Autor: Fernández-Rúa Plasencia, José María . 
 Entrevista con Alfonso Guerra. 
 La oposición, como tal, no existe     
 
 ABC.    24/04/1983.  Página: 56-58. Páginas: 3. Párrafos: 53. 

DOMINGO 24483

ABC entrevista.

Entrevista con Alfonso Guerra

«La oposición, como tal, no existe»

Hay que habituarse a estar en la oposición como nosotros nos tenemos que acostumbrar a estar en el

Gobierno.

A los etarras les dejó actuar Giscard d´Estaing y lo está haciendo Mitterrand.

Con ironía, claro. Alfonso Guerra, de nueve y media a diez y media. La situación actual del país, el

terrorismo, las relaciones exteriores, la oposición parlamentaria, la RTVE, la Iglesia y las Fuerzas

Armadas. Estas cuestiones, entre otras, han sido tratadas por el vicepresidente del Gobierno y «número

dos» del PSOE. Un hombre de actitudes refinadas, a veces mordaz, siempre crítico, en estas declaraciones

en exclusiva a ABC. Guerra —hace honor el apellido— está convencido que hay muchos españoles que

le entienden, y hace un llamamiento a todos los sectores de la vida española —empresarios, banqueros,

centrales sindicales, Administración y al propio Gobierno— para que el país no pierda, según dice, otra

vez el tren de la historia.

—Señor vicepresidente, empezamos por la Administración. Ese empeño del Gobierno en moralizar la

atención pública...

—Este tema ha sido recurrente en la historia de nuestro país, incluso en personas que tienen una

dedicación literaria escasa. Estos recurren con facilidad a referencias literarias como la de Larra de

"Vuelva usted mañana». Cuando nosotros, los socialistas, logramos apoyos suficientes para gobernar

tuvimos el objetivo clarísimo de esa Administración que la gente ve como esclerotizada había de

reformarla radicalmente. Y vamos a ese objetivo con el temor de una fuerte resistencia en la

Administración. A la vista de estos primeros meses, tengo que decir varias cosas: efectivamente, la

situación de la Administración era caótica, casi desconocida su propio seno, en gran medida eficaz por

falta de racionalidad en estructuras administrativas y cuanto a esa necesaria realización de ejemplo que

debe ser la Administración Pública respeto a los ciudadanos.

-- ¿Hubo resistencia al Gobierno?

-- Esta resistencia del conjunto de los funcionarios ha sido infinitamente menor de lo que podíamos

esperar. Los funcionarios, como gran colectivo, han entendido perfectamente que nuestro objetivo de re la

Administración se debe cumplir, y ellos están dispuestos a colaborar. De hecho lo están haciendo. El

problema es que se trata que es una tarea compleja, difícil Porque a esto hay que añadir la necesaria

reforma de la Adfración respecto a la nueva estructura del Estado, el Estado de autonomias. Conjugando

estas cosas, el cambio de la Administración debe ser seno. Hemos comenzado por dar ejemplo. La

primera ley de Incompatibilidades que se ha enviado al Parlamento ha sido la de diputados y senadores.

La segunda se refiere a las de algunos cargos de la Administración, porque no queremos entrar —y a

veces se dice con desconocimiento absoluto de objetivos— en si un ordenanza en Ministerio es, por la

noche, de un cine, y entre un y otro consigue reunir se mil pesetas.

No es ése el problema. Se trata de la funcionalidad, de no tener a la misma hora dos puestos de trabajo en

la Administración, como había personas que los tenían, y no son precisamente los de escalones más bajos,

En este sentido estamos teniendo un éxito importante y, en general, una colaboración bastante alta de los

funcionarios. De todas formas la tarea para realizar es todavía larga y compleja.

Optimismo ante las elecciones

(La entrevista se ha realizado en el despacho oficial que el vicepresidente Guerra tiene en el Congreso de

los Diputados. Las elecciones municipales y autonómicas es otra de las cuestiones en las que ofrece su

opinión, convencido que en estos comicios conseguirán gran número de alcaldes y concejales.)

—¿Va a hacer campaña electoral estos días?

—En las campañas electorales hago unos actos casi siempre centrados en Andalucía, porque soy andaluz

y diputado por Sevilla, Además, tengo mi residencia establecida en Sevilla, y es allí en donde me siento

más a gusto que en ningún otro lugar de España. De forma simbólica participaré en un par de actos en

Andalucía. También estaré por Castilla, creo que en Toledo, y en el País Vasco, concretamente en Bilbao

y en Vitoria. El resto del tiempo lo dedicaré a Sevilla, Córdoba y otras ciudades de Andalucía.

—¿Cómo se plantean estas elecciones para el PSOE?

—Francamente bien. Al margen de las polémicas, que lógicamente se plantean en campañas electorales,

porque todo el mundo tiene que decir cosas y a algunos se les va el tornillo, y esto es lógico; al margen de

esto, todo el mundo reconoce cuando está hablando en el ángulo de un salón que los Ayuntamientos han

funcionado muchísimo mejor desde mil novecientos setenta y nueve que antes de este año. Las

Administraciones Públicas en toda la transición han incrementado sus déficit en porcentajes elevados,

excepto los Ayuntamientos, que los han reducido. Y ello con un aumento extraordinario de los servicios

que han dado. Ha disminuido, en una palabra, la tendencia al crecimiento de los déficit. Es decir, que la

gestión municipal es buena, al margen de que la gente haga sondeos y diga cómo se va a votar y a quién.

Lo que yo veo en la calle es que se tiene constancia que ahora la gestión en los Municipios es mejor que

antes de mil novecientos setenta y nueve.

—Entonces, ¿se muestra optimista en cuanto a tos resultados del ocho de mayo?

—Sí, y la verdad es que no hago extrapolaciones extrañas como, generalmente, nacen otros. En esto de la

cuestión electoral todo el mundo se permite opinar y hay pocos que estudian los temas. La materia

electoral la vengo estudiando desde mil novecientos setenta, y en ocasiones me quedo atónito cuando

oigo hablar a personas sobre esto sin el menor conocimiento. Por ejemplo, las infinitas polémicas que se

organizan sobre el método D´Hont sin saber de qué trata. Soy optimista, y no por las extrapolaciones del

veintiocho de octubre, sino por la intuición que tengo. Creo que nosotros, tos socialistas, vamos a

incrementar sustancialmente el número de alcaides y concejales, porque el hombre de la calle confía en la

gestión que los socialistas hemos hecho en los Ayuntamientos.

(La ilusión no se ha perdido en el PSOE. El balance de estos cuatro meses de gestión del Gobierno son

calificados por Alfonso Guerra, también, positivamente, «Hay —asegura— muchos millones de

españoles, además de los que nos votaron el veintiocho de octubre de mil novecientos ochenta y dos, que

nos desean suerte y quieren que el Gobierno saque adelante al país.»)

Terrorismo, igual a «gangsterismo»

—Señor Guerra: ¿Cuál es su opinión sobre el terrorismo y, en concreto, de los terroristas etarras?

—El terrorismo de ETA fue hace muchos años una expresión violenta de una serie de personas,

generalmente jóvenes, que combinaban su oposición a un sistema imperante entonces, la dictadura, con

un cierto fanatismo nacionalista en el País Vasco, Una vez que se recuperan las libertades, ese grupo de

personas tienen la oportunidad de arriar las banderas y entregar las armas para integrarse en el proceso

normal democrático al que podían descender libremente sin que nadie les persiguiese. No fue así, porque

todos los grupos que emplean la violencia tienen un proceso muy similar, que consiste en que tos jefes

son los que, al inicio, tienen una apoyatura ideológica para lo que hacen. Después, como actúan

violentamente, colocando bombas, disparando contra personas, entonces se va creando el mito del que

hace estos actos mejor y se van sustituyendo los jefes ideológicos por los jefes violentos, los operativos,

hasta el punto de que al final tos que mandan son los que mejor aprietan el gatillo. Es decir, se convierten,

en alguna forma, en un proceso de «gangsterismo»», en el cual el que manda es el más habilidoso

matando. Cuando se llega a ese punto cuesta muchísimo trabajo dar marcha atrás, porque ya no hay ideas,

no hay integración en la sociedad. Ese es el proceso operado en ETA y en otros grupos violentos a través

de la Historia.

—¿Y la postura de Francia?

—A los etarras se les ha permitido operar en el sur de Francia. Se lo ha permitido Giscard d´Estaing y se

lo está permitiendo François Mitterrand. Bien es verdad, para ser justos, que alguna colaboración

importante se está operando ahora entre el Gobierno francés y el español. A mi juicio no lo

suficientemente importante. Por eso incrementamos nuestra presión, porque creemos que es justa la lógica

de soberanía de un pueblo que quiere vivir en libertad.

—¿Cómo resolvería usted el terrorismo?

—Desde mi punto de vista personal el problema del terrorismo en el mundo no se resolverá de verdad

hasta que todos los países abandonen el trozo de egoísmo que tienen y estén dispuestos a combatir

conjuntamente contra todos los terrorismos, estén donde estén. Hay muchos países que llegan a un

acuerdo tácito con grupos violentos y les dicen que no les planteen problemas a cambio de no

planteárselos a los terroristas si actúan fuera del país. Hay que combatir el terrorismo todos unidos, con

los medios que sean necesarios dentro de la legalidad.

Norte de África; incrementar las relaciones

(Las relaciones con Marruecos y Argelia también tienen un espacio en esta conversación, en la que los

teléfonos no han sonado una sola vez. Alfonso Guerra no es partidario del juego de los equilibrios, porque

ofrecen un resultado pobre en política exterior. El Gobierno socialista va a incrementar sus relaciones con

el conjunto del norte de África: «No queremos estar —dice— de espaldas a la Historia, sino de cara a los

acontecimientos.»)

—Creo que hemos hecho una opción muy clara, España, durante muchos años, ha vivido de espaldas a

una realidad que está muy cerca y que es el norte de África. Vamos a incrementar las relaciones con estos

países partiendo de una teoría técnicamente diplomática y también política.

—¿Qué ocurrirá con Ceuta y Melilla?

—No hay ningún problema. Se están desquiciando estas cuestiones. Se puede dar un mensaje de absoluta

tranquilidad desde todos los puntos de vista, incluso el objetivo. El Gobierno socialista tiene una posición

firme respecto a esta realidad.

—Ya, ¿y con Gibraltar?

—Es también un tema recurrente, de los que aparecen y desaparecen. La descolonización de Gibraltar

está aceptada totalmente por la ONU y todos los países democráticos, pero el Reino Unido no quiere

aceptar, quizá por una especie demora de potencia colonial que se aferra a algunos símbolos más que a

algunas realidades, y que, naturalmente, lo que se hizo por el Gobierno de la UCD de no plantear

previamente estas cuestiones antes de dar un paso tan fundamental como es el ingreso de España en la

OTAN ha perjudicado, lógicamente, la posición española. Nosotros no desistiremos de plantear

permanentemente esta cuestión, y la descolonización del Peñón tiene que llegar inexorablemente.

(Las relaciones diplomáticas con Israel son abordadas, a continuación, por el vicepresidente Guerra. De

momento no las habrá. El pueblo palestino está por medio. Alfonso Guerra opina que con la visita de

Simón Peres se desorbitaron las especulaciones. «No existe este hecho consumado», matiza, para, a

renglón seguido, subrayar que la política internacional en condiciones de normalidad absoluta llevaría a

que España e Israel tuvieran relaciones diplomáticas.»)

Carrillo defendió las bases USA

—El pasado miércoles el Pleno del Congreso ratificó el Convento de Defensa y Cooperación entre

España y tos EE UU. A su juicio, ¿se trata de un Convenio favorable a nuestro país?

—No estamos de acuerdo con el texto que nos encontramos en diciembre pasado, ya firmado en julio de

mil novecientos ochenta y dos con EE UU. Bien es verdad que es un texto mejor que el anterior, pero no

es el que hubiéramos hecho los socialistas. También nos encontramos con que el veintiuno de mayo

próximo termina la posibilidad de ratificación por el Parlamento, porque en caso contrario se produciría el

desmantelamiento de las bases americanas. Lo que hemos hecho ha sido utilizar un procedimiento que en

diplomacia tiene gran ventaja. Hemos creado un protocolo que dice, por una parte, que todo lo que en el

Convenio pudiera prefigurar la posición defensiva de España queda anulado. Por otro lado, en cualquier

momento se puede denunciar este Convenio para renegociar un nuevo texto.

(Hace un inciso. Parece recordar, de repente, las acusaciones del comunista Santiago Carrillo en este

debate. Alfonso Guerra hace gala de su ironía: «A veces uno tiene caridad. He podido sacar papeles en el

debate. Papeles del Comité Central del PCE en los que se recogen las opiniones de Santiago Carrillo

sobre el Convenio con EE UU cuando era secretario general de los comunistas. En esas manifestaciones

dice que apoya la permanencia de las bases militares USA en España, Es decir, lo que defendió Carrillo

en la tribuna fue pura demagogia electoral.»)

Habrá consulta popular sobre la OTAN

—El ingreso de España en la OTAN, señor Guerra, ¿Habrá referéndum?

—Lo hemos dicho en nuestra oferta electoral y lo cumpliremos: habrá consulta popular. La gran mayoria

del pueblo español piensa de la siguiente manera: aproximadamente un veinte por ciento no se pronuncia

en tos temas de defensa y de la OTAN, y el ochenta por dentó restante divide su parecer. De éstos, el

setenta por cientos aproximadamente, frente al diez por ciento, piensa que España no debe estar en una

organización como la OTAN, En la misma proporción dicen que, de todas formas, se tiene que decidir

por medio de una consulta popular. Igualmente, el sesenta y tantos por ciento, contra el diez y pico por

ciento, sostiene que sería conveniente hacer antes de esa consulta una información exhaustiva de los pros

y los contras respecto al ingreso de nuestro país en la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

Todo esto indica racionalidad y madurez del pueblo español. Vamos a hacer justamente lo que la opinión

pública quiere: información exhaustiva sobre estos pros y contras, junto con el posicionamiento del PSOE

respecto del no ingreso en la OTAN. Y lo vamos a hacer en esta legislatura.

(El vicepresidente Guerra vuelve a recordar a Carrillo. Es fulminante: «Lo que sucede es que un señor

con tres detrás jamás me pondrá el cuchillo en el cuello para que vomite las recetas que a él le gustan.

Esas recetas —apostilla— las da el "chef" de cocina, y hoy por hoy ese "chef" no es Santiago Carrillo. Ni

tampoco mañana, pero en fin...»)

Hacia una renovación industrial

—Y la situación económica de España, ¿cómo la ve el señor Guerra desde su puesto de vicepresidente del

Gobierno?

—La situación económica es, indudablemente, difícil. El tres de diciembre de mil novecientos ochenta y

dos adquirimos una situación económica bastante desastrosa porque no se abordaron antes tos problemas.

Se hacían los sordos. Había precios embalsados, era necesaria una devaluación de la peseta, que no se

quena hacer porque creían que eran medidas impopulares, y la gente entiende mejor las medidas que son

necesarias de lo que la élite política piensa. El gran problema de este país es el paro, que no se resuelve

por decreto. Afecta a la situación humana y psicológica de la persona. Nosotros, el Gobierno socialista,

devaluamos la peseta en un ocho por ciento, y no ha sido necesario volverlo a hacer. Se han adoptado

unas medidas económicas, pero Europa termina su renovación industrial en mil novecientos ochenta y

cinco y aquí no hemos empezado. Como siempre, perdiendo el tren de la Historia, y, como siempre, por

culpa de los gobernantes...

—Entonces, ¿van a llevar a cabo esa renovación de la industria?

—Sí. Vamos a plantear la necesidad de un reconversión, de una incentivación industrial importante al tiempo que se atenderá, sin ningún tipo de demagogia, a los sectores que puedan crear riqueza en el

país, y, a veces, dejando caer a sectores que llevan a la ruina no sólo a ese sector, sino también al conjunto

de la producción de la riqueza nacional. Vamos a comprometer, pata este fin, a todo el mundo, a todos los

poderes, desde tos sindicatos, que están en una actitud responsable en estos temas, hasta la Banca, los

empresarios...

—¿Esta usted haciendo un llamamiento para salvar a la economia?

—Si. estoy haciendo un llamamiento a la colaboración global de todos. Aquí tiene que colaborar todo el

mundo para hacer más racional los planteamientos a veces descarnadamente. Hay veces que por

ignorancia o demagogia no se entiende que para que vivan diez mil tienen que desaparecer dos mil

puestos de trabajo, con el fin de crear otros diez mil en otros sectores.

—Señor vicepresidente: Rumasa. ¿Qué opina de las recientes declaraciones de José María Ruiz Mateos?

—Es inaudito. Desde un hotel de Londres desafia al ministro español de Economía. Es terrible. Es como

si Margaret Thatcher quisiera tener en Túnez un debate con la Junta Militar argentina sobre las islas

Malvinas. No es serio.

—¿Pero ustedes van a seguir con las nacionalizaciones?

—Si el Gobierno quisiera nacionalizar lo haría con sectores estratégicos que en manos del Ejecutivo

controlen una producción. Pero nacionalizar los bolsos, pantalones vaqueros, las mantequerías, resulta

extraño que un Gobierno tenga voracidad de estas cosas. El caso Rumasa nos preocupaba desde hace

mucho tiempo. Y así lo habíamos manifestado a políticos y banqueros, encontrando siempre la misma

respuesta: preocupación. Intentamos que frenaran la expansión y solificasen lo que tenían;

que consolidaran esos puestos de trabajo. Ruiz Mateos no quiso atender los requerimientos del Gobierno

socialista. A mí me parece que alguna persona debió aconsejarle mal por intereses personales.

Probablemente para cobrar una buena minuta. Sus consejeros le recomendaron aquella conferencia de

Prensa. En ella desafío al pueblo español..., estaba tirando sesenta y seis mil puestos de trabajo. (Ha hecho

un símil de Rumasa con una persona que, sin dinero, va a un restaurante y pide una bandeja de ostras.

«Como no puede pagar —dice Alfonso Guerra— pide otra bandeja, y otra y otra más. hasta que, por fin,

encuentra la perla y puede pagar la cuenta.»)

La oposición no tiene un director de orquesta

Alfonso Guerra opina, tajantemente, que no hay una oposición parlamentaria. «No es suficiente», dice. Y

también muestra su preocupación «por este hecho».

—Hay un grupo parlamentario que es el Popular, y el mayor de la oposición, y luego otros. Él Grupo

Popular tiene una radiografía un poco extraña y no nos puede sorpender que, a partir del nueve de mayo,

empiece una auténtica cacería del hombre. Lo estoy viendo ya en algunos medios que los están alentando.

Es un grupo que ha perdido la aguja, está un poco desalentado, pero, por otra parte, es lógico, porque en

este país la derecha ha gobernado siempre y de repente se encuentra con que hay un Partido Socialista que

gana las elecciones por mayoría absoluta, que forma un Gobierno monocolor y que, además, continúa con

un apoyo popular ferviente, hay que habituarse a estar en la oposición, como nosotros nos tenemos que

acostumbrar a estar en el Gobierno. Así las cosas, la oposición como tal no existe. Hay una serie de

personajes que cada uno grita por su lado, que no se ponen de acuerdo. No tienen, hoy por hoy, un

director de orquesta en el grupo y desafinan con bastante frecuencia. Es lamentable esta situación, porque

este país necesita que las fuerzas políticas consoliden su espacio y lo hagan seriamente. También es

preocupante que la derecha en España no llegue a un acuerdo mínimo, y no lo hace por intereses

personales.

—¿El Grupo Parlamentario Socialista va a obstruir sistemáticamente las iniciativas legislativas de la

oposición?

—No hay esta postura sistemática. Es lógico que la oposición se queje de que el grupo mayoritario de las

Cámaras es el que legisla. A nosotros no nos dejaban pasar nunca nada cuando éramos una minoría

mayoritaria. La regla de oro de la democracia es que la mayoría decide y la minoría acata, pero conserva

su derecho a convertirse en mayoría.

RTVE tiene que cambiar

(La pequeña pantalla. Aquí el vicepresidente Guerra alaba la gestión del equipo dirigente del Ente. «Esta

palabra —dice— viene estupendamente. Es un ente extraño y no un E. T., que es mucho más Cándido.»

Pero no está contento.)

—Nunca he estado satisfecho con Televisión Española, y creo que pasará bastante tiempo. La televisión

en España se hizo por los sectores más reaccionarios del Movimiento Nacional y se han ido metiendo, en

su primera etapa, a toda la gente que tenía méritos, como, por ejemplo, los falangistas de pro y los

directores generales que luego fueron ministros, como Sancho Rof, Adolfo Suárez y Rosón. Algo

espectacular. Creo que el actual equipo dirigente en Radio-televisión Española está haciendo esfuerzos

enormes, con algunos éxitos importantes y otros que quedan por demostrar. En el terreno de la gestión se

está clarificando con éxito la situación económica. El otro, es el terreno de lo que se ve por la pantalla. Es

más difícil y complejo. La cosa tiene tela. Los programas infantiles siguen siendo para subnormales. Los

niños son niños, pero no tontos. En cuanto a los telediarios, que yo los denomino «teledramas» por la

cantidad de noticias de catástrofes que ofrecen, hay un intento de salvarse del complejo de que se está con

el Gobierno y, a veces, se exageran las tintas. Radio-televisión Española tiene que cambiar. Sé que se está

haciendo un enorme esfuerzo en temas de racionalidad y saneamiento.

Excelentes relaciones con la Iglesia y las FAS

Ya para terminar, el vicepresidente Alfonso Guerra hace una valoración de las relaciones del Gobierno

socialista con la Iglesia católica y las Fuerzas Armadas. Es la siguiente;

—En mi vida he tenido pocas relaciones con los señores obispos. Pero la responsabilidad de gobernar le

crea a uno la necesidad de tener que conectar con sectores importantes de la sociedad española, como es

la Iglesia católica. He tenido, últimamente, importantes reuniones, en las que tres señores obispos, dos

ministros y yo mismo intentamos analizar los problemas que se derivan de los acuerdos entre la Santa

Sede y el Estado español. Creo que el punto fundamental es que en nuestro país, las banderas de la lucha

entre el clericalismo y el anticlericalismo se han enterrado definitivamente. Esto tiene una dimensión

histórica extraordinaria. Los socialistas estamos tratando de resolver las cuestiones que se derivan de un

tratado entre la Santa Sede y el Estado español, sin enfrentamientos. Hay entendimiento mutuo.

Por lo que respecta a las relaciones del Gobierno de Felipe González con las Fuerzas Armadas, son de una

extraordinaria fluidez. Tal vez en mucho tiempo, en España no ha habido un Gobierno capaz de

comprender con más claridad tos problemas que existen dentro de fas Fuerzas Armadas, con su necesaria

modernización tecnológica y su necesaria consideración social. También nunca ha habido una

comprensión por parte de las FAS, en el sentido de los objetivos que tiene el Gobierno sobre la defensa

nacional y en cuanto al papel que la Constitución atribuye a las FAS. El Ejército es una parte de la

Administración del Estado, y el Gobierno, y su presidente de una forma más directa, es responsable

también de la política de defensa. Resumiendo, las relaciones son muy buenas y van a mejor.

José María FERNANDEZ-RUA

 

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