ese tope, achacan los

porcentajes casi escandalosos de abstención registrados últimamente en el País

Vasco al cansancio y a la

pasividad de un electorado no politizado que en un período algo superior a los

tres años ha vivido siete

consultas.

Al hastío que las sucesivas consultas han podido provocar en el electorado

habría que añadir el desinterés

de un sector nada despreciable de población —en gran parte inmigrante que

considera que el tema de la

autonomía «no va con ellos», o «es cosa de vascos». A la abstención citada

podría sumarse la de

anteriores votantes de Herri Batasuna, que pueden sentirse desorientados o

desencantados ante la

desunión de la coalición y la salida de algunas de sus fuerzas componentes de su

seno y las expectativas

poco claras de aquélla cara al Parlamento vasco.

Pese a los oscuros augurios existentes en este sentido, varios partidos vascos

confían en aumentar sus

votos a costa de la abstención. En tal sentido se han manifestado PSOE, el

Partido Comunista de Euskadí

e incluso Herri Batasuna. De cualquier manera, en todas las campañas electorales

se está combatiendo la

abstención que algunos políticos vascos (en especial los del PSOE. el más

afectado por esta circunstancia

el 1 de marzo y 3 de abril) califican ya como «el mayor enemigo» en las próximas

elecciones.

La campaña electoral, tal y como se esperaba y se ha confirmado en su primera

semana , va a

desarrollarse en un clima de gran violencia dialéctica, entre duros

enfrentamientos y ataques virulentos.

Se va a emplear más tiempo tal es hasta ahora la tónica en afear al contrario

que en defender un programa

o una opción concreta. Las elecciones del 9 de marzo abren una nueva etapa,

quizá decisiva, en la historia

moderna de Euskadi y las distintas opciones de partido y el modelo de sociedad

que, a juicio de cada uno.

necesita el País Vasco se van a vender con vehemencia.

No han cuajado alianzas ni coaliciones nuevas, porque todos los partidos quieren

medir sus fuerzas y

auscultar sus posibilidades reales en una consulta que viene a ser una

repetición, con nuevos elementos,

del 1 de marzo. El PNV tratará de confirmar su hegemonía y lograr suficiente

mayoría como para

gobernar en solitario; HB debe probar su estabilidad como opción política

concreta; el PSOE necesita

recuperar el terreno perdido en las últimas legislativas y en los comicios

municipales, y Euskadiko Ezkerra y PCE esperan ver aumentado su peso político en

Euskadi, en tanto UCD tratará de conseguir el

voto moderado no nacionalista y AP procurará mantener, al menos, su espacio.

Clarificación de posiciones

En cualquier caso, la consulta del 9 de marzo debe ser una oportunidad de

clarificación de la actual

correlación de fuerzas, que se considera ha cambiado a raíz de las variaciones

producidas en el panorama

político vasco en el último año (aprobación del Estatuto, crisis internas en

PNV, PSOE y H B, aumento de

la crisis económica y el paro, recrudecimiento de la violencia y, ligado a la

misma, la intensificación de

medidas policiales, desencanto en el proceso autonómico por la falta de

conquistas reales y consecuente

mayor radicalización de algunos sectores).

Todos los grupos políticos aspiran a comer terreno al contrario y la mayor parte

de ellos destacan los

defectos del rival como virtudes propias. Por ello, en esta campaña electoral se

van a utilizar como ya se

ha visto en la primera semana toda clase de trapos sucios, flaquezas, errores

políticos del contrario a un

nivel nunca superado. Se van a leer muchas «cantillas», se pasarán facturas y se

va a afinar la puntería de

los talones de Aquiles. Ausencia de fair play, en definitiva.

De cara a la campaña, todos los partidos tienen virtudes y defectos, éxitos y

fracasos sobre sus espaldas

que pueden beneficiar o perjudicar, aumentar o reducir el apoyo electoral. Se da

la paradoja de que en la

mayor parte de los casos factores que resultan positivos de cara a un sector del

electorado son, en igual

medida, negativos de cara a otros sectores del mismo electorado. Tal es el grado

de confusión existente.

Así, el PNV, a quien nadie discute de antemano la victoria, en las elecciones,

tiene laureles y cicutas. En

su contra puede jugar la ruptura de esa imagen de pina compacta que componían

militantes y

simpatizantes en el pasado, tras la profunda crisis interna producida en el seno

del partido en Vizcaya.

Pese a la hábil maniobra de situar a Jesús María de Leizaola en la cabeza de la

candidatura de esta

provincia como elemento aglutinador de las dos corrientes en pugna, no se

descarta que parte del

electorado cercano a la corriente independentista de Ormaza pueda desplazarse a

opciones como

Euskadiko Ezkerra o, fundamentalmente, Herri Batasuna, si es que se llega a

quebrar la tradicional

fidelidad del voto nacionalista.

En contra puede tener también el PNV su progresiva radicalización en los últimos

meses justificada como

una postura de fuerza ante Madrid, con abandono del Parlamento y el

«congelamiento» de su actividad en

el CGV y su posicionamiento poco firme en el tema de la violencia, que puede

hacerle perder, en

beneficio de UCD, apoyo de sectores no nacionalistas que hubieran apoyado el

voto útil con el PNV.

Precisamente esta actitud puede ser una condición favorable en otros sectores

más radicalizados para lo

que el PNV sigue manteniendo la imagen de oposición, pese a su carácter de

partido moderado. Como

avales para solicitar el voto útil de estas elecciones el Partido Nacionalista

Vasco ofrece una historia y

una decidida defensa del Estatuto de Autonomía vasco (para muchos su estatuto),

del que es fiador ante

el País Vasco.

Desunión en Herri Batasuna

Herri Batasuna se presenta por primera vez a una consulta con la imagen de

cohesión deteriorada

por la reciente crisis interna y la salida anunciada ya en el caso de LAIA y a

punto de producirse de ESB .

Este hecho, unido a un cierto desencanto en determinados sectores, ante la

carencia de un programa

concreto y consistente y ante las expectativas poco claras en lomo a su papel en

el futuro Parlamento,

podrían jugar en su contra desplazando votos a partidos de extrema izquierda o a

la abstención.

Estos factores negativos de cara a algunos sectores van a ser precisamente los

que, desde otro prisma, van

a ser valorados por una muy importante porción de la clientela de HB, y pueden

ayudar a la coalición a

mantenerse peso en Euskadi. Para esa clientela, Herri Batasuna sigue siendo la

fuerza rupturista,

independentista y combativa por antonomasia. A su favor puede estar también el

desencanto producido

por las escasas conquistas autonómicas logradas por los partidos que defendían

el Estatuto de Autonomía,

la existencia de presos políticos y el incremento de las medidas policiales.

Bipolarización

El PSOE quiere capitalizar para sí el voto del electorado no nacionalista. Ha

planteado su campaña

tratando de paralizar la pugna de las elecciones en dos opciones o modelos de

sociedad futura: la

nacionalista (que califica de reaccionaria y regresiva) y la socialista. Este

extremo, unido a su actitud en el

tema de Navarra y su progresivo alejamiento de planteamientos nacionalistas le

invalidan ante un

electorado de tradición vasquista, aunque no sea nacionalista. Su actuación

política, demasiado

encorsetada a la del PSOE estatal, y el pacto de la UGT-CEOE le pueden restar

votos del electorado

obrero no organizado, que, sin embargo, valora positivamente su decidida

denuncia de la violencia y su

oferta

de un programa sólido y una opción de izquierda viable a corto plazo.

En esa clientela, en la que hay mucha población inmigrante, que teme un futuro

de rechazo en una

sociedad dirigida por los nacionalistas, el PSOE invoca el eslogan Una Euskadi

para todos, que coincide

con el de UCD: Un País Vasco para todos. Hay, sin embargo, en esa oferta y en el

contenido de los

ataques que los socialistas están haciendo en su campaña al PNV (al que de

antemano acusan de

introducir una discriminación entre la población), además de una llamada de

atención necesaria, un

peligro de que salga a flote y se acreciente esa eterna querella entre

nacionalistas y españolistas, que

desde antes de la guerra civil permanece más o menos soterrada en el País Vasco,

Ante esa bipolarización que plantea el PSOE (opción nacionalista identificada

con un modelo de sociedad

reaccionario y, posiblemente, discriminatorio u opción de clase y progresista),

Euskadiko Ezkerra

pretende ser la alternativa aglutinadora. EE (al que sus rivales definen como el

eurocomunismo vasco) se

presenta a estas elecciones como una «opción nacional y de clase» más

consistente y concreta que la del 1

de marzo. A su favor puede estar su decidido apoyo al Estatuto, al euskera y a

la incorporación de

Navarra, que le permiten aspirar a votos nacionalistas, e incluso obreros, que

le achacan, sin embargo, su

no clara desvinculación de ETA (p-m). Como opción de clase carece, hoy por hoy,

de un anclaje en el

sector inmigrante y de una definición sindical clara.

El Partido Comunista de Euskadi parte en el handicap de una imagen de fracaso en

las anteriores

elecciones legislativas. Se presenta a esta consulta con la oferta de una

izquierda necesaria en el

Parlamento vasco para que el desarrollo del Estatuto sea progresista. Cuenta en

su favor con la imagen de

sindicato de izquierda de CCOO. Ha comprendido que disputa el mismo terreno que

Euskadiko Ezkerra,

ante el éxito de esta coalición en los últimos meses en temas relacionados con

las libertades (no en vano

EE ha disputado con éxito a HB las banderas de la amnistía y la denuncia de las

torturas), sin abandonar

su imagen de «partido más coherente en la lucha contra la violencia», ha

flexibilizado sus posiciones en

temas como FOP y represión policial. .

Por fin, UCD aparece como la opción más clara de derechas en Euskadi (AP tratará

simplemente de

mantenerse) ante la polarización creada por ETA. que empuja a sectores

sociológicamente conservadores

a cerrarse a la derecha. En este sentido, se muestra claramente desmarcado del

PNV contra el que, de cara

al electorado, esgrime los fantasmas de la independencia y la discriminación de

los no vascos de origen.

Puede considerarse, a este respecto, «voto útil en las próximas elecciones, en

las que quizá le va a

perjudicar el hecho de aparecer como un espejo del Gobierno en el tema

autonómico, y responsable, por

tanto, del actual frenazo.

La gran incógnita de estas elecciones puede ser ESEI (Convergencia Socialista

Vasca), de reducida

implantación, pero que cuenta con una alta cotización entre un sector de la

clase política, y en medios

profesionales por su coherencia programática y su densidad de cuadros, tan

necesarios para la

institucionalización de la autonomía. El prestigio de Ramón Bajo, primer

candidato por Álava, y el de

Gregorio Monreal, cabeza de lista en Guipúzcoa, les podría proporcionar, en

opinión de algunos

observadores, uno o dos escaños.

GARCIA FRANCES

El PSOE aspira en estas elecciones a reconquistar los votos qua ha perdido

desde el 15 de junio de 1977

y qua entonces le permitieron controlar el inicio de la etapa preautonómica. En

la foto, Ramón Rubial,

presidente del partido, en uno de los primeros mítines de la campaña para el

Parlamento vasco.

 

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