Autor: Menéndez del Valle, Emilio. 
   Los socialistas españoles e Israel     
 
 Diario 16.    10/11/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Diario16 10/XI/1982

EMILIO MENENDEZ DEL VALLE

Experto del PSOE en cuestiones internacionales

Los socialistas españoles e Israel

El presente artículo es una respuesta al escrito por Leopoldo Azancot en estas mismas páginas. En él se

puntualizan algunas inexactitudes y se deja sentada, sin ambigüedades, la posición del PSOE en este

tema, decisivo para comprender la nueva política internacional española.

El articulo publicado en Diario 16 (41182) por Leopoldo Azancot, titulado «La izquierda española e

Israel», me da pie para hacer unas cuantas consideraciones. Las dividiré en dos partes. Una, referida a las

inexactitudes y desviaciones de la verdad contenidas en el artículo citado. Otra, acerca de la posición del

PSOE en este asunto.

El señor Azancot afirma textualmente que la Internacional Socialista (IS) ha expulsado de su seno al

Partido Laborista israelí. Falso. Hace unos meses, en una reunión informal de la IS en Copenhague se

discutió una propuesta del primer ministro austríaco, Bruno Kreisky. Kreisky, quien siempre ha

mantenido una firme y coherente oposición a la intransigencia de Israel, criticó duramente la actitud del

tal partido por, en el mejor de los casos, su ambigüedad ante la invasión israelí de Líbano. Nunca se ha

considerado formalmente en la IS la exclusión del Partido Laborista, quien, dicho sea de paso, ha dado

suficientes muestras en este tema como para ser tajantemente denunciado.

Una paz mixta

Se extiende, por otro lado, el señor Azancot en las ya clásicas acusaciones a la izquierda española en este

asunto: la izquierda es «antisemita» (olvidando que tan semitas son los judíos como los palestinos), la

izquierda no reconoce al Estado de Israel, cuya destrucción pretende, la izquierda apoya a los

«terroristas» palestinos...

Desearía pues aprovechar la retahída de inexactitudes e imprecisiones expuestas en el artículo en cuestión

para explicar a los lectores lo que el PSOE preconiza en este tema. En la más pura línea defendida por las

Naciones Unidas, somos partidarios de que se logre una paz justa y duradera en Oriente Próximo. El

proceso negociador conducente a ese objetivo debe ser impulsado y favorecido por la ONU y en él deben

participar todas las partes implicadas. Esencialmente el Gobierno de Israel (la destrucción de cuyo Estado

obviamente no pretendemos) y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).

Independientemente de la injusticia cometida al crearse en 1947 el Estado hebreo, la realidad de los

hechos de hoy impone la constitución del Estado palestino en Cisjordania y Gaza (actualmente sometidas

a la ocupación militar y administrativa israelíes) que coexista con aquél, cuyas fronteras anteriores a la

guerra de 1967 deben ser garantizadas internacionalmente.

Toda contribución que fomente ese proceso negociador y que supere los acuerdos de Camp David (que

excluyen los legítimos derechos de los palestinos) es válida. Por ejemplo, el llamado plan Fahd de paz,

sugerido por el monarca saudí y adoptado en la «cumbre» árabe de Fez. O cualquier otra propuesta

similar proveniente de los países árabes, sean éstos progresistas o conservadores, siempre que contemple

explícita o implícitamente los derechos de ambos pueblos concernidos. La Comunidad Económica

Europea, a la que tarde o temprano España se incorparará, debe articular una iniciativa de paz para

Oriente Próximo que contenga los elementos que estamos definiendo, Y el Gobierno de España debe

contribuir a la misma.

Reconocimiento

No se debe exigir a la OLP que reconozca diplomáticamente de manera unilateral al Estado de Israel,

mientras éste no muestre, al menos, algún signo positivo tendente a favorecer el proceso pacificador.

Hasta el momento, Tel-Aviv ha propiciado exactamente lo contrario. En cualquier caso» baste citar lo que

un ilustre ciudadano palestino públicamente ha reiterado respecto a la existencia del Estado de Israel: la

OLP no está luchando contra ningún fantasma.

En cuanto al no reconocimiento diplomático por España del Estado hebreo, baste decir que la historia no

suele registrar casos en que Estados integrantes de la comunidad internacional reconozcan a un Estado en

el momento en que flagrantemente viola los principios éticos, jurídicos y políticos que configuran los

modos civilizados de comportamiento público de dicha comunidad.

 

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