Clausura del XXIX Congreso del PSOE. 
 El poder, concentrado en una superejecutiva felipista     
 
 ABC.    28/10/1981.  Página: 14. Páginas: 2. Párrafos: 14. 

Clausura del XXIX Congreso del PSOE

El poder, concentrado en una «superejecutiva» felipista

MADRID. Desde la tribuna del XXIX Congreso, Felipe González ha dirigido el más

duro ataque contra

el Gobierno de Calvo-Sotelo desde que este se constituyó tras la dimisión de

Adolfo Suárez. La

Intervención del reelegido secretario general del PSOE en la ceremonia de

clausura parece reveladora de

una actitud mucho más firme y agresiva del partido de la oposición para con el

pati ido en el poder

después del 23 de febrero. Su discurso es también Inseparable del contexto de

revuelo político producido

tras la dimisión de Fernando Castedo al frente de RTV E a Instancias del

Gobierno. Y también, y quizá

como forma de superación, del clima de atonía y tono de general moderación que

han presidido los

debates del Congreso de los socialistas.

En la ceremonia de clausura, y en su primer discurso tras su reelección como

secretario general, el líder

socialista señaló que «estamos asistiendo a la recuperación del poder de los

franquistas, sin pasar por las

urnas, por la puerta falsa de un partido débil, de un Gobierno débil que no cree

en las reformas que

propuso». Felipe González alertó a los delegados del Congreso, señalando que

«vienen de nuevo las

fuerzas del pasado a frenar, a cambiar y a hacer retroceder, en lo poco que

hemos avanzado, a la sociedad

española», Entre el clamor de los congresistas. que no le habían negado ni uno

solo de sus votos para la

elección, recordó el apoyo que el partido había prestado para facilitar al

Gobierno su labor en la

superación de los problemas más graves, para preguntarse a continuación cómo

podía haber llegado a ser

tan débil. «¿Cómo un Gobierno que tiene resuelto en gran medida el grave

problema de las relaciones

industriales con el ANE, con una patronal que en cierto modo ha despejado las

mayores incógnitas para

invertir cómo un Gobierno que tiene importantes acuerdos autonómicos, cómo es

posible que con

eso, más el apoyo generalizado contra el terrorismo y el golpismo, sea un

Gobierno tan débil que no es

siquiera capaz de soportar el funcionamiento democrático y pluralista de los

medios de comunicación

social?» Su conclusión no pudo ser más apropiada para el ambiente emotivo del

final del Congreso y para

las múltiples alegaciones que en estos días se han hecho a una situación

claramente preelectoral. «Este

Gobierno ha engañado con su mensaje al pueblo. Lo ha hecho por dos veces, pero

ya por última vez.»

SOLO SEIS CAMBIOS EN LA NUEVA EJECUTIVA

Felipe González consiguió el 100 por ÍOO de los votos emitidos en eí XXIX

Congreso del PSOE para

elegir fa nueva Comisión Ejecutiva Federal, que seguirá presidiendo Ramón

Rubial.

Un total de seis miembros de la anterior Ejecutiva no figuran en la composición

de la elegida ahora, Se

trata de Juan Antonio Barragán, que ocupaba el cargo de secretario de Relaciones

con las Juventudes;

Ignacio Sotelo, secretario de Cultura, y Carlos Cigarrán, Gregorio Peces-Barba,

José Federico de Carvajal

y Donato Fuejo, que eran vocales. Por el contrario, son altas en la nueva

Ejecutiva Manuel Chaves —

dirigente de UGT—, Salvador Clotas, Salvador Fernández, Joan Lerma, Carmen

Mestre —vicepresidenta de la Internacional Socialista de Mujeres—, Joan Prats y

Javier Sáenz Cosculluela.

Junto a Rubial y González, la nueva Ejecutiva del PSOE queda integrada de la

forma siguiente: Alfonso

Guerra, vicesecretario general (obtuvo el 99.49 de los votos); Carmen García

Bloise (68.17 por 100),

secretaria de Coordinación del área orgánica; Emilio Alonso {88,54), secretario

de Administración y

Finanzas; Ciriaco de Vicente (90,87), secretario del área social; José María

Maravall (86,26), secretario

del área cultural, y Guillermo Galeote (89,73), secretario de coordinación de

imagen.

Como secretarios ejecutivos han sido elegidos —además de los mencionados

anteriormente— José María

Benegas, Pedro Bofill, Luís Fajardo, María Izquierdo, Francisco López Real,

Enrique Múgica, José

María Obiols, Javier Solana y José Ángel Villa.

Por otra parte, Rafael Escuredo, presentado en una segunda candidatura para la

Comisión Ejecutiva

Federal avalada por la delegación de Huelva, no consiguió los votos suficientes.

TODOPODEROSO GUERRA

Un presidente —más bien honorífico—, un secretario general, un vicesecretario

general y seis secretarios

responsables de las áreas fundamentales constituirán en el futuro el meollo, la

superestructura de la

Comisión Ejecutiva del PSOE. Flanqueándolos, un total de dieciséis secretarios

ejecutivos, sin cargo, sin

oficio, por el momento. O dicho en términos mucho más crudos, dieciséis

ejecutivos descafeinados (o

desnaturalizados, según un lenguaje más actual), aunque en la teoría sus votos

sean tan válidos como los

otros a la hora de tomar las decisiones. Pero, además, se ha dado entrada a una

nueva figura que viene a

reforzar el mecanismo de concentración del poder: aunque de manera un tanto

imprecisa, los nuevos

Estatutos recogen la posibilidad de que la Comisión Ejecutiva funcione también

como Comisión

Permanente. Y los ingredientes básicos de esta permanente serán el secretario

general, el vicesecretario y

los seis notables.

Se deja abierta la puerta para que puedan participar el resto de los

secretarios, pero una Comisión

Permanente requiere condensación para ser operativa, de modo que no es probable

que en la práctica

tenga muchas oportunidades.

En el más superficial análisis de la nueva configuración de la Ejecutiva ya

salta a la vista la irresistible y

definitiva ascensión del vicesecretario general, o por decirlo de una manera

mucho más llana y precisa,

del polémico Alfonso Guerra, que se constituye como un auténtico factótum del

partido. Entre otras

muchas competencias, tendrá la de «coordinar la política constitucional». Lo que

convenientemente

traducido parece querer decir que supervisará y encarrilará la labor de cargos

municipales, parlamentarios

y autonómicos del partido.

EJECUTIVA HOMOGENEIZADA

Pero el PSOE ha sido, y todo indica que va a seguir siéndolo, pese a estas

nuevas y coyunturales

directrices, un partido de masas. Y el riesgo nada banal que corre Felipe

González y Alfonso Guerra es

que el día menos pensado las masas se rebelen y se produzca el cataclismo. Y,

antes de nada, su propio

cataclismo. El secretario general elegido ahora por todos, absolutamente todos

los votos, prevenía a los

delegados contra los peligros de «oligarquización» del poder en el seno del

partido. Luego aclaró que

apuntaba a una eventual presión de las estructuras de poder en los partidos de

las nacionalidades y

regiones. Pero la sentencia bien se la puede aplicar a sí mismo y a quienes

consciente o

inconscientemente están haciendo aparato del PSOE una camarilla de notables

perfectamente

homogeneizados.

El cada día más irremediable riesgo de desenganche entre las gentes de a pie que

transitan el partido y el

estilizado aparato fue puesto de relieve por un prestigioso personaje

socialdemócrata en el debate que se

desarrolló, un poco a trasmano, en plena madrugada del sábado. El diputado Luís

Solana clamó en el

desierto para que no se consumara la concentración de poder. Algún malicioso

puede pensar que lo hacía

más que nada por tratarse de una «concentración» de la que está ausente.

En todo caso, razón no

le faltaba, aunque la mayoría, con otros argumentos no menos razonables,

decidiera no dársela. Otro

dirigente no menos prestigioso, el catalán Martín Toval, echó también su cuarto

a espadas en la discusión,

y esta vez con relativo éxito. Se le aceptó una enmienda según la cual al menos

el Reglamento interno de

la Ejecutiva ha de ser aprobado por el Comité federal del partido.

Por lo demás, la nueva Ejecutiva es claramente continuista. Han salido seis

hombres, todos a petición

propia, o casi. Otros han bajado de cotización: Solana y Múgica, por ejemplo. Y

han entrado dos

catalanes, Clotas y Prat. Ya son tres con Obiols —y éste es uno de los datos más

significativos del nuevo

equipo, que da cuenta de la verdadera fuerza del PSC-PSOE y de la necesidad

ineludible de ir dando paso

en la CE a hombres de los «partidos de nacionalidad». Claro que, quizá por eso,

también lo intentó

Escuredo. Y obtuvo un rotundo fracaso.

 

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